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Previsión del tiempo

jueves, 7 de noviembre de 2013

Mario Benedetti: Espero

Te espero cuando la noche se haga día,
suspiros de esperanzas ya perdidas.
No creo que vengas, lo sé,
sé que no vendrás.
Sé que la distancia te hiere,
sé que las noches son más frías,
Sé que ya no estás.
Creo saber todo de ti.
Sé que el día de pronto se te hace noche:
sé que sueñas con mi amor, pero no lo dices,
sé que soy un idiota al esperarte,
Pues sé que no vendrás.
Te espero cuando miremos al cielo de noche:
tu allá, yo aquí, añorando aquellos días
en los que un beso marcó la despedida,
Quizás por el resto de nuestras vidas.
Es triste hablar así.
Cuando el día se me hace de noche,
Y la Luna oculta ese sol tan radiante.
Me siento sólo, lo sé,
nunca supe de nada tanto en mi vida,
solo sé que me encuentro muy sólo,
y que no estoy allí.
Mis disculpas por sentir así,
nunca mi intención ha sido ofenderte.
Nunca soñé con quererte,
ni con sentirme así.
Mi aire se acaba como agua en el desierto.
Mi vida se acorta pues no te llevo dentro.
Mi esperanza de vivir eres tu,
y no estoy allí.
¿Por qué no estoy allí?, te preguntarás,
¿Por qué no he tomado ese bus que me llevaría a ti?
Porque el mundo que llevo aquí no me permite estar allí.
Porque todas las noches me torturo pensando en ti.
¿Por qué no solo me olvido de ti?
¿Por qué no vivo solo así?
¿Por qué no solo...
Mario Benedetti

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Rosa Montero: Raro, muy raro

Cada vez tengo más claro que estamos viviendo dentro de una novela de ciencia ficción. Imagina un pequeño territorio de ricos rodeado de una vasta franja desolada de mares furiosos y tierras baldías, un espacio letal que hordas de paupérrimos intentan cruzar todos los días para alcanzar la zona de privilegio. Casi todos fracasan y fallecen: ahogados en el mar o muertos de sed en mitad del desierto (como sucedió en el Sáhara la semana pasada: los cadáveres de las madres aparecieron abrazando a sus niños). En cuanto a los pocos que logran llegar hasta las murallas del territorio rico, elevadas defensas de alambre con cuchillas les cortan los dedos, les desgarran las carnes, les mutilan (como las verjas cuajadas de cuchillas de Ceuta y Melilla: se pusieron en tiempos de Zapatero y el escándalo hizo que las quitaran, pero ahora el PP ha vuelto a colocar esta ignominia). Y, mientras la vida va dejando oleadas de cadáveres y un reguero de sangre a los pies del muro, en el interior de la zona elitista la gente sufre problemas tan extraños como el de tener que retirar miles de prótesis mamarias.
 
No lo digo para burlarme, porque el fraude de las prótesis es un drama: se rompen y causan inflamación de los ganglios linfáticos, infecciones y fuertes dolores. Hay unas 20.000 mujeres afectadas en España, y solo el 5%, las operadas por razones médicas, será atendido por la SS. Las demás lo hicieron por estética, pero ahora muchas no tienen dinero para arreglar el estropicio: también hay pobres en la tierra de los ricos. Y lo peor es que muchos piensan que esas mujeres se lo tienen de algún modo merecido. Yo detesto estas cirugías plásticas, pero creo que es muy hipócrita que una sociedad que tiraniza a las mujeres con un ideal estético imposible las considere culpables de plegarse a la presión. En fin, que este mundo es en verdad raro, muy raro.
 
Rosa Montero
Leído en: http://elpais.com/elpais/2013/11/04/opinion/1383583976_317874.html

