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sábado, 30 de agosto de 2014

España, estado de corrupción: lo que va de Pujol a Podemos

Nada ha cambiado. Casi cinco años después de haber escrito "España, estado de corrupción" en esta misma columna, los principales titulares de la prensa española continúan trufados de escándalos, de latrocinios cometidos por politicastros de uno u otro signo que ahora ven la luz. Los ERE, Matas, Pujol… No hay día en que no nos desayunemos con una nueva mala a sumar a todas las anteriores. Tal es su proliferación que correríamos el riesgo de curarnos de espanto, algo que sería nuestro fin definitivo como sociedad. Menos mal que cada vez la calle habla más alto y, sobre todo, más claro a través del mejor instrumento a su alcance, el voto. Mientras este sea el panorama predominante en la política nacional, que se olviden las grandes formaciones de recuperar su hegemonía. Lo llevan claro.
 
Dicho esto, el nuestro sigue siendo un país sorprendente capaz de centrar el foco en los instructores (caso de la juez Alaya) y no en los imputados o condenados o, mejor aún, en aquellos que inevitablemente habían de conocer sus actividades y siguen en los despachos; de tolerar que el defraudador confeso, como el expresident de la Generalitat, sea a día de hoy demandante que no demandado, el mundo al revés; que una consejera autonómica denuncie presiones para adjudicar casi 700 millones de euros de un hospital a una constructora y nadie hable de esta compañía, ni se pregunte si es así como ha llegado a donde está, forrando a sus accionistas. Es tal la proliferación de noticias que escasea la reflexión y faltan las preguntas esenciales. Prima la forma sobre el fondo. Así nos va.
 
De hecho, seguimos anestesiados, incapaces de discriminar cuándo nos la quieren meter doblada.
Es verdad. Reaccionamos con indignación ante los hechos consumados, si bien nos sigue interesando más el continente –quién– que el contenido –cuánto–, por más que el dinero defraudado haya salido de nuestros bolsillos en forma de unos impuestos cuya justificación queda tocada por este tipo de prácticas. No es difícil oír en la calle "para que se lo lleven crudo estos, me lo quedo yo". Algo que va más allá de un enunciado, pues supone la quiebra del pilar esencial que legitima cualquier democracia: la confianza del representado en su representante. Un proceso peligroso pues, a igualdad de inmorales, mejor quedarse con el que no lo esconde. O con el que, al menos, ofrece esperanza por vana que esta sea.
 
Lo que nos lleva necesariamente a ese otro tipo de corrupción más sibilina que también apuntábamos en 2009 al referirnos entonces a Zapatero y Rajoy y que seguimos tolerando alegremente: la intelectual, la que persigue distorsionar la realidad en beneficio propio, a veces de una manera tan chusca que da casi risa, o simplemente prometer lo imposible. De ambas manifestaciones tenemos experiencia extensa en estos años de profesionalización de la política española. Basta mirar en qué se quedan los programas electorales una vez concluidos los comicios para los que se elaboran, papel mojado convertido, en el mejor de los casos, en arma arrojadiza. Es lo que tiene votar partido y no persona a la que exigir cuentas.
 
Desgraciadamente, a este vicio no son ajenas las nuevas formaciones que han ido apareciendo y han capitalizado en forma de votos buena parte del descontento social. Si bien en su génesis se podía justificar, debido a su modelo de construcción de ideario, la agregación aleatoria de una serie de iniciativas en la mayoría de los ámbitos, sencillamente, inviables, dicha bula desaparece cuando sus dirigentes renuncian al necesario filtro a la hora de presentarlas como propuesta al conjunto de la sociedad. Una dejación que los iguala con los actuales gobernantes de uno y otro signo en el "cualquier cosa vale para conseguir una papeleta". Con un agravante adicional, ellos sí juegan con la esperanza de muchos.
 
Desde estas mismas líneas hemos propugnado recurrentemente la reacción ciudadana a través de las urnas como única vía para revertir la peligrosa dinámica en la que ha entrado nuestra democracia y que lleva inexorablemente al desapego ciudadano y a la creación de paraestados legales o ilegales como en Italia. Los constantes casos de corrupción convierten ese llamamiento aún más perentorio. De hecho, los ciudadanos ya están reaccionando, como ha quedado probado en las últimas elecciones europeas. Para que el cambio logre los objetivos que todos perseguimos, cada uno con su anhelo particular, la honestidad del elegido es imprescindible. En sus actos y en sus ideas. Si ninguno está libre de pecado, ni el aparentemente puro, apaga y vámonos.
 
