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Previsión del tiempo

lunes, 1 de septiembre de 2014

Las mareas

Las mareas son los movimientos de agua causados por la fuerza de la gravedad que la Luna ejerce sobre nuestros mares, y que provoca una fuerte atracción del océano hacia el astro. Cuando el océano crece se habla de marea alta o pleamar. La marea entrante se denomina "flujo". Si la Luna se encuentra en el otro lado de la Tierra, es cuando tenemos la marea baja o bajamar. La marea saliente se llama "reflujo".
El Sol también ejerce esta fuerza sobre nuestros mares, pero como está más lejos, su influencia es menor, pero una vez al mes, cuando hay luna nueva o llena, el Sol y la Luna están alineados, entonces los océanos se ven atraídos por las fuerzas combinadas de los dos astros y por ello la marea es más fuerte. A eso se denomina "marea viva", en caso contrario (creciente y menguante) se llama "marea muerta". Ver vídeo
 
En el Mediterráneo prácticamente no existen mareas. En pleno Atlántico hay del orden de 1 metro, y sin embargo en este mismo mar en la zona del canal de la Mancha alcanza varios metros. En Canadá en la bahía de Fundy llega a ser de  ¡más de 15 metros! ¿Por qué estas diferencias?
 
Para entenderlas podemos comparar el mar con una bandeja llena de agua. Al moverla suavemente el agua se desplaza desde un extremo a otro. El tiempo empleado por el agua para ir de un extremo a otro dependerá del tamaño de la bandeja. Es a lo que llamamos periodo, y cada tamaño de bandeja tiene un periodo determinado, que será más grande cuanto mayor sea ésta. Si movemos la bandeja de forma rítmica, dando un impulso a cada ‘golpe’ de periodo, el movimiento se irá amplificando hasta conseguir llegar a desbordar el agua de la bandeja. A este fenómeno lo denominamos resonancia.
 
El Atlántico es una enorme bandeja de 4.000 metros de profundidad media y su periodo es del orden de 12 horas, que coincide aproximadamente con el tiempo que pasa entre una excitación debida a la influencia de la Luna y la siguiente. En algunas bahías se refuerza este efecto de resonancia debido a la topografía de la zona haciendo que la masa de agua entrante se concentre y canalice con más intensidad.
 
El Mediterráneo puede ser considerado como un mar cerrado ya que el paso del Estrecho es muy pequeño e incapaz de ‘tragar’ la marea atlántica a suficiente velocidad como para que pueda influir en sus aguas. En el Mediterráneo las posibles mareas serían únicamente las que pudieran originarse directamente en sus aguas. El Mediterráneo está separado en dos grandes cuencas separadas por una zona de baja profundidad entre Sicilia y Túnez.
 
El periodo correspondiente a cada una de estas cuencas es del orden 2 ó 3 horas, por lo que la influencia de la luna no es capaz de provocar la resonancia. Muy al contrario a veces una excitación de la Luna contrarresta la anterior, haciendo que la marea sea muy pequeña o completamente nula.
 
Pero las causas de las mareas son todavía más complicadas. En algunas islas como Tahití en mitad de un océano con mareas, éstas no perciben ningún efecto de ellas. Volvamos a nuestra bandeja con agua en movimiento. La onda se mueve adelante y hacia atrás, haciendo subir el nivel del agua en los bordes, pero en medio el nivel permanece constante. Lo mismo ocurriría si en vez de una bandeja utilizamos un bol con agua al que damos movimiento haciendo círculos. El agua barrera todo su perímetro pero en el centro el nivel se mantendrá constante. En el océano las ondas de marea además de desplazarse de Este al Oeste, también giran debido a la rotación de la tierra, alrededor de unos puntos en los que no existe diferencia de altura de marea, llamados puntos anfidrómicos. Tahití está cerca de uno de ellos.

domingo, 31 de agosto de 2014

La ciencia descubre un nuevo punto G más placentero

La zona de especial sensibilidad erógena por excelencia, por todos buscada pero por pocas hallada, no existe. Así lo ha afirmado un equipo de médicos italianos en un estudio publicado en la revista Nature. La legendaria zona en la que supuestamente se localizaba el centro del placer femenino resulta ser un mito. Sin embargo, no todo está perdido. Según estos mismos investigadores han descubierto otra región erógena, que han bautizado como clitourethrovaginal complex (CUV), que produciría también un gran placer sexual.
 