martes, 5 de noviembre de 2013

Carta a un comunista

Mi postura personal frente al comunismo no es difícil de formular. El comunismo (bajo el cual esencialmente, entiendo los objetivos y pensamientos del antiguo Manifiesto marxista) está en camino de conseguir su realización en el mundo, y éste se halla maduro para ello, no sólo desde que el sistema capitalista presenta tan claros síntomas de decadencia, sino también desde que la socialdemocracia de “mayorías” ha abandonado por completo la bandera revolucionaria. Para mí, el comunismo no sólo está justificado, sino que lo considero lógico. Llegaría y vencería aunque todos estuviéramos en contra. Quien hoy esté de parte del comunismo, afirma el porvenir. Aparte del “sí” que mi entendimiento da a su programa, ha hablado en mí, desde que vivo, una voz a favor de quienes padecen; siempre estuve de parte de los oprimidos y contra los opresores; de parte del acusado y contra los jueces, y de parte de los hambrientos y contra los atiborrados. La única diferencia reside en que nunca se me hubiera ocurrido llamar comunistas a esos sentimientos que considero naturales, si no cristianos. Bien: creo, con usted, que el camino marxista, que pasa por encima del capitalismo moribundo en dirección a la liberación del proletariado, es, en efecto, el camino del futuro, y que el mundo debe seguirlo, quiera o no. Hasta este punto estamos de acuerdo. Pero ahora usted preguntará seguramente por qué yo, si creo en la razón del comunismo y defiendo a los avasallados, no me uno a usted en la lucha y pongo la pluma al servicio de su Partido. La respuesta a esto ya es más difícil, porque se trata de aquí de cosas que para mí son sagradas y obligatorias, mientras que para usted apenas existen. Yo rechazo totalmente, y con firme decisión, convertirme en miembro del Partido o poner mi trabajo literario al servicio de su programa, pese a que la perspectiva de tener hermanos y camaradas, de vivir en comunidad con un mundo de correligionarios, sería sumamente atractiva. Pero es que, en realidad, no pensamos igual. Porque, aunque yo apruebe sus objetivos o, para decirlo más claramente, aunque crea que el comunismo está maduro para subir al poder y hacerse cargo, con ello, de la tremenda responsabilidad, empezando por la necesidad de cargar con la sangre y la guerra, para mí eso no tiene más importancia que cuando, en noviembre, pienso que ya está próximo el invierno. Creo en el comunismo como programa para las horas venideras de la humanidad; lo considero indispensable e ineludible. Sin embargo, no creo que el comunismo pueda dar mejores respuestas a las grandes preguntas de la vida que cualquier otra doctrina anterior. Creo que, después de cien años de teoría y del gran intento ruso, ahora no tiene sólo el derecho, sino también la obligación de realizarse en el mundo, y creo y espero sinceramente que conseguirá suprimir el hambre y librar a la humanidad de una gran pesadilla. Pero que con ello se logre lo que las religiones, las legislaciones y las filosofías de pasados milenios no pudieron conseguir, es cosa que no creo. Que el comunismo, aparte de su razón de defender el derecho de todo hombre a que no le falte el pan y se le reconozca su valor, sea mejor que cualquier otra forma anterior de fe, no lo creo. Tiene sus raíces en el siglo XIX, en medio del más árido y presuntuoso dominio del intelecto, de un sabihondo imperio de profesores, carente de fantasía y amor. Carlos Marx aprendió su modo de pensar; es extraordinariamente parcial e inflexible: su genialidad y justificación no reside en un espíritu más elevado, sino en su decisión de actuar. Si hoy estuviéramos en 1831, en lugar de tener ya el año 1931, yo, como poeta y escritor, probablemente sentiría gran preocupación por los problemas y las amenazas del mañana y pasado mañana, dedicando todas mis fuerzas, durante algún tiempo, al estudio del inminente cambio. Así lo hizo el poeta Heinrich Heine entonces, y durante un cierto tiempo, quizás el más fecundo de su vida, fue en París el amigo y colaborador del joven Carlos Marx. Pero hoy, ese mismo Heine volvería a preocuparse más por el mañana y el pasado mañana que por la realización de lo que ha quedado reconocido ya, desde hace tiempo, como acertado y digno de ser llevado a cabo. Hoy reconocería sin duda que el socialismo ha dejado atrás su escuela y tiene que asumir el dominio del mundo o, de lo contrario, está listo. Y aprobaría este proceso, la conquista