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Previsión del tiempo

jueves, 1 de mayo de 2014

Almudena Grandes: Esperanza

Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace, / un andaluz tan claro, tan rico de aventura. / Yo canto su elegancia con palabras que gimen / y recuerdo una brisa triste por los olivos. ¿Te suena esto, Esperanza? Son versos, son maravillosos, y son de Federico García Lorca, que fue un rojo español. El hombre que los inspiró, Ignacio Sánchez Mejías, también era español, y era torero, pero tú no le habrías gustado ni una pizca.
¡Ay, Esperanza, qué vergüenza! Ahora que se habla tanto de identidad, de nacionalidad, de la marca España, me abruma pensar que las dos somos mujeres, de la misma ciudad, incluso del mismo barrio, que las dos tenemos carné de conducir y que a las dos nos gustan los toros. Yo nunca he embestido a ninguna moto de la Policía Municipal, eso sí, nunca llevaré mechas rubias y jamás se pasará por la cabeza que los antitaurinos —cuyas razones respeto profundamente— no merezcan ser españoles, pero nuestras coincidencias bastan para que me duela el estómago cada vez que te veo en una portada.
Y me pregunto cómo es posible que te comportes con tanta agresividad, tamaña prepotencia, y conozco la respuesta, pero sigo haciéndome preguntas. ¿Cuántas generaciones harán falta para que tus descendientes dejen de pensar que España es su propiedad privada, porque la han heredado de sus ancestros, mientras que los demás somos aquí unos pobres realquilados? ¿Y qué decir de nuestra madre España, / este país de todos los demonios, / en donde el mal gobierno, la pobreza / no son, sin más, pobreza y mal gobierno / sino un estado místico del hombre, la absolución final de nuestra historia? Estos versos admirables sí te sonarán porque los escribió tu tío, Jaime Gil de Biedma, y si no fuera imposible, se diría que los compuso pensando en ti. Menos mal que, frente a la brutalidad de la España inmortal, siempre nos quedará la poesía.
 
Almudena Grandes para El País

miércoles, 30 de abril de 2014

30 cosas que debes dejar de hacerte a ti mismo


Hay momentos en la vida en que sabemos que queremos cambiar, ir a algún lado, hacer algo importante… Pero no sabemos cómo. Pues traigo buenas noticias: traemos para ti las treinta cosas que debes dejar de hacerte a ti mismo para poder lograr esas grandes cosas para las que estás destinado. No es una lista de cosas por hacer, son cosas que todos debemos dejar de hacer. Necesitamos dejar espacio a las nuevas y mejores cosas de la vida.
 
