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sábado, 12 de diciembre de 2015

Padres y hijos

Un hijo llevó a su padre a un restaurante para disfrutar de una deliciosa cena. Su padre ya era bastante anciano, y por lo tanto, un poco débil también. Mientras comía, un poco de los alimentos caía de cuando en cuando sobre su camisa y su pantalón. Los demás comensales observaban al anciano con sus rostros distorsionados por el disgusto, pero su hijo permanecía en total calma.

Una vez que ambos terminaron de comer, el hijo, sin mostrarse ni remotamente avergonzado, ayudó con absoluta tranquilidad a su padre y lo llevó al sanitario. Limpió las sobras de comida de su arrugado rostro, e intentó lavar las manchas de comida de su ropa; amorosamente peinó su cabello gris y finalmente le acomodó los anteojos.

Al salir del sanitario, un profundo silencio reinaba en el restaurante. Nadie podía entender cómo es que alguien podía hacer el ridículo de tal manera. El hijo se dispuso a pagar la cuenta, pero antes de partir, un hombre, también de avanzada edad, se levantó de entre los comensales, y le preguntó al hijo del anciano: “¿No te parece que has dejado algo aquí? “

El joven respondió: “No, no he dejado nada”. Entonces el extraño le dijo:”Sí has dejado algo! ¡Haz dejado aquí una lección para cada hijo, y una esperanza para cada padre!” El restaurante entero estaba tan silencioso, que se podía escuchar cae un alfiler.


Uno de los mayores honores que existen, es poder cuidar de aquellos adultos mayores que alguna vez nos cuidaron también. Nuestros padres, y todos esos ancianos que sacrificaron sus vidas, con todo su tiempo, dinero y esfuerzo por nosotros, merecen nuestro máximo respeto. Si también sientes respeto hacia los adultos mayores, comparte esta historia con todos tus amigos.

sábado, 21 de febrero de 2015

Si un niño se aburre...

¿Qué locura es ésta? Los niños se suben en el coche y ya piden el DVD. Se sientan a comer y quieren el móvil o la tableta de los padres. En cualquier momento y lugar exigen entretenimiento instantáneo. Si hay algún mayor desprevenido, el zagal vendrá a exigirle que juegue con él. ¿Desde cuándo empezó a ser problema de los adultos que los niños se aburran? De toda la vida de Dios, si los niños se aburrían, era su problema, pero de alguna manera (¿alguien sabe cómo?) han conseguido hacerlo nuestro.
“Cuando el Diablo se aburre mata moscas con el rabo”, dice el refrán (que viene a significar que incluso cuando no sabe qué hacer el Diablo hace el mal). Quizá es lo que deben de tener en mente muchos adultos cuando se desviven para que sus retoños no caigan en el aburrimiento. No vaya a ser que se les ocurra hacer algo. Pero eso es precisamente lo que tiene que pasar: tienen que aburrirse y poner en funcionamiento el magín.
 
Y si se les ocurre alguna trastada y la hacen… pues mejor. Si les pillamos, bronca y, si no, que les quiten lo bailao. ¿Acaso no queremos que los niños desarrollen su iniciativa y cultiven diversas destrezas? Es mejor un niño travieso que un niño que no sabe divertirse solo, creo. Y me pregunto con angustia si todavía queda en este mundo algún niño travieso (o sea, con la imaginación y la capacidad organizativa suficientes para pergeñar y ejecutar una trastada).
 
Quizá hemos hecho un flaco favor a los niños convirtiéndolos en el centro constante de atención. Porque, o bien los anulamos plantándoles una pantalla delante, o bien los anulamos por la vía de estar presentes en su juego, dirigiendo su ocio y modulando (cuando no coartando) su iniciativa. Y claro, ellos se toman la revancha: cualquier reflexión de un adulto, y cualquier discurso de éste ante otros adultos, se interrumpirá de inmediato si un retoño profiere algún sonido o hace alguna monería. Los niños merodean en las tertulias de adultos intentando llamar la atención. Y lo logran. Y si no lo logran, lloran. Y entonces lo logran. Son como esas llamadas de teléfono a las que el funcionario o el empleado del banco da prioridad, para desesperación y asombro de los desgraciados que hayan decidido acudir en persona a hacer los trámites.
 
“Niño, no interrumpas. Si te aburres, búscate la vida”. Qué gran favor suponen estas palabras para todos. Con ellas estamos invitando al retoño primero a escuchar y (si se aburre de la conversación de los mayores) también a crearse su propio mundo de entretenimiento. A buscar dentro de sí mismo. A jugar a solas o con los hermanos (si los tiene y aunque sean de otras edades) y los amigos. Por supuesto nadie dice que no haya que jugar con ellos. Hay que hacerlo, pero que no lo den por sentado. Que sea un premio. Que no cuenten con ello. Que su diversión no dependa de la mirada o la participación de un adulto.
 
