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domingo, 9 de septiembre de 2012

Agua embotellada: ¿necesidad o moda?


Pese a que el agua del grifo en la mayoría de las ciudades de los países desarrollados es potable y de buena calidad, el consumo de agua embotellada no deja de crecer. ¿Es esto debido a las nuevas necesidades de la población o más bien una moda impulsada por las empresas de bebidas?

Beber es una necesidad vital, y como tal se busca la manera de poder satisfacer esa necesidad en todo momento. Debido al ritmo de trabajo y al tiempo que pasamos fuera de casa, comprar una botella de agua es una manera muy cómoda y práctica de tener siempre a mano el líquido elemento. Sin embargo esta costumbre se está extendiendo cada vez, hasta el punto de llegar a los propios hogares, donde es habitual ver las neveras llenas de botellas y garrafas de agua mineral, incluso cuando la del grifo es de excelente calidad. ¿A qué se debe?

A menudo se escucha que el agua embotellada es más sana que el agua del grifo. Si bien es verdad que algunas aguas minerales tienen ciertas propiedades debido a sus componentes, no es menos cierto que algunas aguas embotelladas son simplemente agua purificada o incluso agua normal del grifo. Los estrictos controles a los que se somete el agua corriente hace que ciudades como Madrid, tengan una calidad de agua incluso mayor que algunas embotelladas. Otro tema diferente es la cuestión del sabor, que depende del origen y la composición del agua de cada zona, que sin embargo se puede 'mejorar' con filtros especiales en jarras y grifos.

Hablar de agua embotellada es hablar de precio. El 90% del coste de fabricación de agua embotellada corresponde al envase. Ese coste se repercute en el precio final que paga el consumidor, lo que hace a este producto un bien extremadamente caro. Una botella estándar de 1,5 litros, puede costar aproximadamente unos 0,70 euros. Eso equivale a pagar unos 0,46 euros por cada litro de agua. En cambio el agua del grifo ronda los 1,32 euros el metro cúbico (Madrid, 2010), o lo que es lo mismo, 0,00132 euros por litro. Esto significa que cuando un consumidor bebe un vaso de agua embotellada en vez de agua del grifo, está pagando 348 veces más por un bien que en la mayoría de los casos ni siquiera es de mejor calidad. Los precios pueden varias dependiendo de las marcas y las ciudades, pero la proporción es parecida.

Pero esto no es simplemente una cuestión de dinero, sino también de ecología. Producir los envases consume mucha energía y eso conlleva emitir más CO2 y otros deshechos. Además habría que sumar la contaminación que produce su extracción, llenado, transporte y distribución. El problema no termina cuando nos bebemos el agua, ya que solo una parte del total de todas las botellas llega a ser reciclada, provocando así más deshechos innecesarios. Una botella de plástico PET tarda unos 700 años en descomponerse.

Durante los últimos años el consumo de agua embotellada no ha hecho más que crecer. Las grandes marcas de bebidas han llevan realizando una gran distribución a través de supermercados, máquinas expendedoras y restaurantes, apoyándose con grandes campañas de publicidad. Gracias a esta constante promoción se ha conseguido crear una imagen positiva muy sólida del agua embotellada, relacionándola sobre todo con bienestar y salud.

Curiosa es la situación que se da en muchos restaurantes, donde han proliferado las 'aguas gourmet'. Es el caso de marcas como Ogo, Bling, Numen o Voss. Estas empresas ofrecen agua de los lugares más lejanos y variopintos con la promesa de que el cliente beberá el agua más exclusiva. Sin embargo vender agua de lujo no significa vender agua de calidad. Es el caso de Fiji, que en 2007 inició una campaña promocional en EEUU con el lema: 'La etiqueta dice Fiji porque no está embotellada en Cleveland'. Este eslogan no sentó muy bien en esa ciudad, que decidió realizar un análisis del agua de Cleveland (del grifo por supuesto) y compararla con el agua Fiji. El resultado fue sorprendente. El agua 'de lujo' tenía un nivel de arsénico de 6,3 microgramos por litro, dentro de los límites permitidos, pero muy superiores a los cero microgramos que tenía el agua del grifo de Cleveland.

Sin embargo son precisamente los propios ayuntamientos los que a menudo no lo ponen fácil para consumir agua corriente. En muchas ciudades es muy complicado encontrar fuentes para beber, lo que hace que constantemente busquemos botellas para saciar la sed. Lo que no está claro es si esta negligencia está producida por la presión de las multinacionales de bebidas o por la ineficiencia de los gobernantes.

El mercado del agua embotellada es un buen ejemplo de cómo crear una nueva necesidad en los consumidores a través de una buena campaña de publicidad y algo de tiempo. Pese a todo, lo más responsable y económico es y sigue siendo beber agua del grifo.

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