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sábado, 26 de octubre de 2013

Cómo entender la sentencia de Estrasburgo sobre la Doctrina Parot,


Doctrina Parot, Tribunal Europeo y Derechos Humanos: una explicación sencilla para quienes no entienden “cómo es que les dan la razón a esos criminales”.
1) La llamada “doctrina Parot” del Tribunal Supremo español es un criterio sobre aplicación de beneficios penitenciarios. Cuando alguien resulta condenado a penas por encima del máximo previsto en la ley, esos beneficios pueden aplicarse sobre el total de penas o sobre el máximo que debe cumplirse legalmente. Si los beneficios que implican reducción de pena se aplican sobre el total de penas y alguien ha sido condenado a 1000 años de prisión no es lo mismo empezar a descontar tiempo, comenzando en 1000 años o en 30 años (que es el máximo de condena de cumplimiento efectivo), como es evidente. Hasta una fecha determinada, en España se aplicaba la redención sobre la pena máxima de 30 años.
2) El cabreo ciudadano ante el hecho de que asesinos múltiples con condenas enormes quedasen en libertad a los 20 años de estar en prisión provocó una reforma legislativa  en 2003 que dio lugar a una modificación del artículo 78 del Código penal (del nuevo código penal que ya había eliminado la redención de penas, aunque mantenía, lógicamente, otros beneficios penitenciarios).
3) El sólo hecho de que se hable de que la doctrina lleve el nombre del condenado, Parot, y no del jurista que la elaboró, es un claro indicio de que fue concebida ad hoc, para cambiar la interpretación de la ley con miras a un caso específico ya ocurrido. La sentencia del Supremo que recoge la doctrina Parot es del año 2006, y a partir de ahí se aplicó en todos los casos de presos por delitos múltiples que con el cómputo anterior saldrían a los 20 años de prisión, para hacerles cumplir el máximo de 30 años.
4) El Tribunal Europeo de Derechos Humanos -en relación a un caso concreto que fue llevado hasta él- no dice que el cómputo de las penas con la reforma penal de 2003 -que evita que criminales múltiples cumplan menos del máximo- esté mal, ni que el criterio de fondo de la doctrina Parot sea ilegal.
5) El Tribunal Europeo lo que hace es ratificar la vigencia plena para los Estados que respetan la Convención Europea de Derechos Humanos, de un principio básico del Derecho Penal de las sociedades democráticas: no hay delito ni pena sin ley penal que previamente lo establezca.
6) Este principio es una de la más importantes garantías ciudadanas contra la arbitrariedad del Estado y proporciona seguridad jurídica, al saber qué actos son delitos y qué sanción corresponde, antes del acto.
7) Cambiar el cómputo del cumplimiento de las penas extendiendo el período de prisión implica un cambio en la condena. Por ende, este cambio sólo puede aplicarse hacia el futuro: a los delitos cometidos con posterioridad a la nueva ley (a partir de 2003).
8) La doctrina Parot que extiende el período de prisión para determinados delitos múltiples, pretendía ser aplicada por el Tribunal Supremo español -y de hecho se aplicó- a delitos cometidos con anterioridad a su elaboración (el objetivo de esta doctrina es extender las penas a delitos cometidos antes del nuevo Código Penal de 2003, puesto que a partir de aquí sí se aplica el cómputo extendido).
9) Es esto último lo que el Tribunal Europeo considera violatorio de la Convención Europea (art. 5.1, que prohíbe la aplicación retroactiva de la ley penal más gravosa): ya que al momento de cometerse esos delitos no existía el Código Penal de 2003 y el criterio del Tribunal Supremo español era distinto al de la doctrina Parot. No es cierto que el Tribunal Europeo esté en contra de la aplicación de los beneficios sobre el total de condenas, de lo que está en contra es de que este cambio se aplique retroactivamente, a delitos cometidos con anterioridad a la ley. Y sí, los Tribunales de Derechos Humanos tienen la saludable costumbre de velar por los derechos humanos.
10) A la civilización humana le ha costado miles de años llegar a reconocer la existencia de algo tan básico como que “todo ser humano tiene determinados derechos por el sólo hecho de ser humano” y que las garantías en materia penal son una protección al ciudadano, -como yo y como tú que estás leyendo- contra la arbitrariedad del Estado, no una protección a los delincuentes.
11) Muy débil sería nuestro Estado de Derecho y nuestra convicción democrática si un criminal -con la excusa de aplicarle el mayor castigo- nos llevara como sociedad a traicionar los más elementales principios de aplicación de los derechos humanos. Convencidos de nuestro triunfo, no hubiéramos sido mejores que el criminal.
12) Es normal que las víctimas se sientan agraviadas por la imposibilidad de extender las penas a delitos cometidos antes de 2003 y consideren que la sentencia es injusta. En realidad, ninguna sentencia sería justa desde su punto de vista, por imposibilidad de restaurar las cosas la estado anterior al delito y por imposibilidad de que exista un castigo acorde al daño. Incluso si hubiera pena de muerte ¿acaso podría ser castigado tantas veces como delitos cometió el reo? Hasta con la pena de muerte, recibiría el mismo castigo el condenado por un homicidio que por treinta, porque ambos morirían una vez.
13) Siglos de civilización nos llevó pasar de un Derecho Penal en el que regía la venganza privada, a un Derecho Penal que ponía el poder punitivo en manos del Estado. Claro que las víctimas deben ser oídas, resarcidas y reivindicadas. Pero así como nadie defendería seriamente que un paciente con cáncer sabe más que su oncólogo sobre cómo curar el mal, no se puede defender seriamente que sean las víctimas las que determinen la política criminal del Estado, que lo que debe perseguir no es la venganza sino la paz social, con respeto a los derechos humanos. Las víctimas son parte, por supuesto, con derecho a ser oídas, pero no son el legislador ni el juez.
14) Los medios de comunicación ante la sentencia: lamentablemente, salvo contadas y honrosas excepciones, han perdido una gran oportunidad de informar al ciudadano, optando por desinformar azuzando los instintos más básicos de venganza. Hoy cualquier televidente medio cree que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos “se ha puesto del lado de los terroristas”, cuando en realidad no ha hecho más que reafirmar los derechos humanos de todos los ciudadanos.

