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domingo, 10 de noviembre de 2013

Los orgasmos más intensos

Hay alimentos cuyas propiedades estimulan la producción y liberación de hormonas necesarias en el deseo sexual y en la sensación de placer y relajación, que nos brindan más energía y que promueven la circulación sanguínea hacia los genitales, de manera que en consecuencia nos preparan para alcanzar el clímax más fácilmente.
 
*Sandía: Este alimento es ideal para la salud sexual masculina. Digamos que la sandía perfectamente podría ser considerada un viagra natural, porque es rico en citrulina, que ayuda a lograr y mantener una erección al relajar y dilatar los vasos sanguíneos. De esa forma, también es beneficiosa para las mujeres, pues aumenta el flujo de sangre hacia los genitales, permitiendo alcanzar el clímax más rápidamente.
 
*Apio: ¿Sabías que el apio es uno de los alimentos más afrodisíacos? Este vegetal es rico en androsterona y adrostenal, dos feromonas capaces de aumentar la atracción sexual. A la vez, posee la hormona testosterona, cuya presencia en la mujer ayuda a excitarse y tener un orgasmo más intenso.
 
*Ajo: A pesar de que no es de los mejores alimentos para una previa romántica por el desagradable aliento que nos deja, y que seguro nos inhibe de besar a nuestra pareja con pasión, acostumbra a comer ajo, pues es un alimento que incrementa el flujo sanguíneo por todo el cuerpo.
 
*Alimentos con zinc: Incluye alimentos ricos en zinc, como carnes rojas magras, mariscos, cereales integrales, frutos secos, calabazas, semillas, en tu alimentación. Ellos reducen la cantidad de hormona prolactina en el organismo, la cual cuando está presente en dosis elevadas disminuyen el deseo sexual.
 
*Arándanos: Los arándanos son un alimento súper saludable, y de los más ricos en antioxidantes, que ayudan a prevenir enfermedades y combatir el envejecimiento. Se dice que potencian el atractivo sexual y, además, contienen dopamina, un neurotransmisor que estimula los centros del placer en el cerebro.
 
*Huevos: Los huevos son uno de los alimentos que más contienen proteínas, necesarias para tener energía -¡y vaya si necesitaremos energía a la hora del sexo! y también poseen vitamina B5 y B6, importantes para el equilibrio de nuestras hormonas.
 
*Chocolate amargo: Delicioso, adictivo, ¡y además mejora la vida sexual! El chocolate sí que es de los mejores inventos, aunque el realmente bueno es el chocolate amargo. Este contiene feniletilamina, una endorfina que produce y potencia una sensación de placer.
 
*Aceite de oliva:El aceite de oliva contiene grasas saludables y necesarias para el organismo. ¿Y sabías que ayuda a llegar al orgasmo? Ocurre porque estimula la producción de testosterona en la mujer, hormona necesaria para la excitación y alcanzar al clímax fácilmente.
 
*Frutas cítricas: Las frutas cítricas, y en general todos los alimentos que contengan vitamina C, deben formar parte de tu alimentación. Se ha comprobado que esta vitamina contribuye a la salud de nuestros órganos sexuales y por tanto, promueven una sexualidad más saludable.
 
*Frutos secos: Con lo que vas a leer a continuación, vas a comer más nueces, avellanas, almendras, cacahuetes y piñones con más frecuencia. Estos alimentos poseen el aminoácido L-arginina, que dilata los vasos sanguíneos, mejoran la circulación de sangre hacia los genitales. De esa forma, la sensibilidad es mayor, la temperatura más alta, la excitación se logra más rápido y fácil, y en consecuencia se llega a un orgasmo más intenso y placentero. Por otro lado, son ricos en ácidos grasos saludables, que favorecen la liberación de endorfinas y por ende, permiten la relajación y la sensación de placer.
 
Leído en: http://www.tipsmujer.com/los-orgasmos-mas-intensos/

sábado, 9 de noviembre de 2013

Ya no sé qué hacer conmigo

Ya tuve que ir obligado a misa, ya toqué en el piano "Para Elisa",
ya aprendí a falsear mi sonrisa, ya caminé por la cornisa.
Ya cambié de lugar mi cama, ya hice comedia, ya hice drama;
fui concreto y me fui por las ramas, ya me hice el bueno y tuve mala fama.

Ya fui ético y fui errático, ya fui escéptico y fui fanático,
ya fui abúlico y fui metódico, ya fui púdico fui caótico.
Ya leí a Arthur Conan Doyle, ya me pasé de nafta a gasoil,
ya leí a Bretón y a Molière, ya dormí en colchón y en sommier.

