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martes, 18 de noviembre de 2014

La Iglesia invierte en una multinacional que fabrica viagra y anticonceptivos

Por todos es conocida el rechazo frontal que mantiene la Iglesia ante los anticonceptivos. Sin embargo, a la hora de buscar rentabilidad para su dinero, parece que sí es capaz de flexibilizar su postura. Prueba de ello es que el arzobispado de Madrid, presidido por Rouco Varela, y el de Burgos, con Francisco Gil a la cabeza, han invertido en los últimos años en acciones de empresas como el laboratorio farmacéutico Pfizer, ha informado Cuatro en sus informativos.
 
Pfizer es una multinacional que tiene entre sus medicamentos estrella la famosa Viagra, una pastilla contra la impotencia sexual, y un anticonceptivo inyectable que se comercializa con mucho éxito en Estados Unidos Se trata de Depo-Provera, un anticonceptivo que se administra en el brazo cada tres meses y que, según se calcula, es usado en el mundo por unos 30 millones de mujeres para evitar el embarazo. Además, Pfizer fabrica otro tipo de anticonceptivos que se venden en países americanos.
 
Compañías licoreras y fondos opacos
 
La inversión en estos laboratorios, unos 80.000 euros al año, forma parte de un amplio paquete bursátil de la Iglesia en capital de riesgo. Según Noticias Cuatro, los obispos han perdido desde el mes de agosto un 20% de lo que invirtieron debido a la crisis de las hipotecas basura. También metió dinero en compañías licoreras y en fondos opacos
Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/357746/0/iglesia/dinero/anticonceptivos/#xtor=AD-15&xts=467263

domingo, 10 de agosto de 2014

5.000 años de retroceso con la Ley del Aborto de Gallardón

Según la RAE aborto (del latín abortus) significa en su segunda acepción "Interrupción del embarazo por causas naturales o deliberadamente provocadas. Puede constituir eventualmente un delito". Sabemos que la lengua es el sistema de comunicación propio de las comunidades humanas en el que prevalece la ideología de la clase y del poder dominante. Un claro ejemplo es el machismo propio de nuestra lengua al utilizar el masculino como generalización. Con la explicación de la propia RAE, que rige nuestra lengua, lo que está haciendo es justamente eso, imponer como oficial esa acepción de aborto, la que penaliza a las mujeres que lo realicen. Impone la ideología de la clase dominante, convirtiendo esa visión moral del aborto en una verdad para todos asociándola inexorablemente al propio significado de la palabra aborto.
 
El debate sobre el aborto es un debate que viene de lejos, aunque no siempre ha tenido las mismas connotaciones y la misma importancia que se le da ahora, pero siempre es interesante ver cómo ha ido cambiando el pensamiento durante milenios. A lo largo de la Historia han sido muchos los pueblos y las personalidades que han tratado en mayor o menor medida este asunto. Por ejemplo, los egipcios del imperio faraónico parece ser que no estaban a favor de la interrupción del embarazo, en buena medida porque lo consideraban peligroso para la madre. Por su parte Aristóteles no consideraba aborto aquellas interrupciones voluntarias del embarazo que se producían antes de que la madre sintiera por primera vez en su interior los movimientos del bebé. Las que se producían voluntariamente después las calificaba como aborto contra la eticidad. En el siglo XIII, Santo Tomás de Aquino ya se preocupó de discernir cuando adquiría el alma el feto, lo que para él, en línea con la concepción aristotélica, no ocurría hasta que la madre no sintiera sus movimientos. Por lo tanto, no consideraba aborto que la mujer interrumpiera el embarazo antes de ese momento.
 
Durante la Edad Media y a lo largo de la Edad Moderna se siguió esta consideración tomista del aborto. Por lo tanto, no se castigaban las interrupciones del embarazo acaecidas antes de sentir la madre al bebé en su interior. Las condenas por intentar abortar o conseguirlo tras haberlo sentido fueron haciéndose cada vez más duros aunque los casos documentados son prácticamente inexistentes, debido en gran medida a lo complicado que era detectar un embarazo si la mujer se proponía esconderlo y, por consiguiente, el posterior aborto. En el caso de que los niños naciesen muertos, se podía llegar a especular sobre si había sido por causas naturales o por la intervención intencionada de la madre, en cuyo caso sería considerado un infanticidio.
 
Eduard Fuchs afirma que en la corte el aborto se producía en mayor medida que entre el pueblo, pero era habitual que el embarazo fuese ocultado y se abortase sin dejar huella, incluso los embarazos prematrimoniales. La pregunta es, ¿eso es lo que pretenden en el siglo XXI? ¿que los de arriba, que el 1%, pueda abortar de forma segura y sin ser perseguido por la ley porque tiene medios para hacerlo y la mayoría de la población, el 99%, no pueda abortar, porque si lo hace incurre en un delito? Sí, eso es exactamente lo que buscan con la reforma de la Ley del Aborto.
 
Las mujeres del pueblo que querían abortar y, evidentemente, no tenían los privilegios ni las posibilidades de las de la corte, se veían abocadas a jugarse su propia salud y a desafiar a la muerte con prácticas tan crueles para la propia mujer como presionarse la cintura con cuerdas, golpearse la barriga contra la pared o tomar abortivos que compraban a personas con fama de saber hacerlos pero sin ningún tipo de ciencia. Y vuelvo a lanzar la misma pregunta, ¿eso es lo que buscan con esta ley? ¿quieren que la mayoría de las mujeres se vean obligadas a ir a matasanos y a jugarse la vida por no poder ejercer un derecho legítimo? Sí, exactamente eso es lo que quieren, que solo una clase privilegiada, la suya, pueda abortar con garantías. El resto, la mayoría, que se tengan que jugar la vida en un quirófano clandestino.
 
Setecientos años después de que Santo Tomás de Aquino defendiese que no existía el aborto hasta después de que la madre sintiese en su vientre al bebé porque hasta ese momento no tenía alma, el papa Pío XI declaraba que el alma se obtiene en el mismo momento de la concepción. Gallardón ha realizado la reforma de la Ley del Aborto siguiendo esa línea. Siguiendo una visión religiosa que además es mucho más arcaica que la visión que tenía en el siglo XIII un doctor de la Iglesia como Santo Tomás, y también más arcaica que la visión que en el siglo IV a.C. tenía Aristóteles, el considerado padre de la cultural de Occidente. Incluso más arcaica que la que tenían hace 5.000 años en el Egipto faraónico, puesto que a ellos les preocupaba el aborto por el riesgo que suponía para la madre, porque no tenían medios, y ahora en el siglo XXI que la ciencia ha avanzado sobradamente en este tema, Gallardón avoca a las mujeres a arriesgar su vida.
 