De todas formas yo añadiría que estos políticos tan inútiles que tenemos, si hubieran cambiado el Código Penal por los años 80 en materia de terrorismo y otros crímenes de alarma social, ahora no estaríamos hablando de todo esto.

viernes, 25 de octubre de 2013

Los elementos esenciales de la atracción sexual

Por suerte, no a todos nos gusta el mismo tipo de personas. La belleza es subjetiva y quien resulta atractivo para algunos puede resultar indiferente para otros. Esto no quiere decir que no haya gente guapa y fea, que la hay, lo que ocurre es que el físico no es el único componente que configura el atractivo sexual de una persona.
 
Todos nos hemos sentido atraídos por alguien que, sin ser especialmente guapo, tenía carisma, era interesante, gracioso o, sencillamente, nos hacía tilín, sin saber por qué. Pero todo tiene una explicación, a buen seguro el susodicho cumplía uno o varios de estos cuatro componentes del atractivo sexual.
 
1. Atractivo estático
 
Poco se puede hacer para mejorar este aspecto del atractivo y, por mucho que nos empeñemos en lo contrario, se deteriora con el tiempo. El atractivo estático es la parte a priori inalterable de nuestra belleza: la forma de nuestra cara, nuestra complexión, la silueta de nuestro cuerpo…
 
Es la parte del atractivo que viene marcado por preferencias biológicas y estas son las mismas para todo el mundo. A los hombres les gustan las mujeres con grandes pechos, cintura estrecha y buenas nalgas, labios grandes, mandíbula pequeña y barbilla estrecha. A las mujeres les gustan los hombres con mandíbulas pronunciadas, pómulos bien marcados y un peso correcto. Y no hay nada que hacer contra esto: biológicamente hablando nos gustan las personas fértiles, con buenos genes, y un sistema inmune bien preparado. Y es el aspecto de las personas que cumplen esos requisitos el que nos gusta, aunque no nos paremos a pensarlo.
 
