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martes, 24 de septiembre de 2013

7 mitos psicológicos

¿Quién no ha oído alguna vez este tipo de mitos psicológicos? Seguro que más de uno ha escuchado a su alrededor cosas negativas sobre la psicología. Estos mitos psicológicos, poco a poco van aminorando, ya que cada vez hay más personas interesadas en la espiritualidad y ciencia que estudia al ser humano, emociones y comportamiento.
 
1. LOS QUE VAN AL PSICÓLOGO ESTÁN MAL DE LA CABEZA O SON MUY DÉBILES
En épocas anteriores se mantenía esta creencia, pero hoy en día se ha demostrado que la psicología puede ayudar a mucha gente a mejorar sus vidas y sus emociones y no por ello tienen que estar mal de la cabeza. Es más, las personas que tienen algún trastorno psicológico no suelen ir al psicólogo, porque al estar mal no se dan cuenta de que tienen un problema y son muy reacios a recibir ayuda. Suelen acudir llevados u obligados por alguien. Quien es capaz de tomar la decisión de acudir a un profesional, es una persona con ganas de mejorar, de superarse, de sentirse mejor, de curarse de cualquier mal. Suelen ser personas racionales aunque en algún momento de sus vidas se encuentren que los problemas les superan. En cuanto a la debilidad, considero mucho más fuerte a quien es capaz de reconocer que tiene un problema y va a buscar ayuda, que quien jamás acudiría aún sintiéndose mal. Hay que tener valentía y fortaleza para enfrentar los problemas y ser capaz de contarlos para colaborar junto al profesional en busca de soluciones. Igual que cuando tenemos algún mal físico acudimos al médico, cuando se siente malestar emocional se puede acudir a un psicólogo, no es nada malo ni anormal.
 
2. EL TIEMPO LO CURA TODO El tiempo no cura, lo que cura es la persona que a través del tiempo ha adquirido una actitud favorable para que el problema sea solucionado. Hay quien mejora a través del tiempo porque tiene las herramientas para mejorar y hace lo apropiado para su cura. Pero en otras ocasiones si la persona no sabe qué hacer o se encierra y no se enfrenta a solucionar sus problemas, puede empeorar con el tiempo, o mantenerse tal y como está sin mejoras.
 
3. LOS PSICÓLOGOS NO TIENEN NI IDEA, SE LES PUEDE ENGAÑAR FÁCILMENTE Es una frase que he oído en muchas ocasiones. Las personas que piensan así no son conscientes de que un psicólogo no es un rival, al contrario, es una persona que nos va a intentar ayudar, pero no son adivinos, necesitan que el paciente les de la información real de lo que le pasa. Si el paciente no colabora se estará engañando a sí mismo, es como si vamos al médico y no le decimos qué nos duele esperando a que lo descubra con pruebas. Estaríamos ralentizando el proceso y perdiendo mucho tiempo hasta que el profesional descubra lo que pasa de verdad. Un psicólogo no es un detective, todo saldrá mejor si damos la máxima información posible y colaboramos positivamente.
 
4. UNA VEZ FUI A UN PSICÓLOGO Y NUNCA MÁS, NO AYUDAN Lo he oído muy a menudo y suele pasar, cuando se tiene una mala experiencia en cualquier ámbito, se tiende a tirar la toalla. En todas las profesiones hay gente eficiente y competente y otros nefastos. Ocurre en cualquier profesión, pero porque nos haya ido mal con alguno, no deberíamos generalizar y pensar mal de la profesión. Hay de todo y lo ideal es poner los medios para escoger bien. El paciente es el que elige, si con un profesional no sientes que avanzas, no sientes afinidad ni confianza, siempre se puede cambiar. Hay profesionales de muchos tipos y alguno te irá genial para tu mejora. No te quedes con el primero que vayas. Prueba, prueba y elige. Cuando des con el apropiado con tu problema y tu personalidad, te alegrarás de no haber tirado la toalla.
 
