Seguidores del Blog:

Previsión del tiempo

lunes, 1 de abril de 2013

Huevos de pascua

Ofrecer huevos en Pascua es una tradición que se remonta a varios siglos atrás. Según algunas fuentes la costumbre de regalar huevos en Pascua tiene su origen en el siglo IV. En aquella época la Iglesia no aconsejaba el consumo de huevos durante la Cuaresma. Sin embargo, las gallinas seguían poniendo huevos, ajenas a preceptos ni normas religiosas. Tirar los huevos hubiera sido un pecado. De tal forma, que no quedaba más remedio que guardarlos. En unas semanas se conseguía una sobreabundancia de huevos a los que había que dar salida.
 
El domingo de Resurrección, primer día en el que este precepto ya no rige, se convertía en la fecha señalada. Y qué mejor que compartir o regalar los huevos que no se habían consumido durante la Cuaresma. De esta forma, fue naciendo una costumbre.
 
Ofrecer una cesta de huevos frescos era sin duda un magnífico detalle, pero si además los huevos se coloreaban o se pintaban se convertían en un auténtico regalo.
 
En el siglo XII la Iglesia bendecirá la costumbre de regalar huevos como símbolo de resurrección a la salida de la misa de Pascua. Una costumbre que se ha mantenido hasta no hace mucho, especialmente en las zonas rurales, donde abuelos y padrinos entregan a los ahijados panecillos con dos huevos que se llevaban a bendecir.
 
Sea como fuere, el huevo tiene una gran importancia como símbolo de la Pascua que coincide con el inicio de la primavera, lo cual no es casualidad. En primavera, la naturaleza sale de su letargo, iniciándose un nuevo ciclo vegetal. Es el despertar a la vida. Si esto lo trasladamos al terreno espiritual, la Pascua representa una nueva vida que culmina con la la resurrección. Teniendo en cuenta que el huevo desde siempre ha simbolizado la fecundidad, la vida y la renovación, la asociación Pascua, Primavera y Huevo, no puede ser más exacta.
 
Otras fuentes afirman que el huevo simboliza los cuatro elementos de la vida. La cáscara representa la tierra; la membrana, el aire; la clara, el agua; y la yema, el fuego.
 
A partir del siglo XVIII, cuando la industria chocolatera consigue avances importantes en el manejo y tratamiento del chocolate, se empieza a vaciar los huevos frescos y a rellenarlos de chocolate. Más tarde llegaron otras formas: conchas, campanas, carruajes... copiando figuras de la escuela austriaca, con sus colores y formas.
 
Sin embargo, la tradición del conejo de chocolate se la debemos a los antiguos teutones que creían según cuentan las leyendas que en Pascua eran los conejos los que incubaban los huevos. La asociación Conejo- Pascua proviene de esta antigua creencia popular.
 
En España, la zona de Cataluña y Valencia, es la región con más tradición en la elaboración de figuras de chocolate para celebrar la Pascua. Estas figuras adquieren una gran importancia a partir de mediados del siglo pasado. Son las monas de Pascua, figuras diversas, -en algunos casos verdaderas esculturas-, en chocolate que adoptan multitud de formas, cuyo límite lo pone la imaginación y pericia del maestro chocolatero.

domingo, 31 de marzo de 2013

Mario Benedetti: Viceversa

Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte

tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte

tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte

o sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.


Mario Benedetti

sábado, 30 de marzo de 2013

El abuso de la banca

En España estamos acostumbrados a que los gobiernos importen todo lo malo de la Unión Europea (que es mucho), pero no trasladen las escasas cosas buenas, entre las que quizá se encuentre una cierta defensa del consumidor. Así, la semana pasada la Corte Europea de Justicia de Luxemburgo ha emitido una sentencia en la que establece que las leyes españolas vulneran las normas europeas de protección de los consumidores. A pesar de la algarada mediática suscitada, la sentencia tiene un corto recorrido, una aplicación limitada y concreta. Concede tan solo capacidad a los jueces (de la que hasta ahora carecían) para suspender los procesos de desahucio en aquellos casos en los que se aduzcan cláusulas abusivas, hasta que se haya sustanciado si estas existen o no y en qué medida afectan al proceso.
 
