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jueves, 22 de mayo de 2014

¿A quién voy a votar el 25 de mayo?

Me han preguntado que a quién voy a votar en las elecciones europeas del domingo y mi respuesta ha sido todo lo clara que he podido: ¿Y tú me lo preguntas? He votado siempre y lo seguiré haciendo por la justicia social, la igualdad, la solidaridad, el bienestar, la democracia participativa y la libertad; la honradez, la decencia y la dignidad. Nunca he votado ni lo haré por quienes se opongan a estos anhelos míos.
 
Para racionalizar el ejercicio de mi derecho a votar -que tanto nos costó recuperar- y decidir que papeleta es la que escojo, según las propuestas que estén en consonancia con mis ideas, me he dado un paseo por los programas electorales. Tendré en cuenta las posibilidades que tienen de salir elegidos, las oportunidades de llevar a cabo sus propuestas, la seriedad de sus alternativas y el cumplimiento o incumplimiento de sus anteriores compromisos. Este ha sido el resultado de mi análisis; para todos ustedes.
 
«Los pueblos deciden» es la coalición formada por EH Bildu, BNG y otros grupos de carácter independentista. Rechazan el modelo económico actual y presentan una alternativa «para construir una alianza continental que no responda al mandato de los mercados, sino a las necesidades de las personas y a la voluntad de los pueblos». Pretenden poner en marcha un proceso constituyente en Europa, por un modelo basado en la justicia social y en la solidaridad. Defienden la Europa de los pueblos, de los trabajadores y trabajadoras, de los estudiantes, de las clases populares, construida desde la base, trabajando, dicen, «hombro con hombro con otras fuerzas rupturistas y soberanistas», contra la Europa de los mercados y los mercaderes, del Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional, «caras más visibles de un sistema que, a nivel mundial expolia y saquea a los pueblos en pos del beneficio de unas élites insultantemente minoritarias». (Programa Los pueblos deciden)
 
El Movimiento RED, por la renovación democrática ciudadana, se compromete en la lucha contra la corrupción en las instituciones «para que sean más democráticas» y las personas como epicentro de la Política. En pos de la mayor eficacia, se centran en políticas que vertebren el Estado, dando prioridad, en los presupuestos públicos, a las políticas de educación, sanidad, sociales energéticas, igualdad y medio ambiente. Apuestan por la democracia participativa que acabe con la sociedad desmotivada y desmoralizada, limitando a dos legislaturas el mandato en todos los niveles políticos, otorgando mayores competencias al Parlamento Europeo. (Programa Movimiento RED)
 
Compromís, Equo y la Chunta Aragonesista proclaman una «Primavera Europea», entendiendo la política como un servicio a las personas. Pretenden acabar con los recortes, porque «La austeridad empobrece a millones de personas e hipoteca el futuro de las generaciones venideras». Se definen como partidos europeístas que han perdido su confianza en la UE, por lo que pretenden reformar la «Europa de la Troika, que es cada vez más desigual e insostenible y lleva a que la gente pierda la confianza en el proyecto europeo», espacio clave para luchar «contra las grandes corporaciones y los mercados financieros, el cambio climático y los populismos xenófobos y excluyentes». Entre sus objetivos proponen una auditoría de la deuda para poder discernir cuál es legítima y cuál no, así como impulsar la democracia dentro de las instituciones europeas. Reivindican un espacio de libertad y seguridad para todas las personas, libre de discriminación, racismo y xenofobia, y defienden la igualdad de derechos para las mujeres y para los colectivos marginados. (Programa Primavera Europea)
 