5. ¿SÓLO POR HABLAR ME VOY A CURAR? PARA ESO LO HAGO CON UN AMIGO El hecho de sacar hacia afuera los problemas y vivencias negativas es un primer paso para aliviar las emociones. Guardarse en el interior cosas negativas es perjudicial para la salud, llegará un momento en el que se estallará por algún lado. Sólo por hablarlo ya se siente alivio y es el inicio de la cura, claro está que después el paciente también tiene que poner de su parte y seguir unas pautas para su mejora. La diferencia entre hacerlo con un amigo y un psicólogo es que los amigos no tienen los conocimientos que tiene un psicólogo para dar una respuesta eficiente que pueda ayudar a la mejora. Muchas veces con la mejor de las intenciones, una respuesta poco apropiada puede empeorar a las personas, en cambio un profesional sabe cómo debe reaccionar, jamás juzgará nada y dará un feedback apropiado a cada caso. También contar ciertas cosas a amistades, familia o conocidos puede desencadenar en otro problema que deje a la persona etiquetada. Dependiendo del problema siempre es mejor contarlo a un profesional que guardará el secreto y tratará de ayudar de la mejor manera posible.
 
6. VOY A BUSCAR A UNA PROFESIONAL GUAPA, ASÍ IRÉ MÁS ILUSIONADO A LAS CONSULTAS Esto es un grave error, es importante que el profesional no nos resulte atractivo, porque cuando alguien nos gusta, sin querer, intentamos impresionar y de esa manera será más difícil que saques a relucir tus problemas. Si alguien no te gusta, no te importará hablar de lo peor que hay en ti, de tus mayores defectos y debilidades. Si mezclas el ligue con la medicina, no te estarás ayudando en nada. Es como si vas al médico porque te duele el estómago y en vez de ir a lo que vas y contarle todo lo que te pasa, intentas poner tu mejor cara e intentas gustarle al médico, no es nada racional, hay que separar las cosas y si vas al médico o psicólogo debes ir a lo que vas y centrarte exclusivamente en tu mejora. Además si ya desde un principio te resultaba atractivo el profesional, luego te será más difícil dejarlo y esto es contraproducente, porque te dañará dejarle de ver y te encontrarás con otro problema de fondo emocional. Normalmente los pacientes suelen encariñarse mucho con alguien que les está ayudando y no juzgando, pues si encima ya te gustaba desde el principio, te será muy doloroso dejar las consultas.
 
7. LOS PROFESIONALES DE LA PSICOLOGÍA ESTÁN PEOR QUE SUS PACIENTES Creo que todos hemos escuchado opiniones así alguna vez. No deberíamos juzgar así a los profesionales ya que como antes comenté, hay de todo en todos los sitios. Algunos psicólogos si es cierto que han tenido grandes problemas y por ello se han interesado en estudiar la carrera, para ayudarse a sí mismos o a alguien importante de su entorno. Esto no debería ser negativo, ya que las personas que han pasado por problemas están dotadas de mayor sensibilidad y pueden entender mejor a sus pacientes. Algunos están en contra de la psicología y hacen que estos mitos psicológicos se mantengan en el tiempo, otros a favor, lo que está claro es que cualquier profesional de la psicología ha hecho una carrera en la que ha estudiado el comportamiento humano y los procesos psicológicos y emocionales. Con ese aprendizaje pueden ayudar a las personas a mejorar sus malestares, es una ciencia que no es exacta ni perfecta, pero bien utilizada por un buen profesional puede cambiar la vida.
 
