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Previsión del tiempo

jueves, 16 de enero de 2014

Reflexión XXII: Un abrazo siempre ayuda

¡Aquí tienes un ejemplo real de como un abrazo puede llegar a salvar una vida! La foto es de un artículo llamado “El Abrazo Salvador”.
 
Las hermanas gemelas Brielle y Kyrie Jackson nacieron 12 semanas antes de lo previsto. Para reducir el riesgo de infecciones, en los hospitales se acostumbra colocar a los mellizos prematuros en incubadoras separadas, así que eso hicieron con las hermanas recién nacidas en el Centro Médico de Massachussets.

Kyrie que pesó 990 gramos al nacer, empezó a subir de peso rápidamente y durmió tranquila desde los primeros días.

En cambio Brielle pesó 80 gramos menos que su hermana no tuvo la misma suerte: presentaba problemas respiratorios y de ritmo cardíaco, baja concentración de oxígeno en la sangre y apenas ganaba peso. Repentinamente Brielle entró en fase crítica y comenzó a jadear, y tanto el rostro como los brazos y piernas se tornaron de un gris azulado. Peor aún, se aceleró su latido cardíaco y las previsiones eran de fallecimiento inminente.

La enfermera Gayle Kasparian hacía cuanto podía por reanimarla: le despejó las vías respiratorias y le suministró más oxígeno a la incubadora, pero la bebé seguía muy agitada, con un grado de oxigenación muy bajo y una frecuencia cardíaca peligrosamente alta. La enfermera Gayle recordó entonces algo que había leído en Internet acerca de la práctica ordinaria en ciertos países de Europa, práctica que consistía en colocar juntos a los bebés recién nacidos de un parto múltiple, principalmente si eran prematuros.

Aunque la medida se apartaba de las normas del hospital, resultó que la jefa de enfermeras se había ausentado para asistir a una conferencia, así que Dile decidió que debía correr el riesgo. Pidió permiso a los asustados padres para poner a las niñas juntas en la incubadora y ellos accedieron.

Entonces la enfermera colocó a Brielle en la incubadora donde estaba su hermana y se pusieron todos a observarlas con atención. En cuanto la puerta de la incubadora se cerró, Brielle se acurrucó junto a su hermana y se calmó en el acto. En cuestión de minutos la oxigenación de su sangre alcanzó el grado más alto desde que llegó al mundo y mientras dormía, su hermana le pasó un brazo por encima de su cuerpo.

Las hermanas Brielle y Kyrie están creciendo juntas y llenas de salud, se encuentran en casa y, quien sabe, igual siguen durmiendo juntas y abrazadas.
  
Leído en; http://www.elintransigente.com/notas/2012/9/27/increible-historia-abrazo-salvador-148470.asp

¡¡Recuerda siempre abrazar a tus seres más cercanos!!

miércoles, 15 de enero de 2014

Mascotas

Como la mascota que se entretiene royendo un hueso de plástico, a la que el amo lanza una pelota y siempre se la devuelve con la boca, así parecen estar condenados a comportarse los líderes de opinión de este país ante los escándalos que sacuden nuestra vida pública. No importa que la mascota sea contestataria, apacible, nerviosa o una de esas que husmea los genitales de los invitados cuando llegan a tu casa. Cualquiera que sea su carácter, si se consigue educarla bien, le dices siéntate y se sienta, dame la patita y te la da, recoge la pelota y obedece. Incluso irá a hacer sus cosas en el rincón del siempre sobre el periódico en el que firma. Ahora mismo los medios de comunicación han dejado de roer los casos de Gürtel y de los ERE de Andalucía. Las mascotas parecen haberse aburrido de estos juguetes ya demasiado mordidos o babeados y de pronto se muestran felices con otros huesos, peluches o pelotas de todos los colores que les acaban de regalar. El quebrantamiento físico del Rey, la imputación de la infanta Cristina, el destino de la Monarquía, la aventura independentista de Cataluña, la neurosis religiosa aberrante del proyecto de ley sobre el aborto son los nuevos huesos de plástico que los periodistas deberemos roer de aquí al verano. En nuestro circo mediático sucede algo muy peculiar que no se da en los países con una democracia más asentada, donde por regla general antes de que un escándalo llegue a la opinión pública, tal vez por conducir borracho, por haber defraudado al fisco, por mentir en cualquier declaración, por comprar una chocolatina con el dinero del erario o simplemente porque un ministro ha demostrado ser un idiota, el protagonista ya ha dimitido o le han echado a la calle con una patada en el culo o ha ido a la cárcel o ha decidido ahorcarse. Aquí el derecho a la información parece destinado a todo lo contrario. Se trata de roer y babear el hueso, de juguetear con el peluche hasta destrozarlo, de ir una y otra vez por la pelota y devolverla al amo del cotarro hasta que el escándalo de corrupción o un grave problema político, disuelto en saliva, diluya toda su carga explosiva bajo una apabullante y confusa catarata de artículos, opiniones y tertulias, que al final no son sino una forma, mejor o peor, de ganarse la vida.
 
