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martes, 24 de febrero de 2015

El nazismo universitario

La secretaria de Estado de Educación, Montserrat Gomendio, es rica de familia, y eso está muy bien. Ha estudiado en el extranjero, lo cual es estupendo. Del apareamiento y reproducción de los primates sabe lo que no está en los escritos, algo que nos llena de orgullo y satisfacción. De lo que no acaba de ser consciente es de que no todos tenemos un papá rico, ni hemos tenido becas en Cambrigde ni somos monos de estudio.
 
Gomendio ha proclamado este lunes que el sistema universitario español es insostenible, y para demostrarlo lo comparó con el de Estados Unidos, donde son las familias quienes sufragan el coste, el de los países nórdicos, sostenido por impuestos muy elevados, y el de Alemania y Holanda, que impone duras restricciones de entrada a la universidad. Alérgica al norte de Europa, que al parecer es muy frío, la mano derecha e izquierda de Wert insinuó sus preferencias: que no se deje entrar a cualquiera en las universidades sino a quien pueda pagarlas.
 
Lo que en el fondo viene a sostener doña Montserrat es que el problema no es de financiación sino de cantidad de alumnos, de manera que si no diera entrada a esa chusma, que aun aprobando no alcanza la “excelencia” y que en vez de abogados o arquitectos podrían dedicarse perfectamente a pintar al gotelé, habría más recursos para las lumbreras. Para conseguirlo basta con elevar las tasas, de manera que sólo tengan acceso a la Universidad los hijos de ricos como ella y los pobres muy listos, a los que se becaría, o imponer una criba de entrada, que sería más igualitaria si no fuera porque los hijos de los ricos menos avispados siempre tendrían la posibilidad de matricularse en universidades privadas o irse al extranjero. Como el asno de Buridano, entre esos dos haces de heno se debate Gomendio, aunque está descartado que se muera de hambre como le pasó al pobre burro.
 
En su defensa del nuevo sistema de grados, el famoso 3+2 rebautizado por Educación como 4-1, rozó la antología. Según Gomendio estudiar tres años no implica una menor formación que estudiar cuatro, de lo que se deduce que lo estudiantes o los profesores están ahora malgastando el tiempo de manera miserable. La estrategia es demasiado burda. Primero se da libertad a las universidades para que decidan si los grados duran tres o cuatro años hasta que éstos últimos acaben desapareciendo porque, a efectos prácticos, esto es laborales, la diferencia entre un graduado y otro será nula.
 
A partir de ahí, quien quiera complementar su educación tendrá que hacer los master de dos años y pagarlos de su bolsillo. El resultado final es que se reducirá la financiación pública, ser graduado no tendrá ningún valor y los masters se reservarán nuevamente a los hijos de los ricos. El clasismo de esta pareja –Wert y Gomendio- es enfermizo.
El modelo que se propone es tramposo desde su origen, porque de todas las variables posibles para mejorar el sistema sólo hay una que se descarta de antemano: incrementar los recursos. Puede que haya demasiadas universidades pero es que en la historia reciente de este país el acceso a la enseñanza superior estaba vedado a amplias capas de la población. Y si algo consiguió ese régimen del 78 al que reza este Gobierno fue precisamente democratizar la educación en todos sus niveles.
 
Se puede estar de acuerdo en reducir el número de centros y compartir la crítica de que la enseñanza es muy uniforme. Pero para la especialización vuelve a hacer falta dinero y sufragar los desplazamientos de los alumnos que viven lejos y cuyas familias no pueden costear su estancia. Uno puede olvidarse de que la universidad esté al lado de casa si se le asegura que podrá estudiar lo que quiere sin recurrir a la mendicidad en las calles.
Dice Gomendio que la educación no es gratuita, y lleva razón. Ni la sanidad tampoco. Ésta última sería más barata si liquidamos a los enfermos antes de que se pongan a consumir medicamentos como locos, pero no parece la solución final sea el remedio. Por idéntico motivo, no se puede defender una eutanasia educativa en la que sólo los más dotados en dinero y talento disfruten de las oportunidades que se niegan al resto. Esta forma de nazismo es inaceptable hasta para los simios a los que tanto tiempo ha dedicado la secretaria de Estado.
 
