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sábado, 21 de abril de 2012

Pollos sin cabeza

Hay gente que se pasa el día buscando las gafas y gente que se deja la verdad en cualquier parte y luego no la encuentra. Dice Jesús Aguirre, ilustre miembro del PP, que ahora que no están en campaña y que han pasado las elecciones andaluzas pueden decir la verdad. La cuestión es que hace tanto tiempo que no la usan que no saben si buscarla en el burdel, en la sacristía o en el cesto de costura. De hecho, y mientras rezan los siete padrenuestros de rigor a San Antonio, patrón de las cosas perdidas, continúan mintiendo como cosacos. Así que tras subir los impuestos que no iban a subir y abaratar el despido que no iban a abaratar, se apuntan ahora al copago, por el que tanto rechazo manifestó el mismísimo Rajoy, que también había prometido no referirse nunca la herencia recibida. El caso es que cuando por fin, según Jesús Aguirre, podrían dedicarse al cultivo de la verdad, no la encuentran, pues ni siquiera saben dónde la han perdido. Yo creo que te la di a ti. No, no, yo ni la he tocado.

En efecto, hay gente que ni la ha tocado, de modo que por más voluntad que ponga en decir la verdad, no le salen más que mentiras cuando abre la boca. Ahí tienen al ministro Wert asegurando, como si se lo creyera, que el deterioro en las condiciones de trabajo no provoca efecto alguno en la calidad de la enseñanza. O a Montoro, proclamando con toda la cara que la amnistía fiscal ofrecida al crimen organizado no es una amnistía fiscal ofrecida al crimen organizado. En cuanto a De Guindos, no deja de asegurar que el Gobierno sabe qué hace y adónde se dirige, cuando es evidente que corren de un lado a otro, colocando parches al tuntún, como un grupo de pollos sin cabeza. Ahora podemos decir la verdad. El problema, primero, es averiguar dónde nos desprendimos de ella y, segundo, reconocerla, pues ni nos acordamos ya de cómo es.

Juan José Millás/elpais.com
Leído en: http://elpais.com/elpais/2012/04/19/opinion/1334845027_951708.html

viernes, 20 de abril de 2012

El discurso del rey

"Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir". Podría ser la disculpa de un niño a su madre. O de un hermano a otro. O de un abuelo a su nieto. Estas tres frases han salido hoy del ámbito de lo familiar -pedir perdón, reconocer el error y hacer propósito de enmienda- para ser pronunciadas por un rey.

No sobra ni falta nada. Quien haya elegido estas palabras (que no tiene por qué ser obligatoriamente el rey) lo ha hecho a conciencia. No ha sido espontáneo, están medidas al milímetro. Lo que dice, y cómo lo dice. Una gestión de crisis que, aunque muy muy tarde, es de sobresaliente.

Primero: el escenario. Interior del hospital. Pasillo aséptico. Y en vez de la marabunta de periodistas y cámaras que llevan desde el sábado montando guardias interminables, sólo un periodista y un cámara: un equipo de Televisión Española (más un fotógrafo), que luego ha cedido las imágenes gratuítamente al resto de medios. Espacio controlado, pues, sin nada que pudiera enturbiar el mensaje. De hecho, después, el coche real (aunque con los cristales medio bajados y el saludo de rigor) no ha parado ante las decenas de informadores que le esperaban las puertas del centro médico.

Segundo: la aparición. Llega el rey (así, en minúsculas, desde el último cambio normativo de la RAE), con muletas pero andando con soltura. Soy capaz de valerme por mí mismo, parece decir, ya estoy bien. Puedo ponerme al frente del país. Don Juan Carlos lleva, además, una llamativa corbata roja, con chaqueta oscura y pantalones claros, que le da un aire algo juvenil y fresco.

