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Previsión del tiempo

sábado, 29 de junio de 2013

Una nueva oportunidad

He tenido malas experiencias en la vida, motivos para llorar y sufrir pero he decidido no dejarme llevar por el pasado. Estoy lejos de la perfección, he cometido errores, pero como persona soy única, no hay nadie como yo. Tengo derecho a encontrar el amor y la felicidad, y lo haré.
 
Todos tenemos derecho a una segunda oportunidad. Puede que en tu primera etapa sufrieses y llorases, pero hoy se te concede una nueva oportunidad en la vida. No cierres tus ojos y tu corazón a otra opción, no conviene vivir con miedos impuestos del pasado.
 
No descartes el amor, puede que ahora te cuestiones mucho y pienses que tras lo vivido el amor ya no es una opción. Pero todas esas preguntas y dudas que te asaltan no obtendrán respuesta si te quedas en tu cuarto rebañándote entre tristeza y reproches. Sólo abriendo tu corazón podrás saber hasta donde puedes llegar siendo una persona nueva.
 
La vida nunca es como uno quiere que sea, cuando más confiamos más nos hieren; tras una dolorosa experiencia decimos que nunca más volveremos a creer en el amor, pero al final no es así. No debes bajar las manos, debes seguir en tu búsqueda. Un día te encontrarás con alguien y te dará miedo dar un paso adelante, miedo a que te vuelvan a dañar, miedo al fracaso y a lo que dirá la gente si decides rehacer tu vida…
 
Es lógico que al principio tengas miedo a que se repita el pasado, pero tienes capacidad de enfrentar la adversidad, nada puede negarte la felicidad que mereces, todos debemos sentirnos amados en la vida. ¿Dices que te dejó de lado a la primera de cambio? ¿Y qué? No pasa nada, todas las cosas se pueden superar, tenemos capacidad de ello. Todos sufrimos un mal trago, lo sufrimos, pero después pasamos página.
 
Hoy tenemos un libro en blanco en el que podemos escribir una nueva historia, un nuevo romance, que nadie te quite la sonrisa de esa cara, nuestro entorno siempre cuestionará lo que hacemos o dejemos de hacer. Pero tú, vive la vida sin dar vueltas hacia atrás. Sé feliz, enamórate hasta los huesos, ríe, ve por la vida confiando que esta vez harás las cosas bien y que no todo es tan malo. Eso sí, no olvides que no todo es tan perfecto como queremos, que hay que luchar por nuestra felicidad.
 
No todas las personas son iguales, tenemos nuestras imperfecciones, nadie está realmente buscando una persona perfecta de la que enamorarse, lo que realmente queremos es encontrar amor sincero, amor verdadero… un amor que no da lugar a desconfianzas.
 
Puede que no seamos personas perfectas, pero sí únicas, no hay dos iguales, nadie piensa o actúa igual que tú, y eso es lo que marca la diferencia. Tenemos derecho a tener un buen amor, una relación sana, sin vicios ocultos. Sigue adelante con esos nuevos planes que tienes, porque eso es algo que te debes, saca la valentía que tienes dentro de ti, y da paso a una nueva etapa en tu vida.
 
"Aunque yo cometa errores, mi voluntad es ser feliz y salir adelante; haré todo lo necesario para conocerme en lo íntimo de mi ser, crearé mis propios sueños y viviré la vida a mi manera. Aunque vuelva a caerme, que lo haré, me volveré a levantar, me repondré y me daré tantas nuevas oportunidades como necesite para alcanzar mis metas, sueños e ilusiones.”
 

viernes, 28 de junio de 2013

Los días grises


Los hay, desde luego. ¡Y muy frecuentes! Hay días en los que brilla el sol y la vida sigue como siempre: las cosas no han cambiado, nada urgente nos falta en apariencia y sin embargo... Nos sentimos mal, como incompletos, como... insuficientes, como desalentados y extraños.
 
Ese día en que abres los ojos y no sabes por qué, traes un desánimo que te nació en el sueño, que te brotó en lo alto de la noche y se filtró a tu alma gracias a quién sabe que asociaciones oscuras y angustiosas.
 
