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jueves, 25 de agosto de 2011

Los indígenas saparas

Los saparas viven en la Amazonía ecuatoriana y peruana
Los indígenas sáparas de la Amazonía ecuatoriana, diezmados por la explotación de su tierra durante siglos, buscan impedir que desaparezca la fonética de su idioma. El año comenzó con ocho ancianos que hablaban con total fluidez su lengua, considerada Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, pero dos han muerto. Los saparas quieren realizar un documental que les ayude a preservar el idioma. Los restantes "están en buena salud pero son bien mayores", dijo Bartolo Ushigua, perteneciente a la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador y ex presidente de la organización Sapara.
En 1680 la comunidad estaba integrada por unos 98.500 miembros, pero a principios del siglo XX la cifra se había reducido a 20.000, según el Ministerio Coordinador de Patrimonio. Sobre el número actual de saparas hay divergencias, pues mientras que el Ministerio de Patrimonio mantiene que existen unos 400 saparas en Ecuador y 500 en Perú, según los cálculos de Ushigua hay 1.500 solo en Ecuador, la mayor parte de ellos en la provincia de Pastaza.
De acuerdo con el Ministerio, la reducción dramática de la población respondió a la injerencia de empresas madereras y petroleras, además de la mezcla con otros pueblos y culturas que han producido un mestizaje "y la casi extinción de este pueblo". Además de los seis ancianos que dominan la lengua, unos cinco jóvenes hablan "muy bien" el idioma, según Ushiga.
En su opinión, la lengua de los saparas no está en peligro de desaparecer debido a que ahora la están aprendiendo en la escuela los niños de entre dos y cinco años, y porque cuentan con un lingüista y tres gramáticas, escritas desde 2004, donde está la estructura del idioma. Su preocupación radica en la fonética: "En esa parte sí estamos en peligro, porque los jóvenes que lo han aprendido a hablar no lo hacen como los mayores. Hablan mezclado, el sonido es casi como quechua" y también se ha combinado con el español, dijo.
La lengua sapara, que significa "persona de la selva", "no es difícil", según Usigua, quien la entiende, pero no lo habla por falta de práctica, pues desde niño estudió en español y quichua. El líder de los saparas comentó, además, que subsisten solo dos de los 32 dialectos que tenía el idioma. Por todo ello, los saparas quieren llevar a cabo un documental "para que no se pierda el sonido de la lengua", para lo cual han pedido fondos (unos 12.000 dólares) al Ministerio Coordinador de Patrimonio natural y Cultural de Ecuador. Prevén que les llevaría cinco meses la elaboración del documental que incluiría, entre otros, cuentos y gramática, comentó Luciano Ushigua, técnico de la Dirección de Educación Sapara, quien señaló que pretenden que en el filme aparezcan sugerencias de palabras por parte de los ancianos para designar cosas modernas.
Por ejemplo, solo conocieron el avión cuando dos misioneras llegaron a las comunidades, y lo llamaron "arapiaunja", o ave grande que vuela. Aún no saben cómo llamar a los ordenadores o los automóviles, que son desconocidos para los ancianos, que están en varias comunidades desplegadas en la zona fronteriza con Perú, y a donde los realizadores del documental llegarían tras 45 minutos en avioneta.
En Ecuador existen veintidós comunidades saparas, que viven de la caza y la pesca, en armonía con la naturaleza, y según su mitología son descendientes de los monos, por su gran agilidad. Tradicionalmente confeccionan su vestimenta con la corteza de un árbol y, según Bartolo Ushigua, orientan las actividades de la comunidad en base a los sueños.
"Todas las cosas que va a pasar al día siguiente las soñamos y, de acuerdo a eso tomamos decisiones", como salir de caza o quedarse en casa porque acecha algún peligro, comentó Ushigua. Esa cosmogonía se plasma en el lenguaje, que la comunidad quiere rescatar como forma de preservar su propia identidad.
Leído en:http://www.20minutos.es/noticia/1072179/0/sonido/saparas/ecuador/