El CUV, que dicen haber localizado gracias al uso de modernas técnicas de imagen, tipo ecografías durante el acto sexual, comprende el clítoris, la uretra y la pared vaginal. Una zona que si se estimula adecuadamente durante la penetración podría inducir a una intensa respuesta orgásmica, como aseguran los autores en las conclusiones de dicha investigación.
Los resultados de la investigación han sido avalados gráficamente por lo que el autor principal de la investigación, Emmanuele A. Jannini, espera “que se zanje el debate sobre dónde está realmente el punto G”, según declaró a varios medios especializados. Se trata de algo mucho más complejo que un simple punto “fantasmagórico”, zanjaba.
Una región erógena más amplia
 
Las teorías entorno al punto G se remontan a finales de los años 40, cuando dos ginecólogos llevaron a cabo un estudio tan detallado de los órganos sexuales femeninos que sus hallazgos les harían pasar a la historia, como se recoge en el artículo todo lo que debemos saber sobre el punto G. Entre las muchas partes de la anatomía de la mujer que llamaron su atención, el exiliado alemán Ernst Gräfenberg y el estadounidense Robert Dickinson repararon en una zona de especial sensibilidad erógena, “situada en la superficie suburetral del muro vaginal anterior” y que se hinchaba durante el orgasmo.

Región CUV
Sin saberlo, habían realizado uno de los grandes hallazgos del siglo XX: el punto G, que no recibió dicho nombre hasta los años 80, cuando la sexóloga Beverly Whipple identificó una zona en la que el 90% de las mujeres estudiadas sentían una mayor sensibilidad sexual, tal y como explicó en el superventas El punto G y otros descubrimientos sobre la sexualidad humana (Neo-Person). Gräfenberg, no obstante, tuvo que conformarse con que su inicial, la “g”, diese nombre al punto más buscado por los hombres de todo el planeta. Ahora, los médicos italianos han negado su existencia tal y como se concibió hasta ahora el punto G.
 
Los investigadores también comprobaron que en la zona denominada CUV existían unos marcadores químicos que procesan las sustancias responsables de la excitación. Asimismo, en investigaciones previas dirigidas por el doctor Jannini, se había determinado que el tejido que se encuentra entre la uretra y la vagina es más grueso en las mujeres que decían haber experimentado una excitación del punto G.
 
Con el desarrollo de este nuevo mapa de las zonas erógenas, los investigadores esperan ayudar a evitar daños en los genitales femeninos durante los procedimientos médicos y quirúrgicos, pues dicen haber ampliado en gran medida el conocimiento de su anatomía y fisiología.
 

sábado, 30 de agosto de 2014

España, estado de corrupción: lo que va de Pujol a Podemos

Nada ha cambiado. Casi cinco años después de haber escrito "España, estado de corrupción" en esta misma columna, los principales titulares de la prensa española continúan trufados de escándalos, de latrocinios cometidos por politicastros de uno u otro signo que ahora ven la luz. Los ERE, Matas, Pujol… No hay día en que no nos desayunemos con una nueva mala a sumar a todas las anteriores. Tal es su proliferación que correríamos el riesgo de curarnos de espanto, algo que sería nuestro fin definitivo como sociedad. Menos mal que cada vez la calle habla más alto y, sobre todo, más claro a través del mejor instrumento a su alcance, el voto. Mientras este sea el panorama predominante en la política nacional, que se olviden las grandes formaciones de recuperar su hegemonía. Lo llevan claro.
 
