Seguidores del Blog:

Previsión del tiempo

domingo, 5 de enero de 2014

Cinema Paradiso: El cuento del soldado y la princesa

Alfredo: -Te contaré una historia. Sólo para ti, Toto. Sentémonos. Hubo una vez un rey que dio una fiesta. Las más hermosas princesas asistieron. Un soldado de la guardia real vio pasar a la hija de rey. Era la más adorable, e inmediatamente el soldado se enamoró. Pero, ¿qué era un simple soldado al lado de la hija de un rey? Un día el soldado se las arregló para verla y le dijo que ya no podía vivir sin ella. La princesa quedó tan impactada por la profundidad de sus sentimientos que le dijo: "Si puedes esperar por 100 días con sus noches bajo mi balcón yo seré tuya". Dicho esto, el soldado salió y esperó un día, dos... luego diez, veinte. Cada noche la princesa lo buscaba y allí estaba él, sin moverse. Siempre allí, lloviera o relampagueara. Las aves se posaban en su cabeza, las abejas lo aguijoneaban, pero él no se movía. Después de 90 noches, se veía seco y pálido. Brotaron lágrimas de sus ojos. No pudo detenerlas. No tuvo ni siquiera fuerzas para dormir. Y todo ese tiempo, la princesa lo observaba. Cuando la nonagésima novena noche llegó... el soldado se levantó, tomó su silla, y se marchó...
Toto: -¿Qué? ¿Justo al final?
Alfredo: -¡Justo al final, Toto! No me preguntes qué significa, no lo sé. Si logras descifrarlo, me lo dices.
Ayer, en clase de relatos, nos pusieron esta escena de la película de Giuseppe Tornatore que ganó el Óscar a la mejor película en lengua no inglesa de 1989 y un Globo de Oro Al acabar, el profe nos preguntó cómo interpretábamos la decisión del soldado de levantarse cuando sólo quedaba un día para finalizar la prueba y marcharse con viento fresco.
Éstas fueron las respuestas:
- Por despecho: Porque la princesa, que en ningún momento hizo gesto alguno para aliviarlo, en el fondo no merecía su amor.
 - Por temor: Porque durante esos noventa y nueve días había idealizado de tal manera la figura de la princesa que temió desilusionarse cuando conviviera con ella. Y prefirió vivir de la ilusión.
 - Por amor: Porque prefirió no obligar a la princesa a cumplir por la fuerza la promesa. Dejando la decisión a ella.
En la nueva versión de la película se da la siguiente explicación:
 
Toto:- ¿Recuerdas la historia del soldado y la princesa? Ahora entiendo por qué el soldado se fue justo al final. Una noche más y la princesa hubiera sido suya. Pero no había manera que ella pudiera mantener su promesa. Y eso hubiera sido demasiado cruel. Lo hubiera matado. De esta forma, al menos durante 99 noches, él vivía con la ilusión de que ella estaba allí, esperando por él.
¿Qué creéis? ¿Tenéis otra interpretación diferente?

sábado, 4 de enero de 2014

Como un nombre


Qué quedó de aquella noche
que en palabras se nos fue
solo un nombre que olvidé al amanecer,
pero ahora sueño con volver
a este amor que entonces fue
solo un nombre que olvidé al amanecer.
Quisiera recordarte como un nombre
sin darte más valor que el que te diera ayer,
quisiera recordarte como un nombre
pero qué puedo hacer si te quiero sin querer,
pero qué puedo hacer...
Pensar que estoy viviendo
del recuerdo del que fue
solo un nombre que olvidé al amanecer.
Quisiera recordarte como un nombre
sin darte más valor que el que te diera ayer,
quisiera recordarte como un nombre
pero que puedo hacer si te quiero sin querer,

viernes, 3 de enero de 2014

El hombre sabio

El sabio se mantiene alejado de la rivalidad, de la codicia y de la confusión producida por los deseos. El sabio es feliz al vivir, es bondadoso y armoniza con todos, es sincero al hablar, equilibrado y recto en el trabajo y en la vida. Cuando acaba su obra, se retira oportunamente, su respiración es fresca como la de un niño, y busca siempre beneficiar a los hombres. 
 