Como decía el principio, se nos está imponiendo a toda la sociedad la moral de una pequeña clase privilegiada. Además, con esta Ley del Aborto Gallardón nos está haciendo retroceder más de 5.000 años. No es que esta ley nos lleve a la Edad Media, sino que incluso en esa época eran modernos comparados con la ley de Gallardón. Nos hacen retroceder más allá de la Edad Media, más allá de la Antigua Grecia, más allá del Egipto faraónico. Milenios de avance para que ahora venga Gallardón a imponer un pensamiento contrario al que tenía Aristóteles, el padre de la cultura occidental. Milenios de avance para que en el siglo XXI venga Gallardón a decirles a las mujeres qué pueden hacer con su cuerpo.
Rubén Fernández-Avilés es Historiador

lunes, 26 de mayo de 2014

Obispones

Sin pretender ofender a nadie, el obispo de Málaga, Jesús Catalá, comparó el matrimonio homosexual con la unión entre un hombre y un perro, o el ayuntamiento carnal entre un niño y un anciano. De otra cosa no, pero de uniones contra natura, los obispos católicos saben lo que no está escrito. La zoofilia, la gerontofilia y la pedofilia son algunas de sus especialidades. Aunque la mayoría respete el voto de castidad y otros incluso el código civil, conviene no menospreciar la cultura sexual de un colectivo que va por ahí combinando sotanas con calzoncillos de cuello alto. Por lo menos, el padre Mundina tenía el buen gusto de limitarse a los geranios.
 
A lo mejor mis palabras suenan ofensivas para gran parte de los católicos, pero a mí los jerarcas católicos me ofenden cada vez que abren la boca y no soy yo el que inventó lo de poner la otra mejilla. Además, no tengo yo la culpa de que les guste vestirse como friquis descartados de Star Wars en una fiesta de fin de curso. Para pedir respeto primero hay que practicarlo y esta gente lleva veinte siglos de quemar herejes, desmembrar brujas, prohibir libros, cagarse en la medicina e impedir estudios científicos. Podemos darnos con un canto en los dientes si últimamente sólo se dedican a tocar las narices y a no pagar impuestos.
 
Ahora nos toca aguantar toda la barbarie de la Semana Santa, la abominable creencia de que un pobre hombre fue torturado y sacrificado como un cordero pascual sólo por nuestra culpa y para salvarnos de nuestros pecados. La geografía española va a poblarse de snuf movies retrógradas, de caperuzas del Ku Klux Klan, de enseñas antisemitas y de viejos ritos caníbales mientras la iglesia sigue sirviendo a los ricos y los ricos desollando a los pobres en una formidable exaltación de hipocresía. Dostoievsky escribió que si Jesucristo cometiera la locura de regresar y predicar el Evangelio en Sevilla, acabaría visitando las cárceles del Santo Oficio y llevándose dos hostias por parte de un inquisidor. Hoy, además, le obligarían a sacarse el carné del Betis.
 
Resulta curioso este infatigable afán por la reproducción genital de unos homínidos que han decidido ellos mismos no reproducirse. Algo que, por otra parte, la sociedad nunca les agradecerá bastante. El modelo de familia que proclaman es el de padre, madre e hijo, aunque el que predican ellos en sus libros sagrados está compuesto por una muchacha virgen, un marido cornudo, un ángel correveidile y un inseminador celestial trabajando fuera de plano. A lo mejor el obispo de Málaga, al opinar que la boda de dos homosexuales era como la unión de un hombre y un perro, no estaba haciendo otra cosa más que ampliar la curiosa doctrina de follar con palomas. Los niños y jóvenes malagueños que acudieron a la lección magistral de sexualidad familiar de Jesús Catalá salieron del acto entre perplejos y asqueados, aunque al menos no les mandó deberes ni tuvieron que asistir a demostraciones prácticas. Deo gratias.
 
David Torres en Punto de Fisión para Publico.es

jueves, 27 de febrero de 2014

Las cuatro Leyes de la Espiritualidad

"En la INDIA se enseñan las "Cuatro Leyes de la Espiritualidad"

La primera dice:
"La persona que llega es la persona correcta", es decir que nadie llega a nues
tras vidas por casualidad, todas las personas que nos rodean, que interactúan con nosotros, están allí por algo, para hacernos aprender y avanzar en cada situación.

La segunda ley dice:
"Lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido". Nada, pero nada, absolutamente nada de lo que nos sucede en nuestras vidas podría haber sido de otra manera. Ni siquiera el detalle más insignificante. No existe el: "si hubiera hecho tal cosa hubiera sucedido tal otra..." No. Lo que pasó fue lo único que pudo haber pasado, y tuvo que haber sido así para que aprendamos esa lección y sigamos adelante. Todas y cada una de las situaciones que nos suceden en nuestras vidas son perfectas, aunque nuestra mente y nuestro ego se resistan y no quieran aceptarlo.

La tercera dice:
"En cualquier momento que comience es el momento correcto". Todo comienza en el momento indicado, ni antes, ni después. Cuando estamos preparados para que algo nuevo empiece en nuestras vidas, es allí cuando comenzará.

Y la cuarta y última:
"Cuando algo termina, termina". Simplemente así. Si algo terminó en nuestras vidas, es para nuestra evolución, por lo tanto es mejor dejarlo, seguir adelante y avanzar ya enriquecidos con esa experiencia.
 
Creo que no es casual que estén leyendo esto, si este texto llegó a nuestras vidas hoy; es porque estamos preparados para entender que ningún copo de nieve cae alguna vez en el lugar equivocado.

sábado, 22 de febrero de 2014

Los amish: Modelo de negocio del siglo XVIII para triunfar en el XXI

Todos los días, a las seis de la mañana, un par de furgonetas aparcan junto al mercado municipal de Filadelfia, enclavado entre los rascacielos del centro de la ciudad. Del primero de los vehículos salen hombres con barbas hasta el pecho, tirantes y sombreros negros de fieltro. Del segundo, mujeres con pañuelos blancos en la cabeza y faldas largas de colores oscuros. Parecen actores caracterizados para una película de época, pero están lejos de ser una obra de ficción. Son amish y están ahí para hacer negocios. Detrás de su devoción religiosa y su estilo de vida espartano, representan a uno de los grupos de emprendedores que más éxito ha obtenido en Estados Unidos en los últimos años.
 
Los primeros inmigrantes amish cruzaron el charco a fines del siglo XVIII huyendo de la persecución religiosa en Holanda. El grupo original, de unas tres mil personas, creció y se multiplicó (tal y como les pide la Biblia) y hoy son más de 270.000, en comunidades repartidas por diversos estados americanos, aunque sobre todo en Pensilvania.
 
Sus creencias los han convertido en símbolos de resistencia a la modernidad. Están convencidos de que la tecnología los aparta de Dios y de las relaciones humanas y, por ello, se niegan a disfrutar de comodidades cotidianas como la electricidad doméstica, el teléfono móvil o la televisión. Las radios están permitidas, siempre que funcionen con pilas. Las neveras también, pero sólo las alimentadas con gas. Pueden montar en coche, pero no conducirlo. Y los únicos vehículos en los que pueden tomar las riendas, literalmente, son los carros de caballos. Para desplazarse por la ciudad alquilan furgones y chóferes, que los transportan en grupos hasta el mercado, donde son dueños del 30% de las tiendas.
Amós Miller es uno de los amish que salieron del primer furgón aparcado frente al mercado de Filadelfia. Su familia, como tantas otras en su comunidad, depende cada vez menos de la agricultura y cada vez más del comercio, la artesanía y los negocios. En la última década han fundado más de 10.000 empresas en sectores como la alimentación, el textil y los muebles. Miller, por ejemplo, convirtió uno de los terrenos familiares en una distribuidora de productos orgánicos que ya llega a 26 estados. Sus alimentos son vendidos también en el mercado central, donde tiene dos tiendas que coordina junto con su mujer.
 