La hiperdependencia lúdica de los niños tiene un efecto colateral del que aún desconocemos las consecuencias. Cada vez menos niños miran ya el paisaje en los largos viajes en coche. Antes del surgimiento del DVD portátil, del móvil y la tableta, los niños cantaban canciones que debían recordar de memoria (no estaban en el CD) o jugaban a juegos que requerían imaginación (Veo-Veo) o inventaban historias, o escuchaban la música de los mayores…
 
Además, a través de esa pantalla mágica que es la ventanilla del coche, cuando uno era pequeño, descubría montes, ovejas, ruinas, cuervos, tractores, riscos, choperas, colores y sombras de nubes que lamían los sembrados… y cuando el coche iba llegando a una ciudad, fábricas, desguaces, naves industriales, moteles… y luego, los arrabales: las casas donde vive gente pobre. Los tejados de uralita, los solares de columpios oxidados donde quizá nuestros ojos de niño se cruzaban con los de otro niño. Un niño de otro mundo. Y nos poníamos en su lugar. Ahora ya no. El niño del columpio oxidado mirará al del monovolumen. Y el del monovolumen estará viendo cualquier cosa en el DVD portátil. Y no sabrá qué es un rebaño de ovejas (aunque se esté convirtiendo en una).

Leído en: http://www.lamarea.com/2015/02/10/si-un-nino-se-aburre/


miércoles, 28 de enero de 2015

Papá soy gay

Un padre escucha a su hijo como planea contarle que tiene novio: Su padre le deja esta nota...
 
Rubén,
 
Anoche escuché la conversación que tuviste con Miguel hablando de tus planes para contarme que eres gay. Lo único que necesitas planear es traer el pan cuando salgas de clase, nosotros estamos fuera (como tú ahora).
 
He sabido que eras gay desde que tenías 6 años y te he querido desde que naciste.
 
P.D.: Tu madre y yo pensamos que Miguel y tú hacéis muy buena pareja.

sábado, 4 de octubre de 2014

La infancia

No tenemos porqué hacer que la infancia de nuestros hijos sea mágica. La infancia ya es mágica de por sí, incluso cuando no es perfecta. Mi infancia no fue perfecta y no éramos ricos, pero me lo pasaba muy bien en mis cumpleaños porque mis amigos venían. Lo importante no eran los regalos, ni la decoración al detalle, ni nada de eso. Nos bastaba con explotar globos, correr por el patio y comer tarta. Bastante simple, pero mágico.
No recuerdo una sola vez en que mis padres hicieran manualidades conmigo. Las manualidades era algo que se hacía en el colegio. En casa jugábamos. Todo el rato. Teníamos nuestros juegos, hacíamos fortalezas con mantas, veíamos la televisión, bajábamos por las escaleras con almohadas. Nuestros padres no eran los responsables de nuestra diversión. Si se nos ocurría murmurar las palabras mágicas "estoy aburrido", en un momento nos daban una lista de tareas.
Mis padres se ocuparon de mantenernos calientes y alimentados, y ocasionalmente planeaban alguna actividad especial para nosotros (la pizza de los viernes por la noche era una tradición), pero en el día a día, nos las apañábamos por nuestra cuenta.
Nuestros padres estaban ahí siempre que necesitábamos algo, o en caso de accidente, pero no eran nuestra principal fuente de diversión.
Hoy en día, se hace creer a los padres que lo que beneficia a los hijos es estar constantemente con ellos, mano a mano, cara a cara: "¿Qué necesitas, cariño mío? ¿Qué puedo hacer para que tu infancia sea increíble?".
Los padres no son los que hacen que la infancia sea mágica. Está claro que los casos de violencia y abandono sí pueden arruinarla, pero, en general, la magia es algo inherente a la edad. Ver el mundo desde los ojos inocentes de un niño es mágico. Jugar con la nieve en invierno cuando tienes cinco años es mágico. Perderse entre los juguetes tirados por el suelo es mágico. Recoger piedras y guardárselas en el bolsillo es mágico. Andar con un palo es mágico.
No es nuestra responsabilidad crear y proporcionar recuerdos mágicos cada día, como si se tratara de una obligación.
Nada de esto niega la importancia del tiempo que se pasa en familia. Una cosa es, sin embargo, concentrarse en pasar tiempo juntos y otra cosa muy diferente es concentrarse en la construcción de una actividad. Una puede concebirse como algo forzado, con un objetivo predeterminado, mientras que la otra es más relajada y natural. Los padres se sienten tan obligados a crear experiencias que se puede palpar la enorme presión que soportan.
El lugar más mágico de mi infancia no era ningún parque de atracciones; era mi casa, mi cama, mi patio, mis amigos, mi familia, mis libros y mi propia mente.
Cuando hacemos de la vida una gran producción, nuestros hijos se convierten en el público, y crece su apetito por el entretenimiento. ¿Estamos criando a una generación de personas incapaces de encontrar la belleza en lo mundano?
¿Queremos enseñar a nuestros hijos que la magia de la vida es algo que viene en un envoltorio precioso, o que la magia es algo que cada uno tiene que descubrir por sí mismo?
Planear todo tipo de acontecimientos, trabajos manuales y vacaciones caras no resulta dañino para nuestros hijos. Sin embargo, si las ansias por querer hacer de todo proceden de la presión o de la idea de que todo lo anterior es una parte imprescindible en la infancia de cualquier persona, deberíamos replantearnos mejor las cosas.
Estamos constantemente escuchando que los niños de hoy en día no hacen suficiente ejercicio; pero, quizás, el músculo que menos ejercitan es la imaginación, ya que intentamos encontrar desesperadamente la receta para algo que ya existe."
Bunmi Laditan, madre y escritora

