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Previsión del tiempo

jueves, 27 de junio de 2013

¿Que cuántos años tengo?

¡Qué importa eso! ¡Tengo los años que siento! Estoy en la edad en que puedo: Gritar sin miedo lo que pienso... Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso, o lo desconocido...
 
Pues tengo la experiencia de los años vividos y la fuerza de la convicción de mis deseos. ¡Qué importa cuántos años tengo! ¡No quiero pensar en ello! Pues unos dicen que ya soy viejo, y otras que estoy en el apogeo. Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice, sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.
 
Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso, para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos, rectificar caminos y atesorar éxitos. Ahora no tienen porqué decir: ¡Estás muy joven, no lo lograrás! ¡Estás muy viejo, ya no podrás!
 
Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero con el interés de seguir creciendo. Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos y las ilusiones se convierten en esperanza.
 
Tengo los años en que el amor a veces es una loca llamarada ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada y otras es un remanso de paz, como el atardecer en la playa.
 
¿Qué cuantos años tengo? No necesito con un número marcar, pues mis anhelos alcanzados, mis triunfos obtenidos, las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones truncadas... ¡Valen mucho más que eso!
 
¡Qué importa si cumplo cuarenta, cincuenta o sesenta! Pues lo que importa: ¡Es la edad que siento! Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos, para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos.
 
¿Qué cuantos años tengo? ¡Eso a quien le importa! Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento.
 

miércoles, 26 de junio de 2013

El mito de la media naranja


Una irónica definición popular dice que la pareja es una reunión de dos personas que se unen para resolver problemas que no tendrían si no estuvieran juntas. De hecho, la razón por la que compensa permanecer emparejados siempre ha sido ésa: los seres humanos mantenemos vínculos afectivos largos con otra persona porque nos empeñamos en hacerlo. En el 2007, la revista colombiana Pensamiento Psicológico publicó un estudio para ver qué factores unían a aquellas parejas que continuaban su idilio más allá de una década. Y encontraron que no había relación estadísticamente significativa entre satisfacción marital y ciertos valores supuestamente importantes: tipo de vínculo establecido, filiación religiosa común, nivel socioeconómico similar, etc. El único factor que predecía realmente la estabilidad en pareja era el atractivo que el concepto en sí tuviera para las personas. Simplemente: aquellas que tenían una percepción positiva de este tipo de relación duraban más.
 
Casarse es terminar una serie de pequeñas tonterías con una gran estupidez”, “emparejarse significa quedarse con la mitad de derechos y duplicar los deberes”, “nos alegramos en las bodas y lloramos en los funerales porque no somos la persona involucrada”, “el matrimonio crea más 'extraños compañeros de cama' que la política”… El imaginario colectivo está lleno de advertencias sobre las pocas posibilidades de que consigamos recompensas vitales en una pareja estable. Sin embargo, parece que hasta ahora han existido compensaciones que hacían perdurar ese vínculo.
 
Los antropólogos materialistas -Marvin Harris es un ejemplo- han intentado definir esas razones. La pareja cerrada tradicional ha sido una “buena inversión” en muchas sociedades, según estos investigadores, porque aseguraba la sexualidad –era la forma más sencilla de mantener relaciones cotidianamente sin necesidad de pasar cada vez por todos los rituales de seducción-, proporcionaba una forma segura de mantener las normas sociales –al otorgar autoridad a dos personas cuando se convierten en padres- y aumentaba la probabilidad de que el traspaso de la herencia se hiciera a personas con las que se comparten los genes, estableciendo quiénes son los padres legales de los hijos y creando un fondo común de propiedad para ellos. Evidentemente, estas razones tuvieron mucho sentido a lo largo de la historia de la humanidad: los documentos históricos y literarios insisten continuamente en estos tres puntos cuando hablan del vínculo matrimonial. Sin embargo, cabría preguntarse si hoy en día siguen siendo tan importantes esos elementos.
 