«Podemos» apuesta por convertir la indignación en cambio político y construir la democracia a través de la participación ciudadana y la unidad popular, apostando por la auto-organización, trabajando en círculos territoriales y sectoriales, en ciudades, pueblos y barrios. En su programa destaca la defensa de los derechos sociales, el cambio del modelo productivo, y el reparto del empleo y de la riqueza. En cuanto a propuestas relacionadas con la igualdad, Podemos, pretende abrir un proceso constituyente que garantice que los derechos sociales y culturales tengan el mismo estatuto que los civiles y políticos. Asimismo, plantean medidas para acabar con la desigualdad entre hombres y mujeres en el ámbito laboral. Defienden el derecho a la salud y educación pública, universal, equitativa y gratuita en el ámbito de la UE y prohibirán los despidos en empresas con beneficios y derogarán las reformas laborales. (Programa Podemos)
 
Izquierda Unida se presenta por el Partido de la Izquierda Europea (PIE), que lidera el griego de Syriza, exigiendo romper con la Troika y alcanzar una «democracia real». Consideran que «Europa está construida por las fuerzas hegemónicas de la derecha, por tanto no es la Europa de los pueblos», sino la «la Europa de los pobres». IU, que se presenta como alternativa al bipartidismo, propone guiar a la UE hacia el pleno empleo, reduciendo la edad de jubilación y las horas semanales de trabajo, apostando por la cohesión social y territorial de los pueblos, asegurando un sistema europeo de servicios públicos de calidad. Consideran que hay que desregular el mercado, por lo que adoptarán «una fiscalidad europea altamente progresiva basada en las transacciones financieras y en las grandes fortunas». Rescatarán sectores estratégicos privatizados como la energía, el transporte, la gestión del agua, parte del sector financiero o la siderurgia «que permita la creación de Consorcios Públicos Europeos que orienten la actividad económica hacia la creación de empleo y la igualdad». (Programa IU)
 
El programa electoral del Partido Socialista Obrero Español se centra principalmente en la creación de empleo de calidad y con salarios dignos, con el objetivo de reducir la alta tasa de paro que golpea a España y a la UE. Pretende una nueva política económica y una unión fiscal que impulsen el crecimiento y luchar contra la desigualdad, entre las sociedades con un alto nivel de desarrollo y bienestar y aquellas que están más estancadas. Declaran que «La Europa socialista no está dispuesta a caminar hacia atrás, sino hacia adelante en igualdad y en la defensa de los derechos de las mujeres». Por último, el PSOE defiende la necesidad de modificar el calendario de reducción fiscal, para facilitar el crecimiento, luchar contra los paraísos fiscales y la evasión fiscal e imponer un impuesto sobre las transacciones financieras. (Programa PSOE)
 
Hay otras propuestas pero no son mi alternativa. Piensenselo, pero voten. Entre las que he expuesto, el 25 decidiré cual es la agraciada, no tanto por lo que dicen que harán, sino por lo que han dejado de hacer o hacen. Será por la justicia social, la igualdad y la solidaridad; la honradez, la decencia y la dignidad. Por la clase trabajadora y contra el poder económico. Por una Europa social, de libertad y democracia; la de los derechos y el bienestar. Ciudadan@s socialistas, de la izquierda, unidos podemos. Mientras sean felices. Como dicen los amigos de Pescozada «aunque solo sea para joder».
Fuentes: Programas electorales, República, Público, InfoLibre, ElDiario y otros medios
Victor Arrogante en ecorepublicano.es
http://www.ecorepublicano.es/2014/05/a-quien-voy-votar-el-25-de-mayo.HTML

El que me conoce, ya sabe que las opciones de la derecha no me interesan...

miércoles, 21 de mayo de 2014

El ministro tuitero

«Roja». «Facha». «Vendida». «Entregada al poder». «Puta». «Hija de la grandísima puta». «Cállate zorra». «No tienes ni puta idea de hacer entrevistas, en una esquina serías mucho más eficiente». «Cerda». «Deberían degollarte las tropas moras de Franco». «Solicito permiso para meterte en un campo de concentración en el ala de violadores inmigrantes». Hace tres o cuatro años que comencé a usar Twitter. No recuerdo la fecha exacta, pero sí que dos amigos de TVE me abrieron la cuenta y me animaron a usarla. No tardé mucho en engancharme e incorporar esta herramienta a mi trabajo. La verdad es que desde el principio entendí cuál era la regla fundamental: que no había reglas.
 