El atractivo estático puede modificarse: podemos tener un accidente, envejecer o pasar por el quirófano. También podemos tratar de adelgazar, pero aunque logremos una pequeña mejora perder unos kilos no va a cambiar nuestro rostro. Por suerte, el atractivo estático no es lo único que hace bella a una persona, y ni siquiera es el más importante.
 
2. Atractivo dinámico
 
Hay personas que no son especialmente guapas pero tienen “algo” que les hace atractivas. Ese “algo”, ya sea la forma de andar, de reír o de gesticular, es lo que se conoce como atractivo dinámico y nos sirve para expresar nuestras emociones y mostrar nuestra personalidad al mundo. Es, en definitiva, el carisma de cada persona, como bien define la RAE, la “especial capacidad de algunas personas para atraer o fascinar”.
 
El lenguaje corporal y hablado es fundamental para construir nuestro carisma: por ello las personas divertidas suelen tener tanto éxito. Lo que hace graciosa a una persona no es su atractivo físico, es su forma de hablar y sus gestos.
 
3. Imagen personal
 
El concepto de “imagen personal” se refiere a nuestra habilidad para mejorar artificialmente nuestro atractivo físico. Incluye todas las cosas que uno puede hacer para que mejore su aspecto general: aseo, maquillaje, peinado, estilo de vestir… Quizás, no es tan importante como los dos puntos anteriores –“aunque la mona se vista de seda, mona se queda”– pero tiene bastante peso en el computo final pues, en parte, define también nuestra personalidad. Hay mujeres que nunca saldrían con un hombre que usa chanclas y, por muy guapo que sea el susodicho, no va hacer que cambien su opinión.
 
4. Circunstancias
 
Dice el refrán que “el roce hace el cariño”, y no le falta razón. La situación que nos rodea es muy importante y, aunque en un principio no nos atraiga una persona, el tiempo puede hacer que acabe gustándonos. Si alguien es amable con nosotros, y nos da su afecto, tendemos a crear un vínculo recíproco, que en muchas ocasiones se convierte en amor.
 
De forma similar, las experiencias que vivimos junto a otra persona pueden aumentar el atractivo de ésta. Cuando disfrutamos con nuestra pareja de experiencias satisfactorias su atractivo aumenta, al igual que disminuye si nuestra convivencia es rutinaria. Y cuando empezamos a salir con una persona, si experimentamos algo emocionante podemos atribuir parte de la excitación a la otra persona y sentirnos más atraídos por ella o él, aunque en realidad no tenga nada que ver con lo que haya ocurrido.
 

jueves, 24 de octubre de 2013

Somos marea verde

De como el Wert-Zotas nos dirige como los cangrejos! La clave está en la educación. Las medidas adoptadas en los últimos años nos alejan irremediablemente... de la equidad y nos retrotraen al territorio de la exclusión. Una universidad —decía Diderot— es como “una escuela abierta indistintamente” a los hijos de una nación. El subrayado de indistintamente es de Diderot y junto con abierta, deben ser palabras destacadas de forma especial este año en que celebramos el tricentenario de su nacimiento. En España, vistas las cosas con la mirada de Diderot, íbamos por el buen camino. Si se estudian comparativamente los sistemas universitarios europeos, en clave de dimensión social, nuestro país hace tres años no se encontraba entre los más inclusivos, pero se había venido alejando progresivamente de los más excluyentes.
 