Desde el punto de vista estrictamente materialista, la pareja no tiene porque ser la mejor inversión en la actualidad. Por una parte, en una sociedad con mayor apertura sexual, nuestras posibilidades de relaciones íntimas son mayores fuera de un vínculo estable (la frase “follas menos que un casado” demuestra que todos lo sabemos). Por otra parte, la trasmisión de la autoridad y la norma social ha dejado de ser una prioridad para muchas personas… Y es una imposibilidad para casi todo el mundo: ni el cónyuge ni los hijos nos respetan mucho hoy en día. Y a nivel económico, el emparejamiento es una mala inversión: como reza un proverbio escocés, “no merece la pena casarse por dinero, porque se pueden conseguir préstamos más baratos”. Las estadísticas muestran que los singles –en España hay más de tres millones de personas "impares" en la actualidad- disponen de ingresos significativamente superiores a los individuos casados del mismo tramo de edad. Las empresas dirigen en muchas ocasiones hacia ellos sus campañas, porque saben que los no emparejados tienen más dinero y gastan más en cultura, viajes, lectura y espectáculos.
 
En el siglo XVIII español se puso de moda tener un “cortejo”, un amigo íntimo que tenía entrada libre en el hogar, charlaba con la esposa de asuntos diversos, la acompañaba a la iglesia y la aconsejaba sobre su forma de vestir o maquillarse mientras el marido vivía su vida y apenas aparecía. Este curioso “vínculo a tres bandas” es una más de las muchas formas distintas de relacionarnos que los humanos hemos utilizado a lo largo de los tiempos. El amor cortés en la Edad Media (una relación en la que era esencial ser rechazado por la persona amada) o las parejas que caducan cada año de ciertas tribus amerindias, son también modelos de vínculo que han utilizado muchas personas durante ciertas épocas y que hoy nos resultan extraños. Los seres humanos tendemos a olvidar que las razones por las que una sociedad fomenta una forma u otra de vínculos afectivos son de supervivencia, no psicológicas. Toda sociedad establece, en función de lo que sea más adaptativo, reglas que definen en qué condiciones deben darse las relaciones sexuales, el embarazo, el nacimiento y la cría de hijos. Por supuesto, esas reglas son distintas según la época y la situación social. La pareja monógama es una construcción como otra cualquiera.
 
Los tiempos están cambiando en lo que respecta a la concepción de los vínculos en el imaginario colectivo: la relación monógama estable empieza a desmitificarse. El psicólogo Carlos Yela García recoge en su libro El amor desde la psicología social algunas de las quimeras en las que se basaba la permanencia de estos vínculos. El “mito de la media naranja” (escogemos a alguien a quien estamos predestinados y eso garantiza la mejor elección posible), el “mito del libre albedrío” (nuestros sentimientos amorosos son tan íntimos que no están influidos de forma decisiva por factores sociales, culturales o biológicos ajenos a nuestra voluntad), el “mito de la omnipotencia” (“el amor lo puede todo”, la unión amorosa otorga una fuerza especial que permite superar todos los obstáculos imaginables) y “el mito de la pasión eterna” (el amor pasional de los primeros meses puede y debe perdurar tras miles de días -y noches- de convivencia) son cada vez más cuestionados. Y esto hace que revisemos el “mito de la pareja”, la idea de que el amor romántico debe conducir a una unión estable y permanente.
 