Así que, una vez que decides estar, aceptas los debates que se generan en torno a tu forma de entender el periodismo, sobre las entrevistas del programa o sobre tu visión de la realidad. Aceptas también las críticas, las rebates si crees que hay que hacerlo e incluso lees con atención aquellas fundamentadas que pueden hacer que tu trabajo sea más riguroso. Pero un día trazas una línea. Ni siquiera es el día en el que te llaman «puta» porque has entrevistado a un político y le has apretado en algunas preguntas relacionadas con la corrupción. Ese día muestras tu amargura por la falta de argumentos y el exceso de machismo. Pero nada más. Semanas después te empiezan a llegar amenazas de muerte directas a las que no das importancia porque piensas que cualquier persona en Twitter desde el anonimato puede escribir ese tipo de cosas. Sin embargo, otro día un amigo te pide que pongas ahí la línea roja. Te pide que lo denuncies. La policía también te recomienda que lo hagas porque si te ocurre algo no habrá que lamentar que se podría haber evitado.
Así que un día festivo, aprovechando que no trabajas y que esas amenazas e insultos han ido a más, decides ir a una comisaría y denunciarlo. Y ahí se queda el tema. Te olvidas y sigues a lo tuyo. No eres la primera persona a la que le ocurre ni serás la última. Meses después te llega a casa una carta certificada donde te comunican que la justicia ha decidido que «puta» no es un insulto y que pedir que te corten el cuello no es una amenaza. Y no te queda otra que aceptar. Si se aceptara cada denuncia como esta colapsaríamos aún más los tribunales. Al fin y al cabo, es Twitter. Por la calle nadie te ha dicho nunca semejante cosa. Así que sigues a lo tuyo.
 
Y hace dos días escuchas al ministro del Interior decir que hay que investigar Twitter porque es un lugar donde se insulta y amenaza. Y lees que detienen a un joven por insultar e «incitar a la violencia en las redes sociales». Debe ser que el ministro se acaba de abrir una cuenta en la red. Y por eso no ha podido leer cosas anteriores contra Pilar Manjón, Irene Villa y mucha otra gente. Es posible. O debe ser que no todos somos iguales.
 
Ana Pastor. Periodista.
Fuente: www.elperiodico.com
 

martes, 20 de mayo de 2014

Las asignaturas pendientes del PSOE

Gane o pierda las elecciones del próximo domingo, el PSOE tiene un doble reto si no quiere perecer en el declive del bipartidismo: construir un nuevo liderazgo y reconstruir el partido, lo que pasa por sellar la fractura interna y elaborar una oferta de proyecto político que aúne esperanza y credibilidad. Si los socialistas pierden estos comicios, el proceso de renovación se hará tan inevitable como urgente; si ganan, puede producirse un cambio de percepción e incluso de actitud, tanto en el PSOE como en el PP y en el conjunto de la sociedad, pero ese cambio anímico no modificará la realidad de aquellos agujeros negros.
 
La historia contemporánea del PSOE puede resumirse en tres grandes periodos. El primero, y más exitoso, estuvo marcado por el hiperliderazgo de Felipe González y Alfonso Guerra, quienes a partir de la memoria histórica y de los cascotes de un partido que se difuminó durante el franquismo después de haber participado en los gobiernos de la II República, construyeron una de las maquinarias políticas más eficaces de toda Europa, tomando como referencia el SPD alemán y la socialdemocracia nórdica.
 
Durante este periodo, que duró casi un cuarto de siglo (de 1974 a 1997), el PSOE no sólo fue una máquina de ganar elecciones –gobernó casi catorce años de forma ininterrumpida–, sino que tuvo la capacidad de renovar su ideario y sus propuestas para adaptarse a las necesidades y demandas de la España del momento. Así fue hasta que murió de éxito, como en su momento dijo el propio González.
 