Totalmente ajenos a la revolución tecnológica, los empresarios amish no han tocado nunca un iPhone ni sabrían qué hacer con un ordenador. Tampoco han pasado por una escuela de negocios, ya que otra de las limitaciones que impone su comunidad es recibir educación más allá de la primaria. Sin embargo, su tasa de éxito empresarial es sorprendente y sólo un 10% de sus actividades cierra antes de cinco años (en EEUU la mitad de las empresas creadas desaparece en ese plazo). ¿Cómo lo consiguen?
El interrogante se lleva tiempo planteando en  muchas universidades de EEUU. Uno de los estudios más importantes al respecto fue conducido por el americano Erik Wesner, que estudió a fondo sesenta negocios amish y llegó a una serie de conclusiones. En su opinión, son básicamente tres las razones por las que sus hábitos, propios del siglo XVIII, resultan tan eficaces en el mundo moderno.
 
La primera razón está en lo que venden. En un mundo entregado a la fabricación en cadena, los amish van en dirección contraria y producen de manera artesanal, imprimiendo en sus productos un aura de autenticidad y originalidad. En la tienda de Miller, ninguna de sus mermeladas, tartas o panes lleva conservantes. Además, las frutas usadas fueron cosechadas en haciendas de la comunidad, que no utiliza ni una gota de pesticidas. La idea encaja a la perfección con la ‘fiebre orgánica’ que se vive en muchas regiones de EEUU, donde cada vez más consumidores están dispuestos a pagar más por productos etiquetados con adjetivos saludables. Y algo parecido ocurre entre los amish que se dedican a la fabricación de muebles, donde ofrecen la originalidad y maestría del carpintero de toda la vida frente a modelos ‘de fábrica’ tipo Ikea.
Es cierto que, a la hora de hacer negocios, los amish son más flexibles que en sus vidas privadas. Por ejemplo, se puede pagar con tarjeta en sus tiendas, ya que los negocios sí disponen de electricidad. Son sus empleados, sin embargo, quienes se encargan de pasar las tarjetas para que ellos no se tengan que ‘manchar’ con la ‘suciedad’ de la vida moderna. “No me siento mal por no saber usar la tecnología. Nuestro negocio depende menos de tecnología y más de productos y personas”, dice Miller con un inglés de pronunciación cargada. Los amish hablan con un fuerte acento porque el inglés es su segunda lengua. Su idioma materno, aprendido y hablado en la casa, sigue siendo el mismo de sus antepasados: una especie de holandés antiguo.
 
El segundo vector del éxito amish tiene que ver con la manera en la que llevan sus negocios y relaciones laborales. Dentro de la tienda de Miller, por ejemplo, trabajan su mujer y dos de sus hijas. Sus otros cinco hijos (sus tasas de natalidad son altísimas porque los  contraceptivos también están prohibidos) se dedican a cultivar el campo y a envasar y preparar los productos. En definitiva, un negocio de enorme implicación familiar y con poquísima mano de obra externa. Además, sus empleados acaban también formando parte de una suerte de ‘familia’. “Los tratan con una mirada más humana. Esto tiene impacto dentro de la empresa, tanto en la productividad como en la fidelidad de los que trabajan para ellos”, dice a El Confidencial Erik Wesner.
 
El tercer secreto de su éxito está en el carácter conservador de sus decisiones financieras. Los amish no hacen inversiones en publicidad porque entienden que su cultura es ya un enorme reclamo por sí mismo. También son muy prevenidos en relación a los riesgos y nunca dan un paso adelante antes de calcular todos los escenarios, ni tampoco arriesgan su patrimonio en nuevas aventuras. ¿El motivo? Si una familia acaba en bancarrota tendría que explicarlo a toda la comunidad y asumir una enorme vergüenza pública.
La fórmula parece funcionar y todo indica que la nueva generación de emprendedores amish cosechará nuevos éxitos y dará de comer a un número creciente de personas. Se estima que doblarán su tamaño en diez años. No sólo tienen una tasa de natalidad elevadísima, sino también un reducido índice de abandono. A los 16 años, todos tienen la obligación de ‘degustar el mundo’ fuera del ‘universo amish’. Durante doce meses salen a vivir a las grandes ciudades, una fase conocida como rumspringa. Al acabar, pueden decidir si quieren seguir en su comunidad o si prefieren irse. El 93% de los jóvenes opta por lo primero. “Ser amish es más que seguir una religión, es un estilo de vida. El sentido de comunidad es muy fuerte y para ellos es muy difícil concebir la vida fuera de esta reserva”, indica a El Confidencial Donald Kraybill, de la Universidad de Elizabethtown.
 
Existe un último sostén de su prosperidad económica: el haber convertido sus particularidades religiosas y culturales en una gran atracción turística. En los alrededores de Filadelfia, los amish (que también son buenos albañiles) construyeron escenarios que recrean su estilo de vida y hacen tours guiados donde cuentan todo sobre su cultura, su quehacer cotidiano y las curiosidades de su religión. Al final de cada paseo, los turistas son conducidos a una tienda donde pueden adquirir sus productos y libros que glosan su historia.
El Confidencial

martes, 7 de enero de 2014

Carta de un padre gay a un Obispo homófobo

Casimiro López Llorente, obispo de Segorbe Castellón, ha comenzado el año 2014 no sólo atacando el matrimonio igualitario, sino que también criticando a los hijos de familias homoparentales. Mientras responsabiliza al primero de la destrucción de la familia, describe a los segundos como niños con graves perturbaciones en la personalidad, propensos a desarrollar conductas violentas.
Pedro Fuentes, casado con un hombre y padre de un niño de tres años, responde al obispo:
“Monseñor: en mi pueblo, para la gente que es baja, sea de clase o de conducta, se usa un término simple, persona mala, que es distinto de ser mala persona. Y lo digo en razón de una carta en la que usted ha denigrado a unos niños, justo cuando la palabra amor impregna cada una de las homilías que se escuchan en iglesias y catedrales.
 
Sus palabras, obispo, suenan como una bofetada en pleno rostro. Son palabras inaceptables, aunque al revestirlas de asertividad pretenda darles un lustre del que carecen.
 
Dice que el matrimonio entre personas del mismo sexo es la base “para la destrucción de la familia” y tiene entre sus efectos “el notable aumento de hijos con graves perturbaciones de su personalidad“.
 
Solo se me ocurren tres posibles razones para tales afirmaciones.
 
La primera es que se apoye en evidencias. Pero eso no es posible, no las hay. Le podría dar múltiples referencias de artículos publicados en revista médicas, bioéticas, psicológicas o psiquiátricas, (revista de gran factor de impacto, por si le interesase ese dato) que muestran que no hay diferencias entre los hijos de homosexuales y heterosexuales, entre hijos de una familia tradicional y de una familia no tradicional, que diría usted. No las hay, pero sí señalan los estudios una tendencia (no significativa, cierto es, pero tendencia) a un mayor compromiso de esos niños para con los Derechos Humanos y en la defensa del débil, hacia él cual muestran más empatía. Los investigadores concluyen que es debido a su crianza en un ambiente familiar que inculca esos valores, dado que todavía sus padres han de defender sus derechos, los DDHH, casi todos los días, como hoy hago yo. Lástima que a usted no se le educase en esos valores y esa defensa.
 