viernes, 3 de octubre de 2014

101 cosas que le enseñaré a mi hija

1. Lo más bonito que puedes hacer es sonreír.
 
2. Escucha el tipo de música que te guste escuchar. No dejes que nadie te diga que eso "no es música".
 
3. Pero ten en cuenta que nunca habrá una canción mejor que In the air tonight, de Phil Collins.
 
4. Está bien considerar guapa a otra mujer.
 
5. No seas mala con otras mujeres. Las necesitarás cuando superemos juntas al mundo.
 
6. No dejes que ningún hombre te convenza de que tiene el poder suficiente para cambiarte.
 
7. Aunque te haya pagado la cena, no le debes nada.
 
8. El orgullo momentáneo que sientes al verte bien en bikini está muy lejos de la felicidad que puedes experimentar al comerte un taco. Te lo prometo.
 
9. Ten ganas de descubrir el mundo que te rodea.
 
10. No pasa nada si no te gusta jugar a las princesas ni maquillarte.
 
11. Pero tampoco pasa nada si te gusta.
 
12. Juega aunque sea una vez al rugby. Hazlo por mí.
 
13. Asegúrate de que tu vida es tan divertida como da a entender tu perfil de Instagram.
 
14. No sonrías si no te apetece.
 
15. La verdad es que no necesitas que otra chica te acompañe para ir al baño.
 
16. Muéstrate ciega ante el género, la raza, la sexualidad y las creencias religiosas.
 
17. Las personas son personas.
 
18. Hay pocas cosas que no puedan arreglar una buena música y unas velas.
 
19. No dejes que ningún hombre te silbe por la calle. Esquívale.
 
20. Si no puedes llevar chándal cuando estás con tus amigas ni enseñar barriga, no son tus amigas de verdad.
 
21. Encuentra a amigas dispuestas a sujetarte el pelo si tienes que vomitar.
 
22. Estáte dispuesta tú también a sujetarle el pelo a ellas.
 
23. Nunca dejes que un lugar sea tu excusa.
 
24. Puedes ser la mejor estés donde estés.
 
25. Ten tu propia voz, y haz que se oiga.
 
26. Tu éxito no es mi éxito. Es tuyo y sólo tuyo.
 
27. Aunque seas alta, lleva tacones.
 
28. Me gustaría mucho que leyeras Jane Eyre.
 
29. Pero si lo que te gusta es Crepúsculo, no pasa nada.
 
30. Aunque no me hace tanta gracia que te guste Cincuenta sombras de Grey.
 
31. Esa mierda es horrible.
 
32. Por favor, tienes que ver Friends.
 
33. Plantéate hacer un voluntariado.
 
34. Compra en anticuarios.
 
35. Guarda los tickets.
 
36. Lávate la cara todas las noches antes de irte a dormir.
 
37. No tienes por qué bañarte en perfume.
 
38. Báñate con ropa.
 
39. Báñate sin ropa.
 
40. Los zumos depurativos nunca, nunca, serán una buena idea.
 
41. Estás obligada a ver El rey león conmigo al menos cinco veces.
 
42. Cree en los ángeles de la guarda.
 
43. Pide un deseo cuando se te caiga una pestaña.
 
44. Apasiónate.
 
45. Sé excesivamente apasionada.
 
46. Apasiónate tanto que la gente crea que estás un poco loca.
 
47. Las feministas no dan miedo.
 
48. Aprende a jugar a las cartas.
 
49. Y a juegos de mesa.
 
50. No adelgaces demasiado.
 
51. No te creas menos que los demás.
 
52. No dejes que nadie te diga que se trata de una fase si tú crees que no es así.
 
53. Tu sexualidad no define tu moral.
 
54. Ve a un festival de música al menos una vez en la vida.
 
55. No te vistas como te digan los estilistas, sino como ellos se vistan.
 
56. Si tu trabajo o tu éxito le humillan, esa persona no merece la pena.
 
57. Encuentra a un hombre que tenga más pelotas que tú.
 
58. O a una mujer.
 
59. Y no pasa nada.
 
60. Si un tío utiliza clichés para hablar contigo, corre.
 
61. Tu valor no procede de tu aspecto, tu edad o tu talla.
 
62. Nunca será así.
 
63. El instituto no es el mejor momento de la vida.
 
64. La universidad, sí.
 