De la primera a la segunda transición
 
Tras la renuncia del patriarca socialista en 1997, que se produjo después de una virulenta guerra interna entre los felipistas y los guerristas que fracturó el partido, el PSOE se abismó en una travesía del desierto que estuvo marcada por la falta de liderazgo –Joaquín Almunia, señalado como sucesor por el dedo de González, buscó legitimarse en unas primarias que contra todos los pronósticos ganó José Borrell, cuya posterior dimisión llevó a presentar como candidato a quien los propios militantes habían dicho que no querían como líder–.
 
Este período de transición, que presenta paralelismos con la fase actual, se caracterizó por los ajustes de cuentas internos y también por una radicalización ideológica que se plasmó en la alianza suscrita por Almunia con la Izquierda Unida del comunista Francisco Frutos, apuesta que se saldó con un descalabro electoral que puso término al segundo periodo. Pero en aquel tiempo el PSOE seguía funcionando como partido, como se demostró en las elecciones municipales de 1999, cuando ganó al PP en número de concejales y se quedó a menos de 40.000 votos en el cómputo global.
 
La transición culminó en 2000 con la elección de José Luis Rodríguez Zapatero. Con él se volvió al hiperliderazgo, se cicatrizaron las heridas y se reconstruyó el partido, pero sólo como una organización a la medida del líder, que ahogó el debate interno tras reconquistar el Gobierno en 2004. Su ocaso comenzó en 2010, con el giro hacia la austeridad, y culminó en 2011, cuando los socialistas cosecharon el menor apoyo del periodo democrático. Pero lo peor, en clave de partido, ya se había producido: la organización quedó arrasada con la pérdida de la práctica totalidad de su poder municipal y autonómico.
 
Como en 1997, el líder en retirada señaló como sucesor a uno de los suyos –si Alfredo Pérez Rubalcaba fue vicepresidente de Zapatero, Almunia había sido el ministro más joven de González–, pero entonces como ahora se constató que, como dijo Karl R. Popper, “el factótum del partido gobernante rara vez resulta un sucesor capaz” (La sociedad abierta y sus enemigos, Paidós).
 
Con Rubalcaba al timón, el PSOE inició una nueva travesía del desierto, en la que ni hay liderazgo ni hay partido –con la excepción de Andalucía–. Lo primero lo demuestra el hecho de que sólo un 10% de la población declara confiar en Rubalcaba, según el último barómetro del CIS; y lo segundo, lo acredita la escasa movilización y nulo entusiasmo que ante las elecciones europeas manifiesta una militancia que, relamiéndose todavía las heridas del congreso de Sevilla, en el que se enfrentaron Rubalcaba y Carmen Chacón, está más pendiente de la pasarela de los precandidatos para las elecciones primarias que de la campaña del 25-M, que sólo se ha animado con el revolcón televisivo de Elena Valenciano a Miguel Arias Cañete.
 
Madina toma ventaja
 
El panorama interno se empezará a aclarar a partir del día 26, cuando el PSOE tendrá que ratificar o rectificar la hoja de ruta que conduce a la celebración de primarias en noviembre, y los que están señalados como precandidatos deberán decidir si finalmente se postulan y demostrar que disponen de los avales necesarios.
 
Superado el ecuador de la campaña europea, parece haber una inclinación creciente hacia la opción de Eduardo Madina, que no sólo encarna una renovación generacional, sino que está concitando apoyos entre la vieja guardia y las nuevas generaciones, pero también –y sobre todo– entre quienes en Sevilla apoyaron a Rubalcaba y los que optaron por Chacón. Como en su momento ocurrió con Zapatero, el haberse mantenido al margen de las guerras internas le sitúa en la posición ideal para restañar las heridas todavía abiertas, una condición sine qua non para revitalizar el PSOE.
Gonzalo López Albo para Elconfidencial.com