S. Mccoy en El Confidencial
http://blogs.elconfidencial.com/economia/valor-anadido/2014-08-25/espana-estado-de-corrupcion-lo-que-va-de-pujol-a-podemos_179540/?utm_source=dlvr.it&utm_medium=facebook

viernes, 29 de agosto de 2014

Diez recomendaciones médicas de las que más nos vale desconfiar

Aunque los mitos de la salud han existido siempre, desde la irrupción de internet la desinformación sobre determinados temas médicos ha crecido enormemente, dando lugar a ideas equivocadas que mucha gente se toma a pies juntillas. No es que no se pueda encontrar información fiable en internet, pero hay quien confunde Yahoo! Respuestas con un consultorio médico, lo que puede acabar con el incauto paciente en el hospital.
 
El médico y presentador de televisión británico Michael J. Mosley es uno de los más reconocidos divulgadores de salud y ciencia de Reino Unido, y uno de los más activos productores de documentales sobre salud para la BBC. En un artículo publicado este domingo en The Sunday Times Mosley citaba las que, a su juicio, son las diez afirmaciones médicas falsas más extendidas en su país, que coinciden punto por punto con las que escuchamos a diario en España a nuestros familiares y amigos.
 
Muchas de las afirmaciones tienen que ver con la alimentación: aunque hay mitos en todas partes, y de todos los sentidos, la propagación de estos es especialmente pronunciada en el ámbito de la nutrición. Estos son, pues, las diez afirmaciones médicas más extendidas de las que no debemos fiarnos.
 
1. Beber café es malo
 
Pocas bebidas han dado pie a tanta controversia como el café. Por cada estudio que pone de manifiesto sus efectos negativos, aparecen dos indicando las ventajas que tiene. Y claro, los consumidores no se aclaran. Pero no todos los estudios son iguales. La mayor investigación realizada hasta la fecha sobre la bebida, publicada en la revista Annals of Internal Medicine, llegó a la conclusión, tras observar a 130.000 personas durante 20 años, de que un consumo normal de café no está asociado a un mayor mortalidad, ni en hombres ni en mujeres. De hecho, vieron que el consumo moderado de café parece tener ciertas ventajas.
Según Mosley, si el consumo no supera las cinco tazas al día y no tenemos problemas de insomnio , no tenemos de qué preocuparnos.
 
2. No existe un bronceado saludable: tomar el sol es siempre peligroso
 
No cabe duda de que también hay modas en lo que respecta a la salud. Hasta bien entrado el siglo XX tomar el sol se consideraba una práctica poco saludable, propia de la clase trabajadora a la que no le quedaba más remedio que sufrir los rigores del tiempo. Después, el bronceado se convirtió en una señal de estatus, propio de la gente que podía disfrutar de más tiempo libre y unas largas vacaciones en resortsplayeros. Desde hace una década, de nuevo, tomar el sol se empieza a ver como algo poco saludable, dado el alarmismo existente en torno a los cánceres de piel.
No cabe duda de que la radiación solar es un potente cancerígeno, pero eso no quiere decir que tomar el sol sea siempre malo. De hecho, es necesario. Según la Fundación Española del Corazón, es conveniente tomar el sol media hora al día para mantener los niveles de vitamina D que nuestro organismo necesita, y cuya merma constituye un riesgo importante, pues puede provocar problemas de hipertensión y diabetes.
 
3. Tener sobrepeso es peligroso para la salud
 
Existe la creencia generalizada de que si tienes un Índice de Masa Corporal de entre 25 y 30 puntos, tienes sobrepeso y esto acortará tu vida. Pero una revisión de estudios publicada a principios de año en el Journal of the American Medical Association dio al traste con tamaña afirmación. Según el estudio, el sobrepeso no sólo no es peligroso para la salud, además está asociado estadísticamente con un menor riesgo de muerte prematura, un 5% menor al de la gente con un peso “ideal”.
Tener unos kilos de más, como demuestra la estadística, no es necesariamente malo. Por ejemplo, las personas con sobrepeso moderado se enfrentan de forma más satisfactoria a las enfermedades graves, que suelen ir acompañadas de una gran pérdida de apetito y un estado de debilidad más peligroso para las personas delgadas, lo que podría explicar la variación estadística.
 
4. Dos copas de vino al día son saludables
 
Basta con dar un pequeño paseo por la hemeroteca para encontrar cientos de titulares sobre lo saludable que es tomar cada día una o dos copas de vino. Pero hay dos problemas con este tipo de afirmaciones: no todos nos servimos la misma cantidad en una copa de vino y, si nos pasamos, los beneficios del vino desaparecen para dejar paso a los peligros.
Beber vino con moderación puede protegernos de los problemas cardiovasculares, pero pasarnos puede hacer que tengamos problemas en el hígado e, incluso, cáncer. En opinión de Mosley, ante la duda, es mejor no pasarse: puede ser peor el peligro que la enfermedad.
 