Mejor es esto que nada, pero desde luego no justifica la triunfalista afirmación en Barcelona del actual presidente del Parlamento europeo, el alemán Martin Schulz, de que la sentencia “es una señal y una demostración de que la UE trabaja en interés de los españoles y sus intereses sociales”. Hay que tener jeta, porque sin unión monetaria no se estarían dando los desahucios, o al menos no en la cantidad en que se están produciendo. Sin el euro jamás la burbuja inmobiliaria hubiera llegado a alcanzar tales dimensiones, porque los bancos alemanes no habrían prestado esa ingente cantidad de recursos a los españoles; y sin el euro el nivel de desempleo nunca hubiera llegado a las cotas actuales.
 
Que nadie crea que la sentencia va a solucionar el problema de los desahucios. Será de aplicación tan solo a alguno de ellos y en todo caso su efecto en la gran mayoría será el de ralentizarlos, pero no el de suprimirlos. En último término, todo queda sometido a la óptica de los jueces, ya que en la sentencia no se concreta qué cláusulas pueden ser tenidas por abusivas. Por desgracia, los desahucios continuarán produciéndose y tendremos que enfrentarnos de nuevo con el triste espectáculo de algún suicidio.
 
No obstante, la sentencia sí va a ocasionar, aunque de forma indirecta, un resultado positivo, el de lanzar una llamada de atención y situar una vez más ante la opinión pública el comportamiento depredador de los bancos. Ciertamente este proceder no es privativo de ellos (pensemos en las compañías de gas, electricidad, comunicaciones, etc., y en la indefensión del consumidor frente a ellas), pero en las entidades financieras adquiere especial gravedad, aunque sea únicamente porque parece que todos los ciudadanos se encuentran en la necesidad y en la obligación de sanearlas con su dinero cuando están en dificultades.
 
Los bancos aprovechan la situación de inferioridad en que se encuentra la mayoría de aquellos que van a demandar un crédito hipotecario para imponer sin ningún miramiento todo tipo de cláusulas abusivas de las que el cliente solo se entera, si es que se entera, en el momento de firmar la escritura y cuando ya no hay marcha atrás. El impacto es especialmente grave en el caso de que por cualquier circunstancia se produzca el impago, pero tales cláusulas se dan de manera generalizada y podríamos encontrarlas en casi todas las escrituras firmadas. Son bastantes personas las que se han visto sorprendidas cuando, tras haber firmado un crédito a tipo variable y habiendo bajado las tasas de interés, descubren que no tienen derecho a revisión de su cuota, porque en la escritura figuraba una cláusula (llamada suelo) que limita las posibles rebajas en el tipo de interés aplicado.
 
Tiene razón el Colegio de notarios cuando exige al Gobierno que tipifique claramente en la normativa las cláusulas abusivas, al menos con carácter enunciativo, a efectos de que ellos puedan asesorar a los clientes; pero existe a mi entender un planteamiento previo: la fijación obligatoria de que sea el cliente y no el banco el que determine el notario. Mientras sean las entidades financieras las que establezcan la notaría en la que hay que firmar la escritura, es una utopía pretender que el notario asesore al cliente; a quien asesorará será al banco, lo que suelen hacer con mucha diligencia por la cuenta que les tiene y el negocio que les facilita.
 
Algunas escrituras constituyen verdaderas obras de arte a la hora de desconcertar al prestatario. Hay quienes utilizan una escritura estándar de 60 u 80 folios en la que se recogen todos los casos posibles del derecho hipotecario determinando tan solo al final cuáles son los apartados que se aplican al hecho en cuestión, lo que sitúa al cliente de un crédito hipotecario simple ante la tarea hercúlea de saber con exactitud lo que le afecta, especialmente si, como es normal, la escritura se la han facilitado el día anterior o incluso media hora antes de firmarla.
 