lunes, 19 de mayo de 2014

Sí fue político

La corrupción se da en la clase política de todo el mundo, se mire donde se mire, pero lo que hay en España es algo muy parecido a la impunidad. Si analizamos todas y cada una de las corruptelas, presuntas y/o demostradas que han acampado largas temporadas en los espacios informativos, ninguna se ha descubierto gracias a los mecanismos de control de las administraciones, sean los servicios jurídicos de una institución o las inspecciones de hacienda. (Si se me ha pasado o ignoro alguna, les agradecería que lo mencionasen en los comentarios). Gürtel nació de la crisis de conciencia de un joven concejal del PP de Majadahonda. Nóos fue un spin off del Palma Arena, que se descubrió cuando un nuevo gobierno balear revisó las facturas del anterior. Pokémon se originó gracias a que los socios de un concejal eran propietarios de un local de alterne. De la misma forma, ha tenido que ocurrir un crimen espantoso y cruel -como todos, por otra parte- para que descubramos que, en pleno siglo XXI, una provincia entera puede estar dominada institucional, política, mediática y en parte económicamente por una sola persona, a la que además, no eligen los ciudadanos.
 
En ese sentido, además de todo lo que se quiera bucear en los componentes personales, en el ansia de venganza y en las conductas patológicas, la muerte de la presidenta de la Diputación de León, Isabel Carrasco, sí es un asesinato connotadamente político. O sociopolítico. No en el sentido de la doctrina Sostres-Barberá, de que la presidenta asesinada haya sido una víctima del radical clima de descrédito de la clase política, incitado por determinadas publicaciones y comunicadores y jaleado por las hordas de las redes sociales. (Repasemos: unas presuntas autoras militantes del PP, esposa e hija de comisario de policía; un testigo policía jubilado, una agente de policía local que retiene el arma, el novio policía nacional de su hermana que la convence para que la entregue… realmente solo faltaba un capitán de fragata en el Bernesga con una lancha para facilitar/impedir la huida. Habría que ver los comentarios si hubiese muerto apuñalada por un homeless al que no quiso dar un cigarrillo).
 
El relato sociopolítico, despojado de los elementos de crónica negra, está protagonizado por una chica de buena familia, con un título de ingeniería de telecomunicaciones, que además ha hecho un máster en Alemania. Por lo que se ve, pese a sus conocimientos, sus oportunidades pasaban por aprovechar la relevancia social de su familia, y en concreto por superar el filtro de la presidenta de la Diputación. “La puse porque entonces me comentaron que había una chica que acababa de volver de Alemania que era ingeniera de comunicaciones y que estaba en línea con nuestra ideología de centro-derecha. Hablé con su padre, que sí lo conocía, y después con la chica. Y me dijo que sí”, reconocía, de una forma casi enternecedora, el líder municipal de Astorga del PP. Es decir, en una ciudad tradicional desde que era capital de las tribus astures y que no llega a los 12.000 habitantes, el líder no tiene claro a quién poner en el puesto fronterizo entre salir y no salir, y desconoce la existencia de una ingeniera de telecomunicaciones formada en Alemania, hija del responsable de la policía, y con ideología de centro-derecha, hasta que alguien se lo deja caer. A todo esto, la chica tenía entonces unos 28 años, pero el portavoz, haciendo lo correcto, pide antes la mano política a su padre. El futuro laboral de Triana Martínez se despeja, como todos saben, con un contrato de interina en la Diputación.
 
Y como todos también saben, futuro político y laboral se despeñan porque pierde -por motivos que a efectos del relato sociopolítico no importan ni vienen al caso- el favor de su anterior protectora. Al relato tampoco le interesa traer a colación el carácter de Carrasco –siendo benévolos, la trasposición a la vida política de la famosa consigna de Bilardo: “¡No es de los nuestros!, ¡Pisalo!”-. Pero sí sus consecuencias: a partir de entonces, la Diputación pasó a comportarse como el más cruel de los exempleadores: Es extremadamente raro que Triana Martínez solo obtuviese un 2,2 sobre 10 en el examen en el que no pudo recuperar la plaza que ocupó como interina durante cinco años. Únicamente que concluyamos que ese puesto lo ocupó durante un lustro una manifiesta incapaz, con un posgrado en Alemania, eso sí. El 2,2 contrasta además con la hemorragia de sobresalientes que obtuvieron en aquellas mismas fechas los opositores al puesto de auxiliares que eran militantes del PP o familiares de altos cargos. También llama la atención el celo en la reclamación de cantidades indebidamente cobradas por la trabajadora, teniendo en cuenta el relajado control de cuentas en esas corporaciones (como demuestra el hecho de que se las hayan pagado indebidamente durante cinco años) y que ni siquiera se aviniese a saldar la deuda a plazos.
 