La segunda es que hable desde la propia experiencia. Deseo que no sea el motivo y, si lo fuese, lo lamento. Vivir en una familia que destroce a un niño debe ser horroroso y si, mas de 60 años después, las heridas siguen sangrando, es que fueron muy profundas. La violencia en la familia es nefasta. Pero los dolores propios no pueden servir de excusa para causar dolor a otros. Deben ser motivo para defender al hombre, no para criminalizar sin causa.
 
La tercera es la impudicia en la palabra. El hablar por hablar, para causar daño y dolor, para crear una base ideológica desde la que atacar a otro porque es diferente. Porque no vive como yo deseo. En esto hay que reconocer la existencia de una gran tradición. Baste recordar con que facilidad se pasó del“no juzguéis y no seréis juzgados” a la Santa Inquisición, que amén de juzgar, se encargó de saquear, torturar y matar a miles de personas. Pero, señor obispo, aunque lo desee, la Edad de Hierro del Papado no volverá, ni el esplendor del Poder Temporal, ni usted podrá llevar sus oropeles a pasear por sus tierras recibiendo la pleitesía de la plebe.
El respeto se gana, no lo otorga ni un anillo ni una mitra. La Iglesia ha ido olvidando las bases que la formaron y el episcopado se ha desnaturalizado tanto que ya nadie recuerda las palabras de la Primera Epístola a Timoteo: «Si alguno anhela obispado, buena obra desea. Pero es necesario que el obispo sea irreprochable, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; que no sea dado al vino ni amigo de peleas; que no sea codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad; pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?”
 
Marido... prudente... amable... hijos... son verbos hermosos. Usted, que no ha formado una familia, (vivir en familia no es formarla), en vez de conjugarlos, se permite opinar y, con atrevimiento, dañar.
 
Defienda su modelo de familia o de sociedad, pero respete, como desea ser respetado, los otros modelos.
 
Y si quiere hablar de niños en riesgo, vuelva la vista a los cientos de ellos que en España pasan hambre todos los días, HAMBRE, obispo, mientras millones de euros vuelan a las manos de los ricos sin que resuene en los palacios episcopales el látigo con él que Jesús arrojó a los mercaderes del templo.
 
A nadie le voy a permitir que falte al respeto a mi hijo. Ni por cómo ha nacido ni por ser hijo de quiénes es. Con sus palabras, señor, le ha faltado al respeto a él y a miles de niños a los que ni conoce ni, obviamente, proyecta conocer. Ha faltado al respeto a miles de familias de las que no sabe nada porque ni las entiende ni tiene un alma limpia para acercarse a ellas. La concupiscencia, la lascivia en la palabra, es un gran pecado, sobre todo cuando hace daño a inocentes.
 
“De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis á uno de estos mis hermanos pequeñitos, á mí lo hicisteis “. (Mt. 25, 40)
 
Esa es mi esperanza: saber que, antes o después, Ilustrísima, usted comparecerá ante Él. Saber que Él le mirará a la cara. Saber que Él le arrojará a ella Su desprecio. Porque ser Obispo nunca puede significar hacer daño a uno de estos mis hermanos pequeños.
 
A mi marido y a mí, Dios nos ha dado un hijo. Que usted no haya entendido eso solo demuestra lo lejano que está de Él.


Pedro Fuentes

Leído a través de Facebook en: http://ovejarosa.com/carta-de-un-padre-gay-a-un-obispo-homofobo/

viernes, 20 de septiembre de 2013

Moral católica

En su columna del último domingo, escribe Manuel Vicent: “Un Estado no puede sostenerse sin que los ciudadanos se sientan orgullosos de pertenecer a él. El prestigio es su oxígeno. El accidente del Alvia, el fiasco ridículo de los Juegos Olímpicos, el descalabro de la Monarquía, la corrupción socialista de los ERE, las mentiras del Gobierno en el Parlamento para sacudirse de encima la evidencia de un infecto mejunje de financiación del Partido Popular, constituyen una situación de miseria moral que entra por los ojos”. El artículo tiene otros aspectos de interés, pero me referiré a la “miseria moral”. Las encuestas de opinión no parecen señalar un aumento de la preocupación ciudadana por la caída del nivel moral de nuestra sociedad. Sin embargo, es ahí donde está la raíz de nuestros problemas. De la herencia del franquismo tenemos algunas cosas buenas y una malísima, que es la moral rancia e hipócrita que nos legaron nuestros padres, por supuesto, con la mejor voluntad. Nos corresponde a nosotros, como ahora se dice, el “derecho a decidir”; ha llegado el momento de decidir lo que está bien y lo que está mal. Y, por una vez, sería bueno decidirlo de manera autónoma, sin consultar a la Santa Madre Iglesia.
 
Lo peor no es que, ocupado en defenderse, el Gobierno no funcione, que desaparezcan las ayudas a la cultura, a la educación o a la investigación, que los ministros del Gobierno digan tonterías sin orden ni concierto, que asistamos a la aniquilación de la iniciativa y a la ruina de la clase media; que aumente el paro. Hay algo mucho peor, que es el ejemplo. Se pueden soportar muchas cosas, pero no se puede soportar el mal ejemplo. Tal vez baje la prima de riesgo e incluso puede que mejore la cifra de paro, pero el problema está en el colapso ético de una sociedad donde no solo se ha extendido la corrupción, sino que parece que no importa. No solo es que se robe, sino que el acusado de robar se defiende señalando lo que roba el otro. No solo es que se mienta, sino que el embustero ni siquiera se preocupa de contradecir al que le increpa, aunque sea en sede parlamentaria.
 
La Iglesia, tan celosa de proteger al no nacido, no parece concernida por la corrupción. Los obispos no salen a la calle para protestar, se ve que no consideran que el asunto tenga suficiente gravedad. Tal vez estimen que, con paciencia, algún día verán acercarse al confesionario a pedir perdón a los que hayan quebrantado los mandamientos correspondientes. Perdón que será concedido, por supuesto. Como dijo famosamente el arzobispo Cañizares cuando un periodista le preguntó por la postura de la Iglesia respecto a la pedofilia de los sacerdotes: “Se pide perdón y ya está”.
 
Dios es infinitamente misericordioso y la Iglesia tiene delegado el poder de perdonar. En este disparate se asienta la moral católica, un principio fatal para la buena marcha de una democracia moderna donde no debe bastar con pedir perdón. No es suficiente decir: “Me equivoqué”. En una democracia, el sacerdote no administra la absolución de las fechorías cometidas por el pecador arrepentido. En una democracia digna de tal nombre hay que dar cuenta y asumir la responsabilidad. Mucho temo que la moral católica, si Dios no lo remedia, va a acabar no solo con la derecha española, sino con todos nosotros. Esperemos que el papa Francisco, que tan admirable comienzo ha protagonizado, encuentre solución a un problema que, según parece, nuestros gobernantes y la jerarquía eclesiástica prefieren ignorar.
 
Jaime Botín es alumno de la Escuela de Filosofía.
Leído en: http://elpais.com/elpais/2013/09/18/opinion/1379526120_302497.html
 

jueves, 1 de agosto de 2013

La leyenda del Cachorro



Vivía en Triana un gitano, de los llamados “Castellanos nuevos”, al  que llamaban “Cachorro”. Cada día atravesaba el puente de  barcas, junto al Castillo de San Jorge y llegaba a Sevilla.
 
