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jueves, 7 de junio de 2012

Amnistía sin control

Como en otros ámbitos de su gestión económica, el Gobierno está empeorando la tramitación de lo que define como “regularización fiscal” y que en realidad es una amnistía fiscal para las rentas ocultas al 31 de diciembre de 2010. Si ya era discutible permitir, por decreto ley, blanquear rentas a cambio de un modesto gravamen del 10%, más discutible y peligroso para los intereses de la Hacienda pública es que se permita lavar dinero en efectivo. Bastará con que los defraudadores aseguren que ese dinero es anterior a 2010 para que la regularización quede aceptada. Hacienda abre un camino amplio y despejado para que el dinero negro, el anterior al 31 de diciembre de 2010 y el posterior a esa fecha, tribute al 10% y constituya un agravio comparativo sin precedentes para empresas y particulares que han pagado escrupulosamente las tasas e impuestos ordenados por la ley.

El decreto ley y la orden ministerial tendrían que ser examinados por el Tribunal Constitucional y las autoridades europeas para determinar si son coherentes con el respeto a la legislación y a la jurisprudencia. Es verdad que en un momento de graves urgencias recaudatorias cualquier Gobierno tiene la tentación de regularizar la economía sumergida para parchear las cuentas públicas. Pero la condición que permite justificar dicha regularización o amnistía es que se controlen estrictamente los capitales blanqueados, de forma que el perdón quede en todo caso restringido a los ejercicios fiscales vencidos y las bases imponibles afloradas se incorporen a las rentas controladas por Hacienda. Abrir la puerta al dinero en metálico rompe esa condición y concede a los defraudadores una confianza incompatible con los principios de la tributación democrática.

La envoltura formal de la regularización o amnistía deja también mucho que desear. No es de recibo amnistiar dinero negro en efectivo a través de una orden ministerial, porque puede plantear casos de fricción legal con la Ley General Tributaria. Es pertinente preguntarse, con algunos hacendistas, qué sucederá con las rentas afloradas por la norma en caso de que sea declarada inconstitucional. Sin entrar en juicios de intenciones, parece evidente que el Gobierno ha reflexionado poco sobre los efectos fiscales y legales de la amnistía que propone. Ha respondido a un único impulso, el de cuadrar las cuentas públicas con una proyección de ingresos por vía regularizadora de 2.500 millones.

Ese es otro aspecto discutible. No hay razones ni precedentes para suponer que la amnistía de rentas vaya a conseguir el objetivo recaudatorio fijado; el defraudador que se sienta seguro no cambiará renta a gravamen cero por otra a gravamen 10%. Pero en el caso del dinero en metálico sí hay incentivos al afloramiento: apenas deja rastro y se concede graciosamente la posibilidad de blanquear dinero anterior a 2010 o del mes pasado. La amnistía de dinero metálico es tan reprensible como la de rentas, pero quizá sea más eficaz.

Editorial de El País


miércoles, 6 de junio de 2012

Traidores

La diputada de Coalición Canaria, Ana Oramas, ha provocado un terremoto en el Congreso desvelando una conversación que mantuvo con el actual ministro de Economía, Cristobal Montoro. La conversación, según ha desvelado, se produjo en 2010, hace dos años, cuando el Gobierno de Rodríguez Zapatero tuvo que dar un giro a todas sus políticas porque la amenaza de la intervención de Europa era inminente.

Según ha desvelado en la tribuna la diputada nacionalista canaria, en aquel momento el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero pidió a todos los grupos que actuaran con responsabilidad y apoyaran al Ejecutivo ante la situación, al borde del precipicio, que vivía España. Los grupos, por lo que ha insinuado la diputada, hablaron entre ellos.

En ese ambiente, Oramas ha revelado que se produjo una conversación suya con Cristóbal Montoro, portavoz entonces de la comisión de economía del PP en el Congreso, y actual ministro de Hacienda. En  palabras de Oramas, tal y como lo ha recordado en la tribuna del Congreso, “el PP en aquel momento  optó por intentar hacer caer al Gobierno”.