1. Deja de pasar tiempo con las personas equivocadas.
La vida es muy corta como para gastarla junto a personas que succionan tu energía y felicidad. Si alguien te quiere en su vida, harán espacio para ti, no deberías pelear por un lugar. Nunca jamás insistas con alguien que te pasa por alto. Recuerda que los verdaderos amigos no son necesariamente aquellos que se quedan contigo en los buenos tiempos, sino los que permanecen en las peores situaciones.
2. Deja de huir de tus problemas.
¡Enfréntalos! No será fácil, nadie es capaz de salir ileso de todos los problemas. No siempre se puede salir instantáneamente de un problema cuando se presenta, no estamos hechos para eso. De hecho, lo normal es que sintamos tristeza, enojo, dolor, incertidumbre, derrota. Este es el propósito de la vida: Enfrentar los problemas, aprender de ellos, adaptarse y, finalmente, resolverlos con el paso del tiempo. Es lo que nos convierte y moldea a lo largo de la vida.
3. Deja de mentirte.
Puedes mentirle a cualquiera en el mundo, pero no puedes mentirte a ti mismo. Nuestra vida mejorará sólo cuando aprovechemos las oportunidades y la primera y más difícil es ser realmente honestos con nosotros mismos.
4. No dejes tus propias necesidades para lo último.
La cosa más terrible es perderse a sí mismo mientras amas a alguien más, olvidándose de lo especial que es uno mismo. Esto no significa que dejes de ayudar a otros, sino que debes ayudarte a ti mismo también. Si existe un momento para seguir tu pasión y hacer algo que te importa, ¡Ese momento es justo ahora!
5. Deja de intentar ser alguien que no eres.
Uno de los grandes retos de la vida es ser uno mismo en un mundo que quiere que todos sean iguales. Siempre habrá alguien más listo, más guapo, más joven o más viejo, pero NUNCA serán TÚ. Jamás cambies para agradar a las personas; sé tú mismo y las personas correctas te amarán por ello.
6. Deja de aferrarte al pasado.
No puedes comenzar un nuevo capítulo en la vida si sigues leyendo y releyendo el anterior.
7. Deja de tenerle miedo a los errores.
Hacer algo y equivocarse es, al menos, diez veces más productivo que no hacer nada. Cada éxito trae una historia de fracasos detrás y cada error es un paso más cerca de la victoria. Uno termina arrepintiéndose de las cosas que no hizo más que de las cosas que hizo.
8. Deja de culparte por errores pasados.
Quizá amamos a la persona equivocada y lloramos por errores cometidos, pero no importa cuántas cosas hemos hecho mal, algo es seguro: los errores nos ayudan a encontrar a la persona y a las cosas correctas para nosotros. Todos cometemos errores, tenemos problemas e incluso nos arrepentimos de cosas de nuestro pasado. Pero tú no eres tus errores, no eres tus problemas y estás aquí y AHORA con el poder de moldear tus días y tu futuro. Cada cosa que te ha pasado en la vida te está preparando para algo que aún está por venir.
9. Deja de intentar comprar la felicidad.
Muchas de las cosas que deseamos son caras. Pero la verdad es que las cosas que en verdad nos satisfacen son totalmente gratis: el amor, las carcajadas y trabajar en nuestras pasiones. :-)
10. Deja de buscar la felicidad exclusivamente en otros.
Si no eres feliz con quien eres por dentro, no serás feliz en una relación de largo plazo con cualquier otra persona. Primero tienes que crear estabilidad en tu propia vida, antes de que puedas compartir la vida con alguien más.
11. Deja de ser pasivo.
No pienses demasiado las cosas o crearás un problema que ni siquiera estaba ahí en primer lugar. Evalúa las situaciones y toma acciones decisivas. No puedes cambiar cuando te rehúsas a confrontar las cosas, el progreso implica riesgo, ¡Punto! No puedes llegar a segunda base si tienes un pie en la primera.
12. Deja de creer que no estás listo.
Nadie se siente 100% preparado cuando una oportunidad se presenta. Es porque las oportunidades en la vida nos empujan fuera de nuestras zonas de confort, lo que significa que nunca nos sentiremos completamente cómodos en un principio.
13. Deja de envolverte en relaciones por las razones equivocadas.
Las relaciones deben ser escogidas sabiamente. “Mejor sola que mal acompañada”, decía mi abuelita. No hay necesidad de apresurarse, si algo debe ser lo será a su debido tiempo, con la persona adecuada y el momento debido. Enamórate cuando estés listo, no cuando te sientas solo.
14. Deja de evitar nuevas relaciones sólo porque las pasadas no funcionaron.
En tu vida te darás cuenta de que hay un propósito para cada persona que conozcas. Algunas personas te pondrán a prueba, otras te enseñarán grandes lecciones, pero lo más importante es que algunas sacarán lo mejor de ti.
15. Deja de competir contra todos.