5. Comer cinco piezas de fruta y verdura al día nos protege del cáncer
 
La campaña institucional que instaba a los ciudadanos a comer cinco piezas de fruta o vegetales al día no es exclusiva de España: se ideó en EEUU a finales de los ochenta. Uno de sus reclamos era, y sigue siendo, que el consumo diario de 5 raciones de frutas y hortalizas frescas podía ayudar a prevenir algunos tipos de cáncer.
Mosley asegura que esta relación nunca ha estado acompañada de una evidencia científica sólida. Las afirmaciones se basaron en varios estudios de control de casos en los que se comparó el estilo de vida de las personas con cáncer y las que no lo tenían. En efecto, las personas sin cáncer consumían, de promedio, más frutas y verduras, pero la relación causa efecto entre su consumo y la protección frente al cáncer sólo se ha demostrado para algunos tipos de cáncer y unas pocas variedades de hortalizas.
Es cierto que el consumo de frutas y verduras es saludable, y previene la aparición de las enfermedades cardiovasculares, entre otras dolencias, pero no hay razón para asociar su consumo a la protección contra el cáncer.
 
6. Tenemos que beber dos litros de agua al día
 
Se trata de una de las afirmaciones más extendidas y aceptadas por la población. Moslye explica que surgió en los años 40 cuando los investigadores calcularon la cantidad de agua que el cuerpo consume en 24 horas. También dijeron, aunque se ignora sistemáticamente, que gran parte de los 2 litros de agua que necesitamos provienen de la comida, y que el café, el té o cualquier otra bebida cuentan en la ecuación.
Según algunos estudios, beber agua ayuda a adelgazar, pero no hay ninguna evidencia de que sea necesario tomar dos litros al día. Según Mosley, basta con beber cuando uno tiene sed.
 
7. Crujir nuestras articulaciones nos provocará artritis
 
Que el crujir de las articulaciones (al que son tan aficionadas algunas personas) saque de quicio a la gente que les rodea, no significa que vaya a acabar con su movilidad. Según han comprobado diversos estudios, no hay ninguna asociación entre esta costumbre y la artritis, y las articulaciones de los crujidores y los no-crujidores no presentan ninguna diferencia significativa. Los aficionados a esta práctica, no obstante, deberían tener cuidado. Lo que sí han comprobado los médicos es que el crujir de las articulaciones puede provocar lesiones en los ligamentos y tendones.
 
8. Comer huevos eleva el colesterol
 
Desde los ochenta se extendió la creencia de que no podíamos comer huevos a diario dado su alto contenido en colesterol. Es cierto que el huevo contiene mucho colesterol pero también posee su propio antídoto, la lecitina, una grasa que favorece el control del colesterol evitando que se adhiera a las paredes arteriales y desplazándolo hacia los lugares donde se metaboliza.
Hoy sabemos que lo que realmente eleva el colesterol “malo” son las grasas saturadas, cuya cantidad no es elevada en los huevos, y no el propio colesterol.
 
9.  Escuchar a Mozart puede hacerte más inteligente
 
Esta afirmación proviene de un estudio realizado en 1933 en el que un grupo de estudiantes de la Universidad de California tuvieron que resolver unos puzles tras escuchar a Mozart. Ciertamente, lo hicieron mejor tras escuchar al compositor austriaco, pero lo que nunca se dijo es que el efecto enriquecedor de Mozart sólo duraba 15 minutos, y habría sido similar si hubieran escuchado a John Coltrane o a Slayer. En el corto plazo, la música hace que estemos más atentos y concentrados, pero no nos hace más inteligentes.
 
10. Los batidos son una bebida saludable
 
Los batidos tienen muy buena fama y son muy populares en algunas dietas por su alto contenido en fruta. El problema, que muchos desconocen, es que suelen tener muchísima azúcar. Un estudio publicado este año analizó el contenido de 52 batidos comerciales y reveló que todos tenían más azúcar y calorías que cualquier refresco.
Leído en: http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2013-10-09/diez-recomendaciones-medicas-de-las-que-mas-nos-vale-desconfiar_38764/?utm_source=dlvr.it&utm_medium=facebook

jueves, 28 de agosto de 2014

Angela Merkel y Podemos

   
El viaje de Angela Merkel ha sido tan repugnante que ha beneficiado, y mucho, a Podemos. Con su compinche político Rajoy han decidido y anunciado más austeridad y más reformas, es decir, más pobreza y más apreturas, como si les pareciese poco el sufrimiento que hasta ahora han infligido. Con el sacrosanto cuento de la competitividad y necesaria reducción de déficits. Definitivamente Rajoy se ha entregado a Merkel y su política de feroz castigo.
 