La ciencia también cuestiona esas bases utópicas. En The myth of monogamy, por ejemplo, la psiquiatra Judith Eve Lipton y el psicólogo David Barash recogen datos que demuestran que la fidelidad sexual (otro de los conceptos importantes en este tema) es solo una cuestión social. En su libro citan numerosos ejemplos que demuestran que, en la naturaleza, es prácticamente inexistente: las pruebas de ADN son concluyentes. Como nos recuerdan estos dos científicos, desde el punto de vista evolutivo es claro que a los machos de todas las especies les conviene “esparcir” sus espermatozoides en el mayor número posible de lugares. Por eso, sus cuerpos (incluyendo, por supuesto, sus hormonas y sus cerebros, base de su comportamiento) están diseñados para la promiscuidad: los machos de casi todas las especies son fácilmente excitables por los estímulos novedosos. Y según Lipton y Barash, a las hembras les ocurre algo similar en algunas especies… como, por ejemplo, la humana. De lo contrario no serían explicables rasgos físicos que parecen destinados a que las mujeres tengan muchas parejas sexuales.
La sociedad supera, poco a poco, el “síndrome del Arca de Noé”, el patrón uniforme en que nos encorsetaba un mundo estructurado por y para parejas. En los últimos treinta años el número de singles en nuestro país ha crecido en un 350%. En la actualidad, aproximadamente diez millones de españoles (un 23% de la población) no tienen una relación estable de pareja. Y lo previsible es que el número de personas que prefiere participar en solitario en el juego de la vida aumente, ya que la media europea se sitúa actualmente en un 30% de la población.
 
Si deja de compensar mayoritariamente, la pareja se convertirá en un vínculo entre los muchos posibles. Y será una opción a lo que solo se acogerían aquellos que, de verdad, han encontrado una persona con la que merezca la pena quedarse largo tiempo.
Leído en: Elconfidencial.com

martes, 25 de junio de 2013

Reflexión sobre la mujer


Un hombre pregunto a un sabio si debía quedarse con su esposa o su amante… el sabio tomo dos flores en su mano: una rosa y un cactus y le pregunto al hombre: si yo te doy a escoger una flor, ¿cuál eliges? y el hombre sonrió y dijo: ¡la rosa, es lógico! y el sabio respondió: a veces los hombres se dejan llevar por la belleza externa o lo mundano y eligen lo que brille mas, lo que valga más pero en esos placeres no está el amor, yo me quedaría con el cactus por que la rosa se marchita y muere, el cactus en cambio sin importar el tiempo o el clima seguirá igual, verde con sus espinas, y un día dará la flor más hermosa que jamás hayas visto, tu mujer conoce tus defectos, tus debilidades, tus errores, tus gritos, tus malos ratos y aun así está contigo… tu amante conoce tu dinero, tus lujos, los espacios de felicidad y tu sonrisa, por eso está contigo, ahora dime hombre ¿con quién te quedaras?

lunes, 24 de junio de 2013

La rana hervida