65. La pregunta ¿en qué estás pensando? te traerá sorpresas.
 
66. Baila como una maníaca en tu habitación con los cascos puestos.
 
67. Yo no me reiré.
 
68. Conoce a alguien que te haga reír hasta hacerte pis encima.
 
69. Mantén esa amistad para siempre.
 
70. Anda descalza.
 
71. No seas ingenua.
 
72. A veces, tener caché está sobrevalorado.
 
73. Mantén la cabeza alta.
 
74. Cree en la magia.
 
75. No te lamentes por las veces en que te sientes triste. Si no, ¿cómo podrías apreciar las veces en que te encuentras bien?
 
76. Todo con moderación.
 
77. Incluso la moderación.
 
78. El café es bueno para el alma.
 
79. No te arrepientas por ser sincera.
 
80. Conecta con la música a un nivel tan profundo que ni siquiera tú lo entiendas.
 
81. Levántate temprano.
 
82. Encuentra a un mejor amigo gay.
 
83. Te dejará dormir en su cama y te prestará su lápiz de ojos.
 
84. No dejes que nadie te zarandee.
 
85. Rodéate de gente con belleza y color.
 
86. Recuerda que no todo el mundo pensará como tú.
 
87. Nunca dejes pasar una experiencia por tener sueño.
 
88. Una dura verdad siempre es mejor que una mentira sin pies ni cabeza.
 
89. Bebe champán y baila encima de la mesa.
 
90. Haz una lista con las cosas que quieres hacer en tu vida.
 
91. Haz una lista con las cosas que te hayan llenado hasta ahora.
 
92. Di siempre te quiero antes de irte.
 
93. No ignores nunca lo que tienes enfrente por pararte a hacer una foto.
 
94. Consigue llegar con éxito a la primera fila de los conciertos.
 
95. Acampa sin preocuparte de que se te va a manchar el pelo.
 
96. Ríete de la forma en que te ríes y cógele cariño.
 
97. Ríete con frecuencia.
98. Sé un poco cursi.
 
99. Si sientes que es un buen momento, empápate de él.
100. Encuentra la belleza en todo.
101. No dejes que el miedo te eche para atrás.

viernes, 28 de febrero de 2014

Querido "papá" del asiento 16C


Querido "Papá":
 
No sé cuál es tu nombre, pero Kate te llamó "papá" durante todo el vuelo la semana pasada y tú, amablemente, no la corregiste. De hecho, ni siquiera te sentiste extrañado, pues probablemente te diste cuenta de que no es que la niña te estuviera confundiendo con su propio "papá", sino que consideraba que tú le proporcionabas una sensación de "seguridad". Si ella te llama "papá", es porque todo va bien.
 
Senté a Kate, mi hija de tres años, que tiene autismo, en el asiendo del medio, sabiendo perfectamente que un desconocido estaría sentado a su lado durante todo el viaje. Tenía que tomar una decisión rápida, pero como conozco su obsesión con subir y bajar las persianas de las ventanillas, pensé que estaría más distraída si se sentaba en el medio. Cuando vi que todo el equipo de baloncesto Temple Owls subía al avión, me pregunté qué pasaría si uno de esos gigantes se sentara al lado de Kate. Pero todos se fueron para el fondo. A ella le hubiese gustado, habría hecho algunas observaciones que yo habría tenido que explicar, pero seguro que le habrían llamado la atención esos jugadores. También vi a muchas mujeres mayores a bordo, y quise que una de ellas se sentara con nosotras, pero siguieron para adelante. Por un momento, pensé que nadie se sentaría a nuestro lado, pero entonces tú viniste y te sentaste con tu maletín y tus importantes documentos, y tuve la visión de Kate vertiendo su agua sobre tus contratos multimillonarios, las escrituras de una casa, o lo que fueran. En el momento en que te sentaste, Kate te tocó el brazo. Tu chaqueta era suave y a ella le gustó el tacto. Entonces le sonreíste, y ella te dijo: "Hola, Papá, esta es mi mamá". Y ya no te dejó tranquilo.
 
