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viernes, 21 de noviembre de 2014

El PP, apunten, fuego

España está en un paredón. Ha sido condenada, la sentencia se va cumpliendo de manera minuciosa, bala a bala, y el pelotón de fusilamiento se llama Partido Popular. No va a quedar nada por destruir. Si el crédito de una sociedad depende del respeto que merecen sus instituciones, este Gobierno no va a dejar nada en pie. Nada de nada.
 
Enciendo la televisión y veo unas imágenes agresivas. Una embarcación de la Armada Española ataca a una lancha de Greenpeace, embiste, da la vuelta, acelera y vuelve a embestir, derriba a una activista y le causa una fractura abierta de tibia y una rotura de tendones. Por fortuna no se produce una muerte, nadie se ahoga en el mar, una verdadera suerte si uno recuerda a las Fuerzas de Seguridad disparando hace unos meses sobre los nadadores inmigrantes que intentaban llegar a tierra en Melilla. Esta vez no tenemos muertos, sólo una herida.
 
Después veo y oigo unas declaraciones prepotentes del ministro Pedro Morenés justificando la actuación proporcionada del ejército español. De forma prepotente el Gobierno lleva meses defendiendo unas prospecciones petroleras a las que se oponen de forma masiva los políticos y la ciudadanía de Canarias. La prepotencia política se desplaza a la prepotencia autoritaria de las armas.
 
Todo en este Gobierno es prepotencia. A un comerciante de armas se le nombra ministro del ejército y la puerta giratoria hace que se dispare el presupuesto en inversiones militares sin que la crisis económica suponga una trinchera de contención. Este Gobierno sacrifica la seguridad, el futuro y los mares de Canarias para beneficiar los negocios de Repsol. Luego ordena actuar de forma salvaje contra los activistas de Greenpeace que simbolizan la lucha popular contra el atropello. Sí, todo es prepotencia.
 
Parece que ahora le toca turno al ejército en el folletín de deterioro del Estado español. Más allá de las discusiones sobre el pacifismo, la OTAN, el sentido de los ejércitos y la seguridad nacional, más allá de mis propios sentimientos, está claro que la democracia supuso la dignificación de las Fuerzas de Seguridad, un diálogo sensato entre los uniformes y la sociedad. La democracia de un país es la democracia de su Educación, su Economía, su Justicia y sus Fuerzas de Seguridad.
 
Desde los años 80 se abrió un proceso cívico importante. La policía y el ejército – en la medida de lo posible-, pasaron a estar simbólicamente unidos con el bienestar y los intereses de su pueblo. La Guardia Civil dejó de dar miedo en las carreteras. La policía se integró en la convivencia. El ejército se transformó y no fue un  factor de miedo y de amenaza cuartelera contra la democracia. En el Estado que representa a un pueblo, policía y ejército intentan ser instituciones populares. No hablo de mis utopías, porque no son el tema de esta discusión, sino de las posibilidades de la realidad en la que he vivido.
Caminando hacia atrás, el Gobierno del PP ha convertido otra vez a la policía en un órgano descarnado de represión. La policía vuelve a simbolizar la fractura entre la España real y la España oficial, vuelve a dar miedo, a no ser creíble, a mentir por interés gubernativo cada vez que reprime una manifestación, agrede a los obreros en huelga o impide un movimiento cívico.
 
Ahora parece que toca el turno del ejército. Rajoy está llenando de escombros todo lo que tiene que ver con la sociedad española.
 
En estos días hemos asistido a la actitud represiva de la justicia militar contra el teniente Luis Gonzalo Segura. Se le impone arresto preventivo a un ciudadano que opina de manera justificada y libre sobre comportamientos poco asumibles en una democracia. Hemos asistido también a las declaraciones del general Jaime Domínguez Buj, Jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra, analizando la cuestión catalana y comparándola con la situación colonial de 1898: “Cuando la metrópoli se hace débil, se produce la caída”. Y, finalmente, asistimos a la actuación bárbara de una embarcación militar contra una ONG que, en este caso, representa el sentir de la mayoría de los españoles.
¿Es que hay ruido de sables, malestar cuartelero? ¿Toca eso ahora? Es algo que interesa a los planes de miedo que quiere extender el Gobierno. Pero la verdad es que no me dejo llevar por el tópico, no me parece creíble por ahora esta situación. Aunque la irresponsabilidad del PP puede volver incompatible cualquier cosa con la democracia real, no creo que sea este el debate. En realidad, asistimos a una sobreactuación más del autoritarismo de un Gobierno sin autoridad.
 
Más que una amenaza contra la democracia, interpreto las palabras del general Domínguez Buj como otro síntoma del descrédito generalizado del Gobierno. La torpeza y la ineficacia de Rajoy han provocado una pérdida sucesiva de respeto hacia el PP. La alarma que antes caracterizaba al pensamiento crítico, la cultura y los sectores progresistas afecta ya al mundo económico, al jurídico y, ahora también, al militar. La noticia nos es que Rajoy quiera utilizar a millonarios, funcionarios del Estado, jueces, fiscales y Fuerzas de Seguridad según sus intereses. La situación actual tiene más que ver con otra cosa: millonarios, funcionarios, jueces, fiscales y militares le han perdido el respeto a este presidente de Gobierno.
 
Y es que no hay ningún aspecto de la vida española que no esté envenenando el cadáver político de Mariano Rajoy por tierra, mar y aire.
 

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