Pero ocurre que los españoles están hartos de tanto abuso, y una gran parte de ellos se revuelve exigiendo cambios tal vez duros también pero más comprensibles. Con un PSOE camaleón, incapaz de resolver sus contradicciones y apegado al chistecillo pretendidamente ingenioso con su nuevo Secretario General, los españoles unos se resignan y otros se oponen con vehemencia a esta tortura con Merkel como jefa de la banda que ha venido a pasar. Entregada la soberanía, Rajoy pasa a ser un simple delegado de los designios de Merkel. Podemos será o no será viable, pero en todo caso es un intento honesto de lucha contra este atraco. Nada es inmutable en este mundo, y menos en el de la política y la economía, y frente a las herencias conservadoras y socialistas recibidas, los ciudadanos quieren cambios que no les constriñan sus vidas en la amargura perpetua. Lo que se votó se puede desvotar votando. No desean ser esclavos de lo que decidieron sus predecesores políticos. Es mentira que el pasado sea un compromiso. No hay más compromiso que el presente y el futuro. Los españoles ya no quieren el mundo de ricos y pobres, de los de arriba y los de abajo y brutales diferencias que pregonan y fuerzan Merkel y su lugarteniente español.
 
El viaje de Merkel ha sido la chispa de la indignación. Hasta protestar por su visita es ilegal. No queremos que nos mande esta señora, por mucho que pertenezcamos a Europa. La Guerra de la Independencia fue un error que nos impidió homogeinizarnos, pero esta guerra económica, y política, de ahora es una invasión, una colonización, a la que los españoles decentes deben oponerse. Si hay que pasar hambre, fuera de la ortodoxia, se pasa, pero porque lo decidan los ciudadanos y no unos ejecutores del mundo de los poderosos. No queremos ser marionetas de Merkel, ni de su subalterno, no queremos que nos exploten y humillen. Simplemente queremos reconducir nuestra historia sin ser peleles. Queremos ser mayores de edad, queremos que los vicios políticos, económicos y éticos de España desaparezcan. Queremos una nueva partitura, una nueva concepción de la justicia. Queremos una vida que decidamos entre todos, sin sumisos ganapanes. Es decir, queremos Podemos, lo único que, conjuntamente con IU, puede librarnos de la devastación de estos dos siniestros y peregrinos personajes, abrazadores de apóstoles y de villanos.
 
Arturo González en Puntadas sin hilo para Público.es

miércoles, 27 de agosto de 2014

¿Quién tiene más orgasmos?


¿Quieres experimentar más orgasmos? Malas noticias para las mujeres: en dicho caso, quizás harías bien naciendo hombre. Aunque si de verdad quieres superar en frecuencia a todas las que te rodean, deberías plantearte ser una mujer lesbiana. Eso sí, ni se te atreva probar suerte con el sexo opuesto, puesto que ello hará descender el número de tus clímax amorosos sensiblemente. Este es un resumen de las conclusiones a las que ha llegado una investigación publicada en el último número del Journal of Sexual Medicine.
 
El estudio, que ha sido llevado a cabo en el Instituto Kinsey de la Universidad de Indiana, pone de relieve que el sexo y la orientación sexual influyen en la frecuencia de los orgasmos que experimenta una persona. Algo que ya era conocido en el caso de la diferencia entre hombres y mujeres –previas investigaciones como la realizada por la sexóloga Elizabeth Lloyd señalaban que sólo el 25% del sexo femenino experimentaba orgasmos vaginales–, pero no tanto respecto a las costumbres sexuales.
 
Los datos recogidos en la investigación son claros y concisos: en cabeza se encuentran los hombres, que alcanzan el clímax en el 85,1% de sus encuentros sexuales con su pareja, independientemente de su sexo. Una cifra que descendía en el caso de las mujeres hasta el 62,9%. Pero, mientras en el caso de los hombres apenas existía variación en las diferentes orientaciones sexuales –85,5% para heterosexuales, 84,7% para homosexuales, 77,6% para bisexuales–, sí que existía una gran diferencia entre mujeres de distintas tendencias. Las lesbianas son las más afortunadas, con un 74,7% de acierto, seguidas por las heterosexuales (con un 61,6%) y las bisexuales (58%).
 