La líder de Coalición Canaria ha ido más allá y ha desvelado las presiones de las filas de la derecha. El Gobierno resistió “gracias a CiU y a los nacionalistas canarios –ha dicho- que nos abstuvimos…, a pesar de las presiones, y siento que no esté don Cristobal Montoro, que me dijo: “que caiga España, que ya la levantaremos nosotros”. Gracias a la abstención de CiU y Coalición Canaria este país no fue intervenido”.

A Ana Oramas la escuchaban en ese momento en el hemiciclo el ministro de Economía, Luis de Guindos, y el ardoroso diputado popular Martínez Pujalte. Nadie del PP ha salido hasta el momento a rebatir las palabras de la diputada canaria. El diputado catalán de CiU, Josep Sánche Llibre, mientras, asentía con la cabeza.

Leído en: http://www.elplural.com/2012/05/31/%E2%80%9Cmontoro-me-dijo-que-caiga-espana-que-ya-la-levantaremos-nosotros%E2%80%9D/

Vaya con Cristóbal Montoro, ahora resulta que es un traidor a España, todo le vale con tal de llegar al poder. Esta es la gente que han votado una mayoría de españoles, estoy seguro que si esto se hubiese sabido antes, al igual que las mentiras que contaron durante la campaña no estarían gobernando ahora. Debería existir el destierro. El calificativo que me viene a la cabeza para esta clase de políticos... me lo callo.

martes, 5 de junio de 2012

Discurso de Steve Jobs (y III)

Mi tercer relato es sobre la muerte.

Cuando tenía 17, leí una cita que decía más o menos lo siguiente: “Si vives cada día como si fuera el último, algún día tendrás razón.” Me impresionó, y desde entonces, durante los últimos 33 años, cada mañana me he mirado en el espejo y me he preguntado: “¿Si hoy fuese el último día de mi vida, querría hacer lo que estoy por hacer hoy?” Y cada vez que la respuesta ha sido “No” durante demasiados días seguidos, he sabido que necesitaba cambiar algo.

Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante que he encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones en la vida. Porque prácticamente todo, las expectativas de los demás, el orgullo, el miedo al ridículo o al fracaso, se desvanece frente a la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante. Recordar que uno va a morir es la mejor manera que conozco para evitar la trampa de pensar que tienes algo por perder. Ya estás indefenso. No hay razón para no seguir tu corazón. Hace casi un año me diagnosticaron cáncer. Me hicieron una tomografía a las 7:30 de la mañana y mostraba claramente un tumor en el páncreas. Yo ni sabía lo que era el páncreas. Los médicos me dijeron que era prácticamente seguro un tipo de cáncer incurable, y que mi esperanza de vida seria de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó que me fuese a casa y dejara zanjados mis asuntos, la forma médica de decir: prepárate para morir.

Significa intentar decirle a tus hijos en unos pocos meses todo aquello que pensabas decirles en diez años. Significa asegurarte de que todo queda atado y bien atado, para que sea tan fácil como sea posible para tu familia. Significa decir adiós.

Viví todo un día con ese diagnóstico. Luego, a última hora de la tarde, me hicieron una biopsia, en la que me introdujeron un endoscopio por la garganta, a través del estómago y hasta los intestinos, pincharon con una aguja mi páncreas y obtuvieron algunas células del tumor. Yo estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me dijo que cuando vio las células bajo el microscopio el médico comenzó a llorar porque resultó que era una forma muy rara de cáncer pancréatico que se puede curar mediante cirugía. Me operaron y ahora estoy bien.

Esto es lo más cerca que he estado de la muerte, y espero que sea lo más cerca que me encuentre de ella durante algunas décadas más. Habiendo pasado por ello, les puedo decir esto con más certeza que cuando la muerte era un concepto útil pero puramente intelectual: Nadie quiere morir. Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar allí. Y sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y así es como tiene que ser, porque la Muerte es probablemente el mejor invento de la vida. Es el agente de cambio. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo. Ahora mismo lo nuevo son ustedes, pero dentro de no demasiado tiempo, de forma gradual, se irán convirtiendo en lo viejo y serán apartados. Lamento ser tan dramático, pero es realmente cierto.