Dicho esto, el nuestro sigue siendo un país sorprendente capaz de centrar el foco en los instructores (caso de la juez Alaya) y no en los imputados o condenados o, mejor aún, en aquellos que inevitablemente habían de conocer sus actividades y siguen en los despachos; de tolerar que el defraudador confeso, como el expresident de la Generalitat, sea a día de hoy demandante que no demandado, el mundo al revés; que una consejera autonómica denuncie presiones para adjudicar casi 700 millones de euros de un hospital a una constructora y nadie hable de esta compañía, ni se pregunte si es así como ha llegado a donde está, forrando a sus accionistas. Es tal la proliferación de noticias que escasea la reflexión y faltan las preguntas esenciales. Prima la forma sobre el fondo. Así nos va.
 
De hecho, seguimos anestesiados, incapaces de discriminar cuándo nos la quieren meter doblada.
Es verdad. Reaccionamos con indignación ante los hechos consumados, si bien nos sigue interesando más el continente –quién– que el contenido –cuánto–, por más que el dinero defraudado haya salido de nuestros bolsillos en forma de unos impuestos cuya justificación queda tocada por este tipo de prácticas. No es difícil oír en la calle "para que se lo lleven crudo estos, me lo quedo yo". Algo que va más allá de un enunciado, pues supone la quiebra del pilar esencial que legitima cualquier democracia: la confianza del representado en su representante. Un proceso peligroso pues, a igualdad de inmorales, mejor quedarse con el que no lo esconde. O con el que, al menos, ofrece esperanza por vana que esta sea.
 
Lo que nos lleva necesariamente a ese otro tipo de corrupción más sibilina que también apuntábamos en 2009 al referirnos entonces a Zapatero y Rajoy y que seguimos tolerando alegremente: la intelectual, la que persigue distorsionar la realidad en beneficio propio, a veces de una manera tan chusca que da casi risa, o simplemente prometer lo imposible. De ambas manifestaciones tenemos experiencia extensa en estos años de profesionalización de la política española. Basta mirar en qué se quedan los programas electorales una vez concluidos los comicios para los que se elaboran, papel mojado convertido, en el mejor de los casos, en arma arrojadiza. Es lo que tiene votar partido y no persona a la que exigir cuentas.
 
Desgraciadamente, a este vicio no son ajenas las nuevas formaciones que han ido apareciendo y han capitalizado en forma de votos buena parte del descontento social. Si bien en su génesis se podía justificar, debido a su modelo de construcción de ideario, la agregación aleatoria de una serie de iniciativas en la mayoría de los ámbitos, sencillamente, inviables, dicha bula desaparece cuando sus dirigentes renuncian al necesario filtro a la hora de presentarlas como propuesta al conjunto de la sociedad. Una dejación que los iguala con los actuales gobernantes de uno y otro signo en el "cualquier cosa vale para conseguir una papeleta". Con un agravante adicional, ellos sí juegan con la esperanza de muchos.
 
Desde estas mismas líneas hemos propugnado recurrentemente la reacción ciudadana a través de las urnas como única vía para revertir la peligrosa dinámica en la que ha entrado nuestra democracia y que lleva inexorablemente al desapego ciudadano y a la creación de paraestados legales o ilegales como en Italia. Los constantes casos de corrupción convierten ese llamamiento aún más perentorio. De hecho, los ciudadanos ya están reaccionando, como ha quedado probado en las últimas elecciones europeas. Para que el cambio logre los objetivos que todos perseguimos, cada uno con su anhelo particular, la honestidad del elegido es imprescindible. En sus actos y en sus ideas. Si ninguno está libre de pecado, ni el aparentemente puro, apaga y vámonos.
 
S. Mccoy en El Confidencial
http://blogs.elconfidencial.com/economia/valor-anadido/2014-08-25/espana-estado-de-corrupcion-lo-que-va-de-pujol-a-podemos_179540/?utm_source=dlvr.it&utm_medium=facebook

viernes, 29 de agosto de 2014

Diez recomendaciones médicas de las que más nos vale desconfiar

Aunque los mitos de la salud han existido siempre, desde la irrupción de internet la desinformación sobre determinados temas médicos ha crecido enormemente, dando lugar a ideas equivocadas que mucha gente se toma a pies juntillas. No es que no se pueda encontrar información fiable en internet, pero hay quien confunde Yahoo! Respuestas con un consultorio médico, lo que puede acabar con el incauto paciente en el hospital.
 