Manuel Vicent para Elpais.com

martes, 14 de enero de 2014

La baraja rota

Yo ya no sé si, entre el grueso de la población, muchos se acuerdan de cómo nos regimos, ni de por qué. Cuando se decide convivir en comunidad y en paz, se produce, tácitamente o no, lo que suele conocerse como “contrato o pacto social”. No es cuestión de remontarse aquí a Hobbes ni a Locke ni a Rousseau, menos aún a los sofistas griegos. Se trata de ver y recordar a qué hemos renunciado voluntariamente cada uno, y a cambio de qué. Los ciudadanos deponen parte de su libertad de acción individual; abjuran de la ley del más fuerte, que nos llevaría a miniguerras constantes y particulares, o incluso colectivas; se abstienen de la acumulación indiscriminada de bienes basada en el mero poder de adquirirlos y en el abuso de éste; evitan el monopolio y el oligopolio; se dotan de leyes que ponen límites a las ansias de riqueza de unos pocos que empobrecen al conjunto y ahondan las desigualdades. Se comprometen a una serie de deberes, a refrenarse, a no avasallar, a respetar a las minorías y a los más desafortunados. Se desprenden de buena parte de sus ganancias legítimas y la entregan, en forma de impuestos, al Estado, representado transitoriamente por cada Gobierno elegido (hablamos, claro está, de regímenes democráticos). Por supuesto, dejan de lado su afán de venganza y depositan en los jueces la tarea de impartir justicia, de castigar los crímenes y delitos del tipo que sean: los asesinatos y las violaciones, pero también las estafas, el latrocinio, la malversación del dinero público e incluso el despilfarro injustificado.
A cambio de todo esto, a cambio de organizarse delegando en el Estado –es decir, en el Gobierno de turno–, éste se compromete a otorgar a los ciudadanos una serie de libertades y derechos, protección y justicia. Más concretamente, en nuestros tiempos y sociedades, educación y sanidad públicas, Ejército y policía públicos, jueces imparciales e independientes del poder político, libertad de opinión, de expresión y de prensa, libertad religiosa (también para ser ateo). Nuestro Estado acuerda no ser totalitario ni despótico, no intervenir en todos los órdenes y aspectos ni regularlos todos, no inmiscuirse en la vida privada de las personas ni en sus decisiones; pero también –es un equilibrio delicado– poner barreras a la capacidad de dominación de los más ricos y fuertes, impedir que el poder efectivo se concentre en unas pocas manos, o que quien posee un imperio mediático sea también Primer Ministro, como ha sucedido durante años con Berlusconi en Italia. Son sólo unos pocos ejemplos.
Lo cierto es que nuestro actual Gobierno del PP y de Rajoy, en sólo dos años, ha hecho trizas el contrato social. Si se privatizan la sanidad y la educación (con escaso disimulo), y resulta que el dinero destinado por la población a eso no va a parar a eso, sino que ésta debe pagar dos o tres veces sus tratamientos y medicinas, así como abonar unas tasas universitarias prohibitivas; si se tiende a privatizar el Ejército y la policía, y nos van a poder detener vigilantes de empresas privadas que no obedecerán al Gobierno, sino a sus jefes; si el Estado obliga a dar a luz a una criatura con malformaciones tan graves que la condenarán a una existencia de sufrimiento y de costosísima asistencia médica permanente, pero al mismo tiempo se desentiende de esa criatura en cuanto haya nacido (la “ayuda a los dependientes” se acabó con la llegada de Rajoy y Montoro); es decir, va a “proteger” al feto pero no al niño ni al adulto en que aquél se convertirá con el tiempo; si las carreteras están abandonadas; si se suben los impuestos sin cesar, directos e indirectos, y los salarios se congelan o bajan; si los bancos rescatados con el dinero de todos niegan los créditos a las pequeñas y medianas empresas; si además la Fiscalía Anticorrupción debería cambiar de una vez su nombre y llamarse Procorrupción, y los fiscales y jueces obedecen cada día más a los gobernantes, y no hay casi corrupto ni ladrón político castigado; si se nos coarta el derecho a la protesta y la crítica y se nos multa demencialmente por ejercerlo …
Llega un momento en el que no queda razón alguna para que los ciudadanos sigamos cumpliendo nuestra parte del pacto o contrato. Si el Estado es “adelgazado” –esto es, privatizado–, ¿por qué he de pagarle un sueldo al Presidente del Gobierno, y de ahí para abajo? ¿Por qué he de obedecer a unos vigilantes privados con los que yo no he firmado acuerdo? ¿Por qué unos soldados mercenarios habrían de acatar órdenes del Rey, máximo jefe del Ejército? ¿Por qué he de pagar impuestos a quien ha incumplido su parte del trato y no me proporciona, a cambio de ellos, ni sanidad ni educación ni investigación ni cultura ni seguridad directa ni carreteras en buen estado ni justicia justa, que son el motivo por el que se los he entregado? ¿Por qué este Gobierno delega o vende sus competencias al sector privado y a la vez me pone mil trabas para crear una empresa? ¿Por qué me prohíbe cada vez más cosas, si es “liberal”, según proclama? ¿Por qué me aumenta los impuestos a voluntad, si desiste de sus obligaciones? ¿Por qué cercena mis derechos e incrementa mis deberes, si tiene como política hacer continua dejación de sus funciones? ¿Por qué pretende ser “Estado” si lo que quiere es cargárselo? Hemos llegado a un punto en el que la “desobediencia civil” (otro viejo concepto que demasiados ignoran, quizá habrá que hablar de él otro día) está justificada. Si este Gobierno ha roto el contrato social, y la baraja, los ciudadanos no tenemos por qué respetarlo, ni que intentar seguir jugando.
 