miércoles, 24 de agosto de 2011

El timbre ahuyenta ladrones


Laurence Rook, un niño de Reino Unido, está a punto de conseguir 250.000 libras (280.215 euros) con tan solo 13 años de edad. Y todo por crear un timbre, aunque no es un timbre cualquiera. 'Smart Bell' es un nuevo dispositivo que sirve para ahuyentar a los ladrones. Tan solo con pulsarlo realiza una llamada a un teléfono móvil al que está conectado y crea la sensación de que hay alguien en casa. De esta manera el dueño de la casa podrá hablar con cualquiera que esté al otro lado de la puerta de su domicilio aunque él no se encuentre en casa.
Además, el dispositivo produce incluso una pequeña cantidad de "ruido blanco" para dar a cualquier visita inesperada la impresión de que están hablando con alguien dentro de la casa a través de un interfono. Este invento utiliza una tarjeta SIM y la tecnología existente en telefonía móvil. Además, tiene otros usos muy interesantes.
El sistema también podría permitir a los propietarios recibir paquetes o mercancías aunque no haya nadie en casa, dando instrucciones a la persona que hace la entrega dónde que hacer con los paquetes. Tras 12 meses desarrollando el prototipo, Rook ya ha vendido 20.000 unidades de su 'gadget' al gigante de telecomunicaciones Innovar Commtel y está ultimando un acuerdo con una segunda empresa, para vender otras 25.000 unidades.
El niño asegura que se le ocurrió esta idea porque su madre "estaba harta" de tener que ir habitualmente a la oficina de correos a recoger paquetes certificados porque nunca había nadie en casa para recogerlos cuando se hacían las entregas. Sin embargo, asegura que al empezar a desarrollar 'Smart Bell'se dio cuenta de que también podía ser una herramienta disuasoria para los ladrones. "Si usted está fuera y un ladrón se acerca a su puerta y toca el timbre, después de diez segundos 'Smart Bell' sonará a través de su teléfono móvil y usted podrá responder como si se encontrase dentro de la vivienda", asegura Rook.
Leído en: http://actualidad.orange.es/insolito/un-nino-13-anos-se-hace-oro-un-timbre-que-ahuyenta-ladrones.html

martes, 23 de agosto de 2011

La cama de Pandora (V)

Mi amiga Luisa ha decidido que de este verano no pasa tener un affaire... con su marido. El día a día se los come a los dos, y desde que tuvieron el niño, hace ya tres años, la pobre se lamenta de que el sexo que practican es rápido, tradicional, rutinario y poco satisfactorio. Eso cuando lo practican... Porque lo normal es estar enfrascados en una vida enloquecida de preocupaciones y trabajo y, cuando se ven por la noche en casa, se quedan catatónicos ante la tele.
Como, además, no parece que vayan a tener vacaciones este año, les he redactado una serie de recomendaciones para vivir una aventura con su pareja. Llevo años viendo a mis padres hacer cosas de éstas, así es que, si a ellos les funcionaba hace tanto tiempo, por qué no va a funcionar ahora que hay más libertad y más adelantos tecnológicos.

10 Notas para echar un polvo con tu pareja aunque tengas hijos y te quedes sin vacaciones...

1.-Tened una cita al menos una vez por semana. En vuestro caso las tres C pasan a ser cuatro: canguro, cita, cena y coito. (Aclaración para los hombres; la cita, la cena y el coito NO son con la canguro).
2.-Si podéis permitíroslo, buscaos un hotel. Da mucho más morbo y podréis gritar de placer lo que os dé la gana sin miedo a despertar a los niños o a que alguno se plante allí para dormir con vosotros.
3.-Si ya tienen edad, mandad a los niños a un campamento.
4.-Si no queda más remedio que acudir a alguna reunión familiar, ausentaos para ir juntos al baño y haceos un favorcito oral (esto vale para cualquier época del año).