Juan Carlos Escudier para Público.es

sábado, 7 de febrero de 2015

221 insultos en castellano

El castellano es un idioma muy rico. Un hecho insólito si tenemos en cuenta que la mayoría de sus hablantes son, a día de hoy, mileuristas. Sin embargo, el español medio desconoce en gran medida una parte muy importante de nuestro extenso vocabulario.
 
Según expertos en lingüística como Fundeu BBVA, un ciudadano medio español no usa más de 1.000 palabras y sólo los muy cultos alcanzan las 5.000. Por eso, para ponerle remedio a este descalabro que desaprovecha de manera descarada las posibilidades de nuestra lengua, en GQ hemos decidido ayudaros a conocer esas palabras que la mayoría desconoce. Y como sucede siempre cuando uno comienza a aprender un idioma nuevo, empezaremos por lo más importante: los insultos.
 
He aquí, pues, una lista con 221 insultos que nos brinda el castellano y que tú deberías controlar.
1. Abanto
 2. Abrazafarolas
 3. Adufe
 4. Alcornoque
 5. Alfeñique
 6. Andurriasmo
 7. Arrastracueros
 8. Artabán
 9. Atarre
 10. Baboso
 11. Barrabás
 12. Barriobajero
 13. Bebecharcos
 14. Bellaco
 15. Belloto
 16. Berzotas
 17. Besugo
 18. Bobalicón
 19. Bocabuzón
 20. Bocachancla
 21. Bocallanta
 22. Boquimuelle
 23. Borrico
 24. Botarate
 25. Brasas
 26. Cabestro
 27. Cabezaalberca
 28. Cabezabuque
 29. Cachibache
 30. Cafre
 31. Cagalindes
 32. Cagarruta
 33. Calambuco
 34. Calamidad
 35. Caldúo
 36. Calientahielos
 37. Calzamonas
 38. Cansalmas
 39. Cantamañanas
 40. Capullo
 41. Caracaballo
 42. Caracartón
 43. Caraculo
 44. Caraflema
 45. Carajaula
 46. Carajote
 47. Carapapa
 48. Carapijo
 49. Cazurro
 50. Cebollino
 51. Cenizo
 52. Cenutrio
 53. Ceporro
 54. Cernícalo
 55. Charrán
 56. Chiquilicuatre
 57. Chirimbaina
 58. Chupacables
 59. Chupasangre
 60. Chupóptero
 61. Cierrabares
 62. Cipote
 63. Comebolsas
 64. Comechapas
 65. Comeflores
 66. Comestacas
 67. Cretino
 68. Cuerpoescombro
 69. Culopollo
 70. Descerebrado
 71. Desgarracalzas
 72. Dondiego
 73. Donnadie
 74. Echacantos
 75. Ejarramantas
 76. Energúmeno
 77. Esbaratabailes
 78. Escolimoso
 79. Escornacabras
 80. Estulto
 81. Fanfosquero
 82. Fantoche
 83. Fariseo
 84. Filimincias
 85. Foligoso
 86. Fulastre
 87. Ganapán
 88. Ganapio
 89. Gandúl
 90. Gañán
 91. Gaznápiro
 92. Gilipuertas
 93. Giraesquinas
 94. Gorrino
 95. Gorrumino
 96. Guitarro
 97. Gurriato
 98. Habahelá
 99. Huelegateras
 100. Huevón
 101. Lamecharcos
 102. Lameculos
 103. Lameplatos
 104. Lechuguino
 105. Lerdo
 106. Letrín
 107. Lloramigas
 108. Longanizas
 109. Lumbreras
 110. Maganto
 111. Majadero
 112. Malasangre
 113. Malasombra
 114. Malparido
 115. Mameluco
 116. Mamporrero
 117. Manegueta
 118. Mangarrán
 119. Mangurrián
 120. Mastuerzo
 121. Matacandiles
 122. Meapilas
 123. Melón
 124. Mendrugo
 125. Mentecato
 126. Mequetrefe
 127. Merluzo
 128. Metemuertos
 129. Metijaco
 130. Mindundi
 131. Morlaco
 132. Morroestufa
 133. Muerdesartenes
 134. Orate
 135. Ovejo
 136. Pagafantas
 137. Palurdo
 138. Pamplinas
 139. Panarra
 140. Panoli
 141. Papafrita
 142. Papanatas
 143. Papirote
 144. Paquete
 145. Pardillo
 146. Parguela
 147. Pasmarote
 148. Pasmasuegras
 149. Pataliebre
 150. Patán
 151. Pavitonto
 152. Pazguato
 153. Pecholata
 154. Pedorro
 155. Peinabombillas
 156. Peinaovejas
 157. Pelagallos
 158. Pelagambas
 159. Pelagatos
 160. Pelatigres
 161. Pelazarzas
 162. Pelele
 163. Pelma
 164. Percebe
 165. Perrocostra
 166. Perroflauta
 167. Peterete
 168. Petimetre
 169. Picapleitos
 170. Pichabrava
 171. Pillavispas
 172. Piltrafa
 173. Pinchauvas
 174. Pintamonas
 175. Piojoso
 176. Pitañoso
 177. Pitofloro
 178. Plomo
 179. Pocasluces
 180. Pollopera
 181. Quitahipos
 182. Rastrapajo
 183. Rebañasandías
 184. Revientabaules
 185. Ríeleches
 186. Robaperas
 187. Sabandija
 188. Sacamuelas
 189. Sanguijuela
 190. Sinentraero
 191. Sinsustancia
 192. Sonajas
 193. Sonso
 194. Soplagaitas
 195. Soplaguindas
 196. Sosco
 197. Tagarote
 198. Tarado
 199. Tarugo
 200. Tiralevitas
 201. Tocapelotas
 202. Tocho
 203. Tolai
 204. Tontaco
 205. Tontucio
 206. Tordo
 207. Tragaldabas
 208. Tuercebotas
 209. Tunante
 210. Zamacuco
 211. Zambombo
 212. Zampabollos
 213. Zamugo
 214. Zángano
 215. Zarrapastroso
 216. Zascandil
 217. Zopenco
 218. Zoquete
 219. Zote
 220. Zullenco
 221. Zurcefrenillos
 