En el último informe Eurostudent, analizando el porcentaje de hijos e hijas matriculados en la universidad, procedentes de familias con bajo nivel educativo y bajos ingresos, se observaba que estaban infra-representados, pero que su número y su porcentaje iban aumentando en las aulas; mientras que los hijos e hijas de familias con nivel educativo alto y altos ingresos, aunque estaban sobre-representados, iban reduciendo su presencia relativa. Por tanto, estábamos en transición hacia los sistemas denominados “equitativos”, aquellos en que la universidad mejor refleja la estructura de la sociedad. Con ello no quiere decirse que podíamos echar las campanas al vuelo, por varias razones: primero porque equidad no es lo mismo que igualdad; pero, sobre todo porque la gran selección, la más grave e injusta, se había operado mucho antes de llegar a la universidad. De un lado, las clases medias altas habían “salvado” a su progenie de las escuelas públicas buscando un itinerario selecto; de otro, los niños y niñas que quedaban “varadas” muy temprano en su aprendizaje (fracaso y abandono), se encontraban con una esperanza de vida educativa muy baja, mientras otras alcanzaban las cimas más altas, incluyendo en ellas postgrados y formación a lo largo de la vida. Eso que llamamos fracaso escolar, culpabilizando a la ligera a los adolescentes que no logran progresar y abandonan, era y es realmente un fracaso social. Había, por tanto, mucha tarea por hacer y muy especialmente en las primeras etapas educativas. Ahora se ha impuesto un nuevo escenario. Las medidas adoptadas en los últimos años —reducción de recursos y de profesorado, incremento del número de alumnos por aula, subida contracíclica de los precios de las matrículas, endurecimiento de los requisitos para obtener becas y reducción de su número, entre otros— nos alejan irremediablemente de la equidad y nos retrotraen al territorio de la exclusión. Eso sí, extrayendo y salvando del barrizal, a aquellas personas que procediendo de familias humildes sean muy, muy, talentosas.
 
Retornamos así al paternalismo elitista de las becas de los años sesenta. En vez de resolver los problemas existentes, se agravan. ¿Es ésta una buena estrategia para salir de la crisis y para el futuro de este país? Desde luego, Diderot, pensaría que no, pues en su proyecto de universidad para el imperio ruso sostenía que dada la relación entre el número de palacios y el de cabañas (uno a diez mil), era razonable que resultaría mucho más probable encontrar el talento, el genio y la virtud, entre los habitantes de las cabañas que en los de los palacios. Imagino que esta sentencia suscitará alguna sonrisa o comentario cáustico entre quienes piensan que el mérito siempre es y sólo es un logro personal. Pero no estará de más releer a uno de los padres de la Enciclopedia, esa empresa ilustrada que creía posible democratizar el saber, si se trabajaba con tenacidad. (Antonio Ariño Villarroya)

miércoles, 23 de octubre de 2013

Simplemente Frida

¿Se puede construir algo hermoso desde el dolor? ¿Se pueden derribar los muros de lo acontecido, de lo que nos golpea duramente a la puerta y nos llama a abandonarnos en el olvido y buscarle los  colores a lo  que ya se había oscurecido?  La historia de Frida nos dice que sí.
 
Frida pintaba los días de color azteca. Buscaba en la reivindicación  de la bandera de ese pueblo que amaba, ahogar los gritos que bramaban en su pecho como queriendo salir. Cada cuadro nos habla, y pareciera invitarnos a reconstruir como piezas de un rompecabezas macabro, las piezas de cuerpo y alma de una mujer a la que la vida nunca terminaba de desarmar. Después de los accidentes que sufriera y que la dejaran sin la libertad del andar, enarbolaba aún el brillo de sangre que la haría única en una sociedad que, escandalizada, contemplaba impávida cómo había sabido superar el dolor de la pérdida de 8 embarazos, y los plasmaba en trazos sangrientos que asestaban a la cara de los magnates que preferían verla como una muestra de excentricidad (“Henry Ford Hospital” es una muestra inefable de ello).
 