Todo esto podría quedar como demostración del funcionamiento autocrático de los partidos, y de cómo la gestión de las instituciones de puede hacer al margen de las más elementales principios éticos y legales de la función pública. Pero lo relevante es que a partir de aquel doble despido político-laboral, de la expulsión del paraíso Carrasco, la responsable en la Diputación durante cinco años de la redacción de proyectos relacionados con la banda ancha y la televisión digital terrestre no volvió a tener ninguna oferta de trabajo en ayuntamientos o empresas de la provincia (sí acabó teniendo un encargo, pero lejos: del Parlamento de Navarra). En resumen, una persona no elegida de forma directa por los ciudadanos, sino por las cúpulas de los partidos (cuyo funcionamiento democrático ha quedado plenamente acreditado, como se ve) al frente de una institución que distribuye (con un control igual de demostrado) la mayoría de recursos de los ayuntamientos, controla por ello no solo la política provincial, sino también en gran parte la economía. Desde esas dos redes, determinar el mapa mediático y la política informativa es pan comido y el poder se alimenta a sí mismo.
 
Por supuesto, como no hablamos de las circunstancias personales del Caso Carrasco, este poder está al alcance de cualquier político que tenga la suficiente habilidad y las escasas convicciones democráticas, de cualquier partido.. Aunque bien es cierto en estas prácticas, hay alguno que mantiene mucho más los viejos usos que otros. De todas formas, la herramienta está ahí. Y no solo está ahí, sino que la urgente y necesaria reforma de la administración territorial, tal y como la ha emprendido el PP, no solo no implica la fusión de ayuntamientos exangües e insostenibles, sino el refuerzo de ese engendro borbónico, impuesto en épocas relativamente reciente y que en las comunidades uniprovinciales ha desaparecido sin mayor revuelo. Cuando nos despertamos, las Diputaciones seguían ahí. Y habían engordado.
 
Este es el momento en que despachamos estas situaciones diciendo que eso pasa “en provincias” o “en los pueblos”. Como si ahí no viviesen ciudadanos o sus votos no influyesen en la gobernación de todos (de hecho, influyen más). León es una capital mediana de una provincia mediana, lo que en la Europa de nuestro entorno sería símbolo de excelentes oportunidades, buenos servicios y calidad de vida. Sin embargo, me temo que sus jóvenes emigran y el tejido empresarial no se renueva (salvo la hostelería). Las capacidades no valen ante los contactos. Para ser asesor técnico más vale ir de número 7 en la lista de Astorga que haber hecho un máster en Alemania. Y qué importa el servicio que das o el producto que fabriques, si el sector del reciclaje, por ejemplo, está monopolizado por esa empresa que montó la directora de una guardería cuñada de un director general (caso real).
 
Se suele decir que antes –a finales del XIX y comienzos del XX, en las décadas de los 50,60 y 70- emigraba la mano de obra, mientras que ahora lo hacen los más preparados. Antes emigraba, es cierto, gente sin estudios, pero los más resueltos, los más emprendedores. Y también, sobre todo avanzado el siglo pasado, muchos que, aun teniendo trabajo, se asfixiaban en el aire rancio de aquella sociedad en blanco y negro dominada por la Iglesia, el comandante de puesto y el qué dirán. “Aí vos quedades, aí vos quedades, entre curas, frades e militares”, cantaban los emigrantes que se despedían en el puerto de A Coruña rumbo a América. En la España actual, entre la mediocridad y la sobreactuación, lo que está faltando sinceramente es aire. Probablemente a Montserrat Domínguez y Triana Martínez, no. Ellas habían hecho los deberes y no entendieron porque las expulsaban del paraíso.
 