Ese día en que te cuesta trabajo levantarte. ¡Ayer estaba todo bien! Ese día en que presientes que nada va a ir como tú lo deseaste, ese día que no tiene color, cuyas primeras horas son de laxitud, recelo o ligera zozobra.
 
Ese día, es un día que nació gris.
 
Nunca se puede evitar esto. La química de nuestro cuerpo, la inercia de nuestra psique, la reacción desconocida de factores internos a estímulos que no descubrimos todavía, nos quieren pintar este día de gris. Gris opaco. Gris depresivo. Gris pasivo. Gris marginal.
 
Pero lo que sí puedes hacer, cuanto antes, es tomar tú mismo, tú misma, la decisión de activar tus propios pinceles y aprovechar ese gris neutro para inundarlo de figuras diversas: ¡Flechas verdes, curvas doradas, zig-zags blancos, puntos azules!
 
Puedes convertir en unos cuantos segundos o minutos ese panorama triste en un deseo realizable, un canto que te estimule, un silencio que te hable.
 
No hay días grises... ¡todos son iguales! Quien les da color eres tú. Quien es capaz de alegrarse con la lluvia o admirar la tempestad, eres tú. Quien se echa a llorar bajo un sol espléndido o un cielo maravilloso, eres tú. Porque no son los días los que te dan color. Eres tú quien puede pintar como desees, cada día.
 
Si sientes que comienza todo gris... ¡Decídete y llénalo de color! Cierra los ojos. Respira hondo, piensa claro... ¡Y vive como nunca el día de hoy! ¡Los mejores colores de la vida están siempre dentro de ti mismo! Abrir los ojos a otro día, es un regalo que no siempre vas a tener.

jueves, 27 de junio de 2013

¿Que cuántos años tengo?

¡Qué importa eso! ¡Tengo los años que siento! Estoy en la edad en que puedo: Gritar sin miedo lo que pienso... Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso, o lo desconocido...
 
Pues tengo la experiencia de los años vividos y la fuerza de la convicción de mis deseos. ¡Qué importa cuántos años tengo! ¡No quiero pensar en ello! Pues unos dicen que ya soy viejo, y otras que estoy en el apogeo. Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice, sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.
 
Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso, para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos, rectificar caminos y atesorar éxitos. Ahora no tienen porqué decir: ¡Estás muy joven, no lo lograrás! ¡Estás muy viejo, ya no podrás!
 
Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero con el interés de seguir creciendo. Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos y las ilusiones se convierten en esperanza.
 
Tengo los años en que el amor a veces es una loca llamarada ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada y otras es un remanso de paz, como el atardecer en la playa.
 
¿Qué cuantos años tengo? No necesito con un número marcar, pues mis anhelos alcanzados, mis triunfos obtenidos, las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones truncadas... ¡Valen mucho más que eso!
 
¡Qué importa si cumplo cuarenta, cincuenta o sesenta! Pues lo que importa: ¡Es la edad que siento! Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos, para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos.
 
¿Qué cuantos años tengo? ¡Eso a quien le importa! Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento.
 

miércoles, 26 de junio de 2013

El mito de la media naranja


Una irónica definición popular dice que la pareja es una reunión de dos personas que se unen para resolver problemas que no tendrían si no estuvieran juntas. De hecho, la razón por la que compensa permanecer emparejados siempre ha sido ésa: los seres humanos mantenemos vínculos afectivos largos con otra persona porque nos empeñamos en hacerlo. En el 2007, la revista colombiana Pensamiento Psicológico publicó un estudio para ver qué factores unían a aquellas parejas que continuaban su idilio más allá de una década. Y encontraron que no había relación estadísticamente significativa entre satisfacción marital y ciertos valores supuestamente importantes: tipo de vínculo establecido, filiación religiosa común, nivel socioeconómico similar, etc. El único factor que predecía realmente la estabilidad en pareja era el atractivo que el concepto en sí tuviera para las personas. Simplemente: aquellas que tenían una percepción positiva de este tipo de relación duraban más.
 