El médico y presentador de televisión británico Michael J. Mosley es uno de los más reconocidos divulgadores de salud y ciencia de Reino Unido, y uno de los más activos productores de documentales sobre salud para la BBC. En un artículo publicado este domingo en The Sunday Times Mosley citaba las que, a su juicio, son las diez afirmaciones médicas falsas más extendidas en su país, que coinciden punto por punto con las que escuchamos a diario en España a nuestros familiares y amigos.
 
Muchas de las afirmaciones tienen que ver con la alimentación: aunque hay mitos en todas partes, y de todos los sentidos, la propagación de estos es especialmente pronunciada en el ámbito de la nutrición. Estos son, pues, las diez afirmaciones médicas más extendidas de las que no debemos fiarnos.
 
1. Beber café es malo
 
Pocas bebidas han dado pie a tanta controversia como el café. Por cada estudio que pone de manifiesto sus efectos negativos, aparecen dos indicando las ventajas que tiene. Y claro, los consumidores no se aclaran. Pero no todos los estudios son iguales. La mayor investigación realizada hasta la fecha sobre la bebida, publicada en la revista Annals of Internal Medicine, llegó a la conclusión, tras observar a 130.000 personas durante 20 años, de que un consumo normal de café no está asociado a un mayor mortalidad, ni en hombres ni en mujeres. De hecho, vieron que el consumo moderado de café parece tener ciertas ventajas.
Según Mosley, si el consumo no supera las cinco tazas al día y no tenemos problemas de insomnio , no tenemos de qué preocuparnos.
 
2. No existe un bronceado saludable: tomar el sol es siempre peligroso
 
No cabe duda de que también hay modas en lo que respecta a la salud. Hasta bien entrado el siglo XX tomar el sol se consideraba una práctica poco saludable, propia de la clase trabajadora a la que no le quedaba más remedio que sufrir los rigores del tiempo. Después, el bronceado se convirtió en una señal de estatus, propio de la gente que podía disfrutar de más tiempo libre y unas largas vacaciones en resortsplayeros. Desde hace una década, de nuevo, tomar el sol se empieza a ver como algo poco saludable, dado el alarmismo existente en torno a los cánceres de piel.
No cabe duda de que la radiación solar es un potente cancerígeno, pero eso no quiere decir que tomar el sol sea siempre malo. De hecho, es necesario. Según la Fundación Española del Corazón, es conveniente tomar el sol media hora al día para mantener los niveles de vitamina D que nuestro organismo necesita, y cuya merma constituye un riesgo importante, pues puede provocar problemas de hipertensión y diabetes.
 
3. Tener sobrepeso es peligroso para la salud
 
Existe la creencia generalizada de que si tienes un Índice de Masa Corporal de entre 25 y 30 puntos, tienes sobrepeso y esto acortará tu vida. Pero una revisión de estudios publicada a principios de año en el Journal of the American Medical Association dio al traste con tamaña afirmación. Según el estudio, el sobrepeso no sólo no es peligroso para la salud, además está asociado estadísticamente con un menor riesgo de muerte prematura, un 5% menor al de la gente con un peso “ideal”.
Tener unos kilos de más, como demuestra la estadística, no es necesariamente malo. Por ejemplo, las personas con sobrepeso moderado se enfrentan de forma más satisfactoria a las enfermedades graves, que suelen ir acompañadas de una gran pérdida de apetito y un estado de debilidad más peligroso para las personas delgadas, lo que podría explicar la variación estadística.
 
4. Dos copas de vino al día son saludables
 
Basta con dar un pequeño paseo por la hemeroteca para encontrar cientos de titulares sobre lo saludable que es tomar cada día una o dos copas de vino. Pero hay dos problemas con este tipo de afirmaciones: no todos nos servimos la misma cantidad en una copa de vino y, si nos pasamos, los beneficios del vino desaparecen para dejar paso a los peligros.
Beber vino con moderación puede protegernos de los problemas cardiovasculares, pero pasarnos puede hacer que tengamos problemas en el hígado e, incluso, cáncer. En opinión de Mosley, ante la duda, es mejor no pasarse: puede ser peor el peligro que la enfermedad.
 