9 de agosto de 2007. Si alguien nos hubiera pedido ese día que hiciéramos una previsión de futuro ni el más loco de todos los locos hubiera dicho que 4 años después estaríamos instalados en una crisis económica y social salvaje. Nadie. Ni los agoreros del “ya te dije yo que...” ni nadie. Hagamos un repaso de nuestro entorno personal más inmediato. ¿Quién no tiene parados, problemas o calamidades en su ámbito personal o familiar?. Ha sido un descalabro total, absoluto de nuestro modelo socio-económico y, fijaos, aún no somos conscientes de toda su magnitud. La explicación tiene que ver con la percepción subjetiva de los riesgos. Todos creemos que la marea nunca nos va a mojar los pies y en el caso del personal del sector financiero esto aún es así (repárese que “aún” es un adverbio de tiempo).
Y tal vez precisamente por esa falta de objetivación del riesgo no hayamos sido capaces de responder a algunas preguntas que no hay que dejar de hacerse nunca. Resultaría inútil acudir a los medios de comunicación tradicionales a buscar respuestas. Forman parte del problema. Debéis tener en cuenta que más del 80 por ciento de los medios de comunicación de todo el mundo, que están dirigidos a construir una realidad que no existe, pertenecen a 6 grandes familias capitalistas.
Así que si alguno cree que está bien informado sobre la realidad objetiva de la crisis social porque lee todos los días no sé cuantos diarios online está jodido.
Resulta imprescindible ir un poco más allá y preguntarse insistentemente ¿Por qué? Como ese conocido entrenador de futbol. ¿Ha sido casual que lleguemos donde estamos? ¿Ha habido alguna alineación caprichosa de planetas? La respuesta es que no. Daros cuenta que en realidad no ha habido ningún incidente tan terrible como para que esté pasando esto. La realidad es que un pequeño grupo de personas con nombres y apellidos, han decidido que esto sucediera. ¿De verdad que los paquetitos financieros falsos que hacían con las subprime, y que parece están en el inicio de la crisis, eran indetectables para el Tesoro americano de Bush? Falso. Deliberadamente los consejeros económicos del presidente yanqui —el, ya se sabe, era un presidente títere— decidieron retirar el control y supervisión financiera a la Banca americana. ¿Y cuál era el motivo? Pues que una corriente de economistas juramentados en torno al capitalismo más salvaje de la Escuela de Chicago que ya habían ensayado con las dictaduras del cono sur americano desde 1950, ahora estaban en condiciones de ampliar su radio de acción desde las más altas instancias de la Administración Bush.
Desde entonces movimientos militares, invasiones, guerras que combaten amenazas inexistentes han sido inducidos desde estos ámbitos de poder. Europa les cae lejos pero aquí tienen buenos discípulos que se han cargado la economía expansiva, la economía keynesiana que ha obrado milagros en economías emergentes. Realmente las subprime no supusieron un gran problema para Europa pero sí una magnífica disculpa para desplegar esa economía restrictiva del déficit fiscal cero que está asfixiando todo. Este era el primer paso para cargarse la clase media llena de poder —pueden poner y quitar gobiernos— y de derechos, producto del llamado estado de bienestar, auténtico milagro del keynesianismo desarrollista de la postguerra.
 
