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lunes, 8 de abril de 2013

Quién, cuándo, dónde, por qué y cómo

Carta enviada por un grupo de profesores al diario El País, no tiene desperdicio...

¿Quién es el valiente que se pone delante de una clase repleta y convence a sus alumnos de que tener unos estudios es importante, cuando está claro que vale mucho más el carné del partido que una licenciatura universitaria?

¿Cuándo empezamos mis compañeros y yo a vivir por encima de nuestras posibilidades, con un sueldo continuamente mermado y la necesidad de vivir cada vez peor para que un eurodiputado pueda viajar ocho veces al mes en clase preferente?

¿Dónde está ese sitio donde reparten sobres para que pueda pillar uno y comprar algo para la biblioteca, que por segundo año consecutivo tiene presupuesto cero?

¿Por qué un tipo como Carromero, de 27 años y con la carrera sin acabar, cobra casi 3.000 euros y yo, que soy licenciado y llevo un montón de años cotizando, me llevo al bolsillo poco más de 2.000?

¿Cómo es posible que la gente proteste cuando le traen un filete frío en un restaurante y no esté permanentemente en la calle pidiendo el exilio para todo ese hatajo de personas?

Voy a empezar a dejarme de zarandajas y a contar la verdad en clase: no estudiéis, haced amigos (a ser posible, cerca de Génova o Ferraz). No preparéis los exámenes, tomad anabolizantes y aumentad vuestras glándulas mamarias. No eduquéis vuestra mente, inventad romances con famosas o dejaos preñar por futbolistas o toreros.
Un país que abandona la educación, la investigación, la cultura, el arte y la transmisión del conocimiento. Una nación que deja de lado a los más débiles y protege a los poderosos y los corruptos. Un lugar en el que se torturan animales con lanzas mientras se cierran escuelas de música, bibliotecas y centros culturales.

Este es el sitio en el que vivo. Un lodazal de inmundicia que cada día crece un poco más.

Carta al director de El País: Juan é Juan José Jiménez Blázquez. Profesor de secundaria y 26 profesores más.

domingo, 7 de abril de 2013

Indignación

No soy de los que piden milagros, se que nadie regala nada, que todo es complicado, que la maldita injusticia es parte del ser humano y que la sociedad perfecta no existe ni se la espera. Yo eso lo tengo claro. No he vivido mucho, seguro que han habido tiempos más duros, más inciertos y más injustos. De hecho sé que hoy en muchas partes del mundo se están viviendo situaciones mucho más complicadas de las que vive mi sociedad ¡eso es seguro! pero... yo no recuerdo un momento en el que levantar la voz haya sido más necesario. Nos están atacando ¡eh!, nos están ganando.  
 
Cuando es tu propio gobierno el que aprieta las leyes como el que aprieta un cuello mientras susurra: “relájate, todo terminará en un momento” no hay más remedio que pelear por tu aire, porque respirar es una necesidad, no es ni siquiera un derecho ¿hoy?, hoy no hay nada más importante que eso.
 
La música es solo música, lo que de verdad importa son las personas, es el pueblo. Yo puedo entender que quieran tomarnos el pelo, lo que no puedo entender ni aceptar es que lo aceptemos. Las leyes están para servirnos no para censurarnos y la boca está para hablar, y para gritar, y para morder si es necesario.
 
Que una diputada pueda gritar “que se jodan” dentro del Congreso y yo no me pueda manifestar en la puerta para pedir respeto ¿de qué? ¿eh? que alguien me explique eso.
 
Yo he estado ahí fuera gritando “lo llaman democracia y no lo es” porque votas a un programa y el que gana hace lo contrario argumentando que los votos le han legitimado ¿de qué? ¿eh? que alguien me explique eso también.
 
Se atreven a decir que vienen a solucionar nuestros problemas, pues que estudiar en la universidad sea cada vez más caro: no soluciona mis problemas, que el transporte público sea más caro o que ir a los conciertos sean más caros: no soluciona mis problemas, que despidan profesores y que metan más niños por aula, que en los hospitales hayan menos camas ¡eh!: eso no soluciona mis problemas.
 
Si me suben el IBI y me suben el IVA, si me suben el gas, la luz, la gasolina y el pan, si me bajan el sueldo y me quitan pagas, si reducen prestaciones y recortan las becas ¡por favor! que no tengan la poca vergüenza de decir que están solucionando mis problemas.
 