Genuina, Frida escribía en una oportunidad: “Tuve dos accidentes en mi vida: el primero, el del autobús, el segundo; Diego”. Rivera contribuía al espíritu desenfrenado de Frida. Miembros del Partido Comunista de su país, se fundieron en una pareja de esas de culebrón mexicano, repleta de idas y vueltas, donde la práctica del amor libre, y la ausencia de propiedad privada de los sentimientos se traducía en miles de secuencias de infidelidades y aventuras; y en un acompañamiento ciego en el frondoso camino del arte que le esperaría.
 
Frida se reinventaba una y otra vez; surgía de los sombríos momentos estallando en los mil colores de una América que no se dejaba de imaginar, revolucionaria se conducía a través del llanto escapando a las frivolidades y a los escaparates mágicos que venían desde Gringolandia, llevando como estandarte el hambre de miles de campesinos mexicanos, la defensa de la mujer como ser divino, la lucha contra los mandatos sociales y las “buenas costumbres”. Frida evade con fe siniestra la falta; y se llena, se completa, se vuelve universo a partir del deseo. El deseo la nubla y le alivia el dolor de la pierna que le falta, el deseo la abraza cada vez que la mala suerte y su cadera maltrecha le arrebatan los hijos; el deseo le impide ver que el amor de su vida se le pierde entre mil sábanas arremolinadas, pero por sobre todas las cosas; es el deseo el que le permite superarse; y aún en los tiempos más difíciles en los que el trazo ya no la acompaña con precisión, Frida pinta con justicia los colores de un mundo amerindio donde los campesinos, los aborígenes y los proletarios, son dueños de la tierra que los vio nacer, y los pinta con convicción hasta su puta muerte. Los pinta, a medida que los colores de su vida se apagan, sin miedo posible. Trazos de colores estridentes, los colores de México, autorretratos donde la crudeza convive con lo bello de su realidad, desnuda su pata de palo, vestida de hombre y con posición viril, después llegarían las máscaras y las naturalezas muertas que testifican silenciosas su agonía, hasta las postreras horas de la pintura más comprometida, en la que su voz, la de la revolucionaria del pincel profiriera alaridos de política convicción.
 
El sufrimiento ha hecho de Frida quien es: no un icono mercantil plasmado en zapatillas y artículos de moda. La ha hecho una iconoclasta del tiempo en que las tierras y los campesinos mexicanos parecían haber nacido con otros dueños; en una época sesgada por el miedo a que la virtud clásica se viera opacada por lo mundano, por lo natural. La ha hecho ser Frida como ninguna otra hubiese podido serlo.

Por Martina Kaniuka
Leído en: http://cracmagazine.wordpress.com/2013/10/06/simplemente-frida/

martes, 22 de octubre de 2013

Reflxión (XII): Como resolver un problema


Cuenta la leyenda que en un monasterio budista ubicado en una ladera casi inaccesible de las frías y escarpadas montañas del Himalaya, un buen día uno de los monjes guardianes amaneció sin vida.

Le hicieron los rituales tibetanos propios para esas ocasiones, llenas de profundo respeto y misticismo. Sin embargo, era preciso que algún otro monje asumiera las funciones del puesto vacante del guardián. Debía encontrarse el monje adecuado para llevarlas a cabo.
 
El Gran Maestro convocó a todos los discípulos del monasterio para determinar quién ocuparía el honroso puesto de Guardián. El Maestro, con mucha tranquilidad y calma, colocó una magnífica mesita en el centro de la enorme sala en la que estaban reunidos y encima de ésta, colocó un exquisito jarrón de porcelana, y en él, una rosa amarilla de extraordinaria belleza y dijo:
 
“He aquí el problema. Asumirá el puesto de Honorable Guardián de nuestro monasterio el primer monje que lo resuelva.”
 
Todos quedaron asombrados mirando aquella escena: un jarrón de gran valor y belleza, con una maravillosa flor en el centro. Los monjes se quedaron como petrificados, en  el más respetuoso silencio, hundidos en sus interrogantes internas…
 
¿Qué representaría ese bello jarrón con flores? ¿Qué hacer con él? ¿Cuál podría ser el enigma encerrado en tan delicada belleza? ¿Simbolizaría acaso las tentaciones del mundo? ¿Podría ser algo tan simple como que necesitara agua la flor?
 