Javier Marías para El País

lunes, 13 de enero de 2014

Mayororejismo

Dicen los politólogos y demás intérpretes de la mediocridad gobernante que el gallardonazo en el tema del aborto no es un fin en sí mismo sino un medio para que vuelva el amor del sector recalcitrante. Es decir, el mayororejismo necesitaba más madera con la que compensar el desapego emocional que el Gobierno de Rajoy ha provocado en las filas del hooliganismo pepero. El cumplimiento acelerado de la sentencia del Tribunal de Estrasburgo sobre la doctrina Parot está resultando una digestión difícil que manifestó los primeros síntomas en los abucheos a los líderes populares en la última manifestación de las víctimas del terrorismo. Estar en el coro, soltando decenas de etarras en apenas unas horas, y al mismo tiempo repicando que sienten «repugnancia» al hacerlo no es un mensaje de comunicación sencilla. Todos sabemos que la política tiene truco, pero no se puede ver la cabeza del conejo antes de sacar la chistera. Hasta el más fiel de los electorados observa que la misma fiscalía del Estado, veloz para recurrir la imputación de la infanta o para socorrer a Miguel Blesa, se inhibe ante la reunión de etarras en Durango. Recibir a la presidenta de la AVT en la Moncloa para templar gaitas ya es una carta usada, de modo que echar mano del ministro más narcisista era el comodín del público. Esto es, un gesto muy vistoso cara a la galería con el que mantener prietas las filas del sector cabreado. Sí, porque hay un movimiento de indignados del PP, muy activo en los medios, que vive en el reproche permanente. Rajoy nunca les gustó, pero ahora lo desprecian sin matices.

Si esta teoría de la compensación fuera cierta, convendríamos en que el Gobierno ha tomado por rehén el vientre de las mujeres y su libertad para decidir algo tan serio como la maternidad. En este escenario, Gallardón sería el tonto útil al que el presidente deja hacer sabiendo que mientras seduce a lo más reaccionario se inmola como futuro candidato. El capital político que podía concitar el exalcalde de Madrid cuando iba de verso suelto ha sido dilapidado en pocos meses, aunque jamás conseguirá que los que recelaban de él en su propio partido o aledaños le crean ahora. Por cierto, que tenían razón, aunque ese es otro asunto.