Leído en: http://lamenteesmaravillosa.com/7-mitos-psicol%C3%B3gicos

lunes, 23 de septiembre de 2013

Cuándo comienza la mediana edad

La línea de separación entre la juventud y la edad adulta se ha difuminado completamente. La mediana edad se asocia cada vez más al estilo de vida y la actitud, en lugar de a la edad biológica. Un hecho por el que inicio de la segunda edad se ha retrasado, asombrosamente, hasta los 53 años, según un sondeo de la firma británica de servicios médicos Benenden Health. Dependiendo de cómo se sienta uno, tenderá a manifestar actitudes y a realizar actividades más o menos juveniles, independientemente de los años, por lo que el estudio pone de manifiesto el cambio de paradigma entre las generaciones nacidas a partir de los 60, cuya filosofía de vida poco tiene que ver con la de sus ascendientes.
Más de la mitad de los participantes en la investigación con edades comprendidas entre los 45 y los 55 años aseguraron que aún no sentían haber llegado a la mediana edad. Una afirmación que se corroboró mediante una encuesta de hábitos de vida, en la que se preguntaba por cuestiones tan variadas como sus preferencias vacacionales, el ejercicio físico que realizaban, el manejo de las nuevas tecnologías o su actividad ideal para un sábado por la noche.
De las respuestas aportadas por los encuestados pueden extraerse lo que los autores del estudio denominan ‘signos de la juventud’. Entre ellos destacaron la buena memoria, una cuestión casi obsesiva para la gran parte de los participantes, pues todos aquellos que reconocieron su frustración por olvidarse de nombres o fechas dijeron sentirse más envejecidos que los demás. Algo similar a los que carecían de las capacidades necesarias para manejarse correctamente con las nuevas tecnologías. Una desconexión con el mundo real que inevitablemente los hizo sentirse en un estadio vital diferente al de los nativos digitales.
El fin de la crisis de los 40 (ahora es a los 50)
Mucho se ha escrito sobre la crisis de los 40, entendida como un período de transición vital y cuestionamiento personal que suele producirse al superar la barrera de la mediana edad. Sin embargo, poco rastro de ella se puede observar entre los encuestados, pues dos tercios de ellos dijeron experimentar el hecho de entrar en esta nueva etapa vital al cumplir los 50. Algo que no les había ocurrido ni al cumplir los 30 ni los 40. Un cambio cultural con implicaciones en lo que al matrimonio o la paternidad se refiere.
La permanencia de las actitudes vitales juveniles a estas edades también puede estar relacionado con el aumento de la esperanza de vida y la popularización de los hábitos de vida saludables, según algunas de las hipótesis apuntadas por los responsables del estudio. Concretamente, la longevidad de las personas ha aumentado más durante el último siglo que en los dos mil años anteriores, según recogen los indicadores demográficos. Asimismo, un estudio llevado a cabo por investigadores del Instituto alemán Max Planck de Demográfica y publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States concluyó que los 72 años de hoy en día equivalen a los 30 de hace dos milenios. La necesidad contemporánea de acuñar el concepto cuarta edad también da fuerza a estas hipótesis.
En otro estudio de hace ya dos años elaborado por la organización social Age UK, similar al de Benenden Health pero a nivel europeo, se concluyó que la edad media en la que se percibe la llegada de la vejez es a los 62 años. Sin embargo, los encuestados manifestaron un mayor disenso acerca de cuándo finaliza la juventud, desde los 34 años que señalaron los suecos, a los 52 de los griegos. El promedio europeo estaría en los 40.
A modo de guía para descubrir cuál es la verdadera edad mental de cada persona. El estudio británico acompaña sus conclusiones de una serie de signos que indican el paso de la juventud a la mediana edad:
- Sentir que la música de los locales comerciales está demasiado alta.
- No ser capaz de conectar en una conversación iniciada por un grupo de jóvenes.
- Necesitar dormir la siesta todos los días.
- No reconocer ninguno de los grupos musicales o singles que ocupan el top ten de los más vendidos.
- Tener dificultades para manejar un smartphone o tablet.
- Pensar que tu médico, el policía, o tu profesor de idiomas son demasiado jóvenes.
- Elegir la ropa o los zapatos que te compras en función a su comodidad, sin importar la moda.
- Elegir un crucero para irse de viaje (preferiblemente en los que no puedan viajar niños).
- Comenzar a interesarte por la jardinería y las antigüedades.
- Quejarte de los programas de televisión porque “ya no son lo que eran”.
- Tener sueño después de beberte dos copas de vino.