El comportamiento abusivo de los bancos desde luego no se reduce a los créditos hipotecarios. Considérese, por ejemplo, el fraude cometido en muchos casos con la colocación de las participaciones preferentes o de otros productos de complejidad y riesgo similar a clientes incapaces de entender lo que estaban adquiriendo, o los atropellos perpetrados en aquellas ocasiones en que alguna cuenta queda al descubierto y en que lejos de avisar al cliente se le empieza a aplicar un interés desorbitado que podríamos calificar de usura, e incluso en algunos casos se le carga en cuenta una cantidad adicional y desmedida en calidad de aviso, aviso que nunca se ha producido.
 
Tal vez la primera reforma a introducir por el Gobierno debería ser la de conceder a otro organismo la competencia que en materia de reclamaciones acerca del comportamiento de las entidades financieras tiene en la actualidad el Banco España que, como es tan independiente, termina dependiendo de los bancos y se desentiende por completo de los intereses de los clientes. Si no puede decirse que haya sido muy eficaz a la hora de evitar la debacle bancaria, menos activo ha estado aún en proteger a los clientes frente al enorme poderío de las entidades financieras.
 
Juan Francisco Martín Seco – Consejo Científico de ATTAC España
Artículo publicado en República.com

viernes, 29 de marzo de 2013

La serie sobre La Biblia

“Esta serie es una adaptación de historias de la Biblia. Su intención es ser fiel al espíritu del libro”. Estas palabras aparecen en el rótulo con el que se inicia la serie de History Channel, La Biblia, el fenómeno televisivo que, contra todo pronóstico, ha arrancado también con un rotundo éxito en nuestro país. Su estreno en Antena 3 reunió casi cuatro millones de espectadores y ganó a Gran Hermano. Anoche, la segunda parte, también fue líder con 19.7 por ciento de share y 3.279.000 fieles.
 
Aunque si analizamos con ojos críticos esta producción, es difícil imaginar que realmente haya querido ser fiel al espíritu de los sagrados textos. Es más, en ocasiones, parece que a los guionistas se les ha ido un poco de las manos el material que han adaptado…
 
De hecho, solo hay que atender al dato de que el creador de la serie, Mark Burnett, está curtido en formatos lúdicos, como La Voz o Survivor, para que no nos sorprenda un cóctel televisivo en el que, antes de guardar máxima fidelidad a las sagradas escrituras, se elige el atajo del show del espectáculo más efectista.
 
Así, se ve claramente la inspiración de esta ‘Biblia’ en actuales éxitos masivos como Juego de Tronos o Spartacus. Pero la Biblia no era Juego de tronos ni Spartacus, ni sus protagonistas lucían cuerpos sudorosos ligeros de ropa y con muchas horas de gimnasio. Muy a tono con la época, sí. El truco viejo e infalible de siempre para subir la audiencia del que, como vemos, tampoco escapa History Channel.
 
Narrada a través de una voz en off al estilo de un documental, como si Dios omnisciente nos lo contara todo, los capítulos se construyen, necesariamente, gracias a la ayuda de las amigas elipsis. No había otra posibilidad. Y es que comprimir la Biblia al completo en sólo diez capítulos de una hora es una misión imposible. El ritmo súbito y acelerado, por tanto, está presente en muchos pasajes.
 
Y esto no está mal como antídoto contra el aburrimiento, pero las prisas también van acompañadas de descuidos de forma y fondo que rozan la tomadura de pelo: por momentos el Arca de Noé se parecía más a un portaaviones de la armada norteamericana o el malvado Herodes llamaba más la atención por su sobreactuación crónica, digna de un teatrillo de la Noche de Fiesta de José Luis Moreno.
 
Mucho se ha hablado, también, de la anécdota del parecido de Satanás con el presidente Obama. ¿Casualidad? Seguramente. Aunque en los primeros capítulos chirriaron más los injustificabes rasgos caucásicos de Moisés, los ángeles Ninjas con capa roja, que recordaban una pelí sobre mafias asiáticas; la perfecta dentadura blanca y reluciente de los esclavos israelitas en Egipto, con limpieza bucal recién estrenada, o las rastas de un moderno Sansón que parecía que se iba a arrancar a cantar una de Bob Marley.
 