Yo si que creo que existen diferencias entre la derecha y la izquierda, pero no voy a entrar en eso porque por algún motivo que no entiendo, sé que hay quienes defienden a los partidos políticos como si los partidos políticos les defendieran a ellos sin entender que aquí todos, todos sin excepción, somos el pueblo.
 
No sé si el enemigo son los políticos, o el banquero, o el euro o la prima de riesgo, solo se que cuando ellos hacen mal su trabajo… somos nosotros los que perdemos el empleo.
 
¿Por qué no se nos consulta? toman medidas, dicen que saben que no gustan, pero ¡eh! al fin y al cabo aquí solo somos gentuza, pues yo digo: no acepto que elijan por mí, repito: las leyes están para servirnos no para hundirnos… aquí algo va terriblemente mal, y no estoy hablando solo de la economía.

¡Oye! haz que te escuchen… INDIGNACIÓN. Verlo en vídeo

sábado, 6 de abril de 2013

Otro pobre político arruinado

La apariencia en política, como en la vida, es un arma de doble filo. Es verdad que todos, en todas las facetas de nuestra vida, colgamos estandartes de aquello que queremos ser, de la imagen que queremos dar ante los demás, de las sensaciones que intentamos transmitir o, simplemente, de la vida que queremos construir mientras van pasando los años. Nunca somos, realmente, lo que aparentamos, en buena medida porque existe un afán comprensible de rebeldía interior con aquello de nosotros mismos que no nos gusta y, en parte también, porque aspiramos a ser algo más, algo mejor.

La apariencia, en fin, como un símbolo de superación, como un síntoma de sociabilidad, pero asentada en la realidad. Todo lo que exceda de esos límites convierte ya el afán de apariencia en una patología, una impostura, que transforma en seres patéticos a aquellos que intentan ofrecer de sí mismos la imagen de lo que no son, de lo que nunca serán. Ya no es superación, es impostura, es falsedad. Dárselas de algo que no se alcanza. Y llega tan alto el engaño que, en ocasiones, se pretende incluso demostrar que no es cierto aquello que estamos viendo.

En política, que es en muchos sentidos el arte de la apariencia por la importancia fundamental que tiene la imagen que se transmite, también se puede dibujar la misma división. La parte buena, aquella que dejó sentenciada el César, establece la apariencia como una exigencia redoblada de transparencia: el hombre público no sólo tiene que ser honrado, sino que debe ofrecer una imagen de honradez; no basta con serlo sino que, además, hay que parecerlo.

La parte negativa es la que convierte la apariencia en un objetivo en sí mismo, en vez de que la apariencia sea un espejo de la verdad, ser honrado y parecerlo, se crea un mundo de simulación en el que lo complejo es descifrar dónde está la realidad. Una buena muestra la encontramos en el propio lenguaje político, que parece diseñado para camuflar los acontecimientos, para ocultarlos. Aquello que, de forma abrupta, dejó dicho Orwell: “El lenguaje político está diseñado para hacer que las mentiras suenen verdaderas y el asesinato respetable, y para dar una apariencia de consistencia al puro viento”.

Ahora que hemos conocido la declaración patrimonial del presidente de la Comunidad de Murcia, Ramón Luis Valcárcel, es inevitable remontarse a aquella otra polémica hermana de ésta que se originó cuando el entonces presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, declaró que todos sus bienes se reducían a una pequeña casa hipotecada, un coche viejo y 3.000 euros en la cuenta bancaria. Chaves juró y perjuró que esa era toda su fortuna y, para remarcarlo, añadió, chulesco, que no había ahorrado en su vida “porque no me ha dado la gana”. Como quiera que Chaves lleva toda su vida en política, y casi tres trienios con sueldo de ministro, al personal no le cuadraban las cuentas. Y por eso, en un programa de televisión, un cocinero de Málaga se levantó y le espetó: “Pues yo no me lo creo”. Y todo dios, en sus casas, asintió con la misma afirmación.