del mundo por los comunistas, y lo encontraría bien, mas no sentiría el impulso, en su persona, de tener que ayudar a tirar de un carro que con tanto empuje rueda por sí solo. El poeta no es ni más ni menos importante que el ministro, el ingeniero el tribuno, pero sí es totalmente distinto a ellos. Un hacha es un hacha, y con ella se puede cortar madera o, también, cabezas. Un reloj o un barómetro, en cambio, tienen otras funciones, y si con ellos pretendemos cortar leña o cabezas, se romperán sin que nadie haya obtenido provecho alguno. No es ésta la ocasión para enumerar y explicar los deberes y funciones del poeta como instrumento especial de la humanidad. Quizás sea una especia de nervio, en el cuerpo de la humanidad; un órgano destinado a reaccionar ante delicados avisos y menesteres, un órgano cuya función es la de despertar, advertir y llamar la atención. Mas no es un órgano con el que se puedan redactar anuncios y colgarlos, y no se prestar para pregonarlo a grandes gritos en el mercado, pues su fuerza no reside en el volumen de la voz. Eso queda para Hitler. De cualquier forma, y sean sus funciones unas u otras, el poeta sólo tiene un valor y sólo merece que se le tome en serio si no se vende y no permite abusos con él, si prefiere sufrir o morir que ser infiel a lo que considera su vocación. Carlos Marx tuvo mucha comprensión para la poesía y el arte del pasado; por ejemplo, para todo lo griego, y si bien en algún punto de su doctrina no fue, quizá, totalmente sincero, pudo deberse a que, pese a ser conocedor de las artes, no vio en ellas un órgano de la humanidad, sino sólo un trocito de “superestructura ideológica”. Precisamente quisiera advertiros a vosotros, los comunistas, del peligro que pueden constituir aquellos poetas que os ofrezcan y se presten para pregoneros y combatientes. El comunismo tiene muy poco de poético; ya era así en tiempos de Marx y ahora lo es todavía más. El comunismo, como toda gran ola de poder material, llegará a constituir un serio peligro para la poesía; tendrá poco sentido de la calidad y, con paso tranquilo, aplastará gran número de cosas hermosas sin lamentarlo siquiera. Traerá consigo grandes cambios y un nuevo orden, hasta que esté edificada la nueva casa para esa nueva sociedad, por doquier abundarán los escombros, y nosotros, los artistas, nos veremos desplazados si tenemos que hacer de peones. La gente aún se reirá más de nosotros y de nuestras rebuscadas preocupaciones, tomándonos todavía menos en serio que en tiempos de la burguesía. Mas en la nueva casa de la humanidad volverá a imperar muy pronto el descontento, y tan pronto se haya desvanecido el miedo al hambre, se demostrará que también el hombre del futuro y de la masa posee un alma, y que ésta crea en su interior sus propios tipos de hambre y necesidades, deseos y sueños, y que los impulsos y las necesidades y los deseos y los sueños de esta alma participan extraordinariamente en todo lo que la humanidad piensa y hace y ansía. Y será un bien para la humanidad que, entonces, haya hombres entendidos en las cosas del alma: artistas, poetas, entendedores, consoladores e indicadores del camino a seguir. De momento, vuestras tareas son claras de ver. Vosotros, los comunistas, tenéis un programa claramente establecido que realizar y es vuestro deber defenderlo. Actualmente, vuestra labor parece mucho más clara, más necesaria y seria que la nuestra. Pero eso cambiará, como ha cambiado ya tantas veces. Con el derecho del combatiente tal vez mataréis a este o aquel poeta, porque compone cantos de guerra para vuestros enemigos, y probablemente se demostrará, después, que no era un verdadero poeta, sino únicamente un redactor de cartelones. Pero os equivocaréis en perjuicio vuestro, si creéis que un poeta es un instrumento del que la clase que gobierna en ese momento pueda servirse como de un esclavo o de un talento comprable. Os llevaréis un chasco con vuestros poetas, si no cambiáis de opinión, y sólo quedarán pegados a vosotros los que no valen nada. A los auténticos artistas y poetas los reconoceréis, en cambio, si es que algún día decidís preocuparos de ellos, en que tienen un indomable afán de independencia y dejan inmediatamente de trabajar cuando se les quiere obligar a trabajar de forma distinta a cuanto les dicta la conciencia. No se venden por mazapán ni por apetitosos altos cargos, prefieren que les maten antes que ser objeto de abuso. En eso les reconoceréis. (1931.)
 