No te preocupes si a otros les va mejor que a ti, concéntrate en romper tus propios récords cada día. El éxito es una batalla entre tú y tú mismo, sólo eso.
16. Deja de lado los celos.
Los celos son el arte de contar las bendiciones ajenas en vez de las propias. Pregúntate esto: “¿Qué es lo que tengo yo que todos los demás quieren?”
17. Deja de quejarte y de sentir pena de ti mismo.
La vida tiene sus altibajos por una razón: para moldear tu camino en la dirección correcta para ti. Puede que no veas o entiendas todo en el momento en que sucede, eso puede ser muy duro. Pero recuerda los momentos difíciles que ya has pasado: Casi siempre nos llevan a mejores lugares, personas, estados mentales o situaciones, eventualmente. ¡Así que sonríe! Deja que todos sepan que hoy eres mucho más fuerte que ayer, y así continuarás.
18. Deja de guardar resentimiento.
No vivas tu vida con odio en el corazón. Terminarás lastimándote a ti mismo más de lo que las personas que odias podrían. El perdón no es sólo decir: “Está bien lo que me hiciste”, es poder decir: “No voy a dejar que lo que me hiciste arruine mi felicidad para siempre”. El perdón es la respuesta, déjalo ir, encuentra la paz, ¡Libérate! Y recuerda, el perdón no es sólo para las demás personas, también es para ti mismo. Si debes, perdónate a ti mismo, supéralo e intenta hacerlo mejor la siguiente ocasión.
19. Deja de permitir que otros te bajen a su nivel.
Niégate rotundamente a rebajar tus estándares para adaptarte a quienes se niegan a elevar los suyos.
20. Deja de desperdiciar el tiempo explicando tus razones a los demás.
Tus amigos no lo necesitan y tus enemigos ni siquiera lo creerán. Sólo haz lo que tu corazón te dice que es correcto.
21. Deja de hacer las mismas cosas una y otra vez sin tomarte un descanso.
El tiempo perfecto para tomarte una pausa es justo cuando no tienes tiempo para ello. Si continúas haciendo lo mismo, seguirás obteniendo los mismos resultados. Hay veces que necesitamos un descanso para ver las cosas más claramente.
22. Deja de pasar por alto la belleza de los pequeños momentos.
Disfruta de las cosas pequeñas porque un día mirarás atrás y descubrirás que eran, en realidad, las cosas más grandes. La mejor parte de tu vida serán las cosas pequeñas, momentos innumerables que invertiste sonriendo a quien te interesa de verdad.
23. Deja de intentar que las cosas sean perfectas.
El mundo real no recompensa a los perfeccionistas, recompensa a las personas que hacen las cosas en tiempo y forma.
24. Deja de seguir el camino más fácil.
La vida no es fácil, especialmente cuando planeas realizarte en algo que vale la pena. No tomes la alternativa más fácil siempre, haz cosas extraordinarias.
25. Deja de actuar como si todo estuviera bien cuando no lo está.
Está bien quebrarse de vez en cuando, no tienes que pretender ser fuerte, no hay necesidad de probarle a nadie que todo está perfectamente todo el tiempo. No debería preocuparte lo que los demás piensan. Llora si lo necesitas, es saludable dejar fluir esas lágrimas. Cuanto más pronto lo hagas, más pronto serás capaz de sonreír de nuevo, sonreír de verdad.
26. Deja de culpar a los demás de tus problemas.
La capacidad de alcanzar tus sueños depende de tu capacidad de hacerte responsable de tu vida. Cuando culpas a los demás de lo que te pasa, estás rechazando esta responsabilidad: Le das poder a otros sobre una parte de tu vida.
27. Deja de hacerlo todo por todos.
Eso es imposible, y solamente terminarás exhausto. Pero hacer sonreír a una persona, a esa persona especial sí puede cambiar el mundo. Quizá no el mundo entero, pero sí una parte de él: enfocarse es el secreto.
28. Deja de preocuparte demasiado.
Preocuparse no le quita problemas al día de mañana, le quita felicidad al día de hoy. Una manera de saber si vale la pena preocuparse es plantearse la siguiente pregunta: “¿Importará esto dentro de un año? ¿Tres años? ¿Dentro de cinco años?” Si la respuesta es negativa, entonces no vale la pena darle más vueltas al asunto.
29. Deja de enfocarte en lo que no quieres que suceda.
Mejor, enfócate en lo que sí quieres que pase. Pensar positivo es el preámbulo al éxito rotundo. Si despiertas cada mañana con el pensamiento de que algo maravilloso sucederá ese día y pones suficiente atención, descubrirás que estabas en lo correcto.
30. Deja de ser ingrato.
No importa lo bien o lo mal que te ha ido, levántate de la cama agradecido por tener vida. Hay quienes, en algún lugar, luchan por ella desesperadamente. En lugar de pensar en lo que te hace falta, intenta pensar en lo que tienes y que a muchos les hace falta.
En lo personal, me doy cuenta de que soy culpable de muchos de estos errores. Definitivamente una lista muy útil y que podría cambiar muchas vidas. ¡A ponerla en marcha!
 