Tú podrías haberte removido incómodo en tu asiento. La podrías haber ignorado. Me podrías haber lanzado esa "sonrisa" que odio, porque significa "ocúpate de tu niña, por favor". Pero no hiciste ninguna de estas cosas. Entablaste una conversación con Kate y le preguntaste por sus tortugas. Ella nunca te contestó realmente, pero estaba tan encantada contigo que mantuvo el contacto visual y se concentró en lo que le preguntabas. Yo miraba y sonreía. Le dije unas cuantas cosas para distraerla, pero a ti no te importaba seguir pendiente de ella.
 
Kate: (Al darse cuenta de que tenías un iPad) ¿Esa cosa es de Papá?
 
Tú: Es mi iPad. ¿Quieres verlo?
 
Kate: ¿¿¿¿¿Para mí????? (Ella pensaba que se lo estabas regalando)
 
Yo: Solo míralo, Kate. No es tuyo.
 
Kate: ¡Qué monito!
 
Tú: (Viendo que Kate también tenía un iPad) A mí también me gusta tu ordenador. La funda violeta es muy chula.
 
Kate: ¿Papá quiere ser el malo? (Entonces te ofreció su juguete de las Tortugas Ninja. ¡Eso sí que es una muestra de adoración!)
 
Tú: ¡Qué guay!
 
La interacción siguió y siguió y tú no parecías molesto. Te concedió algún momento de tranquilidad mientras jugaba con sus muñecas Anna y Elsa. Un gesto muy considerado por su parte, el librarte de jugar con sus Barbies; aunque seguro que a ti no te hubiera importado. Estoy segura de que tú también tienes hijas pequeñas.
 
Poco antes de que aterrizáramos, Kate llegó a su límite. Gritó para que le desabrocháramos el cinturón de seguridad, me gritó pidiéndome que abrieran las puertas del avión y se puso a llorar sin dejar de repetir "Avión cerrado", una y otra vez. Tú intentaste que volviera a centrarse en sus juguetes. Su mente ya se había alejado de todas esas cosas, pero el hecho de que intentaras ayudar a tu pequeña nueva amiga me emocionó.
 
Por si acaso te quedaste preocupado, te aseguro que la niña se tranquilizó nada más bajar del avión. Gracias por dejarnos bajar antes que tú. Ella se había agobiado, pero lo único que necesitaba era escapar del avión y un buen abrazo.
 
Por todo esto, muchas gracias. Gracias por no hacerme repetir esas horribles frases de disculpa que siempre me veo obligada a decir en público. Gracias por entretener a Kate y conseguir que este fuera, con todo, su viaje más tranquilo hasta el momento. Gracias por dejar de lado tus papeles y ponerte a jugar con la niña.
 
Shanell Mouland (Madre, profesora y escritora)
 

martes, 3 de diciembre de 2013

El día en que dejé de decir "date prisa"

Cuando estás viviendo una vida apretada, cada minuto cuenta. Sientes que deberías tachar algo de la lista de cosas pendientes, mirar una pantalla, o salir corriendo hacia el siguiente destino. Y no importa en cuántas partes dividas tu tiempo y atención, no importa cuántas tareas trates de hacer a la vez, nunca hay suficiente tiempo para ponerse al día.
 
Esa fue mi vida durante dos años frenéticos. Mis pensamientos y acciones estaban controlados por notificaciones electrónicas, melodías para el móvil y agendas repletas. Y aunque cada fibra de mi sargento interior quería llegar a tiempo a todas las actividades de mi programa, yo no.
 
Verás, hace seis años, fui bendecida con una niña relajada, sin preocupaciones, del tipo de quienes se paran a oler las rosas.
 
Cuando tenía que estar ya fuera de casa, ella estaba ahí, toda dulzura, tomándose su tiempo para elegir un bolso y una corona con purpurina.
 
Cuando tenía que estar en algún sitio desde hacía cinco minutos, ella insistía en intentar sentar y ponerle el cinturón de seguridad a su peluche.
 
Cuando necesitaba pasar rápidamente a comprar un bocadillo en Subway, se paraba a hablar con la señora mayor que se parecía a su abuela.
 
Cuando tenía 30 minutos para ir a correr, quería que parase la sillita para acariciar a cada perro con el que nos cruzábamos.
 
