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domingo, 30 de junio de 2013

La historia de Rebeca: La loca de San Blas

La novia del muelle de San Blas
La canción de Maná, "El muelle de San Blas", era de una historia real. Este fin de semana tuvo su final con la muerte de su protagonista, Rebeca Méndez Jiménez, una mujer de 63 años que desde 1971 esperaba en el puerto el regreso de su novio, un joven que salió a pescar y jamás regresó.
 
La mujer fue homenajeada por los pobladores de Puerto Vallarta, donde se convirtió en un símbolo por la espera de su amor. Fueron más de 41 años que esperó a su amado Manuel, quien salió de pesca. Sin embargo, quedó atrapado por un huracán que azotó el mar. Nunca más se supo de él y tampoco se encontró su cuerpo. Estaban a una semana de casarse. El golpe fue tan fuerte para Rebeca que desde el día que desapareció Manuel, lo esperó con su traje blanco. Bien fina ella. Con esa elegancia vendió dulce a los turistas en el Muelle de San Blas. Allí fue que el líder de la banda, Fher, la conoció en la década de los noventa. Se interesó por su historia y la convirtió en una de las más hermosas canciones de Maná.
 
El cuerpo de Rebeca fue cremado y sus cenizas arrojadas al mar en búsqueda de su gran amor por las autoridades de Puerto Vallarta, quienes piensan levantar un monumento donde la mujer esperaba a su amado con el fin de recordar por siempre esta maravillosa historia.
 

En el muelle de San Blas

Sola en el olvido
sola con su espíritu
sola en el olvido
sola con su
espíritu
huuuu....
ella despidió a su amor
el partió en un barco
en el muelle de San Blas
el juró que volvería
y empapada en llanto ella juró
que esperaría
miles de lunas pasaron
y siempre estaba en el muelle
esperando
muchas tardes se anidaron
se anidaron en su pelo
y en sus labios
llevaba el mismo vestido
y por si él volviera
no se fuera a equivocar
los cangrejos le mordían
su ropaje su tristeza
y su ilusión
/ y el tiempo escurrió
y sus ojos se le llenaron
de amaneceres
y del mar se enamoró
y su cuerpo se enraizó
en el muelle
sola.. sola en el olvido
sola... sola con su espíritu
sola... con su amor el mar
sola... en el muelle de San Blas
su cabello se blanqueó
pero ningún barco
a su amor le devolvía
y en el pueblo le decían
le decían la loca
del muelle de San Blas
una tarde de abril
la intentaron trasladar
al manicomio
nadie la pudo arrancar
y del mar nunca jamás
la separaron
sola.. sola en el olvido
sola... sola con su espíritu
sola... con su amor el mar
sola... en el muelle de San Blas
se quedó, se quedó sola, sola
se quedó, se quedó
con el sol y el mar
se quedó ahí se quedó hasta el fin
se quedó ahí
se quedó
en el muelle de San Blas
oh....
sola, sola se quedó
sola sola

sábado, 29 de junio de 2013

Una nueva oportunidad

He tenido malas experiencias en la vida, motivos para llorar y sufrir pero he decidido no dejarme llevar por el pasado. Estoy lejos de la perfección, he cometido errores, pero como persona soy única, no hay nadie como yo. Tengo derecho a encontrar el amor y la felicidad, y lo haré.
 
Todos tenemos derecho a una segunda oportunidad. Puede que en tu primera etapa sufrieses y llorases, pero hoy se te concede una nueva oportunidad en la vida. No cierres tus ojos y tu corazón a otra opción, no conviene vivir con miedos impuestos del pasado.
 
No descartes el amor, puede que ahora te cuestiones mucho y pienses que tras lo vivido el amor ya no es una opción. Pero todas esas preguntas y dudas que te asaltan no obtendrán respuesta si te quedas en tu cuarto rebañándote entre tristeza y reproches. Sólo abriendo tu corazón podrás saber hasta donde puedes llegar siendo una persona nueva.
 
La vida nunca es como uno quiere que sea, cuando más confiamos más nos hieren; tras una dolorosa experiencia decimos que nunca más volveremos a creer en el amor, pero al final no es así. No debes bajar las manos, debes seguir en tu búsqueda. Un día te encontrarás con alguien y te dará miedo dar un paso adelante, miedo a que te vuelvan a dañar, miedo al fracaso y a lo que dirá la gente si decides rehacer tu vida…
 
Es lógico que al principio tengas miedo a que se repita el pasado, pero tienes capacidad de enfrentar la adversidad, nada puede negarte la felicidad que mereces, todos debemos sentirnos amados en la vida. ¿Dices que te dejó de lado a la primera de cambio? ¿Y qué? No pasa nada, todas las cosas se pueden superar, tenemos capacidad de ello. Todos sufrimos un mal trago, lo sufrimos, pero después pasamos página.
 