Casarse es terminar una serie de pequeñas tonterías con una gran estupidez”, “emparejarse significa quedarse con la mitad de derechos y duplicar los deberes”, “nos alegramos en las bodas y lloramos en los funerales porque no somos la persona involucrada”, “el matrimonio crea más 'extraños compañeros de cama' que la política”… El imaginario colectivo está lleno de advertencias sobre las pocas posibilidades de que consigamos recompensas vitales en una pareja estable. Sin embargo, parece que hasta ahora han existido compensaciones que hacían perdurar ese vínculo.
 
Los antropólogos materialistas -Marvin Harris es un ejemplo- han intentado definir esas razones. La pareja cerrada tradicional ha sido una “buena inversión” en muchas sociedades, según estos investigadores, porque aseguraba la sexualidad –era la forma más sencilla de mantener relaciones cotidianamente sin necesidad de pasar cada vez por todos los rituales de seducción-, proporcionaba una forma segura de mantener las normas sociales –al otorgar autoridad a dos personas cuando se convierten en padres- y aumentaba la probabilidad de que el traspaso de la herencia se hiciera a personas con las que se comparten los genes, estableciendo quiénes son los padres legales de los hijos y creando un fondo común de propiedad para ellos. Evidentemente, estas razones tuvieron mucho sentido a lo largo de la historia de la humanidad: los documentos históricos y literarios insisten continuamente en estos tres puntos cuando hablan del vínculo matrimonial. Sin embargo, cabría preguntarse si hoy en día siguen siendo tan importantes esos elementos.
 
Desde el punto de vista estrictamente materialista, la pareja no tiene porque ser la mejor inversión en la actualidad. Por una parte, en una sociedad con mayor apertura sexual, nuestras posibilidades de relaciones íntimas son mayores fuera de un vínculo estable (la frase “follas menos que un casado” demuestra que todos lo sabemos). Por otra parte, la trasmisión de la autoridad y la norma social ha dejado de ser una prioridad para muchas personas… Y es una imposibilidad para casi todo el mundo: ni el cónyuge ni los hijos nos respetan mucho hoy en día. Y a nivel económico, el emparejamiento es una mala inversión: como reza un proverbio escocés, “no merece la pena casarse por dinero, porque se pueden conseguir préstamos más baratos”. Las estadísticas muestran que los singles –en España hay más de tres millones de personas "impares" en la actualidad- disponen de ingresos significativamente superiores a los individuos casados del mismo tramo de edad. Las empresas dirigen en muchas ocasiones hacia ellos sus campañas, porque saben que los no emparejados tienen más dinero y gastan más en cultura, viajes, lectura y espectáculos.
 
En el siglo XVIII español se puso de moda tener un “cortejo”, un amigo íntimo que tenía entrada libre en el hogar, charlaba con la esposa de asuntos diversos, la acompañaba a la iglesia y la aconsejaba sobre su forma de vestir o maquillarse mientras el marido vivía su vida y apenas aparecía. Este curioso “vínculo a tres bandas” es una más de las muchas formas distintas de relacionarnos que los humanos hemos utilizado a lo largo de los tiempos. El amor cortés en la Edad Media (una relación en la que era esencial ser rechazado por la persona amada) o las parejas que caducan cada año de ciertas tribus amerindias, son también modelos de vínculo que han utilizado muchas personas durante ciertas épocas y que hoy nos resultan extraños. Los seres humanos tendemos a olvidar que las razones por las que una sociedad fomenta una forma u otra de vínculos afectivos son de supervivencia, no psicológicas. Toda sociedad establece, en función de lo que sea más adaptativo, reglas que definen en qué condiciones deben darse las relaciones sexuales, el embarazo, el nacimiento y la cría de hijos. Por supuesto, esas reglas son distintas según la época y la situación social. La pareja monógama es una construcción como otra cualquiera.
 