Tu tiempo es limitado, así que no lo malgastes viviendo la vida de otro. No te dejes atrapar por el dogma que implica vivir según los resultados del pensamiento de otros. No dejes que el ruido de las opiniones de los demás ahogue tu propia voz interior. Y lo que es más importante, ten el coraje de seguir a tu corazón y tu intuición. De algún modo él ya sabe lo que realmente quieres llegar a ser. Todo lo demás es secundario.

Cuando era joven, había una publicación asombrosa llamada The Whole Earth Catalog (El Catálogo de toda la Tierra), una de las biblias de mi generación. La había creado un sujeto llamado Steward Brand no demasiado lejos de aquí, en Menlo Park, y la trajo a la vida con su toque poético. Esto sucedía en los últimos años 60, antes de los ordenadores personales y la autoedición, así que todo se llevaba a cabo con máquinas de escribir, tijeras, y cámaras Polaroid. Era como Google con tapas de cartulina… 35 años antes de la aparición de Google. Era idealista y rebosaba de herramientas claras y grandes ideas. Stewart y su equipo publicaron varios números de The Whole Earth Catalog, y cuando llegó su momento, sacaron un último número.

Fue a mediados de los 70, y yo tenía vuestra edad. En la contraportada de su último número había una fotografía de una carretera rural a primera hora de la mañana, el tipo de camino que podrías encontrar si fueses un aventurero haciendo autoestop. Debajo de ella aparecían las palabras: “Sigue hambriento. Sigue alocado”. Era su último mensaje de despedida. Sigue hambriento. Sigue alocado.

Y siempre he deseado eso para mí. Y ahora, cuando os graduéis para comenzar de nuevo, os deseo eso.

Sigan hambrientos. Sigan alocados.

lunes, 4 de junio de 2012

Discurso de Steve Jobs (II)

...

Mi segundo relato es acerca del amor y la pérdida.

Tuve suerte… descubrí pronto en mi vida lo que realmente quería hacer. Woz y yo comenzamos con Apple en el garaje de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos duro, y en diez años Apple creció de ser una empresa compuesta por nosotros dos en un garaje a una compañía valorada en dos mil millones de dólares y más de 4.000 empleados. Habíamos lanzado nuestra creación más refinada, el Macintosh, un año antes, y yo acababa de cumplir 30. Y me despidieron. ¿Cómo te pueden echar de la empresa que tú has creado?
Bueno, a medida que Apple crecía, contratamos a alguien que yo pensaba que estaba muy capacitado para dirigir la compañía junto a mí, y durante el primer año más o menos las cosas fueron bien. Pero luego nuestras visiones acerca del futuro comenzaron a diferir y finalmente nos apartamos completamente.

Cuando eso ocurrió, nuestra Junta Directiva se puso de su parte. Así que a los 30 estaba fuera. Y de forma muy notoria. Aquello en lo que me había concentrado durante toda mi vida adulta había desaparecido, y fue devastador.

Realmente no supe qué hacer durante unos pocos meses. Sentía que había decepcionado a la anterior generación de emprendedores; que había soltado el testigo en el momento en que me lo pasaban. Me reuní con David Packard (HP) y Bob Noyce (Intel) e intenté disculparme por haber echado a perder las cosas de esa manera. Yo representaba un fracaso público muy importante, e incluso pensé en huir del valle (Silicon Valley).

Pero algo comenzó a abrirse paso en mí... aún amaba lo que hacía. El curso de los acontecimientos en Apple no había cambiado eso ni un ápice. Había sido rechazado, pero aún estaba enamorado. Así que decidí empezar de nuevo.

No me dí cuenta entonces, pero resultó que el hecho de haber sido despedido de Apple fue lo mejor que jamás me pudo haber pasado. El peso del éxito fue reemplazado por la ligereza de convertirme de nuevo en un principiante, menos seguro de las cosas. Me liberó para comenzar uno de los períodos más creativos de mi vida.

Durante los siguientes cinco años, creé una empresa llamada NeXT, otra llamada Pixar, y me enamoré de una mujer asombrosa que se convertiría en mi esposa. Pixar llegó a crear el primer largometraje de animación por ordenador, Toy Story, y en la actualidad es el estudio de animación más exitoso del mundo. En un notable giro de los acontecimientos, Apple adquirió NeXT, yo regresé a Apple, y la tecnología que desarrollamos en NeXT pasó a ser el corazón del actual renacimiento de Apple. Y Laurene y yo tenemos una maravillosa familia. Estoy bastante seguro de que nada de esto habría pasado si no me hubieran echado de Apple. Creo que fue una medicina horrible, pero supongo que el paciente la necesitaba.