El sabio es difícil de comprender, es cauteloso como quien atraviesa un río en invierno, prudente como quien tiene enemigos, reservado como el huésped de una casa, sencillo como la madera, tranquilo como un valle y profundo como las aguas de un lago. El sabio posee poco porque se ha olvidado de las cosas, su presencia es modelo para todos los hombres. No se muestra, por eso resplandece, no se vanagloria, por eso sobresale, no se exalta, por eso merece elogio, es humilde y se mantiene íntegro. Permanece independiente, aunque viva rodeado de gloria y esplendor nunca pierde la paz. 
 
El sabio no es impetuoso, y nunca pierde el dominio de sí mismo. El sabio no ofende a nadie, y nunca halla motivo para rechazar a nadie. El sabio es aquel que se conoce a sí mismo, que quiere conquistarse a sí mismo, más que conquistar a otros. El sabio, contemplado, no parece digno de ser mirado, oyéndolo, no parece digno de ser escuchado, sin embargo, contiene en sí todas las virtudes. El sabio parece que no hace nada y, sin embargo, nada queda sin realizar. El sabio hace del corazón de los demás el suyo propio. Con el bueno, obra de forma buena, con el malo, obra de buena forma. El sabio se parece a un niño, nada ni nadie le daña. El sabio se da cuenta de las cosas que para los demás pasan inadvertidas, y estima por igual las grandes y las pequeñas. El sabio no combate, mas siempre vence, y no teme a la muerte. El sabio es, en fin, quien está en armonía con la naturaleza. (Tao Te King)

martes, 31 de diciembre de 2013

¿Quién se atreve?

Gallardón, el emperador de los úteros. Parece una cosa medieval. La historia de un hombre que sueña con pastorear el órgano reproductor de las hembras. Y que lo consigue. ¿Hay perversión mayor? Poseer un corral del tamaño de un país en el que permanezcan encerradas las vaginas de las mujeres, sus matrices, sus trompas de Falopio, los óvulos que desde las trompas ruedan hasta esa dimensión sagrada (“el aborto es sagrado”); tomar venganza de no haberse dado a luz a sí mismo; regresar, ahora como tirano, al paraíso del que se fue desalojado al nacer. Y sin el peligro de acabar en la cárcel como esos monstruos que raptan a las jóvenes y las reducen en sus sótanos a un ganado doméstico; como esos piernas sin educación que las animalizan hasta que las chicas logran asomar una mano por la ventana para escándalo de las sociedades biempensantes, que tanto hacen sin embargo para favorecer la dominación descrita más arriba.
No, no. Las cosas bien hechas: desde el corazón de la ley, desde la autoridad que proporciona ser el ministro de Justicia y exhibiendo, por si fuera poco, maneras de cardenal, de príncipe, manifestándose con el cinismo propio de un monseñor Camino. Desde esa inviolabilidad civil y eclesiástica a la vez, domesticar el sexo de ellas. Colocar una frontera de concertinas entre la voluntad de las mujeres y su vientre. De aquí hacia abajo, todo mío, de mis jueces, de mi capricho, de mis policías, de mis desórdenes venéreos, de mis fantasías más negras, de mis frustraciones menos confesables. Todo este territorio, desde la cintura hasta el nacimiento de los muslos, me pertenece ahora sin peligro porque yo soy la ley y porque me gusta la música y porque soy culto y porque pertenezco a una de las mejores familias del franquismo. Y porque a ver quién se atreve, con lo demócrata que parezco, a rechistarme.
 