Leído en: http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2013-08-29/cuando-comienza-realmente-la-mediana-edad-y-ya-no-es-a-los-cuarenta-anos_22079/

sábado, 21 de septiembre de 2013

Enganchados a... los puntos suspensivos

Vivimos en una hemorragia de puntos suspensivos. No exagero. Entre los emails, los estados de Facebook, los tuits y los WhatsApps, este signo vive su gran revolución. Nunca antes lo habíamos necesitado tanto.
 
Para empezar, digamos que son tres los puntos suspensivos. Ni dos ni cuatro. Se escriben así: ...
 
Lo digo porque nos consta que ha habido intercambios de SMS entre la élite de este país -el presidente de Gobierno y el señor Luis Bárcenas sin ir más lejos- en los que se han tecleado cuatro puntos suspensivos. Pero hoy nos ocupa la popularidad de los puntos suspensivos en la cháchara digital sin fin en la que vivimos casi todos.
 
Este artículo de la revista Slate se preguntaba las razones por nuestra repentina pasión por escribir cosas como: Hola ...  y quedarse tan ancho esperando una respuesta.
 
Según el autor, hemos adquirido definitivamente "el mal hábito de los puntos suspensivos".
 
Antes de escribir este post me he sometido al productivo ejercicio de revisar los últimos Whatsapps enviados y recibidos y, efectivamente, la profusión de puntos (también de signos de exclamación, que será asunto de otro post) es impresionante. En el caso del periodista de Slate contó 48 puntos suspensivos en sus últimos chats con un saldo de cero oración finalizada.
 
Todo queda en suspenso después de unos puntos suspensivos.
 
Y al parecer de eso se trata, y no por otra cosa nos hemos aficionado a estos puntitos. Es mucho mejor insinuar nuestras posturas con una cómoda indefinición que dejar las ideas claras y cerradas con un contundente punto final. De repente la expresión "y punto" ha perdido todo su significado.
 
Como segunda parte de su experimento el redactor de Slate, que por cierto se llama Matthew J.X. Malady, se dedicó a enviar mensajes a sus contactos usando puntos suspensivos sin orden ni concierto. Mensajes absurdos  que terminaba con unos aún más absurdos puntos suspensivos. Envió mensajes a su madre, a su mujer y a varios amigos. Para su sorpresa nadie mencionó el sin sentido de los signos, y todos se sintieron obligados a hacer como que entendían el críptico significado que supuestamente se escondía tras los puntos suspensivos. 
 
"Nadie me replicó: '¿De qué estás hablando?', 'No entiendo nada' ó '¿Podrías darme más información?'. Por supuesto, no hicieron ninguna mención a los puntos suspensivos. Parecería que cuando nos comunicamos entre amigos o gente de confianza todos asumen que tienen suficiente contexto para entender nuestros enrevesados pensamientos y lo que queremos dar a entender con unos puntos suspensivos. Los receptores de los mensajes tienden a hacer como que todo está bien".
 
Es decir, nadie quiere aparentar que no está en el ajo. Y unos puntos suspensivos son como un guiño cómplice, un "tú y yo sabemos de lo que hablo".
 
Pero mi versión es que los puntos suspensivos han triunfado en la era digital porque como dicen en Slate, "ofrecen la atmósfera totalmente opuesta a la claridad". Son los reyes de la ambigüedad y la indefinición.
 