Estos nuevos ultraliberales han generado artificialmente una auténtica convulsión social a base de políticas económicas, impuestas por gobiernos títeres del capitalismo fundamentalista, generadoras de un shock colectivo que deja a la población desorientada, inerme, endeudada y a merced de sus objetivos. La estrategia es relativamente sencilla, de pronto se establece que lo que debe predominar sobre todo es el equilibrio presupuestario. El economista ultraliberal —dice el profesor Sampedro que existen dos clases de economistas, los que trabajan para que los ricos sean más ricos y los que trabajan para que los pobres sean menos pobres— alojado en el poder político sabe que cuando los gobiernos no puedan gastar deberán ir abandonando el denominado estado del bienestar del que se benefician las clases medias y bajas principalmente, sanidad, educación, protección social, etc.
Los beneficiarios quedarán estupefactos porque miran a su alrededor y no pueden explicarse cómo puede estar pasando esto. Esta situación de shock colectivo es la ideal para que el mandatario al servicio del economista, y no al revés, pueda poner en marcha sus medidas: fuera el estatismo —Estados fuertes capaces de atenuar las crisis coyunturales y garantizar los servicios públicos de calidad— competidor de sus grandes empresas sanitarias, educativas, asistenciales, farmacéuticas, etc., aumento progresivo de la privatización —hasta el punto de que nos han hecho creer que privado es sinónimo de calidad— en un momento en que comprar es barato —cuando decidan que la vivienda tiene su precio por los suelos, comprarán y después les dirán a los jóvenes que lo moderno es alquilar—.
Los Estados que se resisten mínimamente porque están gobernados por políticos que tienen como referente el estado de bienestar son asfixiados deliberadamente. Para eso están sus propias agencias de ratings que le dicen a los mercados, que son ellos mismos, que tal o cual Estado está muy mal, suben su coste de la deuda de forma artificial al mismo tiempo que su carga financiera y su déficit, que cuando ellos deciden que es insostenible le amenazan con echarle del sistema y con el caos más absoluto.
El Estado termina tragando y cargándose el estado de bienestar y al que se pone chulo pues le sustituyen por un tecnócrata, obviando valores como la soberanía popular o la democracia, que se los pasan por el forro de sus ordenadores. Pero aún tienen un último problema, sus empresas tras la privatización necesitan profesionales capaces, y los que hay en el paro tienen muchos derechos.
Solución: para eso están los gobiernos títeres, que raudos pegan hachazos de 50 años a derechos ganados palmo a palmo y que son exponente de ese estado del bienestar que tanto odian. Y si no es suficiente se cambia una Constitución en unas pocas horas y con el Parlamento cerrado.
Aquí debe enmarcarse la última reforma salvaje que nos sitúa en algunos casos por debajo de los derechos de la dictadura y a la que ellos llaman de forma hipócrita eliminar rigideces, flexibilizar el mercado de trabajo o solidarizarse con los parados. Se trata de un gravísima decisión que, por excesiva, incluso causa risa al Presidente de la patronal, pero existe algo peor que un cabrón que te quita los derechos explicándote además que es imprescindible para crear empleo, y es el aquietamiento, el adormecimiento, la tolerancia e incluso ¡la comprensión! de esa gente anónima que termina justificando, con ayuda de la prensa del capitalista, esas decisiones. Este estado general de anestesiamiento colectivo que, en otros momentos de nuestra historia relativamente recientes, hubiera echado a la gente a la calle, y no sólo a indignarse, ahora no genera casi reacciones en contra de carácter colectivo. ¿Pero ya no queda nadie que tenga lo que hay que tener para salir a la calle y decirle a estos tipos que les pone el pueblo y que ante el pueblo deben responder? ¿Pero qué mierda de ciudadanos somos que ya ni siquiera tenemos eso que hay que tener para defender el futuro de nuestros hijos?
El Derecho del Trabajo nació para equilibrar una relación de por sí totalmente asimétrica entre el patrón que tiene los medios de producción y el trabajador que es titular sólo de su fuerza de trabajo. Tener que escuchar a los ministros ultraliberales decir que esta es una reforma laboral equilibrada es casi tan vomitivo como ver al economista ultraliberal disfrazado de político democrático decirle a su patrón ultraliberal alemán “Ya verás. Hemos hecho una reforma extraordinariamente agresiva. Te va a gustar”. En la sociedad de la transición esto hubiera sido suficiente para que la gente normal, la gente trabajadora o profesionales liberales hubieran tomado las calles. Hoy la gente está afectada del síndrome de la rana hervida, método de modificación sin riesgo de la conducta social, copiado de la misma naturaleza, y que ellos estudian en sus putas escuelas de negocios. Si se mete una rana en un recipiente con agua hirviendo obviamente la rana pegará un salto tremendo al contacto con el calor. Sin embargo, si se la pone dentro del recipiente a unos 30º la rana se sentirá confortable. Si le vamos subiendo el calor de forma progresiva, lentamente, la rana, aturdida, irá adaptando sus propios mecanismos de defensa para ir soportando el calor también progresivamente hasta que termina hirviendo con el agua y cociéndose sin haberse dado cuenta.
 