Ya me cambié el pelo de color, ya estuve en contra y estuve a favor,
lo que me daba placer ahora me da dolor, ya estuve al otro lado del mostrador...

Y oigo una voz, que dice sin razón:
¡Vos siempre cambiando, ya no cambias más!
Y yo estoy cada vez más igual,
ya no sé que hacer conmigo.

Ya me ahogué en un vaso de agua, ya planté café en Nicaragua,
ya me fui a probar suerte a USA, ya jugué a la ruleta rusa.
Ya creí en los marcianos, ya fui ovo-lacto, vegetariano, sano,
fui quieto y fui gitano, ya estuve tranqui y estuve hasta las manos,

Hice un curso de mitología pero de mí los dioses se reían,
orfebrería la salvé raspando, y ritmología aquí la estoy aplicando.

Ya probé, ya fumé, ya tomé, ya dejé, ya firmé, ya viajé, ya pegué, ya sufrí,
ya eludí, ya huí, ya asumí, ya me fui, ya volví, ya fingí, ya mentí...

Y entre tantas falsedades, muchas de mis mentiras ya son verdades,
hice fácil las adversidades, y me compliqué en las nimiedades...

Y oigo una voz, que dice sin razón:
¡Vos siempre cambiando, ya no cambias más!
Y yo estoy cada vez más igual,
ya no sé que hacer conmigo.

Ya me hice un lifting, me puse un piercing, fui a ver al Dream Team y no hubo feeling;
me tatué al Che en una nalga, arriba de mami para que no se salga.
Ya me reí y me importó un bledo, de cosas y gente que ahora me dan miedo,
ayuné por causas al pedo, ya me empaché con pollo al spiedo.

Ya fui al psicólogo, fui al teólogo, fui al astrólogo, fui al enólogo;
ya fui alcohólico y fui lambeta, ya fui anónimo y ya hice dieta.

Ya lancé piedras y escupitajos (al lugar donde ahora trabajo),
y mi legajo, cuenta a destajo, que me porté bien y que armé relajo...

Y oigo una voz, que dice sin razón:
¡Vos siempre cambiando, ya no cambias más!
Y yo estoy cada vez más igual,
ya no sé que hacer conmigo.

El Cuarteto de Nos 

viernes, 8 de noviembre de 2013

Fabra y su demagogia inalcanzable

Escuchar a Fabra preocupado por los colegios y los hospitales trae a mi memoria una chiste de Mafalda. Su amiga Susanita le decía: “cuando sea mayor, organizaré almuerzos de beneficencia donde comeremos pavo, lechón y más cosas ricas; así podremos recaudar dinero para comprar harina de sémola, fideos y esas cosas asquerosas que comen los pobres”.
Fabra contrapone la viabilidad de canal 9 a la existencia de colegios u hospitales. No sólo eso; además, pretende que le creamos. No siento especial querencia hacia las televisiones autonómicas, por cuanto siempre han favorecido al gobierno de turno por encima de los intereses ciudadanos. Pero de ahí a hacerlas incompatibles con las políticas sociales media un abismo enorme… tan enorme y gigantesco como la jeta de presidente valenciano.
“No cerraré un colegio por tener una televisión autonómica”, ha sentenciado Fabra. A buenas horas, mangas verdes. Las preguntas caen por su propio peso.
- ¿Pensaba en los colegios Fabra cuando se construyeron en Valencia fastuosos hospitales hoy prácticamente vacíos?
- ¿Pensaba en los colegios Fabra cuando comenzaron a llover protestas estudiantiles por las condiciones francamente mejorables en que se encontraban algunos de ellos?
- ¿Pensaba en los colegios Fabra cuando se inauguró el aeropuerto de Castellón?
- ¿Pensaba en los colegios Fabra cuando se levantó la ciudad de las Ciencias?
- ¿Pensaba en los colegios Fabra cuando su partido aumentó las tasas educativas, redujo las becas o infló los impuestos?
- Y, sobre todo, ¿ha pensado en los colegios Fabra durante 18 largos años en que su partido, el PP, ha gestionado la televisión autonómica?
De todas las preguntas, me gustaría escuchar sobre todo la respuesta de la última. El fracaso de canal 9 es, ante todo, el estrepitoso fracaso del Partido Popular, una formación que siempre ha exhibido los conceptos de “eficiencia”, “honradez” y “austeridad” como señas de identidad.
“¡Fabra no era presidente cuando sucedió todo eso!”, argumentarán algunos. Cierto. Entonces me pregunto: ¿Se oyó al menos la voz disconforme de Alberto Fabra entonces? ¿Manifestó su opinión contraria en los órganos de su partido? ¿Se ha escuchado esta mañana en su rueda de prensa algún gesto, modo o guiño de autocrítica, arrepentimiento o propósito de enmienda?
Yo vivía en Valencia durante los primeros años de canal 9. Entonces gobernaban los socialistas. Recuerdo las críticas populares a la televisión por su sectarismo ideológico, algunas muy justificadas. Recuerdo sus reproches por los despilfarros.
¿Qué ha hecho la derecha con Canal 9 en casi dos décadas de gobierno? Engordarla, manipularla y hundirla. Amén de dilapidar millones de los valencianos, de esos mismos que se han invertido en infraestructuras absurdas, comisiones ilegales y corruptelas variopintas.
Han hecho de todo. De todo… menos pensar en los colegios.
Mejor un televisión cerrada que manipulada, desde luego. Pero -¡por favor!- no hagan como Susanita. No me vistan de “sensibilidad social” los malolientes efectos de su miserable ineptitud.