Juan José Millás para El País

domingo, 29 de diciembre de 2013

Mi coño


Es bastante probable que a simple vista parezca que tengo un coño normal: tiene sus labios (internos y externos), su clítoris justo encima, su vagina en medio, su vello púbico (más del que me gustaría)… absolutamente nada con lo que sorprender al personal (con el gustazo que tiene que dar ser hermafrodita). Pero, desde mi punto de vista, mi coño tiene una particularidad bestial: es mío, y yo decido lo que entra y lo que sale de él.
 
Cuando una mujer es consciente de su sexualidad y de su cuerpo, que no es ni más ni menos que una parte importantísima de su vida, sabrá qué tiene que hacer con su coño. Del mismo modo en que aprendimos a no meter los dedos en los enchufes (sinceramente, no conozco ningún caso de muerte por choque eléctrico) o a no echar las piernas a la vía del tren, sabemos lo que hacer con nuestros órganos sexuales. Cualquier mujer inteligente, que sepa utilizar sus manos y sus piernas y alimentarse solita sabrá cómo utilizar su coño. Las mujeres, señor Ministro, no somos deficientes por defecto. Puede que usted haya tenido malas experiencias, pero le advierto que abusar de una persona deficiente no está bien visto. Ni siquiera en España.
 
Dicho esto, yo me considero una mujer competente, autónoma y lo suficientemente adulta como para saber si quiero procrear o no. Del mismo modo, considero que absolutamente todas las mujeres que conozco y con las que tengo relación: mis amigas, mis compañeras de trabajo, la dependienta del Zara, la de la gasolinera, la contable de mi padre, mi madre o mis cuñadas, están sobradamente capacitadas para saber qué hacer con sus respectivos coños. Lo cual, además, no deja de ser una decisión personal que de ninguna manera me afecta a mí. Bastante trabajo me da el mío (depilaciones, citologías, menstruaciones…) cómo para preocuparme del de la vecina.
 
Pero partiendo cómo partimos del principio de que la inmensa mayoría de la población española es medianamente inteligente me pregunto yo qué coño –con perdón- le importará a usted señor Ministro, a la Iglesia y a la panda de fachas que pasean carteles asquerosos mientras defienden guerras que matan a niños (de los carne y hueso), lo que sale de MI COÑO.
 
Porque yo follo con quien quiero, Alberto. Y cómo quiero. Como soy una mujer inteligente, utilizo métodos de anticoncepción que, dicho sea de paso, son una barrera contra las indeseables enfermedades de trasmisión sexual. Sepa también, que prácticamente ningún hombre –inteligente, a mi entender- con el que me he acostado se negaría a tener sexo sin protección la primera noche. Y que algunos hombres –inteligentes, por supuesto-, lo pidieron expresamente. Si yo, nublada por el calentamiento o por el amor que sentía hacia esa persona, hubiese cedido y hubiese aceptado mantener relaciones sin preservativo quizá me hubiese quedado embarazada. Quizá también me podría haber quedado embarazada con mi pareja, por haber jugado algún día más de la cuenta –las relaciones son un juego de dos, a mí la masturbación no suele embarazarme-, porque falló el método anticonceptivo –fallan, se lo aseguro- o porque esa persona me obligó a hacerlo. Afortunadamente, a mí no me ha pasado. Pero si me hubiese pasado, yo, mujer inteligente, hubiese querido abortar.
 
¿Sabe por qué? Tengo 27 años, he estudiado, soy profesional y NO quiero ser madre en estos momentos. Además, creo que tengo derecho a equivocarme como usted y como alguno de sus cuatro hijos, que, seguro, alguna vez debieron de haber practicado sexo sin haber convertido ese polvo en un ser humano.
 
Tengo derecho a abortar sin ser estigmatizada por ello y a hacerlo en las condiciones médico-sanitarias que se esperan de un país europeo en el año 2014. Tengo derecho a no joderme la vida porque un día algo salió mal y ni usted, ni mis padres, ni un cura, ni un psiquiatra ni el mismísimo Dios aparecido en la Tierra pueden negarme mi derecho a decidir lo que sale de MI coño.
 