Xosé Manuel Pereiro
Decano del colegio de periodistas de Galicia
Leído en: http://blogs.publico.es/dominiopublico/9982/si-fue-politico/

domingo, 18 de mayo de 2014

La mejor técnica para poner fin a cualquier discusión


Cuando convivimos mucho tiempo con una persona, ya sea nuestra pareja, nuestro compañero de piso o nuestro jefe, es inevitable que surjan discrepancias. Discutir de vez en cuando no tiene por qué ser malo. Después de un encontronazo dialéctico se puede llegar a una conclusión que satisfaga a ambas partes. Pero si las broncas son constantes, la relación acabará por enturbiarse sin remedio.
 
Un grupo de investigadores de la Brigham Young University estudió el comportamiento de un nutrido grupo de parejas durante 20 años, y llegó a la conclusión de que, cuántas más discusiones había, menos duraba la relación, y viceversa.
 
Ya que es inevitable discutir de vez en cuando, lo decisivo es aprender a que las peleas no vayan a más, solucionando los conflictos en cuanto estos aparezcan. Para ello, la psicóloga Lisa Firestone ha desarrollado un procedimiento que, asegura, funciona muy bien entre las personas que acuden a su terapia: la técnica del desarme unilateral.
 
La doctora parte de la idea de que, cuando estalla una bronca, se crea un resentimiento que no nos deja ver la situación en conjunto, y nos impide valorar las posibles soluciones. Empezamos entonces a lanzarnos reproches, sin tener en cuenta las consecuencias de nuestro comportamiento. Por ello, Firestone propone que aprendamos a “desarmarnos”, evitando discutir acaloradamente, para no decir cosas de la que luego vamos a arrepentirnos.
 
Aunque la psicóloga enseña la técnica del desarme unilateral a las parejas, ésta se puede usar perfectamente en cualquier tipo de discusión. Estos son los cinco pasos que debes seguir para resolver cualquier discusión que se vaya de las manos.
 
1. Relájate
 
Las discusiones más absurdas (que pueden acabar convirtiéndose en las más peligrosas) surgen sencillamente porque estamos cansados, nerviosos, estresados (o puede que hambrientos), y en muchas ocasiones, todo al mismo tiempo. Nuestro compañero nos dice algo que nos molesta y saltamos a cuchillo, sin pensar fríamente lo que vamos a decir. En estos momentos es esencial que aprendamos a relajarnos, quizás yendo a dar un paseo, contando hasta diez o, sencillamente, pensando bien las cosas antes de abrir la boca. No pienses en lo que ha hecho o dicho la otra persona, piensa en lo que vas a decir tú. Verás enseguida como se rebaja la tensión.
 
2. No devuelvas el golpe
 
Como explicaba el lingüista Sebastià Serrano en una entrevista con El Confidencial, “jugar a enfadarse es muy fácil”, y pude acabar muy mal. “En el momento en que hay expresiones de menosprecio ya no hay prácticamente vuelta atrás”, asegura Serrano. “Y es tan fácil que aparezcan… Si le dices un exabrupto a la pareja vas a necesitar tres halagos fuertes para reequilibrar la situación. A veces se consigue, pero otras no”.
 
Por ello, cuando la persona con la que estamos discutiendo entra en barrena, lo más inteligente es echar el freno y no entrar al trapo. Un buen truco es hablar de lo que has hecho, y por qué lo has hecho, sin entrar a valorar el comportamiento de la otra persona. No tiene sentido querer “ganar” una discusión si la persona con la que estamos hablando es muy cercana. Es más importante conservar la amistad que tener razón; si la tienes, el tiempo te la acabará dando y tu compañero lo reconocerá.
 