Bosco Martín Algarra
@martinalgarra

Leído en: http://blogs.lainformacion.com/treintaymuchos/2013/11/06/fabra-y-su-demagogia-inalcanzable-pensaba-en-los-colegios-fabra/

jueves, 7 de noviembre de 2013

Mario Benedetti: Espero

Te espero cuando la noche se haga día,
suspiros de esperanzas ya perdidas.
No creo que vengas, lo sé,
sé que no vendrás.
Sé que la distancia te hiere,
sé que las noches son más frías,
Sé que ya no estás.
Creo saber todo de ti.
Sé que el día de pronto se te hace noche:
sé que sueñas con mi amor, pero no lo dices,
sé que soy un idiota al esperarte,
Pues sé que no vendrás.
Te espero cuando miremos al cielo de noche:
tu allá, yo aquí, añorando aquellos días
en los que un beso marcó la despedida,
Quizás por el resto de nuestras vidas.
Es triste hablar así.
Cuando el día se me hace de noche,
Y la Luna oculta ese sol tan radiante.
Me siento sólo, lo sé,
nunca supe de nada tanto en mi vida,
solo sé que me encuentro muy sólo,
y que no estoy allí.
Mis disculpas por sentir así,
nunca mi intención ha sido ofenderte.
Nunca soñé con quererte,
ni con sentirme así.
Mi aire se acaba como agua en el desierto.
Mi vida se acorta pues no te llevo dentro.
Mi esperanza de vivir eres tu,
y no estoy allí.
¿Por qué no estoy allí?, te preguntarás,
¿Por qué no he tomado ese bus que me llevaría a ti?
Porque el mundo que llevo aquí no me permite estar allí.
Porque todas las noches me torturo pensando en ti.
¿Por qué no solo me olvido de ti?
¿Por qué no vivo solo así?
¿Por qué no solo...
Mario Benedetti

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Rosa Montero: Raro, muy raro

Cada vez tengo más claro que estamos viviendo dentro de una novela de ciencia ficción. Imagina un pequeño territorio de ricos rodeado de una vasta franja desolada de mares furiosos y tierras baldías, un espacio letal que hordas de paupérrimos intentan cruzar todos los días para alcanzar la zona de privilegio. Casi todos fracasan y fallecen: ahogados en el mar o muertos de sed en mitad del desierto (como sucedió en el Sáhara la semana pasada: los cadáveres de las madres aparecieron abrazando a sus niños). En cuanto a los pocos que logran llegar hasta las murallas del territorio rico, elevadas defensas de alambre con cuchillas les cortan los dedos, les desgarran las carnes, les mutilan (como las verjas cuajadas de cuchillas de Ceuta y Melilla: se pusieron en tiempos de Zapatero y el escándalo hizo que las quitaran, pero ahora el PP ha vuelto a colocar esta ignominia). Y, mientras la vida va dejando oleadas de cadáveres y un reguero de sangre a los pies del muro, en el interior de la zona elitista la gente sufre problemas tan extraños como el de tener que retirar miles de prótesis mamarias.
 
No lo digo para burlarme, porque el fraude de las prótesis es un drama: se rompen y causan inflamación de los ganglios linfáticos, infecciones y fuertes dolores. Hay unas 20.000 mujeres afectadas en España, y solo el 5%, las operadas por razones médicas, será atendido por la SS. Las demás lo hicieron por estética, pero ahora muchas no tienen dinero para arreglar el estropicio: también hay pobres en la tierra de los ricos. Y lo peor es que muchos piensan que esas mujeres se lo tienen de algún modo merecido. Yo detesto estas cirugías plásticas, pero creo que es muy hipócrita que una sociedad que tiraniza a las mujeres con un ideal estético imposible las considere culpables de plegarse a la presión. En fin, que este mundo es en verdad raro, muy raro.
 