Un payo residente en la ciudad vino a sospechar de este hombre, pensando que su visita no era por otro motivo que el de cometer adulterio con su propia esposa. Los celos llegaron a tales extremos que, cierto día, sabedor de la visita del gitano a la venta vela, lo esperó oculto. No hizo más que llegar y, ajeno a la suerte que iba a correr, se puso a sacar agua del pozo que había junto a la venta. Le asestaron siete puñaladas que le ocasionaron la muerte.
 
Se asegura que el escultor D. Francisco Ruiz Gijón no conseguía imaginar una nueva figura de Crucificado que pudiera destacar entre las muchas y muy buenas que ya existían hechas por ilustres imagineros, como Juan de Mesa, Martínez Montañés o Pedro Roldán. Ruiz Gijón lo que quería reproducir era, más que un Cristo agonizando, la agonía misma por antonomasia.
 
Pero, el citado escultor estuvo presente en el suceso y tuvo oportunidad de presenciar la agonía del gitano. Dicen que impresionado por la mirada y el rostro de aquel  moribundo en el instante de su muerte, hizo suya la expresión terrible que, con toda naturalidad, reflejó en la obra  que en esos días estaba realizando.
 
La leyenda vino a completarse con la investigación llevada a cabo por la justicia en la que al fin se reconoció la verdad. En efecto el gitano visitaba cada día a una mujer, aunque resultó que era en realidad su propia hermana bastarda. En el intento de mantener el secreto por temor a perjudicarla, dado su origen, había sido descubierto y acusado de tal hecho.
 
Y cuando aquel año de 1682, salió por primera vez la nueva imagen de la Hermandad del Patrocinio, el barrio de Triana al  ver al Cristo de la Expiración comenzó a gritar:
 
¡Mirad, si es el Cachorro!
Dentro de la leyenda del Cristo del Cachorro, existe otra leyenda que afirma que el verdadero Cristo de la Expiración se encuentra en el cementerio de Sevilla, adonde fue llevado a escondidas tras el grave incendio que sufrió la capilla en 1973. La imagen original fue sustituida por una réplica realizada por los restauradores y el original llevado al Panteón de Aníbal González. Pero esta leyenda creemos que está lejos de la realidad.
 

miércoles, 10 de julio de 2013

Más machismo


Un repaso a las cúpulas directivas de las empresas basta para constatar la mayoría aplastante de cargos ocupados por hombres. Una ojeada a las estadísticas salariares reconfirma la endeblez comparativa de las nóminas de las mujeres. Un vistazo a los titulares constata que la violencia machista es un monstruo agazapado tras las cortinas de muchas ventanas. Y, lo peor, un paseo por las calles cazando al vuelo conversaciones entre adolescentes es suficiente para oír reproducidas las mismas relaciones de dominación contra las que llevamos luchando décadas. El machismo sigue pisoteando la sociedad tratando de imponer a las mujeres un degradante sometimiento. Demasiadas veces lo consigue.

Los ataques a la igualdad pueden llegar por vías muy distintas. A veces, con el horror destemplado de una puñalada mortal. Pero, también, bajo el esbozo de una ley que nace con la bendición de la Conferencia Episcopal. Cuando el ministro Wert decide convertir una ley de educación en un instrumento de evangelización, también está inoculando el virus de un determinado sector de la Iglesia -el que ostenta el poder-, que reserva a la mujer un denigrante segundo plano, alejándola de cualquier órgano de decisión y responsabilidad. Más trabas para la igualdad. Nuevos obstáculos para incorporar a la sociedad unos valores distintos de los que ha impuesto la supremacía masculina. Una pérdida para todos.

Emma Riverola para elperiodico.com
http://www.elperiodico.com/es/noticias/opinion/mas-machismo-2407117

domingo, 7 de julio de 2013

Burkas para sus señorías


Hace unas semanas el Parlament debatió una propuesta de Ciutadans por la que se pretendía pedir al Gobierno una modificación de la ley orgánica de libertad religiosa para prohibir el burka en espacios públicos. Una abrumadora mayoría de nuestros representantes electos se opusieron a tal prohibición. Confieso que entonces me quedé con el decepcionante resultado pero me perdí el argumentario que usaron sus señorías. Alertada por Dones en Xarxa, acabo de ver íntegro el debate y aún lo estoy metabolizando.

Cuando la presidenta De Gispert anunció el tema del burka, tres cuartas partes de la Cámara abandonaron el hemiciclo a toda prisa. ¡Bah!, asuntos de mujeres, pensarían. La diputada Carina Mejías tuvo que esperar largamente a que el bullicio cesara y empezó la defensa de su propuesta con un «gracias a los que se han quedado para escucharme». La intervención de Mejías no fue un discurso para la posteridad, pero no le escuché una sola frase que no pudiera suscribir. Por ejemplo, que no es tolerable la vulneración de nuestros principios jurídicos y democráticos y que el burka es un instrumento de dominación y opresión que nada tiene que ver con el islam ni la libertad religiosa. Lo que tuvimos que oír a continuación en boca de los representantes de todo el arco parlamentario, en una sintonía prodigiosa que pareció borrar toda discrepancia ideológica, fue un bochorno para la inteligencia. Sus intervenciones resultaron perfectamente intercambiables: a todos les pareció una propuesta simplista, populista, demagógica, estigmatizante, tema residual, despropósito, esperpéntica. Palabras textuales acompañadas de argumentos cum laude como la comparación del burka con los cascos, los pasamontañas, los disfraces de carnaval, los encapuchados de Semana Santa y hasta los gegants i capgrossos.

La palma se la llevó la diputada de Iniciativa que insistía en su feminismo mientras se desmentía a cada sentencia, y el palmón el representante de ERC, muy gracioso él en su intervención, imaginando que hasta los pare Noel que trabajan en Navidad en la puerta de El Corte Inglés se verían damnificados por la medida. Indigencia intelectual a izquierda y derecha.

Recomiendo a los diputados que lean El burka como excusa. Su reputada autora, una argelina que fue responsable de igualdad en la Unesco, Wassyla Tamzanli, considera esa cárcel de tela auténtico terrorismo intelectual y moral. No hay nada religioso ni cultural tras el burka, solo es un acto político, un orden ideológico que busca el sometimiento y la sumisión de la mujer. Considera Tam-zanli que es un pensamiento racista defender la «libertad» de enterrarse en vida, de convertirse en un bulto sin identidad. Si es insoportable para nosotros, ¿por qué nos parece aceptable para otros?

Dones en Xarxa y Feministes de Catalunya buscan burkas para regalar a los diputados. Hay en marcha una campaña en Change.org: «A sus señorías: pónganse un burka e intenten ser personas libres». Están ustedes a tiempo de firmar.

Julia Otero para elperiodico.com
http://www.elperiodico.com/es/noticias/al-contrataque/burkas-para-sus-senorias-2404723

sábado, 6 de julio de 2013

Cuentos robados

La Sherezade de esta historia no es la protagonista de un cuento. Ella no logró romper con la magia de sus relatos la perversa voluntad de un sultán sanguinario que asesinaba a todas las muchachas que pasaban por su lecho. De hecho, a ella le robaron los cuentos que su madre le hubiera leído de pequeña y hasta su propio nombre. Sherezade y Desiré son los nombres que una mujer había escogido para las gemelas que crecían en su vientre. «Esos nombres no pueden ser, no son católicos», le espetó una monja en la clínica donde acudió a dar a luz. Esa misma religiosa, horas después, atendiendo a su buena moral católica, le robó las niñas. Sor María murió antes de que se probara su participación en el robo de niños que, durante décadas, se vino practicando en algunas maternidades del país. La trama se centraba especialmente en madres solteras o mujeres que no contaban con un fuerte apoyo familiar. Algunos eran embarazos de vergüenza. Esos que una moral siniestra consideraba frutos del pecado.
 