 

domingo, 25 de enero de 2015

Mamá también llora. Carta abierta a padres y educadores.

- Mamá, ¿Qué te pasa? ¿Estás llorando?
- No, cariño, es que se me ha metido una motita de polvo en el ojo…
Vivimos en un mundo en el que, ser los primeros, es lo más importante. Examinan a nuestros hijos continuamente y ellos sólo buscan el sobresaliente. Se les prepara para afrontar el éxito, para celebrar los triunfos. Se les repite hasta la saciedad: “No llores. Tienes que ser fuerte. ¡Eres el mejor!”
Hace unos días, me echaba las manos a la cabeza cuando una amiga me comentaba que en el colegio de su hijo hacían olimpiadas de matemáticas con cronómetro en mano y frente a un tribunal; olimpiadas de ciencias, olimpiadas de deletrear y todo ello con niños de apenas 7-8 años. ¿Pero estamos locos o qué?
 
Por supuesto, el único ganador era el primero…los 25 niños restantes de la clase se veían como perdedores.
¿Qué está pasando? Invertimos años en preparar a nuestros hijos para el éxito y no nos damos cuenta que la vida está llena fracasos, de decepciones, de pequeños y de grandes obstáculos, de momentos de tristeza, de duelo, de soledad. ¿Y eso es signo de debilidad de la especie humana? No; es la vida.
 
¿De verdad pensáis que los niños de hoy en día están preparados para afrontar dificultades? ¿Es casualidad que pediatras, psicólogos y psiquiatras infantiles cada vez tengamos más casos de depresión infantil y de ansiedad? ¿En qué cabeza cabe que un niño de 9 años se le diagnostique de Depresión o de Trastorno de Ansiedad Generalizada teniéndolo todo, supuestamente, a su alcance? Es evidente que algo no estamos haciendo bien.
 
Con perdón, me importa un pimiento que mi hijo sea el más rápido en cálculo mental. Lo que no consiento es que se venga abajo por ser el segundo, el tercero o incluso, porque no haya sido seleccionado entre los 10 primeros.
 
Lo que de verdad me importa, lo que me quita el sueño, en lo que invierto toda mi energía y esfuerzo, es en desarrollar su inteligencia emocional.
 