Los tiempos están cambiando en lo que respecta a la concepción de los vínculos en el imaginario colectivo: la relación monógama estable empieza a desmitificarse. El psicólogo Carlos Yela García recoge en su libro El amor desde la psicología social algunas de las quimeras en las que se basaba la permanencia de estos vínculos. El “mito de la media naranja” (escogemos a alguien a quien estamos predestinados y eso garantiza la mejor elección posible), el “mito del libre albedrío” (nuestros sentimientos amorosos son tan íntimos que no están influidos de forma decisiva por factores sociales, culturales o biológicos ajenos a nuestra voluntad), el “mito de la omnipotencia” (“el amor lo puede todo”, la unión amorosa otorga una fuerza especial que permite superar todos los obstáculos imaginables) y “el mito de la pasión eterna” (el amor pasional de los primeros meses puede y debe perdurar tras miles de días -y noches- de convivencia) son cada vez más cuestionados. Y esto hace que revisemos el “mito de la pareja”, la idea de que el amor romántico debe conducir a una unión estable y permanente.
 
La ciencia también cuestiona esas bases utópicas. En The myth of monogamy, por ejemplo, la psiquiatra Judith Eve Lipton y el psicólogo David Barash recogen datos que demuestran que la fidelidad sexual (otro de los conceptos importantes en este tema) es solo una cuestión social. En su libro citan numerosos ejemplos que demuestran que, en la naturaleza, es prácticamente inexistente: las pruebas de ADN son concluyentes. Como nos recuerdan estos dos científicos, desde el punto de vista evolutivo es claro que a los machos de todas las especies les conviene “esparcir” sus espermatozoides en el mayor número posible de lugares. Por eso, sus cuerpos (incluyendo, por supuesto, sus hormonas y sus cerebros, base de su comportamiento) están diseñados para la promiscuidad: los machos de casi todas las especies son fácilmente excitables por los estímulos novedosos. Y según Lipton y Barash, a las hembras les ocurre algo similar en algunas especies… como, por ejemplo, la humana. De lo contrario no serían explicables rasgos físicos que parecen destinados a que las mujeres tengan muchas parejas sexuales.
La sociedad supera, poco a poco, el “síndrome del Arca de Noé”, el patrón uniforme en que nos encorsetaba un mundo estructurado por y para parejas. En los últimos treinta años el número de singles en nuestro país ha crecido en un 350%. En la actualidad, aproximadamente diez millones de españoles (un 23% de la población) no tienen una relación estable de pareja. Y lo previsible es que el número de personas que prefiere participar en solitario en el juego de la vida aumente, ya que la media europea se sitúa actualmente en un 30% de la población.
 
Si deja de compensar mayoritariamente, la pareja se convertirá en un vínculo entre los muchos posibles. Y será una opción a lo que solo se acogerían aquellos que, de verdad, han encontrado una persona con la que merezca la pena quedarse largo tiempo.
Leído en: Elconfidencial.com

martes, 25 de junio de 2013

Reflexión sobre la mujer


Un hombre pregunto a un sabio si debía quedarse con su esposa o su amante… el sabio tomo dos flores en su mano: una rosa y un cactus y le pregunto al hombre: si yo te doy a escoger una flor, ¿cuál eliges? y el hombre sonrió y dijo: ¡la rosa, es lógico! y el sabio respondió: a veces los hombres se dejan llevar por la belleza externa o lo mundano y eligen lo que brille mas, lo que valga más pero en esos placeres no está el amor, yo me quedaría con el cactus por que la rosa se marchita y muere, el cactus en cambio sin importar el tiempo o el clima seguirá igual, verde con sus espinas, y un día dará la flor más hermosa que jamás hayas visto, tu mujer conoce tus defectos, tus debilidades, tus errores, tus gritos, tus malos ratos y aun así está contigo… tu amante conoce tu dinero, tus lujos, los espacios de felicidad y tu sonrisa, por eso está contigo, ahora dime hombre ¿con quién te quedaras?