Leído en: http://www.upsocl.com/inspiracion/30-cosas-que-debes-dejar-de-hacerte-a-ti-mismo/

martes, 29 de abril de 2014

Pérez-Reverte: A ver si lo he entendido, Señor Presidente


El escritor Arturo Pérez-ReverteA ver si lo he entendido, señor presidente... Hasta por morirme debo pagar un 21 %... A ver si lo entiendo. Insisto.

Alemania tiene 80 millones de fulanos y 150.000 políticos. España, 47 millones y 445.000 políticos. Sin contar asesores, cómplices y colegas. O en Alemania faltan políticos, o aquí sobran. Si en Alemania faltan, apenas tengo nada que decir. Si en España sobran, tengo algunas preguntas. Señor presidente.

¿Para qué sirven 390 senadores (con la brillantez media y la eficacia política media de un Iñaki Anasagasti, por ejemplo)? Subpregunta: si un concejal de Villacantos del Botijo, por ejemplo, necesita contratar a 15 asesores... ¿Para qué puñetas sirve ese concejal, aparte de para dar de comer a numerosos compadres y parientes?

¿Para qué sirven 1.206 parlamentarios autonómicos y 1.031 diputados provinciales? ¿Sabe usted lo que cobra toda esa gente? ¿Y lo que come? Ese tinglado regional, repartido en diecisiete chiringuitos distintos, duplicados, nos cuesta al año 90.000 millones de euros. Con ahorrar sólo la mitad... Eche usted cuentas, señor presidente. Que yo soy de Letras.

En vista de eso, ¿cómo es posible que el Gobierno de este putiferio de sangüijuelas y sangüijuelos se la endiñe a las familias y no a ellos? Que en vez de sangrar a esa chusma, se le endiñe a la Dependencia, a la Sanidad, a la Educación, a la Cultura, al pequeño comercio? ¿A la gente que de verdad lucha y trabaja, en vez de a esa casta golfa, desvergonzada y manifiestamente incompetente?

A ese negocio autonómico absurdo e insostenible, del que tanta gentuza lleva viviendo holgadamente desde hace más de treinta años. 17 parlamentos, 17 defensores del pueblo, embajadas propias, empresas, instituciones. Negocios casi privados (o sin casi) con dinero público. El único consuelo es que a esa pandilla depredadora la hemos ido votando nosotros. No somos inocentes. Son proyección y criaturas nuestras.

Treinta años engordándolos con nuestra imbecilidad y abulia política. Cuando no con complicidad ciudadana directa: Valencia, Andalucía... Con unos tribunales de Justicia cuando no politizados o venales, a menudo lentos y abúlicos. El golfo, impune. Y el ciudadano, indefenso. Esos políticos de todo signo (hasta sindicalistas, rediós) puestos en cajas de ahorros para favorecer a partidos y amiguetes. Impunes, todos.

Me creeré a un presidente de Gobierno, sea del color que sea, cuando confiese públicamente que este Estado-disparate es insostenible. Cuando alguien diga, señor presidente, mirándonos a los ojos, "voy a luchar por un gran pacto de Estado con la oposición"; "me voy a cargar esta barbaridad, racionalizándola, reduciéndola, controlándola, adecuándola a lo real y necesario"; "voy a desmontarles el negocio a todos los que pueda. Y a los que no pueda, a limitárselo al máximo. A lo imprescindible"; "aquí hay dos autonomías históricas que tendrán algo más de cuartelillo, dentro de un orden. Y el resto, a mamarla a Parla". "Y el que quiera entrar en política para servir al pueblo, que se lo pague de su bolsillo".

Pero dudo que haga eso, señor presidente. Es tan prisionero de su propia chusma político-autonómica como el PSOE lo es de la suya. Ese toque de jacobinismo es ya imposible. Tiene gracia. No paran de hablar de soberanía respecto a Europa quienes son incapaces de ejercerla en su propio país. Sobre sus políticos. Dicho en corto, señor presidente: no hay cojones. Seguirán pagándolo los mismos, cada vez más, y seguirán disfrutándolo los de siempre. El negocio autonómico beneficia a demasiada gente.