¿Cómo se va a creer nadie, ahora, que el presidente de Murcia sólo tenga 122 euros en su cuenta bancaria  y dos coches con más de diez años? Porque lo otro, el patrimonio inmobiliario que declara Valcárcel, es, sencillamente, de ruina: inmuebles que están valorados algo más de la mitad de una hipoteca de tres cuartos de millón de euros y de la cual le queda aún la mayoría por pagar. Con un sueldo de 80.000 euros anuales, una declaración como ésa es síntoma de despilfarro, antes que de transparencia. Como le ocurría a Chaves, lo preocupante de la declaración de Valcárcel es que la gestión de una comunidad autónoma esté en manos de alguien que es una ruina administrándose a sí mismo. Parece como si los dos, con sus declaraciones, quisieran inspirar pena, para contrarrestar la aversión que existe hacia la clase política por sus privilegios, y lo que consiguen es todo lo contrario.

Nunca he pensado que la publicación de los bienes patrimoniales de quienes se dedican a la vida pública conduzca a ninguna parte ni que pueda beneficiar en nada a la política, entre otras cosas porque esa exhibición pública, el desnudo en medio de la plaza, lo único que consigue es ahuyentar de la política a aquellas personas que tienen un pasado profesional brillante, aquellos que tienen en sus currículos mucho más que trienios y trienios de puestos de salida en las listas electorales.

Ni la corrupción se ataja con esa falsa transparencia, como se puede demostrar con sólo analizar los casos latentes estos días, desde las cuentas de Bárcenas al descontrol de los ERE, ni la política se regenera con esas declaraciones públicas. Ahora bien, sentado esto, lo que cabe esperar es que, cuando se publica una declaración patrimonial, al menos sea creíble. Que ya nos contará Valcárcel, entre otras cosas, cómo se consigue que con 122 euros en la cuenta una entidad bancaria le conceda a uno un crédito hipotecario de 750.000 euros.

Javier Caraballo en El Confidencial
http://www.elconfidencial.com/opinion/matacan/2013/04/02/otro-pobre-politico-arruinado--11016/

viernes, 5 de abril de 2013

"Caffé sospeso"

Hace pocos días hablé en este blog de la red "Cafés pendientes" que se inició en Italia, pues bien, ya empieza también en España...

“Dos cafés y otros dos pendientes”, reclama José a Mario, el camarero. Toñi le escucha sorprendida: “¿Para quiénes son los otros dos?”. “Espera y verás”, responde José. Ambos disfrutan de la bebida, cuando de repente Toñi recibe una patada bajo la mesa: “Mira”, le espeta su acompañante. Acaba de entrar un indigente en la cafetería, se acerca a Mario y en voz baja pregunta: “¿Tienes algún café pendiente?”.

En unos minutos el hombre está disfrutando de una taza caliente.

Escenas como ésta son las que la recién nacida red de “Cafés Pendientes” pretende que comiencen a instaurarse en nuestro país. “La idea básica de esta iniciativa es que la gente sin posibilidades pueda tomarse un café de buena mañana”, comenta Gonzalo Sapiña, precursor de la propuesta, a lainformacion.com. “En realidad, puede ir a muchos más ámbitos: comidas pendientes, cenas pendientes… La cuestión es hacer este acto altruista y ayudar a la gente más necesitada”.

El joven barcelonés, experto en marketing y redes sociales, reconoce que la idea surgió cuando descubrió un artículo que trataba esta costumbre que lleva años practicándose en la ciudad italiana de Nápoles. "Me pareció interesante traerlo a España", comenta, "decidí crear toda la plataforma ligada a esta historia, algo sencillo, fácil, humano y cercano."

“Cuando un napolitano estaba contento por cualquier motivo, en vez de pagar solo un café, el que bebería él mismo, pagaba dos, uno para él y otro para el que viniese después con problemas económicos. Es como ofrecer un café al resto del mundo”, explicaba al Corriere Della Sera el escritor Luciano De Crescenzo, autor del un libro dedicado al “Caffè sospeso” (nombre que recibe esta costumbre en Italia).

Sin embargo, ya en 2008 varios camareros de la ciudad y el mismo De Crescenzo mostraban su preocupación por la posible desaparición de tan “noble tradición”: la crisis había disparado el número de personas receptoras de la bebida mientras que había disminuido sustancialmente el de los ofertantes.

Con el objetivo de despertar de nuevo el gesto, surgió en 2010 la Rete del Caffè Sospeso, una red cultural que entre otras muchas actividades decidió dedicarle el día 10 de diciembre (jornada internacional de los derechos humanos) a la costumbre.