A veces, la vida te golpea en la cabeza con un ladrillo. No perdáis la fe. Estoy convencido de que lo único que me mantuvo en marcha fue mi amor por lo que hacía. Debéis encontrar algo que realmente os apasione. Y esto vale tanto para tu trabajo como para el amor. El trabajo ocupará una parte importante de sus vidas, y la única manera de sentirse realmente satisfecho es hacer lo que consideras un trabajo genial. Y el único modo de tener un trabajo genial es amar lo que hagas. Si no lo has encontrado aún, sigue buscando. No te conformes. Como en todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabrás cuando lo hayas encontrado. Y como en todas las relaciones geniales, las cosas mejoran según pasan los años. Así que… sigue buscando hasta que lo encuentres. No te conformes.

domingo, 3 de junio de 2012

Discurso de Steve Jobs (I)

Este es el famoso discurso de graduación que impartió Steve Jobs en 2005 para la Universidad de Stanford. Realmente no es importante, pero te inspira y recuerda las cosas que son importantes y las que no. Steve nos dejó, pero sus palabras, sus sueños y sus logros no lo harán nunca. Este discurso es un homenaje a los que piensan diferente, el primer anuncio de la campaña Think different escrito por el propio Jobs: The Crazy Ones.

“Tengo el honor de estar hoy aquí presente en la ceremonia de graduación de una de las universidades más prestigiosas del mundo. A decir verdad, esto es lo más cerca que jamás he estado de una graduación universitaria. Hoy deseo contarles tres relatos acerca de mi vida. Eso es todo. Nada del otro mundo. Simplemente tres historias.

El primer relato versa sobre “conectar los puntos”.

Abandoné la Universidad de Reed después de los primeros 6 meses, pero luego permanecí vagando por allí como oyente otros 18 meses aproximadamente antes de dejarlo completamente. Así que, ¿por qué lo dejé?

Todo comenzó antes de que yo naciera. Mi madre biológica era una joven estudiante soltera y decidió darme en adopción. Creía enérgicamente que debía ser adoptado por graduados universitarios, de modo que todo se organizó para que al nacer fuese adoptado por un abogado y su esposa. Solo que cuando nací decidieron en el último momento que lo que de verdad deseaban era una niña. Así que mis padres, que estaban en una lista de espera, recibieron una llamada en mitad de la noche que decía: “Tenemos un niño no esperado, ¿lo quieren?” Dijeron: “Por supuesto.” Mi madre biológica averiguó más tarde que mi madre adoptiva nunca se había graduado en la universidad y que mi padre ni tan siquiera había terminado el bachillerato así que se negó a firmar los papeles de adopción. Solo aceptó hacerlo unos meses después, cuando mis padres le prometieron que algún día yo iría a la universidad.

Y 17 años más tarde fui a la universidad. Pero ingenuamente elegí una universidad que era casi tan cara como Stanford, y todos los ahorros de mis padres, de clase trabajadora, se estaban destinando a mi matrícula. Después de seis meses, no le encontraba sentido alguno. No tenía idea de lo que quería hacer con mi vida y tampoco de qué manera la universidad me ayudaría a resolverlo. Y aquí me encontraba, desperdiciando todo el dinero que mis padres habían ahorrado durante toda su vida. Así que decidí abandonar los estudios y confiar que las cosas terminarían saliendo bien. Era algo que me asustaba, pero en retrospectiva fue una de las mejores decisiones que nunca he tomado. En el momento en que abandoné la universidad podía dejar de asistir a las clases que no me interesaban, y participar como oyente de aquellas que parecían interesantes.

No todo fue romántico. No tenía un dormitorio, así que dormía en el suelo de las habitaciones de mis amigos, devolvía las botellas de Coca Cola para obtener los cinco céntimos del envase para conseguir dinero para comer, y caminaba más de 10 Km cada domingo por la noche a través de la ciudad para recibir una buena comida una vez por semana en el templo de los Hare Krishna. Me encantaba. Y muchas cosas de las que me tropecé al seguir mi curiosidad e intuición resultaron no tener precio más adelante.