En el aspecto visual, no faltan los movimientos de cámara bruscos, planificados así, supuestamente, para dar un toque mayor de realidad a una puesta en escena muy elemental. En el resultado final de la producción no se aprecian en todo su esplendor esos 22 millones de presupuesto que ha costado. En algunos momentos, la puesta en escena parecía un decorado de cartón-piedra de un culebrón de tarde, y los efectos digitales no están a la altura de 2013.  Hasta la separación del Mar Rojo es más espectacular en Los diez mandamientos, una película de… ¡1956!. Al final, siempre nos quedará el cine clásico.
 
En definitiva, La Biblia, la serie, no ha estado a la altura de la Biblia, el libro más vendido del mundo. No era un reto fácil y el resultado no ha cumplido los pilares básicos de una ficción televisiva de primera línea.
Leído en lainformacion.com

jueves, 28 de marzo de 2013

El café pendiente

"Entramos en un pequeño café, pedimos y nos sentamos en una mesa. Luego entran dos personas.:
- Cinco cafés. Dos son para nosotros y tres "pen
dientes".
Pagan los cinco cafés, beben sus dos cafés y se van. Pregunto:
- ¿Cuáles son esos “cafés pendientes”?
Me dicen:
- Espera y verás.
Luego vienen otras personas. Dos chicas piden dos cafés - pagan normalmente. Después de un tiempo, vienen tres abogados y piden siete cafés:
- Tres son para nosotros, y cuatro “pendientes”.
Pagan por siete, se toman los tres y se marchan. Después un joven pide dos cafés, bebe sólo uno, pero paga los dos. Estamos sentados, hablamos y miramos a través de la puerta abierta la plaza iluminada por el sol delante de la cafetería. De repente, en la puerta aparece un hombre vestido muy pobre y pregunta en voz baja:
- ¿Tienen algún "café pendiente"?

(Este tipo de caridad, por primera vez apareció en Nápoles. La gente paga anticipadamente el café a alguien que no puede permitirse el lujo de una taza de café caliente. Allí dejaban en los establecimientos de esta manera no sólo el café, sino también comida. Esa costumbre ya ha salido de las fronteras de Italia y se ha extendido a muchas ciudades de todo el mundo)

miércoles, 27 de marzo de 2013

Estamos listos

Al principio no éramos Grecia, luego no fuimos Islandia, ni Portugal, ni Italia. Ahora resulta que no somos Chipre, menos mal. Me pregunto cuánto tiempo nos falta para que no seamos España. ¡Qué alivio, cuando salga Guindos en la tele anunciándonos que no somos España! Y es que, aunque ya estamos sufriendo un corralito a plazos, no nos extrañaría que de un martes a un miércoles, por dar ejemplo, por experimentar, o para provocar una erección en algún ministro de Finanzas impotente, nos robaran también los ahorros ingenuamente depositados en los bancos. En ese instante, tiempo al tiempo, se nos aparecería Dolores de Cospedal, como la Virgen a los pastorcillos, proclamando: “No preocuparse, nosotros no somos España”.

Si nos creímos un programa electoral inverosímil, nos tragamos cualquier cosa. Estamos deseando que alguien nos diga que aquí no puede ocurrir porque esto no es España. Pero aun en el caso de que fuera España, tranquilos: lo sería de un modo aislado, al modo de las torturas de Diwaniya. Es cierto que para engañar tanto al personal tienes que haberle confundido previamente. Y tienes que haberle confundido mucho. Pero después de lo del despido en diferido de Bárcenas, estamos preparados para todo. No hay más que ver el papanatismo, nunca mejor dicho, con el que recibimos las informaciones sobre la elección del nuevo papa. No parecía que estuviésemos hablando de una institución antidemocrática, misógina, patriarcal, homófoba y colaboradora esencial de algunas de las dictaduras más sangrientas del siglo XX, la española entre ellas. Veía uno el telediario o escuchaba la radio y no daba crédito. Significa que no hay oposición de ningún tipo y en ningún ámbito y que estamos maduros ya para que nos saqueen asegurándonos, mientras nos roban, que esto no es España, ni aquel nuestro cajero automático.

Juan José Millás para El País