Para Clay Shirky, una mente preclara de los efectos de Internet en la sociedad, profesor adjunto de la Universidad de Nueva York y todo un gurú digital, cree que la abundancia de puntos suspensivos marca "un momento único e  interesante del lenguaje escrito": el que estamos viviendo. Shirky opina que usamos los puntos suspensivos para reemplazar sonidos y gestos que supondrían una pausa en una conversación. Decir por ejemplo: hmm.
 
"La gente se comunica por los chats como si estuviera hablando y utiliza los signos del lenguaje escrito para sustituir códigos de la conversación". "El lenguaje oral se caracteriza por un flujo continuo con muchas pausas, repeticiones, arrancadas en falsos, cambios de rumbo (...) Estamos intentando usar el alfabeto y los signos de puntuación para reproducir una conversación, y eso es difícil, así que tenemos que echar mano de los puntos suspensivos".
 
Hablo con Miri Rodríguez, filóloga, perfeccionista de la gramática y gran amante de los puntos suspensivos en sus chats, siempre que solo sean tres. "Tengo dos grandes razones para adorarlos. Por un lado son la grafía del lenguaje no verbal (uff, anja, ains, suspiros, miradas, abrazos), un intento de escribir lo coloquial, lo informal, lo cercano, lo cómplice. Por otro, los uso en lugar de la coma porque es más cómodo, para usar la coma hay que cambiar el teclado del móvil".
 
Efectivamente esos tres puntos imprimen más drama a la conversación, más intriga, más movimiento. Algo que no siempre se puede conseguir con las palabras escritas. Además, ¿quién tiene tiempo de poner por escrito todo lo que siente?
 
Hay que añadir al argumento del señor Shirky que el lenguaje escrito se creó para leer con una mínima concentración, mientras que estos signos ahora se están empleando en una conversación que tiene lugar al tiempo que pasan otras muchas cosas. La gente casi nunca chatea exclusivamente. Con o sin puntos suspensivos, la vida es eso que pasa mientras uno habla por Whatsapp.
 
En estas circunstancias surge con fuerza otro argumento a favor de los puntos suspensivos: Sirven para saltarse a la torera todas las reglas de la gramática y la sintaxis y hacerse entender. Evitar comas, puntos, letras mayúsculas ... Los tres puntos suspensivos son abiertos y ambiguos y nos liberan de dar demasiados detalles y aclaraciones. Si encima, el otro se va a dar por enterado para no romper la complicidad, estamos ante el signo de puntuación perfecto para la era digital.
 
"Las conversaciones virtuales suelen ser breves e informales, por lo que nuestra e-adicción a los puntos suspensivos refleja la tendencia global a la informalidad: los emails se responden como promedio en seis segundos y en los trabajos cada empleado cambia de tarea cada tres minutos. No parece que haya mucho tiempo para explicaciones completas o conversaciones complejas  que exijan mucha concentración". Así lo explica a la revista Slate Maggie Jackson, autora de Distracted: The Erosion of Attention and the Coming Dark Age.
 
Mientras que Nicholas Carr, finalista del Pulitzer por su libro The Shallows: What the Internet is doing to our brains, cree que los puntos suspensivos triunfan no tanto por la pereza de escribir como por la presión de ser conciso y rápido en enviar un mensaje que va a ser leído con toda seguridad a toda prisa en un teléfono o cualquier otro dispositivo móvil".
 
Como vemos abundan las teorías para explicar nuestra querencia por los puntos suspensivos. He comprobado que Yahoo Answer está repleto de consultas al respecto y una rápida búsqueda en Google le llevará a disfrutar de tutoriales de variado nivel sobre cómo usar los puntos suspensivos a su favor.
 