Usted, señor presidente, como la oposición si gobernara, como cualquiera que lo haga en España, seguirá yendo a lo fácil. A cargar a una población triturada, con cinco millones de parados, lo que no se atreven a cargar sobre sus desvergonzados socios y compadres. Seguirá haciéndonos aun más pobres, menos sanos, menos educados. Hasta el ocio para olvidarlo y la cultura para soportarlo serán imposibles.

Así que cuando lo pienso, a veces se me va la olla y me veo deseando una intervención exterior. Que le vayan a frau Merkel con derechos históricos, defensores del pueblo, inmersiones lingüísticas, embajadas y golferías autonómicas. De tanto reírse, le dará un ataque de hipo. De hippen, o como se diga allí.

Lo escribía el poeta Cavafis en Esperando a los bárbaros. Quizá los bárbaros traigan una solución, después de todo. Para esto, que nos invadan los bárbaros de una puta vez. Que todo se vaya al carajo y el Sentido Común reconozca a los suyos. Si quedan. Recristo.

Qué a gusto me he quedado esta tarde, señor presidente. Lola acaba de abrir el bar. Esta noche me emborracho. Como Gardel en el tango. Fiera venganza la del tiempo. Parece un título de Lope de Vega. Un tango adecuado para este pasaje".
 
Arturo Pérez-Reverte

lunes, 28 de abril de 2014

Reflexión XXXIII: El escorpión

Un maestro del oriente vio a un escorpión cuando se estaba ahogando y decidió sacarlo del agua, pero cuando lo hizo, el escorpión le picó. De la reacción de dolor, el maestro lo soltó y el animal cayó al agua y se estaba ahogando de nuevo. El maestro intentó sacarlo otra vez y otra vez el animal le pico. Alguien que estaba viendo al maestro se le acercó y le dijo:
- Disculpe, ¡pero usted es terco!, cada vez que intente sacarlo del agua le va a picar...
El maestro respondió:
- La naturaleza del escorpión es picar, y eso no va a cambiar la mía, que es ayudar.
Así que con la ayuda de unas hojas, el maestro sacó al escorpión y le salvó la vida.
No cambies tu naturaleza, si alguien hace algo malo, sólo toma precauciones. Algunos persiguen la felicidad, otros la crean. Preocúpate más por tu conciencia que por tu reputación, tu conciencia es lo que eres y tu reputación es lo que otros piensan de ti. Y lo que los otros piensen, no es tu problema... ¡¡Es problema de ellos!!

domingo, 27 de abril de 2014

77 años del bombardeo nazi a la ciudad de Guernica


El 26 de abril de 1937 cayó en lunes, el día en que la mayoría de los vascos acostumbraba a ir de compras al mercado. Era una jornada espléndida, luminosa y sin viento. La villa que había sido fundada por el infante don Tello, conde de Vizcaya y hermanastro del rey Pedro I de Castilla, iba a cumplir 571 años dos días después. Su nombre procedía de “Gernikazarra” (Guernica la Vieja), un robledal situado sobre la colina, no lejos de la ermita de Nuestra Señora Santa María la Antigua, donde el señorío de Vizcaya celebraba tradicionalmente sus Juntas Generales. El rey Fernando el Católico había jurado los fueros el 30 de julio de 1476 bajo el árbol de las libertades vascas, que, según el poeta, “no daba cobijo a confesos ni traidores”.

Centro tradicional de la cultura vasca, a lo largo de la historia, Guernica había pasado lo suyo. Peleó en el bando gamboíno en las guerras civiles del siglo XV, y conoció el paso apenas grato de los soldados de Napoleón, el pillaje y las guerras carlistas. En 1521 sufrió un incendio que sólo le dejó el esqueleto. Pero aún faltaba lo peor.

Habían pasado las cuatro y media de la tarde de aquel día, del que hoy se cumplen 77 años, cuando los aviones de la Legión Cóndor, con lo más nuevo de la tecnología de la Alemania nazi, irrumpieron en el diáfano cielo vizcaíno portando muerte y destrucción.

