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domingo, 25 de octubre de 2015

Austeridad sí, derechos humanos, ya veremos

El presidente de la República de Portugal ha decidido encargar gobierno al conservador Passos Coelho, pese a estar en minoría en el Parlamento y carecer de socios en los que apoyarse. Le parece al también conservador Cavaco Silva que ese gobierno respetará los compromisos internacionales y es más estable, duradero y creíble que la coalición de izquierdas que tiene la mayoría absoluta. Cavaco da una patada al balón hacia adelante porque a él le quedan tres meses en la presidencia de la república y aboca al país, en breve, o un nuevo gobierno o a nuevas elecciones. Los campeones de la austeridad se resisten con uñas y dientes a que lleguen gobiernos que la cuestionen. Ayer vimos en Madrid a los autores de la idea y a todos sus alumnos aplaudiéndose mutuamente. Merkel, Sarkozy, Berlusconi, Donald Tusk, Durao Barroso alabaron a Rajoy.

El mismo día que supimos por la EPA que cuatro años de austeridad a ultranza dejan menos paro, sí, pero apenas más puestos de trabajo y casi todos temporales, sin resolver, además, ni el desempleo joven ni el de larga duración.

Todavía nos sorprende la unanimidad con la que los conservadores europeos aprietan las filas frente a cualquier gobierno que se atreva a cuestionar la política económica única, de Grecia a Portugal. Mientras, son capaces de tolerar divergencias internas gravísimas en el respeto a los derechos humanos. Los mismos que aplaudieron a Rajoy, habían aplaudido antes al ultra Viktor Orban, primer ministro de Hungría, que llamó a los refugiados "combatientes" y dijo que no tienen derecho a aspirar al mismo estilo de vida que los europeos.


Y nadie lo discutió. Así que Austeridad sí o sí. Derechos humanos, depende. Tiene razón Cavaco Silva, los conservadores europeos sí que forman una coalición estable y duradera.

Pepa Bueno en Hoy por Hoy
http://cadenaser.com/programa/2015/10/23/hoy_por_hoy/1445578281_055838.html?ssm=hoyxhoy1-fb

miércoles, 7 de octubre de 2015

Reflexión LIX: Moraleja sobre el trabajo

Una señora quería comprar un vestido tejido a mano y vio a una artesana que hacía un trabajo absolutamente increíble.

La señora vio que era un precio demasiado alto, por lo que se acerca a la tejedora y en un tono bastante brusco le dice: "Quiero comprar un vestido de los que usted teje, pero creo que cobra demasiado".
La artesana quedó un poco desconcertada, pero respondió: "¿Cuánto cree usted que debo cobrar?"
La señora respondió: "A ver, por el hilo, más los listones, los botones y hasta unas tijeras, yo creo que... " y le dio una cantidad.

El precio final que la señora calculó era mucho más barato que el precio original de la artesana, pero ella dijo: "Esta bien, usted recibirá su vestido en una semana".
La clienta quedó muy satisfecha de si misma y contó a todas sus amistades sobre una fabulosa oferta que había negociado.
Una semana después recibe una caja bellamente envuelta y al abrirla se da cuenta que en su interior solo esta el hilo, los botones, un listón y hasta unas tijeras. Muy enojada va en busca de la artesana: "¿Cómo pudo hacerme esto a mí? Le pedí un vestido y me envía una caja sólo con los materiales"
La tejedora tranquilamente respondió: "Mire señora, usted recibió exactamente por lo que pagó, si cree que hay algo que falte... es necesario pagar por ello".

Moraleja:
Cuando alguien nos compra un artículo hecho a mano, no sólo compran los materiales, también están comprando nuestro tiempo, esfuerzo y dedicación con la que hacemos nuestros artículos.

lunes, 5 de octubre de 2015

En este país pasan cosas raras

Si reflexionáramos un poco, veríamos que en este país pasan cosas raras. No se organiza un escándalo porque el presidente convoque elecciones para el 20 de diciembre, una decisión que hubiera levantado un tsunami en cualquier otro país, pero mucha gente se lleva las manos a la cabeza porque la alcaldesa de Madrid haya dicho que los estudiantes universitarios deberían responsabilizarse de la limpieza en sus zonas de esparcimiento, algo que en cualquier otra parte de Europa hubiera merecido una respetuosa respuesta.

No reaccionamos frente a una decisión política malintencionada, como es convocar elecciones en plena semana navideña, con clara voluntad antidemocrática de desincentivar el voto, pero decimos que Carmena tiene “ocurrencias” porque ha pensado que no sería mala idea crear un servicio voluntario para que los jóvenes estudiantes sepan también lo que es el trabajo manual.