“Descubrí que la idea de aprovechar las  crisis y los desastres naturales había sido en realidad el modus operandi clásico de los seguidores de Milton Friedman desde el principio. Esta forma fundamentalista del capitalismo siempre ha necesitado de catástrofes para avanzar.” (Naomi Klein. La doctrina del shock)

domingo, 23 de junio de 2013

El DNI


El Ministerio de Hacienda aseguraba ayer que hubo un error al imputar a la infanta Cristina la venta de 13 propiedades, el fallo, aseguraban, era "consecuencia de que la información recibida por la Agencia figura atribuida a un DNI que coincide con el suyo". Tras esta afirmación son varias las dudas que asaltan en relación al documento: ¿Puede haber dos personas con el mismo número? ¿A quién corresponden las cifras bajas? ¿Con qué criterio se asignan?
 
Según fuentes policiales, no es posible en España que haya dos personas con el mismo número de Documento Nacional de Identidad. Éste, tal y como se expresa en la web del ministerio de Interior, es un “documento público, personal e intransferible (…) que acredita la identidad y los datos personales de su titular, así como la nacionalidad española del mismo”.
 
El número de DNI de la infanta Cristina es el 00.000.014. El hecho de que posea una cifra tan baja se debe a que los miembros de la Familia Real tienen asignados números que van desde el 10 al 99, a excepción del 13 que se suprimió por temas de superstición. Así, el Rey tiene el 00.000.010, le sigue la Reina Sofía con el 00.000.011, la Infanta Elena con el 00.000.0012, y el Príncipe Felipe con el 00.000.015. Las infantas Leonor y Sofia tienen el 00.000.0016 y el 00.000.0017 respectivamente.
 
La historia del DNI se remonta a 1944, cuando Franco decidió crear un documento que “diera identidad” a todos los españoles. Sin embargo, no fue hasta 1951 cuando se emitió el primer carné que fue a parar al bolsillo del General con el número 1. Su mujer, Carmen Polo, tendría el 2 y su hija, Carmen Franco, el 3.
En el decreto de creación se establecía que los primeros en documentarse debían ser los que queden en prisión atenuada o libertad vigilada y en segundo lugar los hombres que por su oficio o negocio cambien de domicilio. En ese primer documento se establecían cuatro categorías, con arreglo a las condiciones económicas de los titulares. De ese poder adquisitivo dependía también el precio de hacerse con el documento, así para uno de “primera” costaba 25 pesetas, mientras que para los de “segunda” el precio era de 10 y cinco para los de “tercera”. Los “los pobres de solemnidad” lo recibían gratis.  Esas cuatro categorías se mantuvieron hasta 1980.
 
A lo largo de los más de 60 años de historia del documento han existido siete modelos diferentes. En la primera de color verde se incluía también el águila imperial, en 1962 se cambió al color azul y se introdujo además el estado civil y el grupo sanguíneo. El siguiente formato llega en 1965 y se expide hasta 1980. Se mantuvieron los mismos datos, solamente se eliminó la firma del director del equipo que expedía el carné. En el cuarto modelo de DNI, que se expidió a partir de 1981, se introdujo el escudo constitucional y se suprimieron las categorías. Se incluye de nuevo el sexo del ciudadano. En el siguiente modelo (1985-1991), se descartan la profesión, el estado civil y el grupo sanguíneo. A partir de los 90 se elimina la huella dactilar y se introducen las líneas de caracteres O.C.R. (‘Optical Character Recognition’ ) que han dado rienda suelta a varias leyendas urbanas.
Existe un mito que dice que dice que en el reverso de tu D.N.I, en la segunda línea de caracteres O.C.R., el último número indica el número de personas que tienen el mismo nombre y apellidos que tú. Sin embargo, una vez más, el imaginario colectivo se equivoca. Toda esa zona del DNI está preparada para ser leída por máquinas y ese número es sólo un dígito más de control para verificar que se ha leído correctamente.

Muchos son los que se obstinan en decir que su número de DNI, por ser muy bajo, perteneció a un fallecido. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Cada persona tiene un solo número “personal e intransferible”. Si tienes un número bajo se lo debes a un único hecho: el azar.  El Servicio Central de Documentación de la Dirección General de la Policía (DGP) es la encargada de facilitar a cada oficina del DNI de nuestro país un lote de números que van asignando a medida que se demandan. En ocasiones no todos los números son utilizados, por lo que cada cierto tiempo se lleva a cabo una revisión de los números “vacantes” y se asignan.
Cada año, la Policía expide alrededor de seis millones de documentos (es obligatorio tenerlo a partir de los 14 años), pero ¿dónde va toda esa información recopilada? Desde el año 2000 los guarda un ordenador (Sun Microsystem) al que pusieron por nombre ‘Clara’ y que ocupa dos muebles de 1,80 metros. Éste se halla custodiado bajo fuertes medidas de seguridad, en un antiguo seminario en El Escorial (Madrid) que fue reformado a principios de los ’80.

sábado, 22 de junio de 2013

Descubriendo Machu Picchu

Uno de los sitios más impresionantes que he conocido y al que sin duda alguna, volveré... 
Aniversario de Machu Picchu
En el 2011 se cumplieron 100 años desde que Hiram Bingham llegó a las ruinas de Machu Picchu junto con dos peruanos que lo acompañaron en el trayecto. El explorador hawaiano no fue el primero en descubrir el complejo ya que Agustín Lizárraga, un agricultor del área, escribió su nombre en uno de los muros casi 10 años antes. De hecho ya en la segunda mitad de 1800 personajes como Antonio Raimondi o Charles Wiener, entre otras personas del lugar, habían hecho referencia a que podría existir una ciudadela en esa área.