lunes, 24 de junio de 2013

La rana hervida

9 de agosto de 2007. Si alguien nos hubiera pedido ese día que hiciéramos una previsión de futuro ni el más loco de todos los locos hubiera dicho que 4 años después estaríamos instalados en una crisis económica y social salvaje. Nadie. Ni los agoreros del “ya te dije yo que...” ni nadie. Hagamos un repaso de nuestro entorno personal más inmediato. ¿Quién no tiene parados, problemas o calamidades en su ámbito personal o familiar?. Ha sido un descalabro total, absoluto de nuestro modelo socio-económico y, fijaos, aún no somos conscientes de toda su magnitud. La explicación tiene que ver con la percepción subjetiva de los riesgos. Todos creemos que la marea nunca nos va a mojar los pies y en el caso del personal del sector financiero esto aún es así (repárese que “aún” es un adverbio de tiempo).
Y tal vez precisamente por esa falta de objetivación del riesgo no hayamos sido capaces de responder a algunas preguntas que no hay que dejar de hacerse nunca. Resultaría inútil acudir a los medios de comunicación tradicionales a buscar respuestas. Forman parte del problema. Debéis tener en cuenta que más del 80 por ciento de los medios de comunicación de todo el mundo, que están dirigidos a construir una realidad que no existe, pertenecen a 6 grandes familias capitalistas.
Así que si alguno cree que está bien informado sobre la realidad objetiva de la crisis social porque lee todos los días no sé cuantos diarios online está jodido.
Resulta imprescindible ir un poco más allá y preguntarse insistentemente ¿Por qué? Como ese conocido entrenador de futbol. ¿Ha sido casual que lleguemos donde estamos? ¿Ha habido alguna alineación caprichosa de planetas? La respuesta es que no. Daros cuenta que en realidad no ha habido ningún incidente tan terrible como para que esté pasando esto. La realidad es que un pequeño grupo de personas con nombres y apellidos, han decidido que esto sucediera. ¿De verdad que los paquetitos financieros falsos que hacían con las subprime, y que parece están en el inicio de la crisis, eran indetectables para el Tesoro americano de Bush? Falso. Deliberadamente los consejeros económicos del presidente yanqui —el, ya se sabe, era un presidente títere— decidieron retirar el control y supervisión financiera a la Banca americana. ¿Y cuál era el motivo? Pues que una corriente de economistas juramentados en torno al capitalismo más salvaje de la Escuela de Chicago que ya habían ensayado con las dictaduras del cono sur americano desde 1950, ahora estaban en condiciones de ampliar su radio de acción desde las más altas instancias de la Administración Bush.
Desde entonces movimientos militares, invasiones, guerras que combaten amenazas inexistentes han sido inducidos desde estos ámbitos de poder. Europa les cae lejos pero aquí tienen buenos discípulos que se han cargado la economía expansiva, la economía keynesiana que ha obrado milagros en economías emergentes. Realmente las subprime no supusieron un gran problema para Europa pero sí una magnífica disculpa para desplegar esa economía restrictiva del déficit fiscal cero que está asfixiando todo. Este era el primer paso para cargarse la clase media llena de poder —pueden poner y quitar gobiernos— y de derechos, producto del llamado estado de bienestar, auténtico milagro del keynesianismo desarrollista de la postguerra.
 