Las lecciones detrás de la estadística
 
No se trata de una cuestión biológica, sino más bien, de la forma en que los encuentros sexuales se suelen desarrollar. Estos datos dicen mucho acerca de la manera en que los roles se reparten en el dormitorio. En un gran número de relaciones, el fin del encuentro sexual es el orgasmo masculino y la eyaculación, que pone punto y seguido (o punto y final) a la escaramuza. El largo período refractario en el que el hombre no siente ningún deseo ni se encuentra capacitado para practicar sexo tampoco ayuda precisamente. Ello explicaría por qué los datos del hombre apenas varían aun a pesar de su orientación sexual.
Los investigadores tienen su propia hipótesis acerca de por qué hay una diferencia tan significativa entre las mujeres homosexuales y las heterosexuales. Como señalaban los autores, “una posible explicación es que las mujeres lesbianas se encuentran más a gusto y están más familiarizadas con el cuerpo femenino y, por lo tanto, generalmente, tienen una mayor capacidad para inducir el orgasmo en sus compañeras”. Ello también puede deberse a que, como asegura el estudio en sus conclusiones, las experiencias orgásmicas de las mujeres son mucho más variadas que las de los hombres, es decir, son causadas a través de estrategias muy diversas y resultan menos previsibles que el “sota, caballo y rey” del orgasmo femenino.
 
Por otra parte, los investigadores sugieren que el encuentro sexual entre lesbianas suele tener una duración superior al de otras parejas sexuales, como han señalado previos estudios, lo que puede contribuir a este aumento de la frecuencia orgásmica. 
 
La investigación se llevó a cabo a partir de los datos recogidos por un cuestionario online entre 6.151 participantes de edades comprendidas entre los 21 y los 65 años. El examen posterior se limitó a un espectro de 2.850 solteros, divididos casi a partes iguales entre hombres (1.497) y mujeres (1.353) que habían mantenido relaciones sexuales durante el último año.
 
¿Hay realmente alguna diferencia entre orgasmos?
 
Ya conocemos la frecuencia entre orgasmos para hombres y mujeres, pero, ¿existe realmente alguna diferencia cualitativa? Las tomografías por emisión de positrones (PET) han permitido comprobar si el cerebro de los hombres se comporta de manera diferente al de las mujeres a la hora de alcanzar el clímax. Y parece ser que no son muy diferentes. Como puso de manifiesto una investigación realizada por la Universidad de Groningen en Holanda, si bien el órgano se comportaba de forma distinta durante la etapa de excitación, apenas había diferencias a la hora de experimentar un orgasmo.
 
Tanto en uno como en otro caso, el análisis mostraba una gran activación del lóbulo frontal, que a su vez excitaba el lóbulo paracentral, el área encargada de procesar las señales motoras de las extremidades inferiores. Si bien es cierto que los órganos sexuales de uno y otro sexo se comportan de forma distinta por sus diferencias anatómicas, el cerebro lleva a cabo operaciones semejantes en hombres y en mujeres.
 
Para el psicólogo Alan Fogel existe una buena razón para que el orgasmo sea una experiencia única, compartida por ambos sexos. Debido a que la visualización del clímax en otra persona resulta excitante y favorece que se alcance el orgasmo, resulta lógico pensar que el ser humano haya evolucionado para compartir un mismo mecanismo cerebral que, en última instancia, favorezca la pervivencia de la especie.
Héctor G. Barnés para El Confidencial

martes, 26 de agosto de 2014

Las siete lecciones sobre el amor de la sexóloga más veterana del mundo

La doctora Shirley Zussman recibió hace poco a una nueva paciente de 25 años en su consulta del Upper East Side. “Había acudido a otros terapeutas en Nueva York, pero sentía que sabía más de lo que ellos sabían”, ha explicado a New York Post. “Así que estaba contenta de ver a alguien con más experiencia”. Porque, desde luego, si de algo anda sobrada Zussman es de experiencia. Ha cumplido 100 años, pero sigue recibiendo doce visitas semanales en su clínica. Es la sexóloga en activo más veterana del mundo.
 
Durante los 50 años que ha ejercido como terapeuta, Zussman ha sido testigo de la legalización de la píldora anticonceptiva (justo cuando empezó a trabajar, en los años 60), la epidemia de sida que asoló Nueva York en los 80 y el auge, en los últimos años, del porno en internet y los sitios de citas.
La doctora fue discípula en los 60 del matrimonio Masters y Johnson, los pioneros del estudio de la sexología humana, y su marido, Leon, fue uno de los primeros ginecólogos que práctico abortos legales en la ciudad de los rascacielos. Durante sus 100 años de vida ha visto de todo. Quizás por eso, no se escandaliza demasiado por la aparente frivolidad de las relaciones sexuales de hoy en día “no creo que del sexo casual de hoy en día sea más frenético que en los 60”, ha explicado en Time. Pero sí anda más preocupada por el impacto que las nuevas tecnologías pueden tener en las relaciones de pareja.
 