Lucho por que sea generoso, porque la empatía sea su  punto fuerte. Me desvivo porque muestre sus emociones, porque me hable de sus debilidades, porque él mismo, encuentre soluciones a sus problemas. Peleo a diario por hacer de ellos personas autosuficientes emocionalmente. No pasa nada por no ser el primero de clase si te has esforzado al máximo.
 
Premio el esfuerzo, la entrega, la generosidad, la lealtad, la lucha y la solidaridad. Esos son los valores vitales, los valores de vida.
 
¿Quién les prepara para el fracaso, para la decepción, para el desengaño? ¿Lo habéis pensado alguna vez?
 
La sociedad recibe con los brazos abiertos a los triunfadores, les prepara para los aplausos. Yo prefiero preparar a mis hijos para las dificultades; fortalecer su autoestima, su capacidad resolutiva, su positivismo, su espíritu de lucha. ¿Por qué valoramos tanto el éxito? Porque antes hemos pasado por un camino más o menos angosto de lucha ¿o no?
 
No somos máquinas. Nosotros, los padres, no lo somos, lo sabéis muy bien. No pretendas entonces que tu hijo lo sea.
 
No quiero que mis hijos piensen que su madre es una superwoman, siempre preparada, siempre lista para todo, siempre cantarina y perfecta. ¿Ese es el ejemplo que quiero que sigan? Y si con el paso de los años van encontrando dificultades a lo largo de sus vidas ¿Qué pensarán? “Yo no he sido capaz… Mamá se decepcionaría…No puedo mostrar debilidad. Mi madre siempre ha sido tan fuerte”
 
Bueno, hijos- les he dicho a mis niños en alguna ocasión- Mamá no es perfecta. Mamá también se equivoca y cuando lo hace, rectifica y pide perdón. Mamá, como todo el mundo, llora cuando está triste. Esto que ves, no es una motita de polvo en el ojo; son lágrimas, cariño”
 
Quiero que mis hijos vean que su madre es de carne y hueso. Que no se avergüenza por llorar o por estar un poquito triste en circunstancias puntuales, que no se esconde.
 
Quiero que lo vivan como algo natural… porque cuando a ellos les ocurra se acordarán de mí y lo asumirán como normal. Aceptarán su estado de ánimo y sacarán la fuerza necesaria para superar todo lo que obstaculice el camino hacia su felicidad.
 
Los hijos no necesitan súper-padres, ni dioses; les da igual que su papá sea médico, abogado, camarero o que esté en el paro. Los hijos quieren un padre y una madre que estén a su lado, que jueguen con ellos, que les expliquen las cosas, que les cuenten historias…que hablen su mismo lenguaje. No quieren que les colmemos de regalos materiales; es mucho más sencillo: sólo quieren tiempo junto a nosotros.
 
Los niños deben vernos como seres humanos, no como superhéroes, para eso ya tienen las películas. Si te equivocas con tu hijo, no pasa nada, pídele perdón:“Perdona cariño, me he equivocado. ¿Me perdonas? ¿Empezamos de nuevo?”
 
¿Sabes lo que supone para un hijo que sea el padre o la madre el que le diga eso? No hay mejor ejemplo.
 
No le des tantas órdenes a tu hijo, no le llenes de reglas. Empieza tú. Elogia su buena conducta con besos, con abrazos, con mucho, mucho cariño. No le premies con excesivos juguetes. Si se ha equivocado, dale la oportunidad de rectificar “Yo también me equivoco, cielo. Vamos a intentarlo de nuevo”.
 
Enseña a tus hijos a disfrutar de los placeres sencillos, en ellos está la verdadera felicidad. Suelo jugar a mis hijos a un juego que les divierte mucho en la mesa. “Que suerte tengo..”- lo he llamado.
 
Empiezo yo: “Que suerte tengo que hoy no trabajo y estoy aquí con vosotros desayunando”.
 
Mi hijo: “Que suerte tengo que mamá hoy me viene a buscar al cole y no cogeré el autobús”.
 
Mi hija: “Que suerte tengo que me ha tocado la tostada más grande”… Siempre terminamos riéndonos a carcajadas.
 
Cuéntales historias. Historias reales, de tu trabajo, de tu día a día. Estimula su imaginación, su creatividad, su empatía… Emociónate con ellos. Comparte aquellos vídeos que veas por internet que te hayan llegado hondo. Explícaselos y responde a todas sus preguntas. ¡Te sorprenderás con lo que se les ocurre!
 