Hoy, la niña que nunca se llamó Sherezade, si sobrevivió al parto, tiene 32 años. Quizá tiene hijos. Quizá les cuenta cuentos por las noches. Y con esos relatos en los que se entremezclan realidad y fantasía, en los que los monstruos recorren los caminos a cara descubierta, les advierte de los peligros de un mundo real que se empeña en imitar las pesadillas de la ficción. Muchas veces, bajo los hábitos de una mortífera doble moral.

Emma Riverola para el periodico.com
http://www.elperiodico.com/es/noticias/opinion/cuentos-robados-2403886

viernes, 5 de julio de 2013

Sí a la vida... de Beatriz


«Este caso no debe ser utilizado para legislar en contra de la vida humana, especialmente en contra del no nacido». Este texto figura literalmente en una nota de la Conferencia Episcopal de El Salvador hecha pública el pasado 27 de abril, nada más saltar a la luz pública el caso de Beatriz. La chica de 22 años que esperaba en un hospital salvadoreño autorización para un aborto terapéutico porque está enferma de lupus, su vida corre peligro y el feto tiene una malformación que lo hará morir nada más nacer. El clamor del Sí a la vida de Beatriz ha recorrido el mundo civilizado para poner fin a esta locura de desprecio hacia la vida de las mujeres, que por lo visto somos una subcategoría de la vida humana para la jerarquía de la Iglesia católica salvadoreña.
 
La dramática historia de Beatriz ha venido a poner nombre, rostro, dolor y sinrazón al empeño del Gobierno de Mariano Rajoy de modificar la ley del aborto vigente en España. No hay texto todavía, pero el globo sonda que puso en circulación el propio ministro de Justicia amenazaba con llenar nuestras vidas de Beatrices. Amagaba con suprimir la malformación fetal como causa de aborto y el mismo Ruiz-Gallardón advirtió de que la salud de las mujeres ya no sería un pretexto. Con el beneplácito y la movilización activa de Conferencia Episcopal Española. Y todavía se preguntan en el Vaticano por qué tienen esa crisis de fe y vocaciones en el mundo latino, su histórico granero de fieles. Aunque esta falta de respeto por la vida de las mujeres, esta ausencia absoluta de compasión ante el sufrimiento humano debe ser solo cosa de las jerarquías. Porque la asociación Católicas por el Derecho a Decidir se movilizó desde el primer momento en defensa de Beatriz.

Todo este debate coincide en España, además, con la investigación del caso de los bebés robados a sus madres durante décadas, que tuvo como imputada principal a sor María, la monja de la Congregación de Hijas de la Caridad recientemente fallecida. Si todo lo que se investiga se demuestra cierto, ella y sus cómplices actuaban con el mismo desprecio por las mujeres que el que hemos visto en El Salvador. Ellos, sor María y todos sus cómplices habrían puesto el grito en el cielo si alguna de aquellas chicas hubiera querido abortar¿ pero después les arrebataban a sus hijos recién nacidos para darlos en adopción ilegal.

Más de 30 años después, un plan para facilitar la adopción -voluntaria y legal, por supuesto- es todo lo que hemos escuchado de la ministra que lleva temas de igualdad en este Gobierno. Ana Mato hablaba por fin esta semana de la reforma de la ley del aborto, que puede hacer retroceder a las españolas varias décadas. Y toda su aportación al debate sobre las mujeres que quieran interrumpir su embarazo es ayudarlas a llegar a término y facilitar después que puedan dar los niños en adopción. Como entonces. Legal y voluntaria, pero como entonces.

Pepa Bueno para elperiodico.com
http://www.elperiodico.com/es/noticias/al-contrataque/vida-beatriz-2405770

jueves, 6 de junio de 2013

La hoguera


Después del carnaval inmobiliario cuya hoguera de cemento ardió durante 20 años, sobrevino, de pronto, sin esperarlo, el miércoles de ceniza. Desde entonces, va ya para un lustro, este país está celebrando a diario un ratonero entierro de la sardina. En plena desmoralización general se suceden los analistas aciagos de esta jodida cuaresma económica, que parece no tener fin. Los amos no aportan ninguna solución, salvo más látigo todavía. A este panorama de penitencia colectiva se acaba de incorporar la voz oscura y agorera del cardenal Rouco Varela exigiendo su tajada. Perdona a tu pueblo, Señor, no estés eternamente enojado. Era lo que nos faltaba para alegrarnos la vida, un Savonarola de tercera, sobrevolando la crisis con alas de cuervo. Por lo visto no basta con la lacra social del paro, con la tragedia de los desahucios, con la pobreza que llama a la puerta de la clase media. Los obispos persisten en introducir el tormento de la moral en la conciencia de los católicos españoles con su exigencia fanática frente a la homosexualidad y el aborto, obcecados en clavar estos dos clavos por la cabeza, cuando ya no significan ningún problema para la mayoría de los ciudadanos. El último día de carnaval de 1497, en la plaza de la Señoría de Florencia, se realizó una inmensa hoguera en la que se quemaron las máscaras, disfraces, perfumes, cosméticos, pelucas, adornos y espejos. También ardieron libros obscenos de Boccaccio, cuadros de mujeres hermosas, incluso alguno de Botticelli. En el momento de prender fuego sonaron las trompetas, luego en el silencio de las llamas se oyó en la plaza la potente voz del dominico Savonarola, que avivaba aquella hoguera de las vanidades con furiosas invectivas contra el lucro, la sodomía, el despilfarro y la corrupción de los políticos. No viene al caso que el papa Borgia, años después, prendiera a aquel inquisidor y lo condenara a ser combustible en otra hoguera. También ahora, después del carnaval del cemento, en nuestro país está ardiendo en la plaza pública la hoguera de la pasada fiesta, pero nuestro Savonarola no habla del lucro, de la corrupción y el despilfarro. Mientras parte de la Iglesia, movida por caridad con los pobres, les imparte sopa, la jerarquía, movida por el fanatismo, se dedica a dar estopa.

Manuel Vicent para El País
http://elpais.com/elpais/2013/04/20/opinion/1366477588_562561.html

domingo, 2 de junio de 2013

Débil e invisible

Ella conoce de sobras la opinión de su padre sobre el aborto. Le ha visto defenderla con pasión en los púlpitos políticos y mediáticos. En una asociación ultracatólica y, cómo no, también en la sobremesa en casa. Él tiene las ideas muy claras. Puede que incluso las trufe de argumentos que a ella le cuesta rebatir. Cuando moral, conciencia y muerte se suman en una misma frase, la justicia se torna escurridiza. Él lo tiene clarísimo. Hay que defender la vida del más débil, no deja de repetir, y ella no puede estar en desacuerdo con esa afirmación.