Rosa Montero
Leído en: http://elpais.com/elpais/2013/11/04/opinion/1383583976_317874.html

martes, 5 de noviembre de 2013

Carta a un comunista

Mi postura personal frente al comunismo no es difícil de formular. El comunismo (bajo el cual esencialmente, entiendo los objetivos y pensamientos del antiguo Manifiesto marxista) está en camino de conseguir su realización en el mundo, y éste se halla maduro para ello, no sólo desde que el sistema capitalista presenta tan claros síntomas de decadencia, sino también desde que la socialdemocracia de “mayorías” ha abandonado por completo la bandera revolucionaria. Para mí, el comunismo no sólo está justificado, sino que lo considero lógico. Llegaría y vencería aunque todos estuviéramos en contra. Quien hoy esté de parte del comunismo, afirma el porvenir. Aparte del “sí” que mi entendimiento da a su programa, ha hablado en mí, desde que vivo, una voz a favor de quienes padecen; siempre estuve de parte de los oprimidos y contra los opresores; de parte del acusado y contra los jueces, y de parte de los hambrientos y contra los atiborrados. La única diferencia reside en que nunca se me hubiera ocurrido llamar comunistas a esos sentimientos que considero naturales, si no cristianos. Bien: creo, con usted, que el camino marxista, que pasa por encima del capitalismo moribundo en dirección a la liberación del proletariado, es, en efecto, el camino del futuro, y que el mundo debe seguirlo, quiera o no. Hasta este punto estamos de acuerdo. Pero ahora usted preguntará seguramente por qué yo, si creo en la razón del comunismo y defiendo a los avasallados, no me uno a usted en la lucha y pongo la pluma al servicio de su Partido. La respuesta a esto ya es más difícil, porque se trata de aquí de cosas que para mí son sagradas y obligatorias, mientras que para usted apenas existen. Yo rechazo totalmente, y con firme decisión, convertirme en miembro del Partido o poner mi trabajo literario al servicio de su programa, pese a que la perspectiva de tener hermanos y camaradas, de vivir en comunidad con un mundo de correligionarios, sería sumamente atractiva. Pero es que, en realidad, no pensamos igual. Porque, aunque yo apruebe sus objetivos o, para decirlo más claramente, aunque crea que el comunismo está maduro para subir al poder y hacerse cargo, con ello, de la tremenda responsabilidad, empezando por la necesidad de cargar con la sangre y la guerra, para mí eso no tiene más importancia que cuando, en noviembre, pienso que ya está próximo el invierno. Creo en el comunismo como programa para las horas venideras de la humanidad; lo considero indispensable e ineludible. Sin embargo, no creo que el comunismo pueda dar mejores respuestas a las grandes preguntas de la vida que cualquier otra doctrina anterior. Creo que, después de cien años de teoría y del gran intento ruso, ahora no tiene sólo el derecho, sino también la obligación de realizarse en el mundo, y creo y espero sinceramente que conseguirá suprimir el hambre y librar a la humanidad de una gran pesadilla. Pero que con ello se logre lo que las religiones, las legislaciones y las filosofías de pasados milenios no pudieron conseguir, es cosa que no creo. Que el comunismo, aparte de su razón de defender el derecho de todo hombre a que no le falte el pan y se le reconozca su valor, sea mejor que cualquier otra forma anterior de fe, no lo creo. Tiene sus raíces en el siglo XIX, en medio del más árido y presuntuoso dominio del intelecto, de un sabihondo imperio de profesores, carente de fantasía y amor. Carlos Marx aprendió su modo de pensar; es extraordinariamente parcial e inflexible: su genialidad y justificación no reside en un espíritu más elevado, sino en su decisión de actuar. Si hoy estuviéramos en 1831, en lugar de tener ya el año 1931, yo, como poeta y escritor, probablemente sentiría gran preocupación por los problemas y las amenazas del mañana y pasado mañana, dedicando todas mis fuerzas, durante algún tiempo, al estudio del inminente cambio. Así lo hizo el poeta Heinrich Heine entonces, y durante un cierto tiempo, quizás el más fecundo de su vida, fue en París el amigo y colaborador del joven Carlos Marx. Pero hoy, ese mismo Heine volvería a preocuparse más por el mañana y el pasado mañana que por la realización de lo que ha quedado reconocido ya, desde hace tiempo, como acertado y digno de ser llevado a cabo. Hoy reconocería sin duda que el socialismo ha dejado atrás su escuela y tiene que asumir el dominio del mundo o, de lo contrario, está listo. Y aprobaría