Anímales a que sean emprendedores. A que no tengan miedo a equivocarse, sino a no intentarlo. A rectificar si van por el camino equivocado. A levantarse ellos solos si se caen. A pedir perdón y a aceptarlo también. Contra la frustración: la perseverancia, la constancia.
 
Y recuerda que educar no es repetir siempre las mismas palabras; educar es enseñarles a soñar, a probar, a crear, a luchar y a creer en ellos mismos.

jueves, 22 de enero de 2015

Los 8 libros que toda persona que se crea inteligente debería haber leído

Hay libros que nos entretienen, libros que nos consuelan y libros que nos emocionan. La mayoría, además, nos enseña algo, pero son pocos los libros que marcan un antes y un después en nuestro desarrollo intelectual, y esos quedan grabados a fuego en nuestra cabezas.
 
Todo lector puede nombrar enseguida un puñado de libros que cambiaron para siempre su forma de ver el mundo, pero sólo unos pocos volúmenes tienen el honor de haber marcado a gran parte de la humanidad.
 
“¿Qué libros deberían leerse todas las personas inteligentes del planeta?”. Es la pregunta que un usuario de Ask Reddit preguntó en el conocido foro y que fue contestada, nada más y nada menos, que por Neil deGrasse Tyson, astrofísico, escritor y uno de los divulgadores científicos más reputados de Estados Unidos.
Para deGrasse, que es considerado por muchos como el más digno seguidor de Carl Sagan, hay ocho libros que se deben leer para entender la mayoría de las cosas que han impulsado la historia del mundo occidental. La lista es, claro está, subjetiva y anglocéntrica –y la ausencia de Marx será imperdonable para muchos–, pero es cierto que estos ocho libros son imprescindibles para entender el mundo que nos rodea (para lo bueno y para lo malo). Y, además, todos están libres de derechos y sus respectivas versiones electrónicas son gratuitas.
 
1. La Biblia (900 a. C. - 100 d. C)
 
No podía faltar en la lista el libro más vendido y más traducido de todos los tiempos, cuya lectura es imprescindible, según deGrasse, “para aprender que es más fácil que otros te digan qué pensar y qué creer que pensar por uno mismo”.
 
2. El sistema del mundo, de Isaac Newton (1687)
 
El tercer libro de los Principia de Newton, que lleva por título De mundi systemate (“El sistema del mundo”) expone las consecuencias del principio de gravitación universal, sobre todo en lo que respecta a la astronomía. Para deGrasse su lectura es fundamental “para entender que el universo es un lugar que podemos conocer”.
 
3. El origen de las especies, de Charles Darwin (1859)
 
El origen de las especies de Darwin es quizás el libro de divulgación científica más importante de la historia. El naturalista inglés sabía muy bien el impacto que podía tener su teoría de la evolución, en la medida en que cuestionaba todas las convicciones religiosas, y es por ello por lo que decidió escribir un libro en el que explicara sus hallazgos al gran público. Para deGrasse, su lectura es obligatoria “para conocer nuestro parentesco con el resto de formas de vida de la Tierra”.
 
4. Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift (1726)
 
Aunque con frecuencia se considera un libro infantil, Los viajes de Gulliver es en realidad una de las primeras novelas satíricas de la historia, que ataca con ferocidad la sociedad de su tiempo, así como las miserias universales de la condición humana. Swift trabajaba como secretario del famoso político inglés sir William Temple, lo que le permitió conocer de cerca los entresijos de las altas instituciones del Estado. Para deGrasse su lectura nos ayuda “a aprender, entre otras lecciones satíricas, que la mayor parte del tiempo los humanos somos unos patanes”.
 
5. La edad de la razón, de Thomas Paine (1794)
 
El revolucionario estadounidense Thomas Paine fue uno de los padres de la primera democracia constitucional del mundo y uno de los primeros intelectuales que crítico la religión institucionalizada y la infalibilidad bíblica. La edad de la razón es, quizás, el más importante texto deísta, esto es, la postura filosófica que acepta el conocimiento de la existencia y la naturaleza de Dios a través de la razón y la experiencia personal. Para deGrasse su lectura es imprescindible para “aprender cómo el poder del pensamiento racional es la fuente primaria de libertad en el mundo”.
 