Cuando tenía la agenda completa desde las seis de la mañana, me pedía que le dejase cascar y batir los huevos con todo cuidado.
 
Mi niña despreocupada fue un regalo para mi personalidad de tipo A, orientada al trabajo, pero yo no lo vi. Oh no, cuando tienes una vida apretada, tienes visión de túnel - solo ves el siguiente punto en tu agenda. Y todo lo que no se pueda tachar de la lista es una pérdida de tiempo.
 
Cada vez que mi hija me desviaba de mi horario, me decía a mí misma: "No tenemos tiempo para esto". Así que las dos palabras que más usaba con mi pequeña amante de la vida eran: "Date prisa".
 
Empezaba mis frases con esas dos palabras.
 
Date prisa, vamos a llegar tarde.
Y las terminaba igual.
Nos lo vamos a perder todo si no te das prisa.
Comenzaba el día así.
Date prisa y cómete el desayuno.
Date prisa y vístete.
Terminaba el día de la misma forma.
Date prisa y lávate los dientes.
Date prisa y métete en la cama.
 
Y aunque las palabras "date prisa" conseguían poco o nada para aumentar la velocidad de mi hija, las pronunciaba igualmente. Tal vez incluso más que las palabras "te quiero".
 
La verdad duele, pero la verdad cura... y me acerca a la madre que quiero ser.
 
Entonces, un día trascendental, las cosas cambiaron. Habíamos recogido a mi hija mayor del cole y estábamos saliendo del coche. Como no iba lo suficientemente deprisa para su gusto, mi hija mayor le dijo a su hermana: "Eres muy lenta". Y cuando se cruzó de brazos y dejó escapar un suspiro exasperado, me vi a mí misma - la visión fue desgarradora.
 
Yo era una matona que empujaba y presionaba y acosaba a una niña pequeña que sólo quería disfrutar de la vida.
 
Se me abrieron los ojos, vi con claridad el daño que mi existencia apresurada infligía a mis dos hijas.
 
Aunque me temblaba la voz, miré a los ojos de mi hija pequeña y le dije: "Siento mucho haberte metido prisa. Me encanta que te tomes tu tiempo, y me gustaría ser más como tú".
 
Mis dos hijas me miraban igualmente sorprendidas por mi dolorosa admisión, pero la cara de mi hija menor tenía un brillo inconfundible de validación y aceptación.
 
"Prometo ser más paciente a partir de ahora", dije mientras abrazaba a mi pequeña, que sonreía con la promesa de su madre.
 
Fue bastante fácil desterrar las palabras "date prisa" de mi vocabulario. Lo que no fue tan fácil era conseguir la paciencia necesaria para esperar a mi lenta hija. Para ayudarnos a las dos, empecé a darle un poco más de tiempo para prepararse si teníamos que ir a alguna parte. Y a veces, incluso así, todavía llegábamos tarde. En esos momentos me tranquilizaba pensar que solo llegaría tarde a los sitios unos pocos años, mientras ella fuese pequeña.
 
Cuando mi hija y yo íbamos a pasear o a la tienda, le dejaba marcar el ritmo. Y cuando se paraba para admirar algo, intentaba quitarme la agenda de la cabeza para simplemente observar lo que hacía. Vi expresiones en su cara que no había visto nunca antes. Estudié los hoyuelos de sus manos y la forma en que sus ojos se arrugan cuando sonríe. Vi cómo otras personas respondían cuando se paraba para hablar con ellos. Observé cómo descubría bichos interesantes y flores bonitas. Era una observadora, y aprendí rápidamente que los observadores del mundo son regalos raros y hermosos. Ahí fue cuando por fin me di cuenta de que era un regalo para mi alma frenética.
 
Mi promesa de frenar es de hace casi tres años, y al mismo tiempo empezó mi viaje para dejar de lado la distracción diaria y atrapar lo que de verdad importa en la vida. Vivir en un ritmo más lento todavía requiere un esfuerzo extra. Mi hija pequeña es el vivo recuerdo de por qué tengo que seguir intentándolo. De hecho, el otro día, me lo volvió a recordar.
 
Habíamos salido a dar un paseo en bicicleta durante las vacaciones. Después de comprarle un helado, se sentó en una mesa de picnic para admirar con deleite la torre de hielo que tenía en la mano.
 
De repente, una mirada de preocupación cruzó su rostro. "¿Tengo que darme prisa, mamá?"
 
Casi lloro. Tal vez las cicatrices de una vida acelerada no desaparecen por completo, pensé con tristeza.
 