este proceso, la conquista del mundo por los comunistas, y lo encontraría bien, mas no sentiría el impulso, en su persona, de tener que ayudar a tirar de un carro que con tanto empuje rueda por sí solo. El poeta no es ni más ni menos importante que el ministro, el ingeniero el tribuno, pero sí es totalmente distinto a ellos. Un hacha es un hacha, y con ella se puede cortar madera o, también, cabezas. Un reloj o un barómetro, en cambio, tienen otras funciones, y si con ellos pretendemos cortar leña o cabezas, se romperán sin que nadie haya obtenido provecho alguno. No es ésta la ocasión para enumerar y explicar los deberes y funciones del poeta como instrumento especial de la humanidad. Quizás sea una especia de nervio, en el cuerpo de la humanidad; un órgano destinado a reaccionar ante delicados avisos y menesteres, un órgano cuya función es la de despertar, advertir y llamar la atención. Mas no es un órgano con el que se puedan redactar anuncios y colgarlos, y no se prestar para pregonarlo a grandes gritos en el mercado, pues su fuerza no reside en el volumen de la voz. Eso queda para Hitler. De cualquier forma, y sean sus funciones unas u otras, el poeta sólo tiene un valor y sólo merece que se le tome en serio si no se vende y no permite abusos con él, si prefiere sufrir o morir que ser infiel a lo que considera su vocación. Carlos Marx tuvo mucha comprensión para la poesía y el arte del pasado; por ejemplo, para todo lo griego, y si bien en algún punto de su doctrina no fue, quizá, totalmente sincero, pudo deberse a que, pese a ser conocedor de las artes, no vio en ellas un órgano de la humanidad, sino sólo un trocito de “superestructura ideológica”. Precisamente quisiera advertiros a vosotros, los comunistas, del peligro que pueden constituir aquellos poetas que os ofrezcan y se presten para pregoneros y combatientes. El comunismo tiene muy poco de poético; ya era así en tiempos de Marx y ahora lo es todavía más. El comunismo, como toda gran ola de poder material, llegará a constituir un serio peligro para la poesía; tendrá poco sentido de la calidad y, con paso tranquilo, aplastará gran número de cosas hermosas sin lamentarlo siquiera. Traerá consigo grandes cambios y un nuevo orden, hasta que esté edificada la nueva casa para esa nueva sociedad, por doquier abundarán los escombros, y nosotros, los artistas, nos veremos desplazados si tenemos que hacer de peones. La gente aún se reirá más de nosotros y de nuestras rebuscadas preocupaciones, tomándonos todavía menos en serio que en tiempos de la burguesía. Mas en la nueva casa de la humanidad volverá a imperar muy pronto el descontento, y tan pronto se haya desvanecido el miedo al hambre, se demostrará que también el hombre del futuro y de la masa posee un alma, y que ésta crea en su interior sus propios tipos de hambre y necesidades, deseos y sueños, y que los impulsos y las necesidades y los deseos y los sueños de esta alma participan extraordinariamente en todo lo que la humanidad piensa y hace y ansía. Y será un bien para la humanidad que, entonces, haya hombres entendidos en las cosas del alma: artistas, poetas, entendedores, consoladores e indicadores del camino a seguir. De momento, vuestras tareas son claras de ver. Vosotros, los comunistas, tenéis un programa claramente establecido que realizar y es vuestro deber defenderlo. Actualmente, vuestra labor parece mucho más clara, más necesaria y seria que la nuestra. Pero eso cambiará, como ha cambiado ya tantas veces. Con el derecho del combatiente tal vez mataréis a este o aquel poeta, porque compone cantos de guerra para vuestros enemigos, y probablemente se demostrará, después, que no era un verdadero poeta, sino únicamente un redactor de cartelones. Pero os equivocaréis en perjuicio vuestro, si creéis que un poeta es un instrumento del que la clase que gobierna en ese momento pueda servirse como de un esclavo o de un talento comprable. Os llevaréis un chasco con vuestros poetas, si no cambiáis de opinión, y sólo quedarán pegados a vosotros los que no valen nada. A los auténticos artistas y poetas los reconoceréis, en cambio, si es que algún día decidís preocuparos de ellos, en que tienen un indomable afán de independencia y dejan inmediatamente de trabajar cuando se les quiere obligar a trabajar de forma distinta a cuanto les dicta la conciencia. No se venden por mazapán ni por apetitosos altos cargos, prefieren que les maten antes que ser objeto de abuso. En eso les reconoceréis. (1931.)
 
HERMANN HESSE.- CARTA A UN COMUNISTA