Ese mismo año, los bares de la isla siciliana de Lampedusa recuperaron la tradición. El lugar estaba siendo objeto de grandes oleadas de inmigrantes indocumentados que llegaban en pateras. Los habitantes de la zona, así como los numerosos periodistas que acudieron a cubrir la noticia, retomaron la filosofía del “café pendiente”, ofreciendo una bebida a los inmigrantes que vagaban en busca de ayuda.

Gonzalo comenzó con la difusión de la campaña el 26 de marzo y asegura que de momento ha contado con “una acogida enorme”. “Es increíble,  la gente se lo está tomando muy bien, aunque como siempre, hay quienes desconfían sobre si esto lo cumplirán los locales, si se quedarán los cafés, etc.”

El joven ha creado un distintivo con el que las cafeterías que se acojan a la propuesta pueden identificarse para potenciales clientes altruistas. Aunque el logo se puede descargar sin necesidad de informar a nadie, es aconsejable escribir un mensaje a la web ya que se está preparando un mapa de todos los negocios que han sumado a la medida.

Leído en lainformaicon.com

jueves, 4 de abril de 2013

La Justicia del futuro


El tema de las tasas judiciales tiene su miga, y buena parte de ella no la están explicando en los medios. Voy a tratar de hacer algunas puntualizaciones con las que es posible que ayuden a entender alguna reacciones de todas las partes implicadas.

En primer lugar, el tema de las tasas como tal es secundario, no es más que una cortina de humo lanzada por Gallardón con dos objetivos, por una parte, emplearlo de globo sonda para medir su fuerza y la cohesión del sector de la Justicia, de cara a las reformas que sí le interesan y que son la segunda razón, en medio de este ruido, la reforma de la LEJC y de la Ley del Poder Judicial. Si ve que se le echa todo el mundo encima y la movilización es masiva, dejará correr el tema y esperará mejor ocasión, si ve que no hay una respuesta sólida, seguirá adelante, tanto con esto como con lo que de verdad está cociendo este impresentable.

La reacción de cabreo total de los jueces y secretarios judiciales está totalmente justificada, lo mismo que de los abogados, durante el proceso de redacción, se mantuvieron reuniones con los órganos de gobierno de la judicatura y las asociaciones profesionales, en dichas reuniones se les informó que las nuevas tasas serían, y cito textual: “algo testimonial, sobre unos 50 o 60 € de incremento”, lo cual en principio a todos los colectivos les pareció algo asumible. Y luego se encuentran con las salvajadas de tasas de la 10/2012.

El cabronazo la publica el 20 de Noviembre, cuando juraron por activa y por pasiva que hasta 2013 no entraría en vigor, forzando a los despachos a meter por Decanato a todo correr cuanta demanda y querella tenían pendiente, los Juzgados entre el pasado día 15 y el 20 han sido un manicomio. Como se le ha echado encima todo quisqui, rebaja la tensión dejando en suspenso las tasas “por problemas de implantación técnica” (ni hay formularios, ni están en el sistema, ni los funcionarios tienen los procedimientos ni manera de implantarlas en el Minerva), en esto nunca se comenten estos errores, a menos que haya orden desde arriba de hacerlo así, de este modo, el Gallardón se autofabrica un vacatio legis, que queda a su entera voluntad, mientras va viendo la reacción de la Justicia a esto. ¿Chapuza? no, perfectamente planificado.

Los objetivos de verdad, que se van cociendo poco a poco a puerta cerrada, son las reformas anteriormente mencionadas, de las posturas que se están planteando, las tasas judiciales son el menor de los problemas a los que se va a enfrentar el ciudadano. Entre otros, son los siguientes:

- Despojar al Juez Instructor de toda competencia, dejando en manos de Fiscalía todas las diligencias de los sumarios. ¿Qué significa?, pues que el sumario pasa de controlarlo un señor que, en teoría, es independiente, a uno que está regido por el principio de Obediencia Jerárquica, y cuyo jefe supremo es, ¡oh, sorpresa!, el Ministro de Justicia.

- Sustituir el Principio de Legalidad, que preside nuestro Derecho, por el de Oportunidad. La diferencia radica en que el primero, de manera sencilla, obliga a perseguir de oficio todo hecho que revista indicios de criminalidad, mientras que el segundo se basa en la economía de medios, o sea, se persigue…si compensa, o si interesa.

Como le gusta decir a cierto Fiscal Jefe: “hay que considerar las circunstancias particulares del caso…” que viene a decir que, dependiendo de quien sea el posible imputado y posteriormente procesado y condenado, se investiga, o se deja pasar, me debes un favor de los grandes, y ya te lo cobraré.