5. Comer cinco piezas de fruta y verdura al día nos protege del cáncer
 
La campaña institucional que instaba a los ciudadanos a comer cinco piezas de fruta o vegetales al día no es exclusiva de España: se ideó en EEUU a finales de los ochenta. Uno de sus reclamos era, y sigue siendo, que el consumo diario de 5 raciones de frutas y hortalizas frescas podía ayudar a prevenir algunos tipos de cáncer.
Mosley asegura que esta relación nunca ha estado acompañada de una evidencia científica sólida. Las afirmaciones se basaron en varios estudios de control de casos en los que se comparó el estilo de vida de las personas con cáncer y las que no lo tenían. En efecto, las personas sin cáncer consumían, de promedio, más frutas y verduras, pero la relación causa efecto entre su consumo y la protección frente al cáncer sólo se ha demostrado para algunos tipos de cáncer y unas pocas variedades de hortalizas.
Es cierto que el consumo de frutas y verduras es saludable, y previene la aparición de las enfermedades cardiovasculares, entre otras dolencias, pero no hay razón para asociar su consumo a la protección contra el cáncer.
 
6. Tenemos que beber dos litros de agua al día
 
Se trata de una de las afirmaciones más extendidas y aceptadas por la población. Moslye explica que surgió en los años 40 cuando los investigadores calcularon la cantidad de agua que el cuerpo consume en 24 horas. También dijeron, aunque se ignora sistemáticamente, que gran parte de los 2 litros de agua que necesitamos provienen de la comida, y que el café, el té o cualquier otra bebida cuentan en la ecuación.
Según algunos estudios, beber agua ayuda a adelgazar, pero no hay ninguna evidencia de que sea necesario tomar dos litros al día. Según Mosley, basta con beber cuando uno tiene sed.
 
7. Crujir nuestras articulaciones nos provocará artritis
 
Que el crujir de las articulaciones (al que son tan aficionadas algunas personas) saque de quicio a la gente que les rodea, no significa que vaya a acabar con su movilidad. Según han comprobado diversos estudios, no hay ninguna asociación entre esta costumbre y la artritis, y las articulaciones de los crujidores y los no-crujidores no presentan ninguna diferencia significativa. Los aficionados a esta práctica, no obstante, deberían tener cuidado. Lo que sí han comprobado los médicos es que el crujir de las articulaciones puede provocar lesiones en los ligamentos y tendones.
 
8. Comer huevos eleva el colesterol
 
Desde los ochenta se extendió la creencia de que no podíamos comer huevos a diario dado su alto contenido en colesterol. Es cierto que el huevo contiene mucho colesterol pero también posee su propio antídoto, la lecitina, una grasa que favorece el control del colesterol evitando que se adhiera a las paredes arteriales y desplazándolo hacia los lugares donde se metaboliza.
Hoy sabemos que lo que realmente eleva el colesterol “malo” son las grasas saturadas, cuya cantidad no es elevada en los huevos, y no el propio colesterol.
 
9.  Escuchar a Mozart puede hacerte más inteligente
 
Esta afirmación proviene de un estudio realizado en 1933 en el que un grupo de estudiantes de la Universidad de California tuvieron que resolver unos puzles tras escuchar a Mozart. Ciertamente, lo hicieron mejor tras escuchar al compositor austriaco, pero lo que nunca se dijo es que el efecto enriquecedor de Mozart sólo duraba 15 minutos, y habría sido similar si hubieran escuchado a John Coltrane o a Slayer. En el corto plazo, la música hace que estemos más atentos y concentrados, pero no nos hace más inteligentes.
 