Los civiles vascos que comenzaron a ver sobrevolar los primeros aviones lejos estaban de imaginar que sus asesinos iban a protagonizar una suerte de anticipo del espanto que poco después se multiplicaría en la Segunda Guerra Mundial.

Es que cuando el general golpista Francisco Franco (quien se había sublevado contra el gobierno republicano el 17 de julio de 1936) pidió ayuda a comienzos de la Guerra Civil Española (1936-1938), la Italia fascista de Benito Mussolini y el Tercer Reich alemán de Adolf Hitler se lo concedieron enseguida. Ambos dictadores esperaban lograr en España una victoria rápida que les valdría un aliado a bajo costo y, a la vez, tendrían la oportunidad de probar su nueva maquinaria bélica.

A las cinco menos veinte de la tarde comenzó el horror.

La aproximación del primer avión fue advertida por los centinelas apostados en la caseta del monte Chorroburu, quienes hicieron la señal con la bandera. En la torre de la iglesia de Santa María recogieron el aviso. A los pocos segundos, Guernica estaba bajo el toque a rebato de las campanas. Pero la alarma aérea era frecuente por entonces, por lo que algunos, más perezosos y confiados, dudaron unos segundos con el txikito de vino o la copa de coñac en la mano, tardaron en devolver el cambio a los clientes en las tabernas, o en colocar las hortalizas en un bolso en el mercado.

A muchos otros guerniqueses el ataque los sorprendió con las azadas en la mano mientras trabajaban en sus huertas. El ruido de los aviones era ensordecedor y volaban tan bajo que se podía ver al piloto. Las aeronaves de la Legión Cóndor, comandadas por el teniente coronel Wolfram von Richthofen, de 41 años, eran Heinkel 111, Junker 52 y Messerschmitt 109. Von Richthofen los había preferido a los Stuka, que en el ataque en picado eran precisos, mortíferos.

La razón de la elección radicó en que el ataque aéreo sobre Guernica fue algo más que una simple operación en el mapa de la Guerra Civil Española. La combinación de bombarderos y cazas, el lanzamiento de oleadas de escuadrillas, 43 aviones en total, con la precisión de un reloj suizo, dejaría a Guernica en cenizas, borrada del mapa, con cráteres, fuego, cadáveres, lamentos de heridos, cuerpos carbonizados.

Con la convicción de que el fin justifica los medios, los pilotos alemanes no dudaron un instante a la hora de apretar el botón y dejar caer sobre una población sorprendida e indefensa el catálogo de bombas: las rompedoras, las explosivas, las incendiarias.

La consigna también era volar bajo y ametrallar a campo abierto para causar el mayor pánico posible y que el mundo temblara de terror ante la noticia. Fue un ensayo de lo que más tarde sería la blitzkrieg (guerra relámpago) aérea de Hitler al inicio de la Segunda Guerra Mundial. Un éxito rápido y una medalla más para colgar en el pecho del obeso y morfinómano jefe de la Luftwaffe (Fuerza Aérea alemana), Herman Goering.

El bombardeo duró unas tres horas, destruyó el 70 por ciento de los edificios y mató a campesinos en el mercado y en sus tierras. Murieron más de mil personas de las siete mil que vivían por entonces en Guernica. A pesar de que ambos bandos, republicanos y nacionalistas, habían atacado objetivos civiles con anterioridad, el bombardeo de Guernica fue la acción más salvaje y prolongada de la corta historia de la guerra aérea en territorio español.

Como un Nerón del Tercer Reich, Von Richthofen contempló desde un monte cercano la perfección de su maquinaria de guerra, y se deleitó con el endiablado carrusel que formaban sus aviones. La densa humareda que se alzaba al cielo daba cuenta que Guernica, como Roma, ardía por los cuatro costados. El centro se consumía en llamas. En la iglesia de Santa María una bomba incendiaria rompió el techo y cayó al pie del altar pero no explotó. La apagaron con agua bendita. El párroco de San Juan, el joven padre Eusebio Arronategui, recorría las calles devastadas y daba la bendición a los moribundos mientras mascullaba: “¡Señor perdónalos porque no saben lo que hacen!”.