¿Por qué no se les puede pedir a los universitarios que se organicen para recoger la basura que dejan tirada cuando hacen botellón? Es ridícula la disculpa de que no pueden hacerlo porque quitan puestos de trabajo a los barrenderos. Qué tontería: tiremos todos basura a la calle para que baje el paro. La ciudad necesita más barrenderos, sin duda, y la alcaldesa debe hacer lo posible por aumentar su número de manera significativa, pero eso no tiene nada que con que la regidora no le pueda dar una buena regañina a los universitarios que ensucian su campus ni recordarles lo que significa ser ciudadano. En 1997, un bando de Tierno Galván amonestando a los vecinos por haberse hecho desidiosos a la hora de colaborar en la limpieza de su ciudad fue acogido con afecto. Cómo han cambiado las cosas, a peor.

Hoy por Hoy
La Mirada de Soledad Gallego-Díaz
http://cadenaser.com/programa/2015/10/05/hoy_por_hoy/1444013598_395195.html?ssm=hoyxhoy1-fb

domingo, 4 de octubre de 2015

Reflexión LVIII: La ratonera

 Un ratón mirando por un agujero de la pared, ve al granjero y su esposa abrir un paquete. Quedó aterrorizado al ver que era una trampa para ratones! Fue corriendo al patio a advertirle a todos. Hay una ratonera en casa! hay una ratonera! La gallina que estaba cacareando y escarbando le dice: "disculpe señor ratón yo entiendo que es un gran problema para Usted, pero no me perjudica en nada", entonces fue hasta el cordero y le dice lo mismo: "disculpe señor ratón pero no creo poder hacer algo más que pedir por Usted en mis oraciones", el ratón se dirigió a la vaca y ella le dijo: "pero acaso estoy en peligro? pienso que no! dijo la vaca", el ratón volvió a la casa, preocupado y abatido para encarar a la ratonera del granjero.
Aquella noche se oyó un gran barullo como el de la ratonera atrapando su víctima, la mujer corrió a ver que había atrapado!!! En la oscuridad ella no vio que la ratonera atrapó la cola de una serpiente venenosa. La serpiente veloz mordió a la mujer, el granjero la llevó inmediatamente al hospital, ella volvió con fiebre alta.
El granjero para reconfortarla le preparó una nutritiva sopa, agarró el cuchillo y fue a buscar el ingrediente principal: la gallina; como la mujer no mejoró los amigos y vecinos fueron a visitarlos, el granjero mató al cordero para alimentarlos, la mujer no mejoró y murió, el esposo vendió la vaca al matadero para cubrir los gastos del funeral.
La próxima vez que alguien te cuente su problema y creas que no te afecta porque no es tuyo y no le prestes atención, piénsalo dos veces, el que no vive para servir no sirve para vivir. El mundo no anda mal por la maldad de los malos sino por la apatía de los buenos. Así que cuando alguien necesite de ti por sus problemas tiéndele la mano o dale una palabra de aliento. El mundo da muchas vueltas y nunca sabes cuándo necesitarás de los demás.
Recuerda cada mañana que nacimos para ser felices, no para ser perfectos. Los días buenos te dan FELICIDAD, los días malos te dan EXPERIENCIA, los intentos te mantienen FUERTE, las pruebas te mantienen HUMANO y las caídas te mantienen HUMILDE.

martes, 29 de septiembre de 2015

Conmigo, o contra mí

Un lector me preguntó el otro día por mi escepticismo político: mi falta de fe en el futuro y mi despego de esta casta parásita que nos gobierna, sólo comparable a la desconfianza que siento hacia nosotros los gobernados: sin víctimas fáciles no hay verdugos impunes. Siempre sostuve, porque así me lo dijeron de niño, que los únicos antídotos contra la estupidez y la barbarie son la educación y la cultura. Que, incluso con urnas, nunca hay democracia sin votantes cultos y lúcidos. Y que los pueblos analfabetos nunca serán libres, pues su ignorancia y su abulia política los convierten en borregos propicios a cualquier esquilador astuto, a cualquier lobo hambriento, a cualquier manipulador malvado. También en torpes animales peligrosos para sí mismos. En lamentables suicidas sociales.

Hace dos largas décadas que escribo en esta página. También, en los últimos dos años, Twitter me ha permitido acercarme a lo más caliente de nuestro modo de respirar. Y no puedo decir que sea confortable. Inquieta el lugar en que una parte de los lectores españoles se sitúan: lo airado de sus reacciones, el odio sectario, la violenta simpleza -rara vez hay argumentos serios- que a menudo llegan a un desolador extremo de estolidez, cuando no de infamia y vileza. Cualquier asunto polémico se transforma en el acto, no en debate razonado, sino en un pugilato visceral del que está ausente, no ya el rigor, sino el más elemental sentido común.