HERMANN HESSE.- CARTA A UN COMUNISTA

lunes, 4 de noviembre de 2013

La salud y las relaciones de pareja

¿Sabías que tener novia o novio puede afectar desde el sueño hasta la presión arterial? Seguramente has escuchado decir a lagunas personas que su situación sentimental “es complicado”. De lo cual se puede partir para afirmar que una relación puede afectar el bienestar de la pareja.

ESTRÉS: Hacer el amor mejora tu salud: un estudio publicado en 2009 por el Journal of Sexual Medicine dice que las personas que tienen relaciones sexuales frecuentemente son mentalmente más saludables. Además que mantienen una vida en pareja más satisfactoria. Está claro que el sexo es solo una parte de una relación sentimental, pero, a su vez, los beneficios del sexo cumplen funciones saludables a la hora de convivir con otra personas.

PRESIÓN ARTERIAL ALTA: Según estudios científicos las personas que tienen un matrimonio feliz, suelen sufrir menos de las consecuencias de la presión arterial alta. De hecho, los problemas en pareja hacen que las personas se enfermen de hipertensión mucho más rápido que las personas solteras o separadas.

INSOMNIO: Cuando duermes al lado de la persona que amas puedes sentirte más tranquila/o y disfrutas más del sueño, siempre y cuando esa otra persona no ronque o se mueva mucho en la cama. Cuando esto ocurre se puede padecer de insomnio, y luego traerá consigo otros problemas como la fatiga, de allí que se afirme que los problemas para conciliar el sueño derivan en problemas de pareja.

AUMENTO DE PESO: Casarse ayuda a subir de peso; algunas parejas suelen dejar de lado sus rutinas de ejercicio por motivos íntimos y variables. Muchas veces para estar más tiempo juntos, etc… Lo correcto es que una pareja deba decidirse a llevar una dieta saludable, ir al gimnasio, y proponerse metas juntos para mantener una buena imagen personal.

ANSIEDAD EN EL MATRIMONIO: Se ha comprobado que los problemas maritales son causantes de la ansiedad y desequilibrios emocionales. En 2010, la Organización Mundial de la Salud, estudió a 35.000 personas de 15 países diferentes y concluyó que aquellas personas que se sentían felizmente casadas, tenían bajos niveles de ansiedad.

Siempre debes tener presente que una pareja está para que te haga feliz y que te aporte cosas buenas y viceversa; de lo contrario, las relaciones de pareja pueden afectar a la salud negativamente.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Mario Benedetti: La gente que me gusta

Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace. La gente que cultiva sus sueños hasta que esos sueños se apoderan de su propia realidad. Me gusta la gente con capacidad para asumir las consecuencias de sus acciones, la gente que arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien se permite huir de los consejos sensatos dejando las soluciones en manos de nuestro padre Dios.
 
Me gusta la gente que es justa con su gente y consigo misma, la gente que agradece el nuevo día, las cosas buenas que existen en su vida, que vive cada hora con buen ánimo dando lo mejor de sí, agradecido de estar vivo, de poder regalar sonrisas, de ofrecer sus manos y ayudar generosamente sin esperar nada a cambio.
 
Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, pero sin lastimarme ni herirme. La gente que tiene tacto.
 
Me gusta la gente que posee sentido de la justicia.
 
A estos los llamo mis amigos.
 
Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría y la predica. La gente que mediante bromas nos enseña a concebir la vida con humor. La gente que nunca deja de ser aniñada.
 
Me gusta la gente que con su energía, contagia.
 
Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos razonables a las decisiones de cualquiera.
 
Me gusta la gente fiel y persistente, que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.
 
Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza en reconocer que se equivocó o que no sabe algo. La gente que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.
 
La gente que lucha contra adversidades.
 
Me gusta la gente que busca soluciones.
 
Me gusta la gente que piensa y medita internamente. La gente que valora a sus semejantes no por un estereotipo social ni cómo lucen. La gente que no juzga ni deja que otros juzguen.
 
Me gusta la gente que tiene personalidad.
 
Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano, es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón.
 
La sensibilidad, el coraje, la solidaridad, la bondad, el respeto, la tranquilidad, los valores, la alegría, la humildad, la fe, la felicidad, el tacto, la confianza, la esperanza, el agradecimiento, la sabiduría, los sueños, el arrepentimiento y el amor para los demás y propio son cosas fundamentales para llamarse GENTE.
 
Con gente como ésa, me comprometo para lo que sea por el resto de mi vida, ya que por tenerlos junto a mí, me doy por bien retribuido.
 