Los soldados republicanos y los bomberos arrastraban a los heridos y a los cadáveres hacia los refugios o al hospital de campaña de las Carmelitas. Pero los aviones nazis se lanzaban en picada sobre todo lo que se moviera. De Guernica debían quedar sólo cenizas.

Dos horas después del primer bombardeo, el cúmulo de humo, polvo y hollín sobre la villa vasca era tal que los pilotos alemanes accionaban la palanca de las bombas sin saber ya hacia dónde irían a caer. Era la rutina de la destrucción. Hacia las siete y media de la tarde, el bombardeo cesó. Todo se había vuelto oscuro, impenetrable. Cuando cayó la noche, Guernica ardía como una fogata de San Juan.

Los pilotos alemanes celebraron con champán el “impecable” trabajo realizado, pero el Árbol de Guernica, el viejo roble de las libertades vascas, quedó intacto.

El bombardeo fue el ensayo general para la tragedia que se desataría luego sobre todo el mundo. Sirvió de laboratorio donde experimentar los mortíferos métodos que se emplearían, pocos años después, en la Segunda Guerra Mundial. El líder británico Winston Churchill, como siempre, lo diría mejor que nadie: “Guernica fue un horror… experimental”.

La obra de arte de los nazis

El bombardeo de Guernica afectó mucho al artista Pablo Ruiz Picasso. Le habían encargado una pintura para el pabellón español de la Exposición Internacional de París y él pintó el Guernica, un mural emocionadamente devastador sobre el bombardeo. El cuadro causó sensación en París y en Estados Unidos, donde fue enviado al finalizar la Guerra Civil Española. Se dice que en 1940, con París ocupada por los nazis, un oficial alemán, ante la foto de una reproducción del Guernica, le preguntó a Picasso si era él quien había hecho eso. El pintor respondió: “No, han sido ustedes”.

Rubén Alejandro Fraga

Fuente: www.elciudadanoweb.com

Leído en: http://www.ecorepublicano.es/2014/04/se-cumplen-77-anos-del-bombardeo-nazi.html

sábado, 26 de abril de 2014

Declaración de principios

 
Te quiero aunque la brevedad del tiempo
-según las normas y reglas establecidas-
no justifique tal promiscuidad verbal,
ni tal apuro sentimental.
Te quiero desde la noche a la mañana,
porque no sé hacerlo de otra manera.
Te quiero como soy, torpe sin elegancia.
En el desayuno, te quiero despeinada,
sin pintar, mujer, humana.
No correctísima, ni de moda.
Te quiero entre los libros, entre el café,
en ese pequeñísimo rincón de la casa
con sus largas sombras y el polvo añejo.
Te quiero aunque el diario nos sacuda
con noticias de que el mundo
está muerto de miedo,
que la inflación es tan alta
que valen lo mismo las balas que la vida,
y que los muertos mueren más veces
bajo el silencio y las bombas.
Que el FMI asesinó a la alegría
y que el amor se ahorcó
en una habitación de Madrid.
Agitan que la muerte misma
juega a los dados con la gente;
y ya no se puede que querer.
Entonces, aún más te quiero.
Porque ahora querer es subversivo,
te quiero guerrillera, te quiero mi heroína.
Te quiero en el almuerzo y en la cena.
Te quiero entre las sábanas mojadas y
entre esos pequeños
besos somnolientos en el que las bocas
juegan a buscarse desorientadas.
Te quiero cuando con un dedo
busco despertar el calor otrora
encendido en nuestras largas noches.
Te quiero, te quiero, te quiero
aunque esto suene a cursi,
aunque nadie lea esto que escribo.
Te quiero sin metáforas, a pura piel,
liso, llano, simple, así te quiero.
Te quiero de maneras terrestres,
sin astros, ni dioses, ni mercado.
Te quiero aunque no te vea,
te quiero aunque no me hables.
Te quiero aunque no sepas que te quiero,
o si lo sepas, pero aún así no digamos nada.
Alan Arias