3. Responde amablemente
 
En la comunicación interpersonal las formas son en ocasiones más importantes que el fondo. Cuando estalle una discusión trata siempre de bajar el tono, explicando las cosas de la forma más delicada posible, sin exabruptos. Bajar las armas no implica renunciar a lo que crees, ni rehusar a defender tus opiniones (que son tan validas como las de la persona con la que estás discutiendo), sólo supone tomar una posición que no es percibida como amenazante y que va a hacer que la persona con la que tienes un conflicto se relaje y sea, también, más comprensiva.
 
En ocasiones, un pequeño acto de afecto es suficiente para desarmar a tu compañero, algo que es de lo más efectivo si se trata de tu pareja. Basta cogerle de la mano, mirarle a los ojos y decir que le quieres para que la discusión cambie por completo.
 
4. Empatiza
 
Para resolver una discusión es muy importante que escuchemos con atención lo que nuestro compañero tiene que decirnos. Puede que no estés de acuerdo, pero es importante que la otra persona sienta que la estemos escuchando. La técnica del desarme unilateral no implica aceptar siempre lo que dice la persona con la que discutimos, como si no importara nuestra opinión, pero implica estar dispuesto a renunciar a tener siempre la razón, con el fin de resolver el conflicto.
 
Si mostramos comprensión por lo que dice la otra persona, y aceptamos que es cierto al menos algo de lo que dice (los desacuerdos no suelen ser nunca del 100%), habremos dado un gran paso.
 
5. Comunica lo que sientes
 
Cuando discutimos solemos construir nuestras argumentaciones en torno a cosas concretas, cuando en realidad todo nuestro malestar surge de una serie de sentimientos que, a menudo, no sabemos comunicar. Aprender a expresar lo que sentimos, por encima del conflicto concreto, es decisivo para resolver esta discusión y muchas de las que están por venir. Los sentimientos son independientes de los hechos, pero son realidades que están ahí, y son decisivas. Sólo si expresamos lo que sentimos, la persona con la que discutimos sabrá entender lo que realmente pensamos, y será mucho más comprensiva con nuestra situación.

Leído en: http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2014-04-30/la-mejor-tecnica-para-poner-fin-a-cualquier-discusion-en-5-pasos_123116/?utm_source=dlvr.it&utm_medium=facebook

sábado, 17 de mayo de 2014

Las constituyentes

Las Constituyentes es un documento audiovisual que homenajea a las únicas 27 mujeres que fueron elegidas, diputadas y senadoras, en las elecciones de 1977, las primeras elecciones democráticas después de 40 años de dictadura. Es un documento que quiere rescatarlas del olvido y quiere hacerlas visibles. Magnífico documental dirigido por Oliva Acosta, quien ha sabido transmitir de una forma íntima, emotiva, conmovedora y muy real la lucha, la grandeza humana, el compromiso, la sabiduría, la garra, la humildad y el sacrificio personal que hicieron estas 27 mujeres. Las Constituyentes son las 27 mujeres de distintos grupos políticos que lucharon por conseguir la igualdad y la libertad e iniciar un modelo paritario, que significa que todas y todos tengamos las mismas oportunidades, porque eso es la verdadera democracia. Si las mujeres somos la mitad, queremos la mitad de todo: en la cultura, en la ciencia, en la educación, en la sanidad, en el orden económico y social, y sobre todo, en la política. Las mujeres debemos buscar el poder en todos los ámbitos, sobre todo en la política, porque es donde reside la soberanía popular y donde nacen y se desarrollan las leyes que nos permiten esa igualdad de derechos Lo que me ha descubierto Oliva Acosta es que hubo unas mujeres, pioneras, comprometidas en buscar la igualdad y la libertad, el conocimiento es el reconocimiento, aunque queda mucho recorrido, mucho camino por andar y que hay que seguir andando. Me enorgullezco de ser mujer. (Más información en www.lasconstituyentes.com)