Hoy tenemos un libro en blanco en el que podemos escribir una nueva historia, un nuevo romance, que nadie te quite la sonrisa de esa cara, nuestro entorno siempre cuestionará lo que hacemos o dejemos de hacer. Pero tú, vive la vida sin dar vueltas hacia atrás. Sé feliz, enamórate hasta los huesos, ríe, ve por la vida confiando que esta vez harás las cosas bien y que no todo es tan malo. Eso sí, no olvides que no todo es tan perfecto como queremos, que hay que luchar por nuestra felicidad.
 
No todas las personas son iguales, tenemos nuestras imperfecciones, nadie está realmente buscando una persona perfecta de la que enamorarse, lo que realmente queremos es encontrar amor sincero, amor verdadero… un amor que no da lugar a desconfianzas.
 
Puede que no seamos personas perfectas, pero sí únicas, no hay dos iguales, nadie piensa o actúa igual que tú, y eso es lo que marca la diferencia. Tenemos derecho a tener un buen amor, una relación sana, sin vicios ocultos. Sigue adelante con esos nuevos planes que tienes, porque eso es algo que te debes, saca la valentía que tienes dentro de ti, y da paso a una nueva etapa en tu vida.
 
"Aunque yo cometa errores, mi voluntad es ser feliz y salir adelante; haré todo lo necesario para conocerme en lo íntimo de mi ser, crearé mis propios sueños y viviré la vida a mi manera. Aunque vuelva a caerme, que lo haré, me volveré a levantar, me repondré y me daré tantas nuevas oportunidades como necesite para alcanzar mis metas, sueños e ilusiones.”
 

viernes, 28 de junio de 2013

Los días grises


Los hay, desde luego. ¡Y muy frecuentes! Hay días en los que brilla el sol y la vida sigue como siempre: las cosas no han cambiado, nada urgente nos falta en apariencia y sin embargo... Nos sentimos mal, como incompletos, como... insuficientes, como desalentados y extraños.
 
Ese día en que abres los ojos y no sabes por qué, traes un desánimo que te nació en el sueño, que te brotó en lo alto de la noche y se filtró a tu alma gracias a quién sabe que asociaciones oscuras y angustiosas.
 
Ese día en que te cuesta trabajo levantarte. ¡Ayer estaba todo bien! Ese día en que presientes que nada va a ir como tú lo deseaste, ese día que no tiene color, cuyas primeras horas son de laxitud, recelo o ligera zozobra.
 
Ese día, es un día que nació gris.
 
Nunca se puede evitar esto. La química de nuestro cuerpo, la inercia de nuestra psique, la reacción desconocida de factores internos a estímulos que no descubrimos todavía, nos quieren pintar este día de gris. Gris opaco. Gris depresivo. Gris pasivo. Gris marginal.
 
Pero lo que sí puedes hacer, cuanto antes, es tomar tú mismo, tú misma, la decisión de activar tus propios pinceles y aprovechar ese gris neutro para inundarlo de figuras diversas: ¡Flechas verdes, curvas doradas, zig-zags blancos, puntos azules!
 
Puedes convertir en unos cuantos segundos o minutos ese panorama triste en un deseo realizable, un canto que te estimule, un silencio que te hable.
 
No hay días grises... ¡todos son iguales! Quien les da color eres tú. Quien es capaz de alegrarse con la lluvia o admirar la tempestad, eres tú. Quien se echa a llorar bajo un sol espléndido o un cielo maravilloso, eres tú. Porque no son los días los que te dan color. Eres tú quien puede pintar como desees, cada día.
 
Si sientes que comienza todo gris... ¡Decídete y llénalo de color! Cierra los ojos. Respira hondo, piensa claro... ¡Y vive como nunca el día de hoy! ¡Los mejores colores de la vida están siempre dentro de ti mismo! Abrir los ojos a otro día, es un regalo que no siempre vas a tener.

jueves, 27 de junio de 2013

¿Que cuántos años tengo?

¡Qué importa eso! ¡Tengo los años que siento! Estoy en la edad en que puedo: Gritar sin miedo lo que pienso... Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso, o lo desconocido...
 
Pues tengo la experiencia de los años vividos y la fuerza de la convicción de mis deseos. ¡Qué importa cuántos años tengo! ¡No quiero pensar en ello! Pues unos dicen que ya soy viejo, y otras que estoy en el apogeo. Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice, sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.
 
Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso, para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos, rectificar caminos y atesorar éxitos. Ahora no tienen porqué decir: ¡Estás muy joven, no lo lograrás! ¡Estás muy viejo, ya no podrás!
 
Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero con el interés de seguir creciendo. Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos y las ilusiones se convierten en esperanza.
 
Tengo los años en que el amor a veces es una loca llamarada ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada y otras es un remanso de paz, como el atardecer en la playa.
 
¿Qué cuantos años tengo? No necesito con un número marcar, pues mis anhelos alcanzados, mis triunfos obtenidos, las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones truncadas... ¡Valen mucho más que eso!
 
¡Qué importa si cumplo cuarenta, cincuenta o sesenta! Pues lo que importa: ¡Es la edad que siento! Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos, para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos.
 
¿Qué cuantos años tengo? ¡Eso a quien le importa! Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento.
 

miércoles, 26 de junio de 2013

El mito de la media naranja


Una irónica definición popular dice que la pareja es una reunión de dos personas que se unen para resolver problemas que no tendrían si no estuvieran juntas. De hecho, la razón por la que compensa permanecer emparejados siempre ha sido ésa: los seres humanos mantenemos vínculos afectivos largos con otra persona porque nos empeñamos en hacerlo. En el 2007, la revista colombiana Pensamiento Psicológico publicó un estudio para ver qué factores unían a aquellas parejas que continuaban su idilio más allá de una década. Y encontraron que no había relación estadísticamente significativa entre satisfacción marital y ciertos valores supuestamente importantes: tipo de vínculo establecido, filiación religiosa común, nivel socioeconómico similar, etc. El único factor que predecía realmente la estabilidad en pareja era el atractivo que el concepto en sí tuviera para las personas. Simplemente: aquellas que tenían una percepción positiva de este tipo de relación duraban más.
 
Casarse es terminar una serie de pequeñas tonterías con una gran estupidez”, “emparejarse significa quedarse con la mitad de derechos y duplicar los deberes”, “nos alegramos en las bodas y lloramos en los funerales porque no somos la persona involucrada”, “el matrimonio crea más 'extraños compañeros de cama' que la política”… El imaginario colectivo está lleno de advertencias sobre las pocas posibilidades de que consigamos recompensas vitales en una pareja estable. Sin embargo, parece que hasta ahora han existido compensaciones que hacían perdurar ese vínculo.
 
Los antropólogos materialistas -Marvin Harris es un ejemplo- han intentado definir esas razones. La pareja cerrada tradicional ha sido una “buena inversión” en muchas sociedades, según estos investigadores, porque aseguraba la sexualidad –era la forma más sencilla de mantener relaciones cotidianamente sin necesidad de pasar cada vez por todos los rituales de seducción-, proporcionaba una forma segura de mantener las normas sociales –al otorgar autoridad a dos personas cuando se convierten en padres- y aumentaba la probabilidad de que el traspaso de la herencia se hiciera a personas con las que se comparten los genes, estableciendo quiénes son los padres legales de los hijos y creando un fondo común de propiedad para ellos. Evidentemente, estas razones tuvieron mucho sentido a lo largo de la historia de la humanidad: los documentos históricos y literarios insisten continuamente en estos tres puntos cuando hablan del vínculo matrimonial. Sin embargo, cabría preguntarse si hoy en día siguen siendo tan importantes esos elementos.
 
Desde el punto de vista estrictamente materialista, la pareja no tiene porque ser la mejor inversión en la actualidad. Por una parte, en una sociedad con mayor apertura sexual, nuestras posibilidades de relaciones íntimas son mayores fuera de un vínculo estable (la frase “follas menos que un casado” demuestra que todos lo sabemos). Por otra parte, la trasmisión de la autoridad y la norma social ha dejado de ser una prioridad para muchas personas… Y es una imposibilidad para casi todo el mundo: ni el cónyuge ni los hijos nos respetan mucho hoy en día. Y a nivel económico, el emparejamiento es una mala inversión: como reza un proverbio escocés, “no merece la pena casarse por dinero, porque se pueden conseguir préstamos más baratos”. Las estadísticas muestran que los singles –en España hay más de tres millones de personas "impares" en la actualidad- disponen de ingresos significativamente superiores a los individuos casados del mismo tramo de edad. Las empresas dirigen en muchas ocasiones hacia ellos sus campañas, porque saben que los no emparejados tienen más dinero y gastan más en cultura, viajes, lectura y espectáculos.
 