Mientras mi hija me miraba esperando a saber si podía tomarse su tiempo, supe que tenía una opción. Podía sentarme allí y sufrir pensando en la cantidad de veces que le había metido prisa a mi hija en la vida... o podía celebrar el hecho de que hoy intento hacer algo distinto.
 
Elegí vivir el hoy.
 
"No tienes que darte prisa. Tómate tu tiempo", le dije tranquilamente. Su rostro se iluminó al instante y se le relajaron los hombros.
 
Y así estuvimos hablando de las cosas de las que hablan las niñas de seis años que tocan el ukelele. Incluso hubo momentos en que nos sentamos en silencio simplemente sonriendo la una a la otra y admirando las vistas y sonidos que nos rodeaban.
 
Pensé que mi hija se iba a comer toda la maldita cosa - pero cuando llegó al último pedazo, me pasó la cuchara con lo que quedaba de helado. "He guardado el último bocado para ti, mamá", me dijo con orgullo.
 
Mientras el manjar saciaba mi sed, me dí cuenta de que había hecho el negocio de mi vida.
 
Le di a mi hija un poco de tiempo ... y, a cambio, ella me dio su último sorbo y me recordó que las cosas son más dulces y el amor llega con más facilidad cuando dejas de correr por la vida.
 
Ya se trate de ...
Tomarse un helado
Coger flores
Ponerse el cinturón de seguridad
Batir huevos
Buscar conchas en la playa
Ver mariquitas y otros bichos
Pasear por la calle
No diré: "No tenemos tiempo para esto". Porque básicamente estaría diciendo: "No tenemos tiempo para vivir".
 
Hacer una pausa para deleitarse con los placeres simples de la vida es la única manera de vivir de verdad.
 
(Confía en mí, he aprendido de la mejor experta del mundo.)

lunes, 16 de septiembre de 2013

Edades de estreno


Voto: A los 18 años.
 
Sanidad: Los niños de 12 años tienen derecho a ser escuchados a la hora de aceptar o no un tratamiento médico. A partir de los 16, pueden prestar, o no, el consentimiento médico por ellos mismos sin permiso de sus padres, menos en tres excepciones: aborto, cirugía estética y tratamientos de reproducción asistida.
 
Piercings y tatuajes: 16 y 18, respectivamente. En la práctica, no se cumple.
 
Hacer testamento: A los 14 años.
 
Responsabilidad penal: Desde los 14 años, los adolescentes pueden ser imputados y condenados. Hasta los 14 años, son inimputables. El PP abogó, en 2009, por bajar la edad penal a 12 años.
 
Emancipación: A los 16 años, pueden irse de casa y disponer de sus bienes, con permiso de los padres. La edad media real son 29.
 
Licencia de caza: A los 16 años. Antes, a los 14, pueden portar armas con consentimiento paterno.
 
Relaciones sexuales: Ahora, la edad de consentimiento sexual está en los 13 años. La reforma de Gallardón pretende retrasarla hasta los 16.
 
Trabajo: A los 16, después de la Enseñanza Secundaria Obligatoria.
 
Matrimonio: Ahora, a los 14, con consentimiento paterno. La reforma pretende retrasarla a los 16.
 
Aborto: Ahora, las menores de 16 y 17 años, pueden interrumpir su embarazo sin permiso paterno. La reforma anunciada por Gallardón anulará este supuesto de la 'ley Zapatero' o y limitará el derecho a las mayores de 18.
 
Alcohol y tabaco: Está prohibida su venta a los menores de 18. En la práctica, la edad de inicio en el consumo es a los 13 años
 
Carné de conducir: Ciclomotores: a los 15. Turismos: 18.
 
Redes sociales: Tuenti, Facebook y Twitter establecen una edad mínima de 14 años. En la práctica, no se cumple.
 
Divorcio: Los niños de 12 años tienen derecho a ser escuchados en caso de disputa por su custodia.
 
Discotecas y juego: 18 años.

viernes, 6 de septiembre de 2013

El divorcio y su efecto sobre los hijos

La opinión popular en cuanto al divorcio es que, si los padres se sienten mejor, los hijos también se sentirán así. Sin embargo, hay sobreabundantes estudios que muestran algunos aspectos contrarios.
 
Por mal que pese a muchos, no hay manera de “dorar la píldora”, el efecto del divorcio en los hijos es negativo. En este caso, no podemos decir “guerra avisada, no mata soldado”, sino más bien algo como “guerra avisada, mejor preparado”. Claro, el divorcio no es una garantía de que tu hijo o hija sufrirá todas las consecuencias que describiremos en este artículo, pero sí es importante que sepas que tus niños serán más vulnerables a ellas.
 