Estos nuevos ultraliberales han generado artificialmente una auténtica convulsión social a base de políticas económicas, impuestas por gobiernos títeres del capitalismo fundamentalista, generadoras de un shock colectivo que deja a la población desorientada, inerme, endeudada y a merced de sus objetivos. La estrategia es relativamente sencilla, de pronto se establece que lo que debe predominar sobre todo es el equilibrio presupuestario. El economista ultraliberal —dice el profesor Sampedro que existen dos clases de economistas, los que trabajan para que los ricos sean más ricos y los que trabajan para que los pobres sean menos pobres— alojado en el poder político sabe que cuando los gobiernos no puedan gastar deberán ir abandonando el denominado estado del bienestar del que se benefician las clases medias y bajas principalmente, sanidad, educación, protección social, etc.
Los beneficiarios quedarán estupefactos porque miran a su alrededor y no pueden explicarse cómo puede estar pasando esto. Esta situación de shock colectivo es la ideal para que el mandatario al servicio del economista, y no al revés, pueda poner en marcha sus medidas: fuera el estatismo —Estados fuertes capaces de atenuar las crisis coyunturales y garantizar los servicios públicos de calidad— competidor de sus grandes empresas sanitarias, educativas, asistenciales, farmacéuticas, etc., aumento progresivo de la privatización —hasta el punto de que nos han hecho creer que privado es sinónimo de calidad— en un momento en que comprar es barato —cuando decidan que la vivienda tiene su precio por los suelos, comprarán y después les dirán a los jóvenes que lo moderno es alquilar—.
Los Estados que se resisten mínimamente porque están gobernados por políticos que tienen como referente el estado de bienestar son asfixiados deliberadamente. Para eso están sus propias agencias de ratings que le dicen a los mercados, que son ellos mismos, que tal o cual Estado está muy mal, suben su coste de la deuda de forma artificial al mismo tiempo que su carga financiera y su déficit, que cuando ellos deciden que es insostenible le amenazan con echarle del sistema y con el caos más absoluto.
El Estado termina tragando y cargándose el estado de bienestar y al que se pone chulo pues le sustituyen por un tecnócrata, obviando valores como la soberanía popular o la democracia, que se los pasan por el forro de sus ordenadores. Pero aún tienen un último problema, sus empresas tras la privatización necesitan profesionales capaces, y los que hay en el paro tienen muchos derechos.
Solución: para eso están los gobiernos títeres, que raudos pegan hachazos de 50 años a derechos ganados palmo a palmo y que son exponente de ese estado del bienestar que tanto odian. Y si no es suficiente se cambia una Constitución en unas pocas horas y con el Parlamento cerrado.
Aquí debe enmarcarse la última reforma salvaje que nos sitúa en algunos casos por debajo de los derechos de la dictadura y a la que ellos llaman de forma hipócrita eliminar rigideces, flexibilizar el mercado de trabajo o solidarizarse con los parados. Se trata de un gravísima decisión que, por excesiva, incluso causa risa al Presidente de la patronal, pero existe algo peor que un cabrón que te quita los derechos explicándote además que es imprescindible para crear empleo, y es el aquietamiento, el adormecimiento, la tolerancia e incluso ¡la comprensión! de esa gente anónima que termina justificando, con ayuda de la prensa del capitalista, esas decisiones. Este estado general de anestesiamiento colectivo que, en otros momentos de nuestra historia relativamente recientes, hubiera echado a la gente a la calle, y no sólo a indignarse, ahora no genera casi reacciones en contra de carácter colectivo. ¿Pero ya no queda nadie que tenga lo que hay que tener para salir a la calle y decirle a estos tipos que les pone el pueblo y que ante el pueblo deben responder? ¿Pero qué mierda de ciudadanos somos que ya ni siquiera tenemos eso que hay que tener para defender el futuro de nuestros hijos?
El Derecho del Trabajo nació para equilibrar una relación de por sí totalmente asimétrica entre el patrón que tiene los medios de producción y el trabajador que es titular sólo de su fuerza de trabajo. Tener que escuchar a los ministros ultraliberales decir que esta es una reforma laboral equilibrada es casi tan vomitivo como ver al economista ultraliberal disfrazado de político democrático decirle a su patrón ultraliberal alemán “Ya verás. Hemos hecho una reforma extraordinariamente agresiva. Te va a gustar”. En la sociedad de la transición esto hubiera sido suficiente para que la gente normal, la gente trabajadora o profesionales liberales hubieran tomado las calles. Hoy la gente está afectada del síndrome de la rana hervida, método de modificación sin riesgo de la conducta social, copiado de la misma naturaleza, y que ellos estudian en sus putas escuelas de negocios. Si se mete una rana en un recipiente con agua hirviendo obviamente la rana pegará un salto tremendo al contacto con el calor. Sin embargo, si se la pone dentro del recipiente a unos 30º la rana se sentirá confortable. Si le vamos subiendo el calor de forma progresiva, lentamente, la rana, aturdida, irá adaptando sus propios mecanismos de defensa para ir soportando el calor también progresivamente hasta que termina hirviendo con el agua y cociéndose sin haberse dado cuenta.
 
“Descubrí que la idea de aprovechar las  crisis y los desastres naturales había sido en realidad el modus operandi clásico de los seguidores de Milton Friedman desde el principio. Esta forma fundamentalista del capitalismo siempre ha necesitado de catástrofes para avanzar.” (Naomi Klein. La doctrina del shock)