Pero ayer leyó el caso de Beatriz, una mujer de 22 años gravemente enferma, embarazada de un feto que morirá al nacer, al que un tribunal de El Salvador ha denegado el aborto. Si continúa adelante con la gestación, probablemente morirá. Por la noche, la muchacha le preguntó al padre si no creía que, en ese caso, la persona más débil era la madre. Pero él, el hombre que siempre lo tiene todo clarísimo, volvió a apelar a los derechos y la conciencia, y ella, durante unos minutos, volvió a callar. Sentada frente a él, perdida en ese torrente de palabrería donde tan hábilmente se entremezclan el bien, el mal y la culpa, no podía dejar de dar vueltas a un interrogante. Al fin, respiró hondo y se atrevió a formularlo: «¿Y si yo fuera Beatriz?» Entonces, en el silencio de ese hombre de tan firmes convicciones, la muchacha comprendió que ella, además de ser débil, era invisible.

Emma Riverola para elperiódico.com
http://www.elperiodico.com/es/noticias/opinion/debil-invisible-2404703

viernes, 15 de febrero de 2013

El próximo Papa

Desde que Benedicto XVI anunciara su renuncia el pasado lunes, en los medios de comunicación se preguntan incesantemente quién será el nuevo papa. Algunas casas de apuestas se han apuntado al carro y ya se arrojan quinielas sobre quién será, si el cardenal nigeriano, ghanés o el canadiense. Pero mucho antes de los actuales pronósticos ya hubo quien creyó saber no el que vendrá el mes que viene, sino todos hasta el fin del mundo: San Malaquías. Según su profecía, el próximo papa que llegué será el último de la historia. O si no, podemos atender a la de Nostradamus y su predicción sobre el papa negro.
La conocida Profecía de los papas proviene de unos manuscritos atribuidos a Malaquías, obispo irlandés del siglo XII. En 1139 aseguró tener una visión sobre 111 futuros pontífices, la cual convirtió en una serie de consignas relacionadas con los sucesivos papas “hasta el fin de los tiempos”, como dice la Enciclopedia Católica.
Los creyentes en esta profecía aseguran que todas sus predicciones se han cumplido, aunque la misma enciclopedia pone en cuestión la autenticidad de los manuscritos, los cuales se descubrieron 400 años después de que San Malaquías se lo entregara, presuntamente, al papa Inocencio II.
Los enunciados estaban enumerados con títulos místicos y los defensores de la veracidad de esta profecía encuentran ciertas coincidencias, por ejemplo: Juan Pablo I se describió como “de medietate lunae”, que significa “en el medio de la luna”. Los intérpretes dice que esto predijo que el papado de Juan Pablo I comenzaría durante la meda luna y duraría solamente un mes, tal y como sucedió. Su sucesor, Juan Pablo II, es descrito por San Malaquías como “de labore solis” o “del trabajo del sol”, supuestamente porque nació durante un eclipse solar. Sobre Benedicto XVI, que anunció su renuncia en lunes, se dice que fue el “gloria olivae” o “gloria del olivo”, hipotéticamente por su nombre “Benedicto” fue tomado de San Benedicto, cuya orden monacal utiliza una rama de olivo como símbolo.
Las descripciones de cada papa son muy escuetas y pueden ser objeto de múltiples interpretaciones, tantas como queramos para hacer que se cumpla la profecía en cuestión. Pero Malaquías, en principio el autor de la misma, se entretuvo a detallar algo más sobre el último sumo pontífice, que llegará con el fin del mundo.
De acuerdo con la profecía, o con los que la descodifican, el siguiente será el último de la historia. Del inminente papa (que será elegido a finales de marzo) se dice que será Pedro de Roma, y que liderará la Iglesia hacia la destrucción de la Ciudad Eterna (La Ciudad de Dios) y el Juicio Final.
La Enciclopedia Católica niega que la Profecía de los papas diga que el siguiente será el último. Con relación a Petrus Romanus, el último sumo pontífice, “la profecía no menciona que no existirán papas entre él y su predecesor designado como Gloria olivae [supuestamente Benedicto XVI]. Solamente dice que él será el último, de tal manera que podemos suponer tantos papas como deseemos antes de Pedro el Romano”.
El portal The work of God (La obra de Dios) sí que sitúa a Benedicto XVI como el papa anterior al último. Reflejan las “fascinantes” coincidencias que se dan entre los cuatro últimos. Junto con los tres mencionados antes se encuentra Pablo VI, sumo pontífice desde 1963 hasta 1978: se le atribuye la reflexión Flos florum (flor de flores), que coincide con que su escudo de armas tiene tres flores de lis.
En 1559 el historiador benedictino Arnold Wyon “descubrió” los documentos de Malaquías (cuatro siglos después de escritos) y publicó la Profecía de los papas. En 1820 se editó otra versión, Lignum Vitre, la cual analiza John Christian Ryter. Este autor explica que en el citado libro aparece un nuevo papa número 112 no presente en el original de Malaquías. El papa 112 fue introducido por los monjes benedictinos olivetanos. La orden de San Benedicto afirma que este último papa vendrá dentro de la orden benedictina, y que fue colocado en la línea de sucesión porque el mismo San Benedicto profetizó que antes del fin del mundo su orden guiaría triunfalmente a la Iglesia católica “en su batalla contra el mal” (la batalla del Armagedón).
El médico y autor de profecías Michel de Nôtre-Dame, o más conocido como Nostradamus, también ha aparecido en estos días de predicciones. Supuestamente, Nostradamus interpretó también la profecía de Malaquías y pronosticó que el último papa, el que llevaría al fin del mundo, sería negro. Buscando coincidencia podríamos volver a los papas que se barajan en las quinielas de las casas de apuestas: de los tres cardenales más pronosticados, dos son africanos. William Hill, la mayor de Gran Bretaña, ha anunciado que ya tiene un favorito, Peter Turkson, cardenal Ghanés, es el que más probabilidades estadísticas tiene de ser el próximo Papa.
Ninguna de estas interpretaciones proceden de la Iglesia Católica, pero seguramente oiremos más sobre la Profecía de los papas de manos de los creyentes en el fin del mundo si alguien se encarga de hacer coincidir las consignas de San Malaquías con el nuevo papa que se anuncie tras la fumata blanca.
Leído en: http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2013/02/13/el-proximo-papa-se-llamara-pedro-de-roma-y-sera-el-ultimo-de-la-historia-114806/

jueves, 6 de diciembre de 2012

Llega la Navidad

Para que todos los días sean Navidad, para que cada deseo se haga realidad, para que el mundo sonría al despertar, para que se abra la puerta y no se cierre más.
 
Para que el cielo se vista de color, para que lluevan semillas del amor, para que alfombres los campos con tu amor, para que cantes con más de una canción
 
Para que llenes de luz la oscuridad, para que nunca te canses de volar, para que el día te enseñe la verdad, para que el viento te silbe al caminar.

Para que siembres cosechas de ilusión, para que todos sea un solo corazón, para que el frío se llene de calor, para que no me equivoque de canción.
 
Para que llenes de luz la oscuridad, para que nunca te canses de volar, para que el mundo sonría al despertar, para que se abra la puerta y no se cierre más.
 
Navidad, Navidad, dulce Navidad. La alegría de este día hay que celebrar.

Villancico de Rosana.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

El Dios de Spinoza


Baruch de Spinoza

Baruch de Spinoza (Ámsterdam, 24 de noviembre de 1632 – La Haya, 21 de febrero de 1677) fue un filósofo neerlandés, de origen sefardí portugués, heredero crítico del cartesianismo, considerado uno de los tres grandes racionalistas de la filosofía del siglo XVII, junto con el francés René Descartes y el alemán Gottfried Leibniz.