Destaca, significativa, la necesidad de encasillar. Si usted opina, por ejemplo, que a Manuel Azaña se le fue la República de las manos, no encontrará criterios serenos que comenten por qué se le fue o no se le fue, sino airadas reacciones que, tras mencionar el burdo lugar común de Hitler y Mussolini, acusarán al opinante de profranquista y antidemócrata. Y si, por poner otro ejemplo, menciona el papel que la Iglesia Católica tuvo en la represión de las libertades durante los últimos tres siglos de la historia de España, abundarán las voces calificándolo en el acto de anticatólico y progre de salón. Pondré un ejemplo personal: una vez, al ser interrogado sobre mi ideología, respondí que yo no tengo ideología porque tengo biblioteca. No pueden ustedes imaginar cómo llovieron, en el acto, las violentas acusaciones de que escurría el bulto «y no me mojaba». Y es que en España parece inconcebible que alguien no milite en algo y, en consecuencia, no odie cuanto quede fuera del territorio delimitado por ese algo. Reconocer un mérito al adversario es para nosotros impensable, como aceptar una crítica hacia algo propio. Porque se trata exactamente de eso: adversarios, bandos, sectas viscerales heredadas, asumidas sin análisis. Odios irreconciliables. Toda discrepancia te sitúa directamente en el bando enemigo. Sobre todo en materia de nacionalismos, religión o política, lo que no toleramos es la crítica, ni la independencia intelectual. O estás conmigo, o contra mí. O eres de mi gente -y mi gente es siempre la misma, como mi club de fútbol- o eres cómplice de la etiqueta que yo te ponga. Y cuanto digas queda automáticamente descalificado porque es agresión. Provocación. Crimen.

Qué fácil resulta entender, así, nuestra despiadada Guerra Civil. Si ahora no se dan delaciones y paseos por las cunetas, es sencillamente porque ya no se puede. Pero las ganas, el impulso, siguen ahí. Me pregunto muchas veces de dónde viene esa vileza, esa ansia de ver al adversario no vencido o convencido, sino exterminado. La falta de cultura no basta para explicarlo, pues otros pueblos tan incultos y maleducados como nosotros se respetan a sí mismos. Quizá esa Historia que casi nadie enseña en los colegios pueda explicarlo: ocho siglos de moros y cristianos, el peso de la Inquisición con sus delaciones y envidias, la infame calidad moral de reyes y gobernantes. Pero no estoy seguro. Esa saña que lo mismo se manifiesta en una discusión política que entre cuñados y hermanos en una cena de Navidad es tan española, tan nuestra, que me pregunto quién nos metió en la sangre su cochina simiente. Desde ese punto de vista, el español es por naturaleza un perfecto hijo de puta. Por eso necesitamos tanto lo que no tenemos: gobernantes lúcidos, sabios sin complejos que hablen a los españoles mirándonos a los ojos, sin mentir sobre nuestra naturaleza y asumiendo el coste político que eso significa. Dispuestos a decir: «Preparemos al niño español para que se defienda de sí mismo. Eduquémoslo para que conviva con el hijo de puta que siglos de reyes, obispos, mediocridad, envidia, corrupción, violencia, injusticia, le metieron dentro».   

Patente de corso
Conmigo, o contra mí
XLSemanal - 02/9/2013

Leído en: http://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/774/conmigo-o-contra-mi/

lunes, 31 de agosto de 2015

Europa me duele... y me abochorna.

No deja de ser una cruel paradoja que la misma Europa que conmemora el 70 aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial, un conflicto que provocó el éxodo de millones de personas, sea también la Europa insolidaria, egoísta e inoperante ante la colosal avalancha humana que estos días llega en oleadas a las  costas griegas e italianas o intenta atravesar a pie el centro del continente.

La pasividad de los gobiernos europeos ante una emergencia humanitaria de tamaño calibre no sólo hiere nuestra sensibilidad, sino que trae a la memoria el recuerdo de errores similares cometidos en el pasado más reciente. ¿O acaso hemos olvidado que fue la próspera y democrática Europa la que, a mediados de la década de los 90 del siglo pasado, asistió impasible a la carnicería perpetrada por las fuerzas serbias de Radovan Karadzic contra la población civil de Bosnia?

Las imágenes de refugiados sirios, libios, afganos o paquistaníes que huyen de las guerras y la miseria que sacuden sus países y tratan de ‘colarse’ en Europa deberían sacudir las adormiladas conciencias de nuestros gobernantes. En lugar de eso, Macedonia gasea a los miles de desesperados que intentan cruzar su territorio en busca de un incierto El Dorado; Hungría levanta un muro fronterizo para impedir que decenas de miles de parias crucen su territorio; Francia y Reino Unido se afanan en sellar el Canal de Mancha, y los xenófobos hacen su agosto en Alemania incitando al odio contra los refugiados o, peor aún, atacando los refugios donde éstos se hacinan.

Esa Europa me duele… y me abochorna.

Post de José Luis Lobo en su blog