Eran  tantas  preguntas… En momento determinado, uno de los discípulos sacó una espada, miró al Gran Maestro, y a todos sus compañeros, se dirigió al centro de la sala y ¡¡Zas!! destruyó todo de un sólo golpe. Tan pronto el discípulo retornó a su lugar, el Gran Maestro dijo:
 
“Alguien se ha atrevido no sólo a dar solución al problema, sino a eliminarlo. Honremos a nuestro nuevo Guardián del Monasterio".
 
En realidad, poco importa cuál sea el problema. Hay problemas cuyo aspecto nos confunde, pues halaga los sentidos. En el fondo sigue siendo un problema. Si es un problema, es exactamente eso: un problema, y precisa ser eliminado, no importa que se trate de una mujer sensacional, o de un hombre maravilloso o de un gran amor que se ha esfumado; por más hermoso que haya sido la experiencia que has vivido o lo significativa que haya sido la persona con quien has estado, si no existiera más sentido para ello en tu vida, tiene que ser eliminado.
 
Muchas personas cargan la vida entera el peso de cosas que fueron importantes en su pasado y que hoy solamente ocupan un espacio inútil en sus mentes, espacio que es indispensable para recrear la vida.
 
Un antiguo proverbio Chino dice: "Para que tú puedas beber vino en una copa que se encuentra llena de té, es necesario primero tirar el té, y entonces podrás servir y beber el vino."
 
Limpia tu vida, comienza por los cajones, armarios, hasta llegar a las personas del pasado que no tienen más sentido que sigan ocupando un espacio en tu mente. Exígete a ti mismo lo que te gustaría exigirles a los demás, y a los demás déjalos tranquilos sin esperar NADA de ellos.

lunes, 21 de octubre de 2013

Antonio Gala: ¿Qué es una putada?

  • Putada es comparar la jubilación de un diputado o diputada con la de una viuda.
  • Putada es que un ciudadano tenga que cotizar 35 años para percibir una jubilación y a los diputados y los miembros del Gobierno les baste sólo con tres o con seis años, según el caso, para cobrar la pensión máxima y para ello sólo necesiten jurar el cargo.
  • Putada es que los diputados sean los únicos trabajadores (?) de este país que están exentos de tributar un tercio de su sueldo del ISR.
  • Putada es colocar en la administración a miles de asesores (léase amigotes con sueldo) que ya desearían para sí los técnicos mejor cualificados.
  • Putada es el ingente dinero destinado a sostener a los partidos, aprobados por los mismos políticos que viven de ellos.
  • Putada es que a un político no se le exija superar una mínima prueba de capacidad para ejercer su cargo (y no digamos intelectual o cultural).
  • Putada es el costo que representa para los ciudadanos, sus comidas, coches oficiales, chóferes, viajes (siempre en gran clase) y tarjetas de crédito por doquier.
  • Putada es que sus señorías tengan casi cinco meses de vacaciones al año (48 días en Navidad-enero, más 17 en Semana Santa, a pesar de que muchos de ellos se declaran laicos, más 82 días en verano).
  • Putada es que sus señorías, cuando cesan en el cargo, tengan un colchón del 80% del sueldo durante 18 meses.
  • Putada es que ex ministros, ex secretarios de estado y altos cargos de la política, cuando cesan, son los únicos ciudadanos de este país que pueden legalmente percibir dos salarios del erario público.
  • Putada es que se utilice a los medios de comunicación para transmitir a la sociedad que los funcionarios son los únicos que representan un costo para el bolsillo de los ciudadanos.
  • Putada es que nos oculten sus privilegios, mientras vuelven a la sociedad contra quienes de verdad les sirven, hablando de política social y derechos sociales.

¡Qué Putada!...