Tercero: la pregunta. El Rey se para en el punto acordado, frente al equipo de Televisión Española. Y el periodista lanza la pregunta. ¿Está pactada?, ¿o no?. No lo sabemos. Pero es significativo que, sabiendo que sólo tenía una oportunidad, el periodista no vaya directamente al grano ("majestad ¿qué opina de las críticas de estos días.... ?"), sino que utilice una fórmula de cortesía ("¿Cómo se encuentra?") en la que dependes únicamente de lo que te quiera contestar la otra parte, y que se usa como introducción amable y educada cuando sabes que vas a poder preguntar más cosas.

Cuarto: el discurso. Primero, y es de manual, se da las gracias. "Agradezco al equipo médico y a la clínica cómo me han tratado". Después, el deber. El monarca tarda apenas cinco segundos (es su segundo mensaje) en hablar de su deber como rey "Estoy deseando retomar mis obligaciones", como diciendo: ahí voy a estar, al pie del cañón, trabajando para todos los españoles; es mi trabajo y es lo que voy a hacer. Estas dos primeras partes del mini-discurso las pronuncia de manera más aséptica. Pero ahora viene lo mejor.

Su tercer mensaje es el más importante, el que abre todos los informativos, el que pasará a la historia. Tras su "...deseando retomar mis obligaciones", don Juan Carlos hace una pausa, mira hacia el suelo como cogiendo fuerzas, levanta la vista y la fija en un punto (hasta ese momento sus ojos habían ido vagando de un lado a otro) para lanzar el mensaje de contrición "Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir".

No sabemos hacia dónde miraba, ni a quién se imaginaba que se lo estaba diciendo, pero esas tres frases, tan ensayadas, tan preparadas, tan medidas (esas frases de un niño pillado en falta), las dice el monarca con tanta convicción, con tanta pena, con esa carita de señor de 72 años triste y agotado, que han conseguido lo que se quería: que una parte importante de los españoles empatice con el rey, que incluso llegue a sentir cierta lástima ("pobrecito, si es que está mayor, míralo"), y le perdone o rebaje en muchos grados su nivel de indignación, que estos días ha alcanzado cotas nunca vistas.

No sabemos tampoco lo que le habrá costado a don Juan Carlos pronunciar esas palabras, pero tras diez días horribles (como si el guión de lo ocurrido lo hubiera escrito el mejor de los escritores de culebrones) esta tarde el rey ha conseguido dar la vuelta a la tortilla. Y es de lo que se trataba, ¿no?

¿Por qué nos tenemos que creer que no volverá a ocurrir? Ya hubo polémica con la cacería que realizó en Vólogda, al norte de Moscú, en la que "mató de un solo disparo" a un oso amaestrado llamado Mitrofán que había sido previamente emborrachado con un cóctel de miel con vodka. Después de aquello, ahora nos enteramos de la caza del elefante y los ñus porque se ha roto la cadera, pero de seguro que ha habido muchas más cacerías…

jueves, 19 de abril de 2012

Sermoneando

En la polémica en torno a las palabras del obispo de Alcalá, el verdadero disparate es que se emita una misa por un canal público.

Elvira Lindo
Hace años vi un documental sobre jóvenes gais judíos ortodoxos (todos los adjetivos son necesarios) que luchaban porque se les permitiera ser rabinos. Dedicaban su juventud a ese empeño y sufrían horrores con la negativa de una Iglesia en absoluto tolerante con su condición sexual. Durante la hora que duraba la película yo me preguntaba, ¿por qué no dedican sus energías a otra cosa? ¿por qué no llaman a las puertas de otra religión que los admita? Para los creyentes españoles la posibilidad que propongo de cambiar a otra religión si la tuya no te admite tal cual eres pueda sonar frívolo; no lo es en cambio para muchos ciudadanos americanos que eligen su fe en función de las condiciones que cada Iglesia ofrece y demanda.