10. Los batidos son una bebida saludable
 
Los batidos tienen muy buena fama y son muy populares en algunas dietas por su alto contenido en fruta. El problema, que muchos desconocen, es que suelen tener muchísima azúcar. Un estudio publicado este año analizó el contenido de 52 batidos comerciales y reveló que todos tenían más azúcar y calorías que cualquier refresco.
Leído en: http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2013-10-09/diez-recomendaciones-medicas-de-las-que-mas-nos-vale-desconfiar_38764/?utm_source=dlvr.it&utm_medium=facebook

jueves, 28 de agosto de 2014

Angela Merkel y Podemos

   
El viaje de Angela Merkel ha sido tan repugnante que ha beneficiado, y mucho, a Podemos. Con su compinche político Rajoy han decidido y anunciado más austeridad y más reformas, es decir, más pobreza y más apreturas, como si les pareciese poco el sufrimiento que hasta ahora han infligido. Con el sacrosanto cuento de la competitividad y necesaria reducción de déficits. Definitivamente Rajoy se ha entregado a Merkel y su política de feroz castigo.
 
Pero ocurre que los españoles están hartos de tanto abuso, y una gran parte de ellos se revuelve exigiendo cambios tal vez duros también pero más comprensibles. Con un PSOE camaleón, incapaz de resolver sus contradicciones y apegado al chistecillo pretendidamente ingenioso con su nuevo Secretario General, los españoles unos se resignan y otros se oponen con vehemencia a esta tortura con Merkel como jefa de la banda que ha venido a pasar. Entregada la soberanía, Rajoy pasa a ser un simple delegado de los designios de Merkel. Podemos será o no será viable, pero en todo caso es un intento honesto de lucha contra este atraco. Nada es inmutable en este mundo, y menos en el de la política y la economía, y frente a las herencias conservadoras y socialistas recibidas, los ciudadanos quieren cambios que no les constriñan sus vidas en la amargura perpetua. Lo que se votó se puede desvotar votando. No desean ser esclavos de lo que decidieron sus predecesores políticos. Es mentira que el pasado sea un compromiso. No hay más compromiso que el presente y el futuro. Los españoles ya no quieren el mundo de ricos y pobres, de los de arriba y los de abajo y brutales diferencias que pregonan y fuerzan Merkel y su lugarteniente español.
 
El viaje de Merkel ha sido la chispa de la indignación. Hasta protestar por su visita es ilegal. No queremos que nos mande esta señora, por mucho que pertenezcamos a Europa. La Guerra de la Independencia fue un error que nos impidió homogeinizarnos, pero esta guerra económica, y política, de ahora es una invasión, una colonización, a la que los españoles decentes deben oponerse. Si hay que pasar hambre, fuera de la ortodoxia, se pasa, pero porque lo decidan los ciudadanos y no unos ejecutores del mundo de los poderosos. No queremos ser marionetas de Merkel, ni de su subalterno, no queremos que nos exploten y humillen. Simplemente queremos reconducir nuestra historia sin ser peleles. Queremos ser mayores de edad, queremos que los vicios políticos, económicos y éticos de España desaparezcan. Queremos una nueva partitura, una nueva concepción de la justicia. Queremos una vida que decidamos entre todos, sin sumisos ganapanes. Es decir, queremos Podemos, lo único que, conjuntamente con IU, puede librarnos de la devastación de estos dos siniestros y peregrinos personajes, abrazadores de apóstoles y de villanos.
 
Arturo González en Puntadas sin hilo para Público.es

miércoles, 27 de agosto de 2014

¿Quién tiene más orgasmos?


¿Quieres experimentar más orgasmos? Malas noticias para las mujeres: en dicho caso, quizás harías bien naciendo hombre. Aunque si de verdad quieres superar en frecuencia a todas las que te rodean, deberías plantearte ser una mujer lesbiana. Eso sí, ni se te atreva probar suerte con el sexo opuesto, puesto que ello hará descender el número de tus clímax amorosos sensiblemente. Este es un resumen de las conclusiones a las que ha llegado una investigación publicada en el último número del Journal of Sexual Medicine.
 
El estudio, que ha sido llevado a cabo en el Instituto Kinsey de la Universidad de Indiana, pone de relieve que el sexo y la orientación sexual influyen en la frecuencia de los orgasmos que experimenta una persona. Algo que ya era conocido en el caso de la diferencia entre hombres y mujeres –previas investigaciones como la realizada por la sexóloga Elizabeth Lloyd señalaban que sólo el 25% del sexo femenino experimentaba orgasmos vaginales–, pero no tanto respecto a las costumbres sexuales.
 