Después de pasar toda una (larga) vida, atendiendo a personas con problemas sexuales, y aprendido de los más grandes terapeutas de nuestro tiempo, estas son las principales lecciones que Zussman ha aprendido sobre el sexo, las relaciones de pareja y el amor.
 
1. El sexo no es sólo el coito
 
“Las parejas de hoy en día suelen tener el mismo problema”, asegura Zussman en NYP. “Existe una necesidad de éxito en las relaciones sexuales, de la forma en que se entiende el éxito en el trabajo o los estudios. El sexo se ha convertido en una competición. Tienes que ser bueno en la cama. Esta necesidad provoca tensión y ansiedad, y no nos deja sentir. La gente ve el sexo como un coito no como una amplia gama de experiencias. La gente orienta el sexo a la consecución de un objetivo”.
 
2. Para ser un buen amante hay que ser buen compañero
 
En opinión de Zussman, la mayor aportación de sus maestros Masters y Johnson al mundo de las relaciones humanas fue la idea de que lo más importante para que funcione el sexo en una pareja es la complicidad y el cariño entre la misma. “Ellos comprendieron que el sexo no es todo placer y glamour. Lo más importante es aprender a ser un buen compañero. La importancia de la comunicación fue una de sus mayores contribuciones, pero no sólo se referían a la charla, también a las caricias, los mimos, los besos…”
 
3. El trabajo está dañando nuestra vida sexual
 
La doctora cree que uno de los principales cambios que ha experimentado nuestra sociedad es el relativo al uso del tiempo. “La gente está ocupada todo el tiempo”, asegura en Time. “Esto no era así cuando yo crecí”. En opinión de la doctora, la actual organización del trabajo daña irremediablemente nuestra vida sexual. “Existe un límite en la cantidad de energía, deseo y tiempo que puedes darle a una persona cuando estás presionado para ganar más dinero, convertirte en CEO y comprar una casa de verano. La gente quiere más y más, pero el deseo requiere energía”.
“El problema más común que veo en la consulta es la falta de deseo, de interés”, asegura Zussman. “Tuve un paciente que me dijo, “quiero a mi marido y me encanta hacer el amor con él, pero cuando llego a casa de trabajar y he estado rodeada de gente todo el día, lo único que quiero es dormir”.
 
4. La trivialización del cuerpo de la mujer es cada vez mayor
 
“Siempre he creído que el sexo está fuertemente influenciado por la cultura”, asegura Zussman en la entrevista que concedió al NYP. La directora de su tesis en la Universidad de Columbia no fue otra que la antropóloga Margaret Mead, autora del seminal libro Adolescencia, sexo y cultura en Samoa, y de ella aprendió como las constricciones sociales son las que determinan, en última instancia, las prácticas sexuales. “Hoy en día siento que la mujer está siendo convertida en un objeto sexual. Hablamos de la libertad sexual, pero nuestros cuerpos están siendo usados para todo tipo de propósitos comerciales”, asegura la doctora.
 
5. El porno no tiene nada de malo, si no nos excedemos
 
“No hay nada nuevo en la pornografía”, asegura Zussman en Time. “Ha estado aquí desde la prehistoria. Creo que es saludable que la gente tenga la habilidad y la libertad de fantasear”. Dicho esto, la doctora cree que la omnipresencia de la pornografía online está causando muchos problemas entre los hombres. “Tengo bastantes pacientes que se sientan en el ordenador a ver pornografía y han perdido el interés por buscar pareja. Veo a muchísimos solteros que no hacen el esfuerzo de conocer a gente para no enfrentarse al posible rechazo y prefieren satisfacer sus necesidades sexuales masturbándose frente al ordenador”.
 
6. Las nuevas tecnologías han dañado las relaciones humanas
 
Aunque Zussman es una mujer muy avanzada para su edad, cree, como la mayoría de sus contemporáneos, que las nuevas tecnologías han dañado las relaciones interpersonales: “Estoy anonadada al ver la falta de conexión entre personas por culpa de los iPhone. Hay mucho menos contacto físico. Hay menos tocamientos, menos conversaciones, menos abrazos, menos miradas… La gente siente placer mirando a otras personas, sonriéndolas, tocándolas… Necesitamos tocar para sentirnos queridos. Este es el principal problema de la generación actual. No entiendo por qué la gente no echa eso en falta”.
 