El teólogo Michael Sacasas que ahora termina su doctorado en Textos y Tecnología en la Universidad Central de La Florida ha escrito en su blog The Frailest Things una especie de Manual de uso de los puntos suspensivos. Aquí va lo que he aprendido leyéndolo:
 
Los puntos suspensivos en Internet sirven para:
 
Indicar que seguimos esperando algo más o que no está todo dicho en una conversación
Sustituir el silencio incómodo que tendría lugar en una conversación cara a cara
Sustituir el "bla bla bla", que indica aburrimiento e indiferencia
Como pausa dramática, incluso con una intención de hacer reír al otro
Para señalar un giro en la conversación o en el modo de pensar
Como un salvavidas para pasar por encima de cosas que no queremos comentar
Para comunicar vaguedad, vacilación, indefinición
Para expresar ironía y "cierto desapego cercano al cinismo" 
Para evadir situaciones en las que uno tendría que definirse
Para expresar "una atmósfera apática que no comprometa demasiado", típica de las relaciones virtuales
Para protegerse uno mismo de parecer un viejuno que se toma la vida demasiado en serio
Para resumir: los puntos suspensivos valen para un roto y para un descosido. Abuse de ellos. Disfrútelos. Pero siempre de tres en tres.

Por Karelia Vázquez para El País
http://blogs.elpais.com/antiguru/2013/09/y-cuando-no-tengas-nada-que-decir-usa-los-puntos-suspensivos.html

viernes, 20 de septiembre de 2013

Moral católica

En su columna del último domingo, escribe Manuel Vicent: “Un Estado no puede sostenerse sin que los ciudadanos se sientan orgullosos de pertenecer a él. El prestigio es su oxígeno. El accidente del Alvia, el fiasco ridículo de los Juegos Olímpicos, el descalabro de la Monarquía, la corrupción socialista de los ERE, las mentiras del Gobierno en el Parlamento para sacudirse de encima la evidencia de un infecto mejunje de financiación del Partido Popular, constituyen una situación de miseria moral que entra por los ojos”. El artículo tiene otros aspectos de interés, pero me referiré a la “miseria moral”. Las encuestas de opinión no parecen señalar un aumento de la preocupación ciudadana por la caída del nivel moral de nuestra sociedad. Sin embargo, es ahí donde está la raíz de nuestros problemas. De la herencia del franquismo tenemos algunas cosas buenas y una malísima, que es la moral rancia e hipócrita que nos legaron nuestros padres, por supuesto, con la mejor voluntad. Nos corresponde a nosotros, como ahora se dice, el “derecho a decidir”; ha llegado el momento de decidir lo que está bien y lo que está mal. Y, por una vez, sería bueno decidirlo de manera autónoma, sin consultar a la Santa Madre Iglesia.
 
Lo peor no es que, ocupado en defenderse, el Gobierno no funcione, que desaparezcan las ayudas a la cultura, a la educación o a la investigación, que los ministros del Gobierno digan tonterías sin orden ni concierto, que asistamos a la aniquilación de la iniciativa y a la ruina de la clase media; que aumente el paro. Hay algo mucho peor, que es el ejemplo. Se pueden soportar muchas cosas, pero no se puede soportar el mal ejemplo. Tal vez baje la prima de riesgo e incluso puede que mejore la cifra de paro, pero el problema está en el colapso ético de una sociedad donde no solo se ha extendido la corrupción, sino que parece que no importa. No solo es que se robe, sino que el acusado de robar se defiende señalando lo que roba el otro. No solo es que se mienta, sino que el embustero ni siquiera se preocupa de contradecir al que le increpa, aunque sea en sede parlamentaria.
 
La Iglesia, tan celosa de proteger al no nacido, no parece concernida por la corrupción. Los obispos no salen a la calle para protestar, se ve que no consideran que el asunto tenga suficiente gravedad. Tal vez estimen que, con paciencia, algún día verán acercarse al confesionario a pedir perdón a los que hayan quebrantado los mandamientos correspondientes. Perdón que será concedido, por supuesto. Como dijo famosamente el arzobispo Cañizares cuando un periodista le preguntó por la postura de la Iglesia respecto a la pedofilia de los sacerdotes: “Se pide perdón y ya está”.
 