Si ante las elecciones europeas observan ustedes que los temas recurrentes son el aborto y la unidad de España, habrá que sacarse el sombrero ante Rajoy: habrá conseguido la abrasión del ambicioso ministro que quería su silla, callar al sector cavernario y proclamarse el único defensor de la patria española. De hecho, ¿no observan ya a Bárcenas y sus papeles desdibujándose en la memoria colectiva? ¿Quién recuerda el rescate bancario que no íbamos a pagar, el IVA que no subiría, los recortes en sanidad, educación y dependencia que jamás ocurrirían? Rajoy está dejando a Aznar como un aficionado.
 
Julia Otero (Contrataque) para elperiódico.com

domingo, 12 de enero de 2014

Reflexión XXI: La hora de desaprender

Las mujeres y hombres maduros de ahora hemos llegado a una edad maravillosa en la que emprendemos el camino de desaprender. Fuimos criados con la creencia de que debíamos ser los mejores en todo: mejores estudiantes, mejores esposas, mejores esposos, mejores profesionales, mejores madres y padres, etc. Fuimos educados con la creencia de que TODO es pecado.
 
Ha llegado la hora de desaprender o lo que mi hija llama graciosamente, el importaculismo. (“Todo me importa un culo"). Ha llegado la hora de decir NO en muchas ocasiones, de mandar al carajo los compromisos y las obligaciones. Pasó la hora de las responsabilidades desvelantes. Ahora nos gusta estar solos, disfrutar buenas conversaciones con gente que no nos insulta y que cree lo mismo que nosotros o que no le importa que opinemos diferente.
 
Es la hora de hablar de todo sin necesidad de sostenerlo como medio de defensa. Es hora de ver películas, de estar en una finca durante la semana, de leer, de escuchar, de sonreír y de burlarse de la mayoría de los mortales que viven pendientes de las chorradas.
Nosotros ya demostramos que las responsabilidades fueron bien atendidas por nosotros, que hicimos las cosas lo mejor posible, que dejamos huellas, que somos buenas personas.
Lo que nos queda de vida es para nosotros, para disfrutar, para cumplir el mandamiento de amarnos a nosotros mismos. Por eso vamos a hacer lo que nos da la gana. Viajar al máximo, tomando café con amigas y amigos, conversando con todo el que nos encontremos.
 
Ya pasó la época de los roles. Lo que fuimos, fuimos; ahora somos para nosotros mismos sin tener que rendir cuentas a nadie. Los demás seguirán su camino de responsabilidades y de afanes, de preocupaciones y nerviosismos. Nosotros ahora, estamos por encima del bien y del mal.
 
Vamos a museos, asistimos a conferencias y si no nos gusta nos salimos sin que nos importe, redescubrimos al Quijote y a Fernando González.  La vida es para nosotros una profunda experiencia interior, lejos de mitos, ritos, limosnas y pecados sin fin. Es la hora de empezar a relajarnos y de conversar largas horas con uno mismo, que es el único que permanece siempre, ahora y después de que abandonemos la nave del cuerpo.
 
Nos rodean pocos seres a quienes amamos profundamente y que seguirán viviendo sus propias experiencias, estemos nosotros o no. Mandaremos para donde sabemos a la gente que nos molesta, la tóxica. Quienes nos buscan sin egoísmos van a encontrar una sonrisa, una mirada tierna y comprensiva, un consejo acertado o no, afecto.
 
Somos, ahora sí, libres de ataduras, de prejuicios, de creencias. Somos libres si no le tememos ni a la vida ni a la muerte.
 

sábado, 11 de enero de 2014

Reflexión XX: Un amigo verdadero

 
 
- “Mi amigo no ha regresado del campo de batalla, señor. Solicito permiso para ir a buscarlo” dijo un soldado a su teniente.
- “Permiso denegado”, replicó el oficial, “no quiero que arriesgue usted su vida por un hombre que probablemente ha muerto”.
 
El soldado, no haciendo caso a la prohibición, salió y una hora más tarde regresó mortalmente herido, transportando el cadáver de su amigo. El oficial estaba furioso:
 
- “¡Ya le dije yo que había muerto! Dígame: ¿Merecía la pena ir allá para traer un cadáver?”
 
Y el soldado, respondió:
 
- “¡Claro que sí, señor! Cuando lo encontré, todavía estaba vivo y pudo decirme: ¡Estaba seguro que vendrías!
 
“Un amigo es aquel que llega cuando todo el mundo se ha ido”