En el siglo XVIII español se puso de moda tener un “cortejo”, un amigo íntimo que tenía entrada libre en el hogar, charlaba con la esposa de asuntos diversos, la acompañaba a la iglesia y la aconsejaba sobre su forma de vestir o maquillarse mientras el marido vivía su vida y apenas aparecía. Este curioso “vínculo a tres bandas” es una más de las muchas formas distintas de relacionarnos que los humanos hemos utilizado a lo largo de los tiempos. El amor cortés en la Edad Media (una relación en la que era esencial ser rechazado por la persona amada) o las parejas que caducan cada año de ciertas tribus amerindias, son también modelos de vínculo que han utilizado muchas personas durante ciertas épocas y que hoy nos resultan extraños. Los seres humanos tendemos a olvidar que las razones por las que una sociedad fomenta una forma u otra de vínculos afectivos son de supervivencia, no psicológicas. Toda sociedad establece, en función de lo que sea más adaptativo, reglas que definen en qué condiciones deben darse las relaciones sexuales, el embarazo, el nacimiento y la cría de hijos. Por supuesto, esas reglas son distintas según la época y la situación social. La pareja monógama es una construcción como otra cualquiera.
 
Los tiempos están cambiando en lo que respecta a la concepción de los vínculos en el imaginario colectivo: la relación monógama estable empieza a desmitificarse. El psicólogo Carlos Yela García recoge en su libro El amor desde la psicología social algunas de las quimeras en las que se basaba la permanencia de estos vínculos. El “mito de la media naranja” (escogemos a alguien a quien estamos predestinados y eso garantiza la mejor elección posible), el “mito del libre albedrío” (nuestros sentimientos amorosos son tan íntimos que no están influidos de forma decisiva por factores sociales, culturales o biológicos ajenos a nuestra voluntad), el “mito de la omnipotencia” (“el amor lo puede todo”, la unión amorosa otorga una fuerza especial que permite superar todos los obstáculos imaginables) y “el mito de la pasión eterna” (el amor pasional de los primeros meses puede y debe perdurar tras miles de días -y noches- de convivencia) son cada vez más cuestionados. Y esto hace que revisemos el “mito de la pareja”, la idea de que el amor romántico debe conducir a una unión estable y permanente.
 
La ciencia también cuestiona esas bases utópicas. En The myth of monogamy, por ejemplo, la psiquiatra Judith Eve Lipton y el psicólogo David Barash recogen datos que demuestran que la fidelidad sexual (otro de los conceptos importantes en este tema) es solo una cuestión social. En su libro citan numerosos ejemplos que demuestran que, en la naturaleza, es prácticamente inexistente: las pruebas de ADN son concluyentes. Como nos recuerdan estos dos científicos, desde el punto de vista evolutivo es claro que a los machos de todas las especies les conviene “esparcir” sus espermatozoides en el mayor número posible de lugares. Por eso, sus cuerpos (incluyendo, por supuesto, sus hormonas y sus cerebros, base de su comportamiento) están diseñados para la promiscuidad: los machos de casi todas las especies son fácilmente excitables por los estímulos novedosos. Y según Lipton y Barash, a las hembras les ocurre algo similar en algunas especies… como, por ejemplo, la humana. De lo contrario no serían explicables rasgos físicos que parecen destinados a que las mujeres tengan muchas parejas sexuales.
La sociedad supera, poco a poco, el “síndrome del Arca de Noé”, el patrón uniforme en que nos encorsetaba un mundo estructurado por y para parejas. En los últimos treinta años el número de singles en nuestro país ha crecido en un 350%. En la actualidad, aproximadamente diez millones de españoles (un 23% de la población) no tienen una relación estable de pareja. Y lo previsible es que el número de personas que prefiere participar en solitario en el juego de la vida aumente, ya que la media europea se sitúa actualmente en un 30% de la población.
 
Si deja de compensar mayoritariamente, la pareja se convertirá en un vínculo entre los muchos posibles. Y será una opción a lo que solo se acogerían aquellos que, de verdad, han encontrado una persona con la que merezca la pena quedarse largo tiempo.
Leído en: Elconfidencial.com

martes, 25 de junio de 2013

Reflexión sobre la mujer


Un hombre pregunto a un sabio si debía quedarse con su esposa o su amante… el sabio tomo dos flores en su mano: una rosa y un cactus y le pregunto al hombre: si yo te doy a escoger una flor, ¿cuál eliges? y el hombre sonrió y dijo: ¡la rosa, es lógico! y el sabio respondió: a veces los hombres se dejan llevar por la belleza externa o lo mundano y eligen lo que brille mas, lo que valga más pero en esos placeres no está el amor, yo me quedaría con el cactus por que la rosa se marchita y muere, el cactus en cambio sin importar el tiempo o el clima seguirá igual, verde con sus espinas, y un día dará la flor más hermosa que jamás hayas visto, tu mujer conoce tus defectos, tus debilidades, tus errores, tus gritos, tus malos ratos y aun así está contigo… tu amante conoce tu dinero, tus lujos, los espacios de felicidad y tu sonrisa, por eso está contigo, ahora dime hombre ¿con quién te quedaras?