- Otro asunto que tienen entre manos es cambiar el sistema actual del Turno de Oficio, pasando a licitar por concurso público dicho servicio, esto supone de facto la ruina para miles de abogados, puesto que solamente los grandes despachos podrán reunir las condiciones para optar a semejantes concursos. El negocio es evidente, ganas el concurso y con él, 40.000 horas de servicios por Juzgado, contratas un call center en Panamá, para putear a los pringaos de los clientes, y luego subcontratas todo a los mismos abogados que llevaban antes el Turno, pero a precios malayos. Tú te forras, los que te dieron el concurso, también, y el Ministro, al terminar su periplo, de socio honorario de por vida.

- Finalmente, la guinda la quieren poner con los jueces de distrito, pero para ello primero tienen que colapsar totalmente la Justicia para poder justificarlo. Básicamente son jueces nombrados a dedo por vía política, es parecido al Cuarto Turno, pero a lo cutre salchichero, ya los Jueces del CT y los fiscales sustitutos suelen ser una panda de mantas paduanas, en el caso de los de distrito, imaginaros jueces y fiscales nombrados a dedo por el político de turno.

Todo esto es lo que tiene en mente el Gallardón, pero no por iniciativa propia, estas medidas cuentan con el entusiasta apoyo de la clase política, porque suponen el fin definitivo a sus problemas judiciales, y tener con la correa bien atada al único poder que les puede hacer frente.

A armarse de paciencia, que esto va a ser duro.

miércoles, 3 de abril de 2013

Carta sobre desahucios

Carta abierta, publicada en El Mundo, dirigida a Fernando Savater y Rosa Díez. Escribe Cristina Fallarás, escritora y que acaba de publicar "A la puta calle" (Planeta), una obra donde relata su propio desahucio.


Me dirijo directamente a vosotros porque en alguna otra época he comprendido vuestros argumentos. Me dirijo a vosotros atónita, profundamente entristecida y, si cabe, más desesperanzada de lo que acostumbro a pasar esta época siniestra. En fin, me dirijo a vosotros, que ya es algo.
Ambos habéis mentado a ETA, o a su entorno, que es lo mismo, para calificar la labor de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y de rebote, a Ada Colau, más concretamente el escrache. Ese gesto vuestro, esa mención al dolor y a la muerte me parece una de las tácticas más rastreras, viles e innobles que he leído u oído en toda esta confusión. ¿Y sabéis por qué? Porque no decís la verdad, y lo sabéis. Porque vosotros sois muy conscientes de que, detrás de las amenazas aquellas a las que aludís, estaba la muerte. LA MUERTE. Porque detrás de cada mirilla dibujada en la puerta de un concejal dormía una bala, una bomba lapa, el final.
Comparar eso con los cientos de miles de ciudadanos que desesperados, DESESPERADOS, salen a la calle a pedirles a los políticos que no permitan su miseria radical y su abandono, que no permitan la creación de una nueva y gigantesca bolsa de exclusión, me resulta repugnante. Claro que utilizan métodos expeditivos. Los mismos que han vivido en sus carnes. Porque os recuerdo, aunque no os hace falta, que si miles y miles de ciudadanos se han quedado sin techo —¡sin techo, joder!— en este país, es porque un puñado de políticos que podía, no ha hecho nada por evitarlo, y otro gran montón se ha parado a mirar cómo sucedía. Os recuerdo, aunque sé que no os hace falta, que hemos contemplado estupefactos cómo los representantes de la ciudadanía ponían todos los medios y caudales para luchar hombro con hombro con los bancos y cajas mientras los ciudadanos perdíamos trabajo, casa y posibilidad de vivir. No de vivir dignamente, no solo, sino de comer. Os recuerdo, aunque sé que no os hace falta, que todos esos ciudadanos que boquean entre la estupefacción y la rabia más humana, más comprensible, no amenazan muerte, bala ni bomba. Sólo interrumpen la acomodada vida de quienes, pudiendo hacerlo, no han movido un músculo para evitar su exclusión social, en el sentido más bárbaro del término.

Qué fácil era reclamarse de izquierda desde las tribunas de un país que era rico, más o menos como ahora. Qué fácil era estar con los pobres, con los débiles, cuando tenían el viaje pagado a Benidorm. Qué dura me resulta ahora la vergüenza que siento.