7. El sexo no lo es todo
 
Como sexóloga, Zussman está convencida de la importancia del sexo en nuestra relaciones, pero cree que si algo nos ha enseñado la revolución sexual que ha vivido la sociedad desde los 60 hasta nuestro días es que, sin amor e intimidad, el sexo pierde su gracia: “A la larga, el placer sexual es sólo una parte de lo que hombres y mujeres buscan entre ellos. Quieren intimidad, cercanía, entendimiento, diversión, y alguien que realmente se preocupe por ellos, no sólo en la cama”.
 
Miguel Ayuso para El Confidencial
http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2014-08-23/las-siete-lecciones-sobre-el-amor-de-la-sexologa-mas-veterana-del-mundo_179164/?utm_sou

lunes, 25 de agosto de 2014

10 Cosas que los camareros desearían que todos supiéramos


Levantas la mano y viene. Y si no viene, te sulfuras. Y resoplas. Y miras al que está sentado delante de ti. Vuelves a levantar la mano… y pasa de largo. Y te indignas, y  farfullas “tssh, si es que son la leche. Me ha visto y no hace ni caso”. Cada noche encontramos escenas como esta en cualquier rincón del mundo.

Nosotros, que llevamos toda una semana esperándola, como el turrón, vamos a disfrutar una agradable cena de risas o de miradas (o de las dos juntas, que siempre es la mejor combinación) en algún pintoresco restaurante, hasta que el camarero de turno nos amarga la noche (Oh! ¡¿Cómo osa?!). Basta con que nos dé una mesa que no es como esperábamos, o que tarde un poco más de la cuenta en traernos el menú, o que en vez de tinto nos ponga blanco, para sentenciarlo. Cuando llegamos, esperamos una mesa siempre lista, un camarero amigable (o al menos amistoso) y el vaso siempre lleno. Estamos en nuestro derecho, nosotros pagamos, pero… ¿cuándo estamos cruzando la línea de reclamar un buen servicio a ser groseros y pretender que estén a nuestro servicio?

Sólo dile al camarero que estás listo cuando estés listo.

De por sí, es probable que se acerquen a tomarte nota (pedir la comanda) varias veces antes de que estés listo para pedir. No tengáis miedo a pedir “un par de minutos más, por favor” si aún no estáis listos. Siempre será mejor que el clásico “Ehhh…sí, a ver… de momento… ehh… una ensaladita mixta… ehhh… A ver, ¿quién quiere pedir algo? Sí, sí, ya vamos… ¿unas berenjenas con miel? ¿Os gustan? — Uf, a mí no me molan nada, ¿eh? Bueno, entonces las quitamos…” . Todo el tiempo que está esperando a que nos decidamos, es tiempo que deja de atender a otras mesas.

Sé educado y evita expresiones del tipo “¡Oye, jefe!”

Por favor, evita dirigirte al camarero con un  “¡jefe!” (bueno, en general evita dirigirte así a nadie excepto que realmente sea tu jefe o que sea otro prepotente y chulo como tú al que se lo dices. Evita también los “oye, majete”, “oye, salao”, o gritar “¡¡camarero!!” como si no hubiese un mañana. Sustitúyelos por un “perdona, disculpa, cuando puedas…”
Los “por favores”, “gracias”, las sonrisas y los cumplidos hacia su trabajo no son obligatorios, pero sí serán muy bien recibidos.

No chasquees los dedos, silbes o “lances besitos” para llamar a un camarero

Vale, esto ya casi no se hace (por fortuna) pero aún es posible toparse con gente que “chista” o incluso que lanza besos para llamar la atención del personal de sala. Hacerlo para llamar a tu perro Wiskas está bien. Hacerlo para llamar a Juan Carlos, un chaval de 22 años que está trabajando 10 horas al día para poder pagarse el seguro del coche, no lo está.
No sé por qué pero me da que este tipo de clientes está relacionado con los que llaman “jefe” al camarero…
Ah, y por supuesto ¡¡nada de tocarlo o agarrarlo!! (Al camarero. A tu perrito puedes hacerle lo que más le guste).

Si quieres algún “extra”, intenta pedirlo con la comida

Si sabes que el café te gusta con sacarina, intenta pedirla a la vez que pides el propio café; le ahorrarás un paseo al mesero. Si te gustan las alitas de pollo con mucha salsa BBQ, pídelo sin miedo antes de que te las traigan. Sus piernas te lo agradecerán (las del camarero, no las del pollo).

Controla a tus hijos

Hasta que no me he hecho mayor, no he entendido por qué mis padres no me dejaban hacer “potingues” en las tazas de café: posos de café, un poco de coca cola, medio limón, la miga del pan, un chicle… Los niños a veces son un poco incontrolables, lo entiendo, pero de ahí a tener a tus dos hijos y a los tres de tu hermana corriendo como gacelas entre las mesas del restaurante  hay un trecho. Esto dificulta el trabajo del personal a la vez que incomoda al resto de comensales. Si tu hija está un poco descontrolada, no pasa nada: la atas, la amordazas, la amenazas con desheredarla o con dejarle sin piscina después, y todos contentos… (Era broma. Nada de castigar sin piscina que luego cogen traumas).