6. La riqueza de las naciones, de Adam Smith (1776)
 
Es difícil comprender el mundo en el que vivimos sin leer el libro fundacional del capitalismo y, por tanto, la obra que sentó las bases del sistema económico en el que casi todos vivimos, queramos o no. Para deGrasse su lectura es obligatoria “para aprender que el capitalismo es una economía de la codicia, una fuerza natural en sí misma”.
 
7. El arte de la guerra, de Sun Tzu (IV a. C.)
 
El libro más antiguo del listado es, además, el único escrito en el lejano Oriente. El conocido volumen versa sobre tácticas y estrategias militares, y ha sido tradicionalmente lectura obligada en las academias del ejército, pero de un tiempo a esta parte se considera un manual muy útil para resolver conflictos e implementar tácticas en el ámbito empresarial. Para deGrasse su lectura es obligada “para aprender que el acto de matar a otros seres humanos puede ser elevado a un arte”.
 
8. El príncipe, de Maquiavelo (1513)
 
Nicolás Maquiavelo escribió su famoso tratado de teoría política mientras cumplía condena en prisión por haber conspirado en contra de los Médici. Su objetivo era mostrar cómo los príncipes deben gobernar sus países para conservar exitosamente su poder (sin importar que su gobierno sea justo y moralmente aceptable). Para deGrasse toda persona inteligente debe leer este libro “para aprender que la gente que no tiene el poder hará todo lo posible por adquirirlo y la gente que lo tiene hará todo lo posible por mantenerlo”.
 
Leído en: http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2015-01-05/los-8-libros-que-toda-persona-que-se-crea-inteligente-deberia-haber-leido_614280/?utm_source=dlvr.it&utm_medium=facebook

miércoles, 10 de diciembre de 2014

10 refranes españoles que deberíamos utilizar más

Los diferentes refraneros, no únicamente el español, tienen fama de representar un pensamiento conservador, cuando no directamente desfasado o retrógrado. En muchas ocasiones, los dichos se han ganado esta fama a pulso, como aquel “la mujer honrada, con la pierna quebrada y en casa” que reproducía Benito Pérez Galdós en Tristana. En otras tantas, se trata de principios que anticipan la visión ideológica del karma (“el que siembra vientos, cosecha tempestades”), consuela al débil (“Dios aprieta pero no ahoga”), resume la filosofía del rumor periodístico (“si el río suena, agua lleva”) o parece apuntar a la corrupción política (“el que parte y reparte se lleva la mejor parte”).
Podemos plantear un ejercicio de ciencia ficción –en el sentido estricto del término– y preguntarnos si alguna investigación surgida de ámbitos sociológicos, psicológicos o científicos ha conseguido demostrar algunas de las máximas de nuestro refranero. Y parece ser que así es, si nos lo tomamos con un poco de guasa: en repetidas ocasiones, la sabiduría del pueblo ha aparecido reflejada en las conclusiones de los estudios de las revistas científicas de mayor impacto, quizá sin que sus autores sospechasen dicha conexión entre lo riguroso y el conocimiento oral. Probemos con algunos de los más conocidos, que han sobrevivido a décadas de desgaste.
 
A río revuelto, ganancia de pescadores
 
Esta máxima sugiere que es en las situaciones de confusión o en las que se producen más desencuentros cuando aquellos más hábiles son capaces de sacar tajada. Por una parte, nos puede recordar a que la crisis económica de 2008 no ha empobrecido a toda la población por igual, sino que ha debilitado a las clases medias y bajas mientras que ha enriquecido aún más a las que se encontraban en lo más alto de la pirámide social. Pero, desde un punto de vista más positivo, puede entenderse como que las crisis son el momento ideal para invertir en activos devaluados que con el tiempo aumentarán de valor. Aunque, ¡cuidado! Parece ser que Jenaro García, fundador de Gowex, compartía dicha tesis…
 
El que mucho abarca, poco aprieta
 
Hoy en día ya se encuentra en boca de todos el multitasking, es decir, pensar que somos capaces de hacer varias tareas al mismo tiempo y, todas ellas, bien. Como explicó Nicholas Carr en el célebre Superficiales: ¿qué está haciendo internet con nuestras mentes? (Taurus), los que más cosas hacen a la vez son los que peores resultados obtienen.
 