Nosotros aún no hemos establecido una relación plenamente democrática con la Iglesia católica: ni el Estado (que aún no entiende el laicismo), ni los creyentes, ni tampoco los ateos. En la polémica en torno a las palabras del obispo de Alcalá en contra de la homosexualidad y del aborto no he visto que en ningún momento haya quien se plantee que el verdadero disparate de este asunto es que se emita una misa por un canal público que pagan católicos y fieles de otras religiones, ateos, agnósticos, gais, lesbianas, transexuales, heteros, mujeres a favor de la ley de plazos, mujeres a favor de los tres supuestos y siga usted añadiendo las incontables variables de la ciudadanía. A mí, lo que diga este obispo me importa bien poco, y en cierto modo no me parece mal que exprese con tal claridad lo que piensa, siempre que lo haga para su público. Cada club, religión o creencia tiene reservado el derecho de admisión. Imponer que instituciones tan arcaicas adoctrinen a sus fieles de una manera que consideramos justa acaba siendo una restricción poco democrática. Eso sí, que prediquen en su casa, no en la de todos.

Elvira Lindo/Elpais.es


miércoles, 18 de abril de 2012

No este Rey

En las críticas contra el Rey de estos días suele haber una frase agradeciéndole “sus grandes servicios al país”. Se refieren a que en el 23-F apoyó la democracia. Yo creo que al defender la legalidad simplemente hizo su deber, así que eso de los “grandes servicios” me parece una hipérbole cortesana. Pero vale, vamos a agradecérselo, porque desde luego lo podría haber hecho mucho peor, como tantos monarcas que la pifiaron a lo largo de la Historia.

Siempre pensé que tanto la monarquía constitucional como el sistema presidencial tienen sus pros y sus contras. Pero desde que he visto las fotos del Rey convertido en un vetusto Gran Soberano Matarife en África (más parecido a Idi Amin que a la Reina Margarita de Dinamarca, por poner un ejemplo), me ha entrado un frenesí republicano. Ya se sabía que era cazador; ya se habló en 2006 del supuesto oso domesticado, que, según un funcionario ruso, le habrían echado al Rey en Rusia para que lo matara. Pero que ahora, justo ahora, salgan a la luz las opulentas carnicerías, los búfalos a pares y los elefantes convertidos en un muro rugoso de carne ensangrentada, es algo indecente e indignante. Por la burda ostentación económica en tiempos tan amargos; por la falta total de sentido de la realidad; por la irresponsabilidad. ¿Qué patológica inseguridad puede llevar a alguien a tener que matar un maravilloso elefante para reafirmarse? Por todos los santos, ¡pero si ya es Rey! ¿Qué más necesita para sentirse importante? ¿Montarnos una guerra? Me gusta el animalismo de la Reina y el Príncipe Felipe me cae bien. La crisis arrecia y tal vez no sea el momento de cambiar el sistema. Pero sí podemos cambiar a este Borbón: que se vaya. Mientras tanto, y para hacer dedos, echémosle de la presidencia ecologista de WWF: Firma aquí

Rosa Montero/elpais.com
Leído en: http://elpais.com/elpais/2012/04/16/opinion/1334579118_890534.html

martes, 17 de abril de 2012

Nostalgia de Gila

Extracto de un artículo de Elvira Lindo en elpais.com, de verdad que tenemos unos políticos que son para mandarles para casa y que se dediquen a otra cosa, lo suyo no es la política, está claro...