Mira al camarero cuando estés pidiendo

Además de ser un gesto de educación, si miras a la cara cuando te están tomando nota o estás pidiendo algo, facilitas que te escuchen y te entiendan mejor entre tanto ruido.

No te pases de simpático

Los camareros tienen una misión: servir las meses y hacer que todo llegue a tiempo a los comensales. Así pues, cada persona que les cuenta que “yo vengo aquí hace 32 años, tú seguro que no habías ni nacido” o que “yo tenía un amiguete que trabajaba en este local, Manuel se llama, ¿lo conoces? Estuvo de jefe de cocina hace 7 años, antes de irse al Mesón El Cuartel. Es que el tío era muy bueno en lo suyo…” supone un pequeño obstáculo en la tarea del camarero. Ojo, que está bien entablar un mínimo diálogo con ellos, pero NO LES CONTÉIS vuestra obra y milagros… no hay que ser plastas.

Sé educado con las protestas

“Vamos a ver, majo. Te he pedido un solomillo al cabrales y me traes esta suela de zapato con una pasta blanca con grumos encima”. “Oye, perdona, llevamos casi tres minutos y medio esperando las bebidas, ¿vais a tardar mucho más? Porque nos vamos, ¿eh?”. Tened en cuenta que los camareros sólo traen lo que sale de cocina, y que nadie está más ansioso que ellos para que las cosas salgan a tiempo y bien. Es correcto protestar, pero siempre con tacto y con educación.

Entiende que cuando un restaurante está lleno

No vas a recibir la misma atención que estando vacío. Esto es de cajón. Si tienen que atender a 14 mesas con 4 comensales en cada una, no será lo mismo que atender a 3 mesas con 3 parejas. En verano los chiringuitos están llenos, las terrazas también,  y la playa de Benidorm aún más. Pese a que tratarán de darte el mejor servicio (es obvio, cuanto menos tarden antes se vacía la mesa y antes sientan a alguien nuevo) no pretendas una atención delicada y personalizada en la que cada 3 minutos se paren a preguntar si “todo está al gusto de los señores”. Sé paciente y ¡¡disfruta de la comida!! :)

No culpes al camarero de los precios

“¿¿4,50 por un tercio?? ¿De qué está hecha esta birra? ¿¿De polvo de oro?? No sois listos ni na’”…

Los precios de la carta no los pone el camarero. Es más, por muy caro que sea el local es probable que él cobre lo mismo que si currara en un restaurante de “menú del día”.

Una vez que has comido y has arrasado con todo, cuando llegue la cuenta, no “llores” si ese pulpo que estaba fuera de carta y esos 4 licores “para bajar la comida” te cuestan más de lo previsto. ¡¡La culpa también es tuya por no preguntar!! ;)
Del mismo modo, si pides que te ponga extra patatas fritas o salsa ranchera y jalapeña, no te extrañes si aparece un 1.5€ en concepto de “extras”.

No cierres todos los locales

De vez en cuando alguna sobremesa se nos va de las manos y, cuando nos queremos dar cuenta, tenemos al camarero pasando el mocho a nuestro lado, todas las sillas están encima de las mesas en posición clase de colegio y poco menos que al resto del personal  está en fila con el codo apoyado en la barra ,a barbilla en la palma de la mano derecha y dando toquecitos con los dedos en la madera con la mano izquierda. Es difícil que nos echen de un restaurante por el tiempo, pero tenemos que tener en cuenta que esta gente esta deseando recoger y largarse a casa o a cenar o a donde quiera que vayan a irse en su tiempo libre.

No intentes crear un menú a tu gusto

“¿Puedes cambiarme la ternera con cebolla por pollo al limón? Y, en vez de arroz tres delicias, ¿puede ser arroz blanco?”. Esta escena tan habitual en cualquier restaurante chino puede que cueste un poco más en otro tipo de restaurante. Probablemente no tengan problemas en ponerte ensalada acompañando a la lubina en lugar de las patatas panaderas, pero si encima quieres “que quiten la salsa romesco y pongan un aliño de limón en su lugar” y que “el arroz con leche sin canela… y sin arroz, por favor”, la cosa se complica.

Seguro que intentarán complacerte en todo lo que puedan, pero ten en cuenta que el menú está hecho de acuerdo a los criterios del chef, no a cómo te hacía las lentejas tu mamá.
 
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