Sin importar la edad, el divorcio afecta mucho a los hijos. El Dr. Carl Pickhardt lo resumió muy bien en su artículo The Impact of Divorce on Young Children and Adolescents cuando dijo: “Básicamente, el divorcio suele intensificar la dependencia del niño y acelerar la independencia del adolecente; a menudo provoca una repuesta regresiva en los niños y una respuesta agresiva en los adolescentes.”
 
Efectos en Niños Pequeños
Desde el punto de vista de un niño pequeño, ha sucedido algo insólito… ¡Sus padres ya no se aman el uno al otro! Por eso, los niños pequeños temen perder el amor de sus padres también. Por lo general, les cuesta comprender que, si bien el amor se acabó entre sus padres, el amor que ellos sienten por él, en cambio, es incondicional.
 
Esto lleva a que actúen de diferentes maneras para solicitar más atención y mimos. Suelen dar marcha atrás en cuanto a habilidades y destrezas que ya habían adquirido para hacerse más autosuficientes, tal como vestirse, dormir en su propia cama, comer por sí solo y usar el baño. Sienten que cuando sus padres le dan más atención, le están confirmando su amor.
 
Es sumamente importante que los padres en hogares divididos den énfasis y un apoyo especial al progreso del niño hacia su autonomía. Para ello, el niño debe sentir seguridad, sostén y, sobre todo, incondicionalidad, idealmente de ambas partes.
 
Efectos a Largo Plazo
La psicóloga Judith Wallerstein hizo un seguimiento a un grupo de niños de padres divorciados. Los observó por veinticinco años. Ella esperaba ver el impacto del divorcio disminuir al ir pasando los años. Sin embargo, los resultados de su estudio sorprendieron a todos. Aun 25 años después del divorcio, los niños (claro, ahora ya adultos), continuaban experimentando sentimientos de temor a ser abandonados. Ella también observó que los niños del estudio enfrentaban más retos como adultos en el área afectiva, especialmente cuando llegaba el momento de formar sus propias relaciones románticas.
 
Los niños no solo son afectados emocionalmente. La profesora Jane Mauldon de La Universidad de Berkeley descubrió que los niños de hogares divididos son más susceptibles a enfermarse. El riesgo de problemas de salud es más alto de lo normal durante los primeros 4 años después de que la familia se desintegra, pero, sorprendentemente, esto puede incrementar en los años que siguen. No solo se enferman más frecuentemente, sino que también toman más tiempo para recuperarse.
 
Efectos en Adolescentes
Los adolescentes de hogares con padres divorciados son más propensos a abusar del alcohol y las drogas y hacerse sexualmente activo, que jóvenes con familias unidas y estables. Según un estudio realizado en La Universidad de Toronto, muchachos cuyos padres se divorciaban antes de que ellos cumplieran 18 años, tenían 48% más probabilidad de comenzar a fumar cigarrillos que jóvenes de familias cuyos padres mantenían una relación armónica. En el caso de las mujeres, esto era 39% más probable.
 
Qué hacer cuando el divorcio ya ha ocurrido o es inminente
Como señalábamos en un principio, los efectos del divorcio sobre los hijos no son favorables. Es importante ser consciente de esta realidad y aceptarla, más allá de lo doloroso que pueda ser para uno y de los distintos sentimientos que esto nos pueda generar (entre ellos, la culpa, como uno de los más frecuentes).
 
No obstante, hay cosas que, como adultos responsables, podemos y debemos hacer para ayudar a nuestros hijos a comprender los cambios en la dinámica familiar. En primer lugar, la buena comunicación con tu hijo (ya sea niño o adolescente) puede contrarrestar el resentimiento que lleva a conductas destructivas. Es necesario ser honesto en cuanto a lo que está sucediendo a fin de evitar que tu hijo se sienta traicionado.
 
Sin embargo, no se debe confundir la buena comunicación con obligar a tu hijo a cumplir con el papel de confidente y consejero. Esto causa un tremendo daño, ya que tu hijo no está preparado - ni emocional ni moralmente - para asumir ese papel. Los niños que asumen el rol de confidente de sus padres son más propensos a sufrir de trastornos de la alimentación como la anorexia. Más a menudo, las madres tienden a caer en esta “trampa” con sus hijas adolescentes, especialmente cuando estas demuestran madurez y empatía.
 
Para concluir, es fundamental que, como padre o madre, estemos dispuestos a brindar todo el apoyo y contención que nuestros niños necesitan en una situación de estas características. Claro, incluso en ocasiones, sobreponiéndonos a nuestro propio dolor y sufrimiento…
Leído en: http://lamenteesmaravillosa.com/el-divorcio-y-su-efecto-sobre-los-hijos