[foto de la noticia]

5.-Aprovechad si vais a la piscina, al río o a un pantano para meteros mano. Así, vosotros que sois tan cumplidores, llegaréis a casa mentalizados de que hay que terminar lo que se empieza.
6.-Regalaos un vibrador con mando a distancia para jugar con él en los tediosos espectáculos infantiles. El Cantajuegos es un poco menos horrible si llevas una bala vibradora en tu vagina.
7.-Usad el móvil para acribillaros con mensajes procaces y atrevidos mientras trabajáis. Luego, cuando estéis juntos, hay que leerlos en voz alta y seguir las instrucciones. Para eso es fantástico el whatsex, digo... whatsapp.
8.-Visitad a los abuelos. Nadie dice que haya que encalomarle a los niños todo el verano, pero seguro que se pueden ocupar de ellos un par de horas una tarde.
9.-Llevaos una chaqueta para el cine de verano o una mantita que poner sobre vuestras piernas y, de paso, permitir que tu pareja maniobre a placer. Ponte minifalda.
10.-Y, por supuesto, apagad el aire acondicionado del dormitorio y dormid desnudos. No hay nada que erotice más que la piel de otra persona.
Estos diez mandamientos se resumen en dos: "Rentabilizad los fines de semana" y "Precalentad el horno o moriréis de frío".


domingo, 21 de agosto de 2011

El balón de NIVEA

¿Quién no ha nadado hasta más allá de la boya para conseguir su balón de Nivea? ¿O lo ha intentado al menos? Pareciera que la mítica pelota se inventó en la costa española a finales de los setenta, cuando caían de avionetas ante la locura generalizada. Pero la historia del balón azul arrancó mucho antes, a mediados de los treinta en Alemania, como una interpretación tridimensional de la lata de crema. Hay prueba gráfica: Esta inquietante foto de 1934 titulada "Schwimmer mit Nivea ball".

Nadando con un balón de NIvea
Sin embargo, no fue hasta los años cincuenta, superada la Segunda Guerra Mundial y las dificultades de la posguerra, cuando el fenómeno ¿explotó? La gente tenía vacaciones, hacía deporte, iba de excursión. Y la publicidad hizo el resto...

Desde 1971 hasta 2010, la marca ha producido en el mundo unos 20 millones de balones. Que tampoco son tantos teniendo en cuenta que, al menos en España, todo el mundo parece haber tenido uno.
Aunque la marca, que este año cumple su centenario, sigue distribuyendo balones (eso sí, civilizadamente dobladitos y empaquetados con las cremas), hay algunos nostálgicos que echan de menos aquellas avionetas que nos lanzaban como psicópatas al agua. Para consolarse, los nostálgicos abren terapéuticos grupos de Facebook como Queremos que vuelva la avioneta que tira la pelota de Nivea!!, Quiero que vuelvan a tirar pelotas NIVEA los aviones en la playa!!!! y el más tristón Yo nunca pude coger un balón de Nivea.

En todos se narran dramáticas historias de malvados señores que nos robaban balones y de padres heroicos que abandonaban la sombrilla para pelear a codazos en las aguas por el hinchable icono.
Y tú, ¿Has tenido o tienes uno?

Leído en ELPAIS.COM: http://blogs.elpais.com/turistario/

sábado, 20 de agosto de 2011

La onda verde




En la fila del supermercado, el cajero le dijo a una señora mayor que debería traer su propia bolsa de compras ya que las bolsas plásticas no eran buenas para el medio ambiente. La señora pidió disculpas y explicó: “Es que no había esta onda verde en mis tiempos”. El empleado le contestó: “Ese es nuestro problema ahora. Su generación no tuvo suficiente cuidado para preservar nuestro medio ambiente.”
Tenía razón, nuestra generación no vivía la onda verde en esos tiempos. En aquel entonces, las botellas de leche, las botellas de gaseosas y las de cerveza se devolvían a la tienda. La tienda las enviaba de nuevo a la planta para ser lavadas y esterilizadas antes de llenarlas de nuevo, de manera que podían usar las mismas botellas una y otra vez. Así, realmente las “reciclaban”. Pero no teníamos onda verde en nuestros tiempos.
Subíamos las gradas, porque no había escaleras mecánicas en cada comercio y oficina. Caminábamos al almacén en lugar de montar en nuestro vehículo de 300 caballos de fuerza cada vez que necesitábamos recorrer dos cuadras. Pero tenía razón, no teníamos la onda verde en nuestros días.
Por entonces, lavábamos los pañales de los bebés porque no había desechables. Secábamos la ropa en tendederos, no en esas máquinas consumidoras de energía sacudiéndose a 220 voltios, la energía solar y eólica secaban verdaderamente nuestra ropa. Los chicos usaban la ropa de sus hermanos mayores, no siempre modelitos nuevos. Pero esa señora está en lo cierto: no teníamos una onda verde en nuestros días.
En ese entonces teníamos una televisión, o radio, en la casa, no un televisor en cada habitación. Y la TV tenía una pantallita del tamaño de un pañuelo (¿se acuerdan?), no una pantallota del tamaño de un estadio.
En la cocina, molíamos y batíamos a mano, porque no había máquinas eléctricas que lo hagan todo por nosotros. Cuando empacábamos algo frágil para enviarlo por correo, usábamos periódicos arrugados para protegerlo, no plastoformos o bolitas plásticas.