Bingham, sin embargo, fue claramente el primero en estudiar científicamente Machu Picchu, y avalado por el apoyo de la National Geographic Society, la Universidad de Yale y el gobierno peruano se dedicó a fotografiar cuidadosamente la imponente construcción de piedra y las terrazas entrecubiertas, a limpiar la vegetación que cubría todo el terreno y a dar a conocer el hallazgo a nivel internacional. Bajo expresa autorización del Presidente Augusto B. Leguía, Bingham también coordinó el envió temporal de un importante número de artefactos encontrados en el lugar al Museo Peabody de Historia Natural de Yale para que fueran estudiados con cuidado. Estos, sin embargo no fueron devueltos en el plazo acordado de18 meses y el tema se fue prolongando hasta que se convirtió en una disputa legal entre el gobierno de Perú y la Universidad de Yale que sólo se resolvió con la devolución de las piezas en el 2011. En 1948, en lo que fue su último viaje al Perú, el propio Bingham inauguró la carretera que va desde Aguas Calientes al complejo de Machu Picchu y lleva su nombre.

¿Pero cuál era el propósito de esta ciudadela inca construida entre 1450 y 1500 a 130 kilómetros al noroeste de Cuzco y ubicada a más de 2,000 metros de altura? ¿Cómo había permanecido encubierta por 400 años? La vieja montaña estaba llena de misterios.

Hiram Bingham tenía varias teorías que plasmó en los libros que publicó con gran aceptación tales como “La Ciudad Perdida de los Incas”. Su visión era que había descubierto Vilcabamba, la ciudad desde donde el último inca libró una larga batalla en contra de los españoles. Otra de las teorías que sostenía era que podía haber sido un templo o un convento dedicado a las vírgenes del sol que debían servir al Inca ya que en su momento los estudios que se llevaron a cabo arrojaron que de los esqueletos encontrados en las ruinas, 75% eran mujeres.

Con el avance de las tecnologías arqueológicas, estudios posteriores han confirmado que de hecho el ratio de mujeres/hombres era de 50/50 lo cual ha tenido como efecto reducir la probabilidad de que ese fuera el propósito de la ciudadela. De igual manera en 1964, Gene Savoy, comprobó que el último refugio Inca había estado ubicado en Espíritu Santo, un área que irónicamente Bingham había encontrado durante sus viajes iniciales pero que no había sabido reconocer.

En los 80’s se descubrió la existencia de un documento legal con fecha 1568 donde los familiares del Inca Pachacutec le emitían una petición a un tribunal español estableciendo que Pachacutec había sido dueño de un lugar llamado Picchu. De manera complementaria, las investigaciones de John Rowe, Richard Burger y Lucy Salazar-Burger han fortalecido la idea de que en realidad Machu Picchu era un sitio de retiro para Pachacutec y otros miembros de su corte real el cual podría haber albergado entre 500-700 personas incluyendo gente de distintas partes del imperio. El análisis de distintos artefactos ubicados en la ciudadela también parecerían apuntar a que hubiese servido como “casa de campo”.

Aún cuando hoy en día la historia del lugar sigue siendo sujeto de distintas interpretaciones, el carácter místico y sagrado de la ciudadela que capturó el interés de Bingham sigue atrayendo a miles de visitantes de todas partes del mundo. Puede ser que en el futuro nuevas investigaciones permitan confirmar definitivamente cual era el propósito de Machu Picchu. Por ahora el misterio sigue atrapado entre las imponentes piedras.