Dios es infinitamente misericordioso y la Iglesia tiene delegado el poder de perdonar. En este disparate se asienta la moral católica, un principio fatal para la buena marcha de una democracia moderna donde no debe bastar con pedir perdón. No es suficiente decir: “Me equivoqué”. En una democracia, el sacerdote no administra la absolución de las fechorías cometidas por el pecador arrepentido. En una democracia digna de tal nombre hay que dar cuenta y asumir la responsabilidad. Mucho temo que la moral católica, si Dios no lo remedia, va a acabar no solo con la derecha española, sino con todos nosotros. Esperemos que el papa Francisco, que tan admirable comienzo ha protagonizado, encuentre solución a un problema que, según parece, nuestros gobernantes y la jerarquía eclesiástica prefieren ignorar.
 
Jaime Botín es alumno de la Escuela de Filosofía.
Leído en: http://elpais.com/elpais/2013/09/18/opinion/1379526120_302497.html
 

jueves, 19 de septiembre de 2013

Reflexión (VI)

Un chico le regala a su novia una muñeca, ella con rabia toma la muñeca y la tira a la calle.
 
- Su novio llega y dice: ¿Por qué tiraste la muñeca?
- Ella responde: Porque no me gusto el regalo...


El salió a la calle y tomo la muñeca, cuando de repente un coche que circulaba por la calle lo atropelló, causando su muerte.
 
El día del entierro, la novia llorando tomó la muñeca, la abrazó y la apretó muy fuerte, cuando la aprieta la muñeca dice: ¿Quieres casarte conmigo?.
Entonces ella impresionada dejo caer la muñeca y del bolsillo de la muñeca caen 2 alianzas.

REFLEXIÓN: “Ama lo que tienes, antes que la vida te enseñe a Amar lo que perdiste "



miércoles, 18 de septiembre de 2013

Mis tweets (VIII)

Lo que la gente diga o piense de mí no es asunto mío Soy lo que soy, hago lo que hago, no espero nada, acepto todo, así la vida es más fácil.
 
Vive tu vida, que al final nadie morirá por ti...
 
¿De qué sirve la riqueza en los bolsillos si hay pobreza en la cabeza?
 
No es necesario decir todo lo que se piensa, lo que sí es necesario es pensar todo lo que se dice (Quino).
 
¡¡Los años que se quita una mujer no se pierden, van a parar a alguna de sus amigas!!
 
Que no es exista una buena razón para quedarse, es una buena razón para marcharse.
 
La lectura es como el sexo, si lo haces con pasión será inolvidable.
 
Mal de muchos... Epidemia.
 
La lectura es como el Sexo, si realmente lo quieres hacer nunca dirás "No tengo tiempo".
 
Querido sol, te echamos de menos... ¡¡Vuelve!!
¿Cómo quieren fomentar la educación si un libro es más caro que una botella de ron?
 
Lo que no entiendo de la Última Cena es por qué se sentaron todos en el mismo lado, seguro que estaban viendo fútbol o la Fórmula 1.
 
No hay cosa más sana que hacer lo que te da la gana.
 
Mi abuela sólo conoció la radio y tuvo 9 hijos, mi madre la televisión y tuvo 3, yo conocí Internet y creo que aquí se acaba la familia...
 
Lo que no te mata te mantiene noches enteras sin dormir.
 
La ventaja de ser honesto es que hay muy poca competencia.
 
El problema de las personas sinceras es que creen que los demás también lo son.
 
A nada te acostumbres para que nada te haga falta.
 
Yo me entero de todo, que no te lo diga es diferente
 
No entiendo por qué muchos prefieren ver dos hombres con armas que de la mano...
 
No todos los hombres son iguales, que ustedes elijan la misma clase de gilipollas es otra cosa.
 
Huir de tus problemas es una carrera que jamás ganarás.
 
¡¡Si alguien te abandona sin motivos, no dejes que vuelva con excusas!!