Les daré un ejemplo. En aquella época la Universidad de Reed ofrecía la que quizás fuese la mejor formación en caligrafía del país. En todas partes del campus, cada cartel, cada etiqueta en cada cajón, estaban bellamente caligrafiadas a mano. Dado que había abandonado los estudios y no tenía que asistir a las clases normales, decidí tomar un curso de caligrafía para aprender cómo se hacía eso. Aprendí acerca de los tipos de letra serif y sans serif, sobre cómo variar el espacio entre letras, sobre qué hace realmente grande a una gran tipografía. Era hermoso, histórico, artísticamente sutil de un modo que la ciencia no puede captar, y yo lo encontré fascinante.

Nada de esto albergaba siquiera la mínima esperanza de tener alguna aplicación práctica en mi vida. Pero diez años más tarde, cuando estábamos diseñando el primer ordenador Macintosh, todo volvió a mi mente. Y diseñamos el Mac con eso en su esencia. Fue el primer ordenador con tipografías bellas. De no haber asistido a ese curso en concreto de la universidad, el Mac no hubiera tenido nunca múltiples tipografías ni caracteres con espaciado proporcional. Y dado que Windows simplemente copió a Mac, es posible que ningún ordenador personal las tuviera ahora. De haber continuado mis estudios universitarios, no hubiera asistido a ese curso de caligrafía, y los ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que poseen.

Por supuesto que era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en clase. Pero fue muy, muy claro al mirar para atrás diez años más tarde.

Nuevamente, no se pueden conectar los puntos hacia adelante; sólo puedes hacerlo mirando hacia atrás. Así que tienes que confiar en que los puntos se conectarán de alguna manera en el futuro. Tienes que confiar en algo, tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea. Porque creer que los puntos se unirán te darán la confianza de seguir tu corazón. Esta forma de actuar nunca me ha traicionado, y ha marcado la diferencia en mi vida.

sábado, 2 de junio de 2012

Ánimo, presidente

Estimado señor Rajoy, por la presente le rogamos que se apunte a uno de esos cursos de liderazgo que dan las escuelas de negocios. Nosotros le pagamos la matrícula, le damos una beca. Después de haber tapado a escote el agujero de Bankia, un curso de ESADE, por caro que sea, nos parecerá una gilipollez. Los contribuyentes, aunque con el agua al cuello, resistiremos hasta que le den el diploma. Fíjese en el temple que hemos demostrado ya estos días viéndole comparecer y descomparecer con el rostro lívido por el espanto; oyéndole decirse y desdecirse a la velocidad de una peonza; observándole huir por el garaje de las preguntas de la prensa. Somos un pueblo áspero, pero bizarro. Y eso que las balas silban cada vez más cerca: en nuestro entorno familiar y laboral caen como moscas. Los vemos alejarse, les decimos adiós y, alzados sobre la punta de los pies, tragando agua y mierda a discreción, nos afanamos en sobrevivir. Estamos maltrechos, sí, aunque moralmente enteros.

¿Cuánto tiempo resistiremos las órdenes contradictorias que recibimos de usted y los suyos cada día? Ni idea. Tampoco hemos logrado averiguar si nos hundimos por culpa de Zapatero, de la climatología, de Merkel, Dragui o de Rodrigo Rato, sin descartar a Miguel Ángel Fernández Ordóñez, un bárbaro capaz de acabar, él solo, con una cultura milenaria. Pero aquí seguimos, firmes, a la espera de un líder que nos muestre el camino y tranquilice a los ministros, que corren sin objeto de un sitio a otro, como una tripulación de malas azafatas entregadas al pánico en un avión que atraviesa una zona de turbulencias. Anímese, ESADE forma líderes en cuatro días. Pero si el curso de liderazgo no le bastara para dirigir el país como Dios manda, estamos dispuestos a pagarle también un taller de escritura creativa para que al menos nos cuente bien las trolas.

Juan José Millás para El País
http://elpais.com/elpais/2012/05/31/opinion/1338469747_653092.html