... también les sugiero que le dediquen un espacio de honor al inefable Beteta. Antonio Beteta, secretario de Estado de Administraciones Públicas. Es ese tipo de político que habla sin filtro y que resulta tan agradecido a la hora de entrecomillar declaraciones. Beteta es una mina. Si no existiera Beteta, como dirían en el Hola, habría que inventarlo. Beteta ya dio lo suyo en la Asamblea de Madrid. Si yo hubiera dirigido entonces la sección de local habría reservado una columna solo para sus perlas. Perlas Beteta. Ahora lo haría en la sección de política nacional, si no fuera, como soy, un cero a la izquierda. La perla del sin par Beteta en esta última semana ha consistido en advertirles a los funcionarios que, a partir de ahora, no solo van a tener que trabajar más y mejor, sino que lo del cafelete y el periódico pasó a la historia. Que no están los tiempos para imágenes galdosianas. Lo de perseguir la ingestión de cafelete lo veo anti natura, porque no existe en la naturaleza un funcionario sin su cafelete. Ni en Madrid ni en Nueva York. Que prohíba las comilonas de consejeros, asesores de los consejeros o asesores de los asesores. Pero, ¿el humilde cafelete? ¿De verdad la economía española va a recuperarse si suprimimos ese estimulante que fomenta la sociabilidad? En cuanto a lo de perseguir la lectura de periódicos. Esta sí que es una idea de El Mundo Today: en un país en el que ya solo se ve a la gente leyendo los gratuitos en el metro, en el que los directores de los periódicos se pasan el día alertando sobre el inevitable hundimiento del papel y en el que los padres de los columnistas ya solo van al quiosco el día que escribe la hija, va Beteta y arremete contra una imagen que resulta a estas alturas de una anacronía casi poética. Ay, ese funcionario acodado en la barra, un cafelete en una mano, el periódico en la otra. Tres troncos (barra, periódico y cafelete) a los que aferrarse cuando es muy posible que te vuelvan a recortar el sueldo en lo que dura la ingestión de un cortado. Qué falta nos haría un Gila que le pusiera humor al infortunio.

Artículo completo leído en: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/04/13/actualidad/1334331321_428013.html

lunes, 16 de abril de 2012

¿Y si no se hubiera caído?

El rey Juan Carlos ha perdido el contacto con la realidad. O al menos, eso parece. Solo una profunda desorientación y desconexión con la sociedad a la que debe servir, explicaría –y mal- que le parezca bien ir a cazar elefantes. El viaje es totalmente inadecuado, impropio e injustificado.

Inadecuado, porque España está en uno de los momentos más críticos de su reputación internacional. El viaje del monarca, para darse un capricho inoportuno, no contribuye a la imagen de moderación, esfuerzo y sacrificio que debemos dar en nuestra pelea reputacional con los mercados y las instituciones comunitarias.

Impropio, porque el monarca no puede, ni debe, ignorar que cazar elefantes por placer es obsceno y hiere, profundamente, millones de sensibilidades. Tiene todos los componentes para resultar despreciable. Además, la puesta en escena de una cacería preparada para el goce, alimenta todas las imágenes perversas de la opulencia y el poder.

Injustificado, porque no hay ninguna razón para hacer este viaje, a su edad, con sus condiciones físicas, para practicar la caza, y de elefantes. Ninguna explicación hace incomprensible tal cúmulo de errores imprudentes e innecesarios.

Pero la pregunta clave es: ¿Y si no se hubiera caído? Pues no lo sabríamos ya que la Casa Real no informa de las actividades privadas del rey. Es muy discutible que, en pleno siglo XXI, podamos considerar como privado un viaje de estas características, pero lo realmente alarmante es descubrir que nadie se lo impidió.

¿Cómo es posible que nadie viera el peligro físico, estético y ético de esta aventurilla? La Casa Real no está para satisfacer los caprichos de su inquilino, sino para servir al Jefe del Estado. Y actuar, siempre, en consecuencia con esta alta responsabilidad. Y ¿quién más lo sabía? ¿El Príncipe? ¿Nadie le desaconsejó tal despropósito? ¿En qué mundo viven?

La acumulación de errores de la monarquía en los últimos años es propia de una institución que ya no entiende su misión en la sociedad. Es difícil servir a una comunidad con la que ya no te identificas, no comprendes y no atiendes. La insensibilidad es el primer paso para la ruptura. No es que la sociedad española se aleje de la monarquía, es al revés. Además, cuando se pierde el pudor, como es el caso de esta cacería impúdica, ya no es posible la dignidad. Y el rubor no la restaura.

Antoni Gutiérrez-Rubí/elpais.com
Leído en: http://blogs.elpais.com/micropolitica/2012/04/y-si-no-se-hubiera-caido.html


Ahora se entiende por qué no visitó al otro cazador de la familia, su nieto Froilán. ¿Por qué no dijeron entonces que estaba fuera de España y cazando elefantes?, cuando se ocultan las cosas es cuando no se tiene la conciencia tranquila. Al final abuelo y nieto serán portada en "Jara y Sedal".