Mario Benedetti

sábado, 2 de noviembre de 2013

Guía exprés para escribir mejor

Hace muchos años, un profesor me envió un texto complejo sobre los cambios en la Ley del Impuesto de la Renta. Antes de publicar ese texto, le pedí permiso para trastear. Con ciertos trucos exprés, le di al texto un aire más ameno. Se publicó en un medio.
Una semana después, el profesor me contactó lleno de asombro. Le habían llamado para ocupar una dirección general, para un puesto en un despacho, así como para dar charlas por toda España. ¡Qué poder tiene la prensa!, confesó. “Son los trucos para escribir mejor”, fue mi respuesta.
 
¿Cuáles son esos trucos? Ahí van algunos.
 
Primero. Trata de quitar las palabras que tengan cuatro sílabas o más. Así dirás más cosas en menos tiempo. La prueba es que, hasta esta línea, no he usado ninguna palabra de cuatro sílabas. ¿Cómo se hace eso? Es una cuestión óptica, no métrica. Cuando veo pequeñas salchichas de letras, me detengo por instinto y busco otras más cortas… si es posible.
 
Segundo. Evita los adverbios que acaban en ‘mente’. Por ejemplo, antes, podía haber escrito “me detengo instintivamente”, pero preferí decir “por instinto”. Son dos palabras en lugar de una, pero se leen mejor porque tienen menos letras: once contra quince. García Márquez dice que esos adverbios alargan mucho las palabras: consecutivamente, paralelamente, consecuentemente, lógicamente, temporalmente…
 
Tercero. Suprime la mayor parte de los conectores. Por ejemplo (y acabo de poner un conector): por tanto, por consiguiente, de ahí que, en consecuencia, así pues, por consiguiente, por lo tanto, por eso, por lo que sigue, por esta razón, entonces, entonces resulta que, de manera que, lógicamente, análogamente, del mismo modo…
 
Cuarto. Cuando acabes tu gran texto, coge un boli rojo y suprime los dos primeros párrafos. Ahora vuelve a leerlo y verás que el planeta no se ha perdido nada relevante porque, en realidad, estabas calentando los motores y pusiste un montón de ideas repetidas o sin fuerza.
 
Quinto. No uses dos adjetivos. Los epítetos no son la Guardia Civil. No tienen que ir de dos en dos. “Los resultados fueron abrumadores y exorbitantes”. Basta con “abrumadores”.
 
Sexto. No escribas oraciones largas. Resume. “La tarea y los desafíos que están empedrando y dificultando de forma crucial nuestro devenir como potencia mediana están más allá de cualquier decisión resolutiva, incluso, de las decisiones de las llamadas superpotencias, lo cual nos empuja de forma inexorable a la búsqueda de zonas de coexistencia para sumar los esfuerzos, los acuerdos, y poner en marcha medidas de gran calado”. En realidad eso quiere decir: “Ni las grandes potencias pueden resolver las dificultades diarias, y por eso deben cooperar”.
 
Séptimo. Sustituye los sustantivos por verbos. No digas “el Gobierno está a la espera de una solución”, sino “el Gobierno espera solucionar”. Los verbos son más poderosos que los sustantivos.
 
Octavo. No te pases de erudito porque no llegarás al pueblo. Es uno de los errores más comunes en España porque aquí lo importante es crear apariencias. Los catedráticos escriben para catedráticos, y los científicos para los científicos. Recuerda a Stephen Hawking, que no puso una sola fórmula matemática en su libro Breve historia del tiempo. (Bueno, sólo una, la única que conocemos todos: E=m.C2).
 
Noveno. Para mí el más importante: cuenta una historia. Humaniza tu artículo, tu carta al accionista, tu informe, tu charla. Hazlo contando un cuento a los lectores. Los grandes directivos de EEUU son grandes comunicadores porque cuentan unos cuentos extraordinarios: Jobs (¿has visto su discurso de apertura del año académico de Stanford?), Buffett (¿has leído sus cartas al accionista?)
 
Esto es un resumen del librito que acabo de publicar en Amazon: Trucos para escribir mejor.
También recomiendo suprimir las negaciones, doy consejos para resumir rollos insoportables, hablo sobre algunos 'efectos especiales' que se pueden aplicar a las palabras y un sin fin más de cuestiones útiles.
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