Burro grande, ande o no ande
 
¿El tamaño importa? Aunque no todo el mundo estaría de acuerdo, especialmente el sector menos dotado de la población masculina, una investigación realizada en la Universidad de Rutgers confirmó que, efectivamente, más es mejor. Para aquellos que empiecen a sentirse mal, merece la pena recordar que el tamaño sólo importa a algunas mujeres y para conseguir orgasmos vaginales, como explicó el estudio publicado en el Journal of Sexual Medicine.
 
Con la barriga vacía, ninguno muestra alegría
 
El hambre y sus efectos en el organismo, especialmente en nuestro cerebro, ha preocupado repetidamente a los científicos. Por una parte se encuentran aquellos que creen que el hambre efectivamente agudiza el ingenio, puesto que la grelina, la hormona del apetito, obliga al hombre a buscar alimentos. Pero también se encuentran aquellas investigaciones, como la realizada por Jonathan Levav de la Escuela de Negocios de Columbia, que demostraba que los jueces tienden a negar la libertad condicional a quienes la solicitan cuando sienten hambre, puesto que es la opción menos conflictiva para ellos.
 
El tiempo todo lo cura menos vejez y locura
 
Las ciencias de la salud han avanzado sensiblemente durante el último siglo y medio, hasta el punto que hemos sido capaces de erradicar un gran número de enfermedades y alargar la esperanza de vida hasta límites insospechados. Pero aún hay algo que se escapa a los médicos, y es la desaparición de las enfermedades neurodegenerativas asociadas con la vejez como el alzhéimer. Lo máximo que podemos hacer es retrasar la aparición de una de las grandes plagas de nuestro tiempo.
 
Haz bien y no mires a quien
 
Innumerables investigaciones, como la realizada por el neurocientífico del National Institute of Health estadounidense Jordan Gaffman, han recordado que dar dinero a los demás nos hace tan felices como obtenerlo. El altruismo previene contra el estrés y la depresión, pero no únicamente con nuestros seres queridos, sino también con los que no conocemos, aquello que ha sido descrito por los evolucionistas como un error evolutivo.
 
La suerte de la fea, la guapa la desea
 
En los últimos años, y como han denunciado varias mujeres como Samantha Brick, productora y consultora televisiva para la FOX, la BBC o la MTV, las mujeres bellas parecen estar sufriendo una importante discriminación en el puesto de trabajo, en cuanto que se sienten apartadas por jefas inseguras y otras mujeres que temían y temen de ser el centro de atención. No sólo ocurre entre ellas: los hombres también se quejan de que una buena apariencia les impide ascender en sus carreras profesionales.
 
Más vale prevenir que curar
 
Aunque el debate aún se encuentra abierto y hay buenas razones para pensar lo contrario (dicha tesis ha llegado a recibir el nombre de la falacia de Beveridge), son muchos los profesionales sanitarios que apuestan por una política basada en la prevención y no en la sanación, puesto que ello permitirá ahorrar una gran cantidad de costes. Se trata de una idea popular en muchos discursos políticos y sociales, incluido el de Barack Obama.
 
Piensa mal y acertarás
 
Quizá los pesimistas no siempre tengan razón como sugiere el dicho, pero sí que viven más tiempo, como explicaba un estudio publicado por la Asociación Psicológica Americana. Este demostraba que los ancianos que no tenían grandes expectativas sobre el resto de su vida tendían a vivir más que aquellos que pensaban que tenían unos cuantos años de placeres y felicidad por delante. ¡Ah, qué irónica es la vida!
 
A nadie le amarga un dulce
 
Ni siquiera un chocolate: como explicó una investigación publicada en Current Biology, comer una tableta de chocolate puede generar un efecto en el cerebro similar al que se experimenta cuando se consumen drogas, puesto que permite la liberación de encefalina, que provoca una sensación de placer. ¡Cuidado! El consumo exagerado de dulces puede llegar a afectar nuestro rendimiento mental (no digamos ya a engordarnos), así que debemos aprender a rechazar esas tentaciones que se presentan tan seductoras.