Este es el Dios o Naturaleza de Spinoza:

Dios hubiera dicho:

“¡Deja ya de estar rezando y dándote golpes en el pecho! Lo que quiero que hagas es que salgas al mundo a disfrutar de tu vida. Quiero que goces, que cantes, que te diviertas y que disfrutes de todo lo que he hecho para ti.

¡Deja ya de ir a esos templos lúgubres, oscuros y fríos que tú mismo construiste y que dices que son mi casa. Mi casa está en las montañas, en los bosques, los ríos, los lagos, las playas. Ahí es en donde vivo y ahí expreso mi amor por ti.

Deja ya de culparme de tu vida miserable; yo nunca te dije que había nada mal en ti o que eras un pecador, o que tu sexualidad fuera algo malo. El sexo es un regalo que te he dado y con el que puedes expresar tu amor, tu éxtasis, tu alegría. Así que no me culpes a mí por todo lo que te han hecho creer.

Deja ya de estar leyendo supuestas escrituras sagradas que nada tienen que ver conmigo. Si no puedes leerme en un amanecer, en un paisaje, en la mirada de tus amigos, en los ojos de tu hijito… ¡No me encontrarás en ningún libro! Confía en mí y deja de pedirme. ¿Me vas a decir a mí como hacer mi trabajo?

Deja de tenerme tanto miedo. Yo no te juzgo, ni te critico, ni me enojo, ni me molesto, ni castigo. Yo soy puro amor. Deja de pedirme perdón, no hay nada que perdonar. Si yo te hice, yo te llené de pasiones, de limitaciones, de placeres, de sentimientos, de necesidades, de incoherencias… de libre albedrío ¿Cómo puedo culparte si respondes a algo que yo puse en ti? ¿Cómo puedo castigarte por ser como eres, si yo soy el que te hice? ¿Crees que podría yo crear un lugar para quemar a todos mis hijos que se porten mal, por el resto de la eternidad? ¿Qué clase de Dios loco puede hacer eso?

Olvídate de cualquier tipo de mandamientos, de cualquier tipo de leyes; esas son artimañas para manipularte, para controlarte, que sólo crean culpa en ti. Respeta a tus semejantes y no hagas lo que no quieras para ti. Lo único que te pido es que pongas atención en tu vida, que tu estado de alerta sea tu guía.

Amado mío, esta vida no es una prueba, ni un escalón, ni un paso en el camino, ni un ensayo, ni un preludio hacia el paraíso. Esta vida es lo único que hay aquí y ahora y lo único que necesitas. Te he hecho absolutamente libre, no hay premios ni castigos, no hay pecados ni virtudes, nadie lleva un marcador, nadie lleva un registro. Eres absolutamente libre para crear en tu vida un cielo o un infierno. No te podría decir si hay algo después de esta vida, pero te puedo dar un consejo. Vive como si no lo hubiera. Como si esta fuera tu única oportunidad de disfrutar, de amar, de existir.

Así, si no hay nada, pues habrás disfrutado de la oportunidad que te di. Y si lo hay, ten por seguro que no te voy a preguntar si te portaste bien o mal, te voy a preguntar ¿Te gustó? ¿Te divertiste? ¿Qué fue lo que más disfrutaste? ¿Que aprendiste?…
Deja de creer en mí; creer es suponer, adivinar, imaginar. Yo no quiero que creas en mí, quiero que me sientas en ti. Quiero que me sientas en ti cuando besas a tu amada, cuando arropas a tu hijita, cuando acaricias a tu perro, cuando te bañas en el mar. Deja de alabarme, ¿Qué clase de Dios ególatra crees que soy? Me aburre que me alaben, me harta que me agradezcan. ¿Te sientes agradecido? Demuéstralo cuidando de ti, de tu salud, de tus relaciones, del mundo. ¿Te sientes mirado, sobrecogido? ¡Expresa tu alegría! Esa es la forma de alabarme.

Deja de complicarte las cosas y de repetir como perico lo que te han enseñado acerca de mí. Lo único seguro es que estás aquí, que estás vivo, que este mundo está lleno de maravillas. ¿Para qué necesitas más milagros? ¿Para qué tantas explicaciones? No me busques afuera, no me encontrarás. Búscame dentro… ahí estoy, latiendo en ti".

Esto hasta un ateo lo entiende...

jueves, 31 de mayo de 2012

No es verdad

Con este título —No es verdad— se despacha con virulencia contra los impíos patrios, cada semana, un boletín del Arzobispado de Madrid, de nombre Alfa y Omega. Es un lugar ideal para medir la preocupación episcopal ante la avalancha de críticas por sus silencios ante la crisis y la contumacia con que defienden el paraíso fiscal. La Red está que arde y nadie parece tener argumentos para apagarla. Insultos aparte, lástima que surjan brotes de feroz clerofilia y clerofobia por asuntos tan meridianos, vean este chiste que inundó el sistema cuando se conoció que el Gobierno Rajoy recortaba 2.000 millones a la Ciencia, y cero euros a la Iglesia católica. “Ánimo, ciudadano. Cuando tengas cáncer no faltará un ensotanado para darte la extremaunción”.

El prestigio de la Iglesia católica está por los suelos, según las encuestas, y la crisis no hace más que remacharlo. Para defenderse, el cardenal Rouco se escuda en Cáritas. Podía hacerlo también con Manos Unidas y gran parte de las congregaciones de monjas y frailes dedicadas a atender a los desheredados de la tierra. No vale. El desprestigio eclesiástico sería inenarrable sin esas organizaciones y los llamados fieles y curas de las iglesias populares.

Otro cantar son las falsedades. Decir que la Iglesia católica no está en la Ley de los Presupuestos del Estado —como ha proclamado el portavoz episcopal— es sencillamente un despropósito. Los ciudadanos comprueban cada año cómo lo está, en varias partidas, y que, además, se ha colado, solo ella, en el impreso de Hacienda sobre el IRPF.

Rizan también el rizo de las confusiones cuando se empeñan en afirmar que sus privilegios —cuando aceptan tenerlos, rara vez— proceden de leyes ordinarias y comunes, y no de un concordato firmado en Roma por un ministro democristiano, Marcelino Oreja, más súbdito del Vaticano en aquel momento, que de España. Cumplía el solemne mandato de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP), de la que todavía es apasionado militante: “Nos interesa el catedrático, el jefe de empresa, el hombre político: hoy subsecretario; mañana, ministro. Con un fin, y es que estos hombres sirvan a Dios y sirvan a la Iglesia muy atentos a los consejos de Roma”. Textual.

Otra ceremonia de dispersión episcopal es cuando se enfadan por llamar concordato a los Acuerdos de 1979. Maestros del eufemismo. ¿Qué son esos acuerdos si no un concordato en toda regla? Pero el nombre concordato quema. Está maldito desde que Roma firmó varios de esta especie, los últimos: con Napoleón III —“un pacto entre el prostíbulo y la sacristía”, se enfadó el gran Lamennais—; con Isabel II en plena furia católica contra esta pobre reina —“un pacto entre canallas”, juzgó William J. Callahan—; con Mussolini para recuperar para el Papa el rango de Jefe de Estado; con Hitler, para asegurarse una inmunidad poco martirial; y, sobre todo, el infame Concordato de 1953 con Franco, otro dictador manchado de sangre.