Los datos recogidos en la investigación son claros y concisos: en cabeza se encuentran los hombres, que alcanzan el clímax en el 85,1% de sus encuentros sexuales con su pareja, independientemente de su sexo. Una cifra que descendía en el caso de las mujeres hasta el 62,9%. Pero, mientras en el caso de los hombres apenas existía variación en las diferentes orientaciones sexuales –85,5% para heterosexuales, 84,7% para homosexuales, 77,6% para bisexuales–, sí que existía una gran diferencia entre mujeres de distintas tendencias. Las lesbianas son las más afortunadas, con un 74,7% de acierto, seguidas por las heterosexuales (con un 61,6%) y las bisexuales (58%).
 
Las lecciones detrás de la estadística
 
No se trata de una cuestión biológica, sino más bien, de la forma en que los encuentros sexuales se suelen desarrollar. Estos datos dicen mucho acerca de la manera en que los roles se reparten en el dormitorio. En un gran número de relaciones, el fin del encuentro sexual es el orgasmo masculino y la eyaculación, que pone punto y seguido (o punto y final) a la escaramuza. El largo período refractario en el que el hombre no siente ningún deseo ni se encuentra capacitado para practicar sexo tampoco ayuda precisamente. Ello explicaría por qué los datos del hombre apenas varían aun a pesar de su orientación sexual.
Los investigadores tienen su propia hipótesis acerca de por qué hay una diferencia tan significativa entre las mujeres homosexuales y las heterosexuales. Como señalaban los autores, “una posible explicación es que las mujeres lesbianas se encuentran más a gusto y están más familiarizadas con el cuerpo femenino y, por lo tanto, generalmente, tienen una mayor capacidad para inducir el orgasmo en sus compañeras”. Ello también puede deberse a que, como asegura el estudio en sus conclusiones, las experiencias orgásmicas de las mujeres son mucho más variadas que las de los hombres, es decir, son causadas a través de estrategias muy diversas y resultan menos previsibles que el “sota, caballo y rey” del orgasmo femenino.
 
Por otra parte, los investigadores sugieren que el encuentro sexual entre lesbianas suele tener una duración superior al de otras parejas sexuales, como han señalado previos estudios, lo que puede contribuir a este aumento de la frecuencia orgásmica. 
 
La investigación se llevó a cabo a partir de los datos recogidos por un cuestionario online entre 6.151 participantes de edades comprendidas entre los 21 y los 65 años. El examen posterior se limitó a un espectro de 2.850 solteros, divididos casi a partes iguales entre hombres (1.497) y mujeres (1.353) que habían mantenido relaciones sexuales durante el último año.
 
¿Hay realmente alguna diferencia entre orgasmos?
 
Ya conocemos la frecuencia entre orgasmos para hombres y mujeres, pero, ¿existe realmente alguna diferencia cualitativa? Las tomografías por emisión de positrones (PET) han permitido comprobar si el cerebro de los hombres se comporta de manera diferente al de las mujeres a la hora de alcanzar el clímax. Y parece ser que no son muy diferentes. Como puso de manifiesto una investigación realizada por la Universidad de Groningen en Holanda, si bien el órgano se comportaba de forma distinta durante la etapa de excitación, apenas había diferencias a la hora de experimentar un orgasmo.
 
Tanto en uno como en otro caso, el análisis mostraba una gran activación del lóbulo frontal, que a su vez excitaba el lóbulo paracentral, el área encargada de procesar las señales motoras de las extremidades inferiores. Si bien es cierto que los órganos sexuales de uno y otro sexo se comportan de forma distinta por sus diferencias anatómicas, el cerebro lleva a cabo operaciones semejantes en hombres y en mujeres.
 
Para el psicólogo Alan Fogel existe una buena razón para que el orgasmo sea una experiencia única, compartida por ambos sexos. Debido a que la visualización del clímax en otra persona resulta excitante y favorece que se alcance el orgasmo, resulta lógico pensar que el ser humano haya evolucionado para compartir un mismo mecanismo cerebral que, en última instancia, favorezca la pervivencia de la especie.
Héctor G. Barnés para El Confidencial