Porque entonces, cuando yo y otras mujeres demos a luz, y en el hipotético caso de que todo saliese bien, tendrían usted y su gobierno que hacerse cargo de todos los hijos no deseados que llevan mala vida porque sus padres simplemente, no estaban preparados. O no podían darle un hogar. O no se conocían casi entre ellos. O no podían alimentarlos correctamente, o comprarles sus medicinas. Cosa, que, como bien sabrá, pasa cada día en España. Una nación que tiene el vergonzoso honor de tener a casi un 30 por ciento de la población infantil viviendo bajo el umbral de la pobreza, sólo por detrás de Bulgaria y Rumanía en el conjunto de los 27 países de la Unión Europea.
 
¿Sabe usted, señor Ministro, cuántos niños hay tirados ahora mismo en las calles de España? ¿O sin calefacción? ¿Y sabe los que comen todos los días lo mismo? ¿Se ha preocupado de conocer a aquellos que llevan los zapatos rotos al colegio? ¿Y a los que no han podido comprar un abrigo este año? ¿No le dan pena? A mí, sí. Lo que no me da pena es un embrión de pocas semanas que, sintiéndolo mucho señor Ministro, ni siente ni padece y que, efectivamente, podría convertirse en algo mucho más importante y entonces sí –y no antes- merecería toda su atención y la de su gobierno. Mientras tanto, amantes como son de la vida, deberían de preocuparse de que yo y el resto de las mujeres de este país tengamos una vida digna, estemos sanas y traigamos hijos deseados al mundo que tendremos que cuidar, inteligentemente, el resto de nuestras vidas.
 
A veces cuando lo escucho, señor Ministro, me hace sentir usted como mi gata. Le contaré que he tenido que esterilizarla porque la pobre no dejaba de traer hijos al mundo que no podía mantener, ni yo tampoco. Ella, simplemente, se acostaba con varones sin saber lo que hacía ni sus consecuencias. Tuvo dos partos múltiples. Como mi gata es un animal, si yo hubiese querido habría abandonado a todas esas crías, o las habría matado –qué más da, son gatos- Pero no hice eso, me preocupé de cuidar a cada uno de esos gatitos y de buscarles un hogar donde los quisiesen. Me preocupé, además, de llevar a mi gata al veterinario cuando enfermó después del parto –y de pagarlo-. Y después, me responsabilicé de que mi preciosa gata no volviese a quedarse embarazada otra vez. Porque no me gusta abandonar a los animales. Y menos, a las personas. Ojalá ustedes cuidasen a las ciudadanas de este país tanto como yo a mi gata.
 
 
Genial, a ver si lo lee el Sr. Ministro... y espabila un poco.

sábado, 28 de diciembre de 2013

La rueda de presa de Rajoy

Creo que el discurso de Rajoy le ha gustado mucho a los parados, a los enfermos, a los enfermos dependientes, a los enfermos en lista de espera, a los emigrantes, a los que cobran el salario mínimo, a los que ni siquiera lo cobran y se les ha acabado la limosna social, a los desahuciados, a los ahorradores estafados, a los catalanes, a las mujeres que desee abortar… Muere el año, y, con su impronta decimonónica, el presidente del Gobierno nos sigue contando mentiras, vejándonos y humillándonos. Este hombre es un cínico profesional.
 
Con la mayor desfachatez imaginable nos dice que este año ha sido muy duro, como si no lo supiéramos, pero que el próximo será mucho mejor porque ya estamos saliendo de la crisis y han superado las dificultades que recibieron. ¿Por qué tenemos que creer a este sujeto? Rajoy demediado, porque desgraciadamente la mitad del país le cree. Aquéllos a quienes ha defendido, y aquéllos de cerebro táctil. Él y sus ministros dicen unas cosas y hacen otras. Como el repelente niño Vicente, Gallardón quien impasible afirma que sí, que él tendría un hijo con graves malformaciones, criterio respetable si no lo impusiera a las mujeres. Con este señor España se declara enemiga de los millones de asesinos europeos de los estados más cultos y avanzados para las interrupciones de embarazo. España en la negra luz del retraso histórico.
 