En esos tiempos no encendíamos un motor y quemábamos gasolina sólo para cortar el pasto. Usábamos una podadora que funcionaba a músculo. Hacíamos ejercicio trabajando, así que no necesitábamos ir a un gimnasio para correr sobre pistas mecánicas que funcionan con electricidad. Pero ella está en lo cierto: no había en esos tiempos una onda verde.
Bebíamos de una fuente cuando teníamos sed, en lugar de usar vasitos o botellas de plástico cada vez que teníamos que tomar agua. Recargábamos las plumas con tinta, en lugar de comprar una nueva y cambiábamos las hojillas de afeitar en vez de echar a la basura toda la afeitadora sólo porque la hoja perdió su filo. Pero no teníamos una onda verde por entonces.
En aquellos tiempos, la gente tomaba el tranvía o un ómnibus y los chicos iban en sus bicicletas a la escuela o caminaban, en lugar de usar a la mamá como un servicio de taxi de 24 horas. Teníamos un enchufe en cada habitación, no un banco de enchufes para alimentar una docena de artefactos. Y no necesitábamos un aparato electrónico para recibir señales de satélites a kilómetros de distancia en el espacio para encontrar la pizzería más próxima.
Así que ¿no les parece lamentable que la actual generación esté lamentándose cuán botarates éramos los viejos por no tener esta onda verde en nuestros tiempos?.

viernes, 19 de agosto de 2011

El pan tostado


Después de un largo y duro día en el trabajo, mi mamá puso un plato de salchichas y pan tostado muy quemado frente a mi papá. Recuerdo estar esperando ver si alguien lo notaba.

… Sin embargo, aunque mi padre lo notó, alcanzó un pan tostado, sonrió a mi madre y me preguntó cómo me había ido en la escuela. No recuerdo lo que le contesté, pero sí recuerdo verlo untándole mantequilla y mermelada al pan tostado y comérselo todo.
Cuando me levanté de la mesa esa noche, recuerdo haber oído a mi madre pedir disculpas a mi padre por los panes tostados muy quemados.
Nunca voy a olvidar lo que le dijo: "Cariño no te preocupes, a veces me gustan los panes tostados bien quemados."
Más tarde esa noche, fui a dar el beso de las buenas noches a mi padre y le pregunté si a él le gustaban los panes tostados bien quemados. Él me abrazó y me dijo estas reflexiones:
"Tu mamá tuvo un día muy duro en el trabajo, está muy cansada y además un pan tostado un poco quemado no le hace daño a nadie”…
La vida está llena de cosas imperfectas y gente imperfecta. Aprender a aceptar los defectos y decidir celebrar cada una de las diferencias de los demás, es una de las cosas más importantes para crear una relación sana y duradera. Un pan tostado quemado no debe romper un corazón. La comprensión y la tolerancia es la base de cualquier buena relación. Sé más amable de lo que tú creas necesario, porque todas las personas, en éste momento, están librando algún tipo de batalla. Todos tenemos problemas y todos estamos aprendiendo a vivir y lo más probable es que no nos alcance la vida para aprender lo necesario.
Recuerda, "El camino a la felicidad no es recto”