Cómo es posible la crueldad infinita de este Presidente que sin sonrojo permite que haya españoles hambrientos, niños incluidos, españoles que pasan frío por no poder encender la calefacción o una estufa, por qué vamos a creerle y no escupirle mentalmente? ¿Qué presidente es éste que no es capaz de solucionarlo, ya no con medidas drásticas contra las compañías capitalistas de la electricidad sino ni siquiera instar y obligar a todos, todos, los organismos públicos de hasta el último rincón del país a que reduzcan dos grados la temperatura de sus calefacciones y emplear el ahorro en que no enfermen de frío quienes no pueden pagarlo? Usted arteramente carga las culpas en el anterior responsable, pero calla lo del verdadero causante, el anterior del anterior, con independencia de que el anterior también lo sea. Usted trata de engatusarnos con el caramelo de lo transitorio y trimestral de ese 2,3% que presenta como un triunfo. Usted no hace más que engañar.
¿No se avergüenza, y no me importa que sea publicidad, y si me echan que me echen, no se avergüenza, digo, que Leche Pascual y Cruz Roja hayan tenido que impulsar una campaña para donar un vaso de leche, un vaso de leche, a repartir por Cruz Roja entre los necesitados, pulsando un solo clic gratuito en la página web www.hacerclicnocuestanada.es, y para vergüenza también nuestra al saber que solo se han conseguido hasta el momento 40.000 ‘clics’, cuando si tuviéramos mínima solidaridad deberían conseguirse al menos 40 millones de clics, gratuitos, repito, en nuestro ordenador. Por favor, hagan clic en www.hacerclicnocuestanada.es.
 
¡Qué país escorial es éste, que ahora nos quiere vender el Presidente, ansioso por irse a comer centollas a su pueblo! ¡Y viene el tío con discursitos y apariencias modosas y moderadas! Con los ciudadanos con la angustia en un puño con el que aún no se atreven a golpear. Hoy el señor Rajoy ha ofendido gravemente a los españoles. No ha nacido el escritor capaz de narrar las desventuras procaces de nuestra sanidad, y que en este modestísimo blog de vez en cuando refleja la maravillosa comentarista matinada.
 
Lo peor e imperdonable es que antes en fin de año manteníamos una esperanza limpia y ahora este Gobierno con su presidente han conseguido que la esperanza sea sucia y difícilmente creíble. España, en contra de lo que él afirma, ha dejado de ser un país respetable ni respetado. ¿O acaso no estamos todos más tristes y preocupados que el año pasado, y que el anterior, y que el anterior…? Usted, para justificarse contó, la mentira de que estábamos al borde del abismo, y ahora nos cuenta la de que nos estamos alejando cuando en realidad estamos cayendo en el abismo de la indignidad ética, social, política y económica. Usted ha empobrecido a unos y enriquecido a otros, y eso lo oculta. De modo que no nos venga con más monsergas. Usted ha causado un enorme sufrimiento a los españoles, innecesario por injusto. (Por cierto, que ni un solo periodista le ha preguntado por la desigualdad social a que ha llevado al país, por las brutales diferencias económicas entre los españoles). Usted ha practicado la corrupción política del engaño. Usted se encierra en la urna de la patria, usted nos cuenta el brillante camelo de que la soberanía reside en el pueblo español para no entrar al diálogo con Catalunya. ¿De verdad cree usted que la soberanía reside en el pueblo? Con gusto estrenaríamos con usted y contra usted y su Gobierno el cañón de agua del camión que han comprado para reprimir manifestantes. Labordeta le saluda, señor Presidente.